¿Qué objeto tiene un gran valor sentimental para ti?
Con el paso de los años muy pocas cosas han ido quedando.
Fundamentos, Tecnologías, Aplicaciones, Historia y Memoria

Contestando a Jetpack # 25
Sin dudas, mi peor experiencia fue mi participación en la XXX conferencia (no sean mal pensados, lo de XXX no tiene que ver con setzo ni con nopor, era una conferencia normal, de las que uno va y expone su trabajo científico, de radares, en este caso era en Munich y llevé 3 trabajos), es más lo rescribo así…mi participación en la Trigésima Conferencia de Radar de la American Meteorological Society en Munich… Solo para que los malpensados no se crean cosas que no son.
Fue todo de una serendipia a otra, retrasos en el vuelo de Cubana, retraso en el vuelo de Air France (sí, en todas partes cuecen habas). Angustia por no tener donde dormir. Salve de los españoles (los barcelonenses). Un jodedor dominicano. Tomadera de cerveza. Salve de Gematronik, Perdedera en el metro. Retrasos y más restrasos. Angustias y … final feliz (que no, que no me refiero a eso que ahora está de moda en los salones de masajes finos), es que regresé a Cuba, no perdí ningún vuelo ni me tuve que quedar en un país extranjero, como uno que trabajaba en el CITMA y fue a un país y luego mandó un mensaje — usen mi plaza que yo estoy aquí «enredao«. Y yo nunca me enredé.
No se lo pierda, eche un vistazo al post:
Simbad y los caballeros teutones
Claro, todo depende de cómo se mire. También está aquella vez que viajamos por los recónditos parajes de Cunagua (sí corría el dichito aquel de Cunagua pueblo oscuro si el mundo tuviera nalgas sería el ojo…no sigo, esto es mas obsceno que lo de las tres x), mi amigo Julio Cabrera y yo, por más de 20 km, en una «botella» por aquellos interminables terraplenes, tragando polvo blanco. Es decir, la botella era ir en el hidráulico de un tractor, agarrados de un barra a la que «le sacamos leche» porque el hidráulico (que es donde se engancha lo que hala el tractor), dónde poníamos los pies, saltaba más que un caballo cerrero y detrás nuestro venían dos imponentes e implacables carretas atestadas de caña, con muy malas intenciones…
Seguramente de ahí vino mi posterior afición a la gimnástica (de la que ya les conté, ya sé que ahora no se dice gimnástica, que mirando bien es un adjetivo, pero si digo gimnasia, no falta el chistoso que pregunte si es la de las cintas y los aros y yo nunca he tenido «problemas ideológicos«) y bueno, pensé que ya yo tenía la experiencia de no caerme de la barra. En fin, el mar, como diría Nicolás.

En un artículo anterior vimos dónde se usa la informática en un radar meteorológico: control, adquisición y procesamiento de señales, procesamiento de datos y análisis de la información. Vimos también que esos cuatro aspectos no son compartimentos estancos, sino capas de una misma arquitectura. Ahora toca mirar el mismo sistema desde otro ángulo: cómo fluye la información por esas capas.
La información de radar se organiza conceptualmente en cinco niveles. No se trata de cinco programas distintos ni de cinco módulos físicos separados, sino de cinco estados sucesivos del dato: desde la señal eléctrica que sale del receptor hasta la imagen final con interpretación meteorológica. Cada nivel añade contexto, utilidad y valor, pero también impone sus propias exigencias informáticas: digitalización, formatos, compresión, georreferenciación, visualización e integración con otras fuentes.
(más…)
Contestando a Jetpack # 24
No recuerdo que nadie me haya dado consejos para viajar. Creo que soy el más viajador de toda mi familia y obviamente el primero en viajar al ignoto país de Extranjia.
Siempre cuento el número de bultos y los chequeo en cada punto intermedio. Es que los cubanos, al retornar, siempre venimos cargados.
En los viajes siempre como y bebo lo mínimo para mantenerme vivo, una mala digestión en un viaje es algo terrible. Incluso antes de un viaje siempre pienso muy bien qué voy a comer, sin improvisaciones.
Siempre me visto lo más elegante que puedo, de traje, cuello y corbata si es vuelo internacional y si no, lo más elegante posible, he comprobado que te tratan de forma diferenciada.
En el año 2000 viajé por los Estados Unidos, era un vuelo local de American Airlines. Creo que regresaba de Miami con rumbo a Denver. Si mal no recuerdo con escala en Dallas. Fiel a mi costumbre, y contrario a los que aconsejan viajar en ropa deportiva cómoda, yo iba impecable, de traje, cuello y corbata. Hacía un poco de calor. En algún momento, sin ninguna intención, toqué el nudo de la corbata, como si lo fuera a aflojar, pero sin hacerlo, fue solo algo instintivo. Una bella azafata lo percibió y enseguida vino con un vaso de agua y me pidió amablemente que me quitara la chaqueta y se la diera para colgarla en un perchero. Eso quiere decir que me estaba prestando atención a mí, en medio de centenares de pasajeros.
Mi primer correo interncional fue: [email protected]

