
Estimado lector, yo no sé si lo que voy a narrar ya es una realidad o es una elucubración mía haciéndome el Julio Verne trasnochado de la Era Digital (quizá es el humo del carbón afectando mi mente). Suponga mi incrédulo lector que su cepillo de dientes, ese adminículo que hasta hace poco era un pedazo de plástico con cerdas, pero que ya no solo vibra (para cepillar sus dientes mejor, no sea mal pensado) sino que además, está dotado de una microcámara con una microluz y en la medida que le cepilla (con pasta Colgate que le genera más sonrisas) va tomando fotos, mandándolas a un sitio en Internet que las analiza y toma la decisión de avisar a la clínica a la que está suscrito si encuentra algo raro. Esto es la Internet de las Cosas (IoT, siglas de Internet Of Things).
Pero las cosas han ido más allá. Ahora toma las fotos, una IA las analiza y saca conclusiones y de ser necesario, GESTIONA un turno en la clínica. Ah, pero no es una gestión simple, el cepillo es un dispositivo de Edge AI, él se conecta a su teléfono y este le dice cuál es la dentista (o dentisto o dentiste) que a usted le gusta. Sí, no se haga el loco (loca, loque), su teléfono sabe cuál es la dentista (dentisto o dentiste) que a usted le gusta, porque su teléfono revisa los like que usted da en Instagram y sabe que usted le dio like a las fotos de la dentista (dentisto o dentiste) en traje de baño en la playa, y el teléfono no es bobo, él sabe que eso es intención subliminal de setzo (setze), porque el teléfono está al tanto de sus visitas al sicólogo (sicóloga, sicólogue) y además tiene acceso a todas las obras completa de Freud.
En fin, no nos desviemos, es simplemente para decirle que a eso que describí se le llama AIoT, es decir IoT + IA y que esto que escribo es una guía para que no se pierda usted en el maremagnum de publicaciones (un socio dice es una loma de kk, pero yo no le hago caso, es envidia) que he escrito en mi blog sobre el tema de la IoT, pero le aclaro a mi inquisidor lector que yo me cepillo con cepillos «normales», a la antigua, hechos en la fábrica CEPIL de Ciego de Ávila, siempre de color azul o verde, nada de rosado o magenta (solo para dejar constancia que no tengo «problemas ideológicos» y no es que me moleste si alguien los tiene). Joder, se los digo, el humito del carbón me está afectando … ¿Alguien se leyó «La Guerra de las Salamandras»?
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