
Yo por poco no voy al viaje. Para Camagüey nos dieron dos plazas para el curso. Corría el año 1985. Yo, que era el jefe, decidí que irían el técnico René Céspedes y el ingeniero José Silva. Mi razonamiento es que ya yo era un ingeniero experimentado reparando el radar MRL-5, había tenido la asesoría de dos de los mejores ingenieros que tenía el Comité Estatal de Hidro-Meteorología de la URSS (Román Tychina y Vilory Kravchenko) y había estudiado por mi cuenta como un demente, por tanto, pensé que lo mejor sería que fueran ellos, que yo me «defendía» bastante bien. Sin embargo, René, que es mi gran amigo, se sinceró y me dijo –no, debes ir tú, yo tengo en planes irme a trabajar para el aeropuerto, así que será una oportunidad que vas a perder y que no les dará ningún beneficio a ustedes, además — agregó — creo que por muchos motivos, no solo por ese, tú eres el que mejor puede asimilar ese curso. Finalmente, viajamos Silva y yo por Camagüey. Tal vez si yo no hubiera ido las cosas habrían sido diferentes en mi carrera. Realmente, esa fue la gran oportunidad de mi vida, solo que yo no lo supe hasta mucho después y también fue la de René al haberse ido para el aeropuerto, muy a pesar mío. Hoy, puedo hacer una evaluación retrospectiva más serena sobre cuánto significó para mí este curso. Si mi nunca bien ponderado lector me sigue, le cuento.
(más…)