¿A quién le importa cómo se mide la temperatura en Cuba? Nadie me lo pregunta, y sin embargo debería importarnos a todos. Detrás de cada pronóstico, de cada alerta temprana, de cada decisión que se toma antes de un huracán o durante una sequía, hay una red silenciosa de observaciones que sostiene la memoria climática del país. Me meto en esto porque todos somos libres de opinar, aun cuando seamos neófitos en el tema. El futuro de las observaciones meteorológicas en Cuba no es un debate técnico para especialistas: es la diferencia entre saber y suponer, entre anticipar y lamentar. Y porque mientras se discute si las estaciones automáticas sustituyen a los observadores, el problema real —la sostenibilidad de una red electrónica compleja en un clima tropical, con recursos escasos y personal mal remunerado— sigue sin resolverse. Escribo esto porque nadie lo pregunta, pero alguien tiene que hacerlo —pienso yo. A muchos nos duele, porque la próxima vez que miremos el cielo, alguien habrá tenido que mantener viva la herramienta que nos permite entenderlo y alertarnos de fenómenos severos. Toda la información proviene de fuentes publicadas en Internet; no incluyo información oficial no publicada.
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Angelito, el «independiente»

Tuvimos hace ya muchos años, en el Centro Meteorológico de Camagüey, un “independiente”, trabajaba él en el área del radar. Él, Rafael y yo estamos de coautores en un trabajo sobre climatología por radar presentado en la 30ma conferencia de radar de la Sociedad Meteorológica Americana en Munich en 2001. Sin embargo, su gran afición era estudiar las manchas del sol por medio de un telescopio y lo hacía “por la izquierda”, en su horario libre, se llamaba Ángel Alberto González Coroa. Angelito, Licenciado en Física y experto en Astronomía, reportaba sus mediciones a observatorios en el extranjero y tuvo más de 20 publicaciones en revistas de impacto. Era Coordinador de las Secciones Solar y Enseñanza por Cuba de la LIADA. Hacía su trabajo con gran pasión y tenía alto reconocimiento en este trabajo. Ni en el centro ni en el INSMET nadie se interesó en eso. Falleció repentinamente, aún muy joven, en 2012, su trabajo se hubiese integrado muy bien con los trabajos de radiación solar que años después acometió el GOAC. Llegue a su viuda y sus cinco hijos mi admiración y respeto. Excelente científico y compañero. Me apena no haber podido hacer más por integrar su trabajo con las observaciones solares a la dinámica del centro. Siempre estuve demasiado ocupado con las cosas de radar.
