Radares Mirando al Sur

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Etiqueta: Moho

  • La cremita de leche bicolor y el pescado salado

    De que Canino era un personaje singular, a ninguno de los que lo conocimos nos caben dudas. En otro post comentaré largo sobre Canino, pero hoy me limitaré a dos breves anécdotas. 1) En aquellos años 80, en el Centro Meteorológico de Camagüey solían vendernos cosas de merienda. Hubo una temporada que nos vendían cremitas de leche. Eran tan baratas que uno compraba muchas, más de las que no íbamos a comer, porque tan dulces, empalagaban y se quedaban rodando por ahí. Se terminó la temporada de la cremita y desparecieron. Varias días después, supongo que más de un mes, Canino abrió una gaveta y se encontró una cremita, ya con con una capa de pelos grises (moho) de igual altura que la cremita en sí misma. Su expresión fue — mira, un dulce bicolor, qué rico…a duras penas me dio tiempo de arrebatárselo cercano a su boca de un manotazo, que si no, se lo come. 2) Canino almorzaba de primero y se quedaba sentado esperando a ver qué dejaba la gente en las bandejas y se las pedía para echarse las sobras en su bandeja. De más está decir que Camino tenía un apetito descomunal, y no, no era gordo, más bien atlético, muy musculoso, sin gota de grasa en el cuerpo y de una fuerza hercúlea. Un buen día dieron en el almuerzo un pescado «que no había quien se lo metiera». Se le acumularon muchas bandejas en su mesa y en otras dos mesas vecinas…A Felipón, el del almacén, que era tremendo jodedor, se le ocurrió echarle una cantidad descomunal de sal a un pescado de los que había dejado la gente, y conminó a varios a quedarse para ver cuando Canino le entrara el diente al pescado salado…se quedaron esperando en balde, Canino limpió todas las bandejas y solo quedaron espinas. Otro día le cuento más de el Gran Camino, una de las personas más inteligentes que he conocido, que trabajó de ingeniero en LADETEC.