
Yo creo que era finales de marzo ya, no era lo más crudo del invierno; pero para un cubano era puñeteramente frío. Las noches y madrugadas de mi Moscú querida no tenían nada que ver con la romántica canción de «Noches de Moscú» (Подмосковные вечера) que uno había oído en Cuba y que era un ícono cultural de la Unión Soviética. Pues sí, allá fuimos nosotros a parar, a trabajar en un lavadero de autobuses (Мойка автобусов, moika se dice en ruso), relativamente cerca del albergue. Mi asombrado lector estará pensando ¿y a quién se le ocurre meterse con ese frío a lavar autobuses de noche/madrugada en Moscú? Siga leyendo y le cuento.
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