
Los radares de los que dispone actualmente el Instituto de Meteorología entraron a nuestro país, mayormente, bajo una concepción «ciclonera». Los radares RC-32B que entraron en 1973 por un donativo del PNUD-OMM fueron ubicados con esas miras en La Bajada, Pinar del Río, en Punta del Este, Isla de la Juventud y Gran Piedra, en Santiago de Cuba. Posteriormente, el gobierno cubano adquirió dos radares MRL-5 también con esas miras y fueron ubicados en el Pico San Juan y en el Alto del Mamey en Pilón, todos con la mejor vista hacia el sur. Con fines de investigación para el incremento artificial de las precipitaciones, entraron por donativos dos MRL-5, ubicado uno en Camagüey y otro en la Loma de Casa Blanca y por último, un moderno radar Doppler METEOR-1500S en el cerro El Paraíso en Holguín. A pesar que estos tres últimos no tenían un propósito «ciclonero», han mostrado ser no menos eficaces que los otros cinco para esta tarea, pero más bien de cara hacia el norte. Los ocho han mostrado un excelente palmarés en el seguimiento de ciclones, al norte y al sur, que no en balde hemos extendido su alcance hasta los 500 km (los RC-32B sí tenían ese alcance, los MRL-5 solo 300 km y el METEOR-1500S solo 400 km) ¿Qué uso le damos y qué uso le debemos, en mi opinión, dar? Siga leyendo, le doy mis razones y luego usted, erudito lector, saca sus propias conclusiones.
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