
Corría el año 1986 cuando sucedió este extraño suceso que les voy a contar. Desde 1983 yo había visto en Cuba lo que llamábamos «microcomputadoras», eran japonesas, de la marca NEC y me resultaron fascinantes. Luego aparecieron las PC IBM-XT que nunca vi. Pronto en Cuba comenzaron a ensamblarse clones por la industria cubana que se conocieron como LTEL-XT. Yo había visto una de esas que me enseñó el Mostro Tomás en Casa Blanca cuando me «animó» diciéndome que en Camagüey tendríamos una cuando…hubiera más de 100 en el INSMET. Nada, mi mejor cualidad es que siempre he sido muy persistente (pertinaz dicen algunos envidiosos, pero ustedes, mis fieles lectores, saben que es mentira) y por eso cuando «ella» apareció, renacieron mis esperanzas. Sí, a la delegación territorial (Camagüey-Ciego de Ávila) de la Academia de Ciencias de Cuba le asignaron UNA microcomputadora, muy coqueta y promiscua (era italiana, como Sofía Loren), se llamaba Olivetti M24, y en torno a ella gira esta crónica.
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