
Corría el año 1986 cuando sucedió este extraño suceso que les voy a contar. Desde 1983 yo había visto en Cuba lo que llamábamos «microcomputadoras», eran japonesas, de la marca NEC y me resultaron fascinantes. Luego aparecieron las PC IBM-XT que nunca vi. Pronto en Cuba comenzaron a ensamblarse clones por la industria cubana que se conocieron como LTEL-XT. Yo había visto una de esas que me enseñó el Mostro Tomás en Casa Blanca cuando me «animó» diciéndome que en Camagüey tendríamos una cuando…hubiera más de 100 en el INSMET. Nada, mi mejor cualidad es que siempre he sido muy persistente (pertinaz dicen algunos envidiosos, pero ustedes, mis fieles lectores, saben que es mentira) y por eso cuando «ella» apareció, renacieron mis esperanzas. Sí, a la delegación territorial (Camagüey-Ciego de Ávila) de la Academia de Ciencias de Cuba le asignaron UNA microcomputadora, muy coqueta y promiscua (era italiana, como Sofía Loren), se llamaba Olivetti M24, y en torno a ella gira esta crónica.
Antes de continuar debo hacer una digresión (ya mis lectores saben que soy un escritor experto y jamás me desvío del tema principal, ni mucho menos me pongo a hablar boberías de otra cosa), para explicarles en qué estaba yo enfrascado cuando «ella» vino a deslumbrarme y sonsacarme (la Olivetti, no Sofía Loren).

En 1983 yo había cooperado con Kravtchenko, el asesor soviético, en el desarrollo del BOMO, un procesador digital de señales, el primero de su tipo en Cuba para cualquier tipo de radar y más avanzado que su predecesor analógico soviético (que también se llamaba BOMO), y de paso Kravtchenko me sumergía en mi odiada asignatura, tal como ya les conté. Es decir, que la señal a la salida del receptor del radar MRL-5 ya estaba digitalizada.

Mi amigo Rafael Valdés, del DATINSAC Camagüey ya se había acercado con ideas «subversivas» de que esa señal digitalizada se podía “meter pa dentro” de una computadora personal (con aquello del DMA, Direct Memory Access) y procesar en el sitio (el radar) toda esa información, en contraposición a lo que se hacía desde 1983, que se captaba la señal con un preparador de datos EC-9002 modificado y se procesaba posteriormente en una máquina “grande” (una EC-1022, tipo mainframe, después modernizada a una EC-1035), radicada en el Centro de Cálculo del propio DATINSAC donde trabajaba Rafael Valdés.

Valdés había trabajado en el ICID (Instituto Central de Investigaciones Digitales) y acá en Camagüey había asumido una misión “evangelizadora” a nombre del ICID de llevar la digitalización a cualquier rincón. Este oscuro rincón (el radar de Camagüey) se “pintaba solo” para esta tarea. Así las cosas “lo único” que necesitábamos era una computadora personal. Como dato adicional debo decir que Valdés conocía muy bien las Olivetti, él había pasado entrenamiento en Ivrea, que es la sede del imperio Olivetti en Italia (y que como ya saben mis lectores, tierra natal de Arduino).

Volvamos a Olivetti-Loren. La Olivetti modelo M24 era una computadora superior a sus congéneres IBM-XT, porque en lugar del procesador Intel 8088 (de 8 bits) que usaban aquellas, venía con un flamante Intel 8086 (de 16 bits) con un coprocesador numérico Intel 8087, además de tener más memoria RAM y un disco duro mayor. Muy atractiva la Loren, perdón, la Olivetti.

El delegado de la Academia de Ciencias a la sazón, el Dr. Manuel Hernández Victoria, salomónicamente la encerró (a la Olivetti, que a la Loren…solo en Auschwitz en películas) en un contenedor metálico refrigerado, en el patio interior de la casona administrativa de la ACC en General Gómez y República, y nos dejaba “disfrutarla” en cortos intervalos de menos de 2 horas cada uno. Nos la disputábamos todos los trabajadores de las distintas dependencias de la ACC. Aunque no me lo crean mis incrédulos lectores, sin complejos de géneros (y cuando aquello estábamos muy lejos del actual Código de Familia), hombres y mujeres la deseábamos por igual.

