En el corazón de la antigua Roma, el Foro no era solo un conjunto de columnas y basílicas; era la caja de resonancia del Imperio. Allí, la vox populi se enfrentaba al senatus en debates que se prolongaban hasta el atardecer, donde las leyes se forjaban entre aplausos y abucheos, y donde la oratoria era un arte de vida o muerte política. Si trasladamos esa plaza pública a la Cuba del siglo XXI, nos encontramos con un escenario muy distinto: el Palacio de Convenciones de La Habana, sede de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Aquí no hay columnas de mármol ni tribunas al aire libre, pero el peso de las decisiones es igual de absoluto. Sin embargo, al asomarnos a su composición, descubrimos una mecánica institucional que poco tiene que ver con las pugnas de facciones del viejo foro, y que responde a una lógica de poder muy particular…
No soy analista político, solo soy un cubano de a pie, y tengo opiniones, el que desee leerlas, aquí les van.
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