
Mis incrédulos y desconfiados lectores pensarán que bromeo o desvarío; pero no. Hace muchos años, a finales de los 80, en una especie de fórum en la Universidad de Camagüey se presentó, por parte de un compañero profesor de Dibujo, un trabajo con ese nombre. El compañero narraba sus experiencias de cómo escribiendo cartas a determinadas personalidades en el extranjero había logrado resolver determinadas carencias en su departamento para la enseñanza de su asignatura. No es exactamente a ese trabajo que me quiero referir, si no a nuestras propias experiencias, que son mucho más antiguas.
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