Instigado por Valdés, me armé de valor (ya yo tenía a mi haber un descalabro defendiendo esta idea) y fui a ver al delegado, Manuel Hernández Victoria, y diserté durante una hora (que sí, que yo soy un explicador bastante bueno) sobre lo que estábamos haciendo y cuánto iba a revolucionar esto a los radares en Cuba y en el Mundo, y el “grandioso aporte” que haríamos a la Meteorología cubana si nos daban la Olivetti para nosotros “meterle dentro” las señales digitalizadas del radar. Conmovido por mi elocuencia y convencido de la importancia de la tarea, Manolito me dijo: NO Orlando, vino PARA TODA la delegación y no puedo dártela para un uso tan específico, tal vez en el futuro…cuando entren muchas más… (lo mismo que Tomás, cuando nieven computadoras).

Valdés, ante quien yo era “un niño de tetas” en lo de persistente y jodedor, fue a ver a su jefe del DATINSAC, Mario Casas, y lo “instrumentó” con lo de la “genial innovación nuestra que revolucionaría a la Humanidad” y lo mandó a ver a Manolito (sí, al Dr. Manuel Hernández Victoria, delegado de la ACC en Camagüey-Ciego). Manolito (ya previamente ablandado por mi artillería verbal, no me quieran restar méritos mis tacaños lectores) convencido de ser parte de un gran avance de la Humanidad…le dio la Loren, perdón, la Olivetti M24 … AL DATINSAC (que no a nosotros). Bueno, nadie es profeta en su tierra, dice el dicho. Claro, Manolito la dio con el compromiso de que era solo para hacer unas pruebas por unos días, pero ya saben mis doctos lectores que no hay nada más permanente que algo temporal.

El resto es Historia Antigua amigos lectores. El 28 de marzo de 1988 hacíamos la demostración práctica del sistema HERMES mostrando el dato digitalizado del radar de Camagüey en Casa Blanca, delante de nuestra querida Dra. Rosa Elena Simeón y después…todo lo demás, que llevó la señal de los 8 radares cubanos al mundo entero.

No me puedo contener de repetir (ya lo he dicho muchas veces y no es matraca mía, vamos condescendientes lectores, que un poquito de orgullo no se le niega a nadie) que fuimos los primeros en el mundo en procesar el dato de radar con una computadora personal. El resto del mundo usaba minicomputadoras (PDP-11 los occidentales, SM-4 los soviéticos) y estaban todos muy convencidos que no se podría con una computadora personal. Unos meses después, el gran fabricante de radares, Enterprise Electronic Corporation, de EE.UU. sacó su primer modelo de radar usando una computadora personal. Cierto, ellos no sabían nada de nuestra Olivetti M24, ni de esta historia en el radar de Camagüey, ni de Valdés, ni de Mario Casas, ni de Manolito … no había Facebook ni Instagram cuando eso. Lo que sí no dudo es que a Sofía Loren si la conocieran; pero eso no creo que importara mucho.

Debo dejar constancia que a pesar de haber discutido con Manolito algunas veces, siempre he tenido la más cordial relación de respeto y admiración hacia él. Su hijo Adrián es como un hermano para mi hijo, y en mi casa es un hijo más. Dicho sea de paso, ambos, Adrián y mi hijo Valodia, fueron juntos y ganaron sendas medallas de oro en Olimpiada Iberoamericana de Física, para orgullo de Manolito, mío y de toda Cuba. No tiene nada que ver con esta historia, pero me enorgullece contarlo. Hoy Valodia es miembro de LADETEC empresa, y Titular del Proyecto de Desarrollo Local de igual nombre y Adrian es nuestro asiduo colaborador desde hace muchos años, nos asesora en temas de software…y de empresas.
Convendrán mis sagaces lectores que si bien con la Olivetti no cambiamos el rumbo tecnológico de la humanidad como prometíamos, al menos pusimos la primera piedra en el largo camino de automatización y modernización de los radares meteorológicos cubanos, que hoy juegan un papel importante en la defensa del país frente a eventos meteorológicos.

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