
Parece como si fuera ayer, y ya cumple 33 años, la edad que tenía Cristo al morir (caramba, qué coincidencia, como diría Les Luthier en su monólogo El Rey Enamorado). Yo quise ser investigador desde que comencé a trabajar en Meteorología en 1981. Una, porque ganaría más que como ingeniero de servicio, y otra porque sentía una natural inclinación a las tareas de investigación. Sin embargo, el camino no fue fácil. Al principio todo me parecía muy expedito: graduado con los máximos honores (5 puntos de promedio, Summa Cum Laude dicen en algunas universidades) en el Instituto de Ingenieros del Transporte de Moscú, con una patente en la Unión Soviética y varios artículos publicados…parecía que yo era la persona ideal para ser investigador…pues no, no fue hasta 1986 que “conseguí”, angustiosamente, una plaza de aspirante a investigador. Bueno, como siempre, estoy desvariando. El problema es que en diciembre de 1989 después de 3 años como «investigador» (pero que hacía más tareas de servicio que de investigación) “me cortaron el agua y la luz”, es decir, un funcionario «facultoso» cerró mi plaza de aspirante a investigador, que me había tomado 5 años conseguir. Parecía que mi camino científico quedaría truncado allí.
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