
Cuando comencé a trabajar en Meteorología en 1981 los innovadores cubanos estaban «divididos» en dos grupos: ANIR y BTJ (bueno, estas siglas han caído en desuso y me veo obligado a explicar para los que nunca las oyeron: Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores y Brigadas Técnicas Juveniles). La ANIR agrupaba a los menos jóvenes y las BTJ a los noveles. En cuanto a estimulación, en las dos repartían carros y otros muchos estímulos, claro solo a los muy destacados con un trabajo perseverante durante años. No es que los innovadores trabajaran solo por eso, pero era bueno saber que era una vía, en Cuba no había otra. A mí esa división me molestaba, no veía el porqué tomar partido por una o por otra. Me incorporé al Comité de ANIR del aeropuerto. que nucleaba a muchos y muy buenos innovadores. Pero yo había ganado un Sello Forjador del Futuro por las BTJ cuando estaba en mi último año de la carrera en la Unión Soviética, por tanto, fundé la BTJ del Centro Meteorológico de Camagüey. Yo quería hacer muchas cosas, mis planes siempre han sido napoleónicos.
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