«..Y si queremos saber cómo deben ser nuestros tanques en la hora del combate: ¡deben ser como la caballería camagüeyana de Ignacio Agramonte en el rescate de Sanguily!…» Fidel Castro, en la velada por el centenario de la caída del Mayor.
Máximo Gómez le enseñó al Ejército Libertador el uso del machete. Agramonte creó un cuerpo de caballería que causaba pavor a los españoles. Tal vez el rescate del Brigadier Sanguily sea el exponente más encumbrado de este tipo de guerra de guerrillas usando una caballería que se movía como un solo hombre y realizaba complicadas maniobras inesperadas para los españoles. El éxito de las complicadas y temerarias maniobras se basaba en una disciplina estricta, un entrenamiento exhaustivo y una ejecución instantánea de las voces de mando del Mayor. Poco se habla de la forma en que se transmitían las voces de mando a una caballería en medio del fragor del combate. El genial Juan Padrón lo explica de forma muy elocuente en su animado «El Clarín Mambí».
El elemento clave en el medio del combate era el corneta, que traducía las voces de mando del jefe en toques del clarín. Sonidos breves, codificados, agudos, que llegaban a los oídos de cada jinete y de forma sintética mandaban a ejecutar una maniobra complicada, larga, perfectamente entrenada, y que ocasionaban una acción inesperada y letal para el enemigo. Pero bueno, como siempre divago, mis amables lectores saben que no soy historiador, lo mío son los radares meteorológicos. (más…)