
Aulas multigrado donde se mezclan voces y edades, internados que son hogar en la montaña, maestros que caminan la distancia con el corazón por delante: así siembran las escuelas rurales cubanas la luz del conocimiento en los parajes más apartados, cumpliendo el sueño martiano de que la patria se teje desde cada niño, desde cada rincón.
Esa misma luz que los maestros siembran en cada niño, también viaja, cruza mares y se instala en otros corazones. Porque el sueño de Martí —la patria grande que abraza a todos— no entiende de fronteras. Lo comprobé una vez, a fines de los años 90, con un visitante inesperado.
(más…)