
Cierta vez, en una de mis pasantías en instituciones científicas de primer nivel, mi anfitrión recibió una copia de un importante libro sobre la teoría de los radares meteorológicos. El libro estaba como pan acabado de salir del horno…calientito. Para mí, por supuesto, el precio era prohibitivo. Mi anfitrión, conociendo mi sed de información, me lo dejó por muchos días. No le vayas a sacar fotocopia –me dijo. Un muchacho joven, discípulo y colaborador de mi anfitrión, compartía mi sed de lectura. Saquemos dos copias para nosotros –me dijo, total, eso no es ni delito ni pecado, nosotros no le daremos las copias a nadie. Y allá va eso, nos quedamos toda una noche sacándole dos fotocopias al libro.
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