
Tu teléfono móvil, tu carro (en los países desarrollados, nuestros viejos LADAs no tienen ese problema) y tu estación meteorológica doméstica del patio (cosa también muy poco común en Cuba): ¿fuentes de verdad o de posverdad meteorológica? El IoT no es tan inocente como parece.
Durante décadas, el principal problema de la meteorología fue la escasez de datos. Había inmensos océanos sin boyas, extensas regiones sin una sola estación meteorológica, y los radares se contaban con los dedos de una mano. Cada dato nuevo era un tesoro. Cada observación, una batalla ganada a la incertidumbre.
Ese tiempo ha quedado atrás. Hoy, el planeta se está llenando de sensores ambientales. Millones de ellos. Estaciones meteorológicas domésticas en jardines y azoteas, sensores agrícolas en campos de cultivo, automóviles conectados que miden temperatura y lluvia, teléfonos móviles que llevan barómetros diminutos, boyas oceánicas que transmiten en tiempo real. La Tierra se ha convertido en una red meteorológica distribuida, un macro-sensor vivo, es la Internet de las Cosas (IoT por sus siglas en inglés, Internet of Things) y la Inteligencia Artificial en su aplicación a la Meteorología.
Y sin embargo, más datos parece como que no están dando automáticamente más «verdad». Al contrario: empieza a aparecer un nuevo dilema. El exceso de información, mal gestionado, puede ser tan dañino como la escasez. Incluso más, porque crea una ilusión de conocimiento que a menudo es falsa. Y lo que es peor: abre la puerta a la posverdad meteorológica, ese fenómeno del que vengo alertando desde 2019.
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