El Instituto de Meteorología tiene muy buenos modelos pretemporada de huracanes y un muy acertado sistema de pronósticos y seguimiento de las tormentas tropicales. También tiene un sistema de alerta temprana de condiciones de severidad del tiempo, que funciona muy bien; pero no es lo mismo decir que «hay alta probabilidad de que ocurran tormentas locales severas en los próximos 3 días…», que decir que «…dentro de 15 minutos un tornado estará azotando a La Habana» . Sin embargo, cuando se trata de Nowcasting (pronóstico inmediato, de 0-2 horas) y del Very Short Term Forecasting (pronóstico a muy corto plazo, de 0-12 horas), en mi opinión, no existe un sistema. El Centro Nacional de Pronósticos, que es el que concentra a la mayoría de los pronosticadores experimentados, no se puede ocupar de esta escala espacio-temporal. En provincias también hay muy buenos pronosticadores, pero, en mi opinión, no constituyen un sistema, aunque tengan éxitos puntuales.
(más…)
Contestando a Jetpack # 23
Lo siento. Todavía estoy virgen en ese acápite. Nunca he jugado un videojuego. Siempre tengo muchas cosas por hacer. En la edad que podía haberme interesado, no tenía ni televisor. Los libros eran mi entretenimiento y después … pues vino el trabajo, los hijos, el doctorado, la superación incesante, los nietos … En fin, la Vida.

¿Se pueden hacer estimaciones cuantitativas de la lluvia por medio de un radar? Sí, demostrado desde 1948. La base histórica y técnica de esa afirmación la desarrollo en ¿Estimar precipitaciones con radar? Pero si eso es una bicoca. ¿Lo hacemos en Cuba de forma operativa? No. ¿Por qué? Les doy mi opinión en este post.
Nota de serie. Este texto es el artículo de opinión de una serie de cinco trabajos (los mencionaré en el texto y más abajo les dejo los vínculos). Los detalles técnicos, las comparaciones internacionales y los datos de validación están desarrollados en: Medir lluvia: Radar vs. Pluviómetro y San Pedro es el árbitro; La geografía de la alerta: radares, pluviómetros y el eslabón ¿perdido?; ¿Estimar precipitaciones con radar? Pero si eso es una bicoca; ¿Qué eso de MRMS que convierte sensores en alertas?; y De la lluvia a la alerta en el teléfono: así funciona el sistema en EE.UU. Aquí no los repito: los interpreto y doy mi opinión. Cuando digo “Dato mata relato”, remito a esos artículos.
En el imaginario popular el radar meteorológico está asociado a las imágenes de lluvia, es decir, los radares sirven para ver la lluvia (verdad), y le sigue la inferencia nefasta: las imágenes de radar muestran la lluvia (no siempre), asumirlo como un hecho es posverdad. Si fuera solo una creencia arraigada en la población sería cuestión de educación. El problema es que los meteorólogos también lo asumen y aquí es un problema de educación, pero a un nivel mucho más alto.
Imaginen que un meteorólogo en la TV diga — “como pueden ver, las temperaturas han estado muy altas en la región oriental” y muestra un mapa de … presiones atmosféricas. Todos los televidentes protestarían ¿verdad? Enseguida se darían cuenta que el meteorólogo les está dando gatos por liebre. Lea el post Ponerle la guinda al pastel, allí lo explico con detalle.
Sin embargo, ese mismo meteorólogo les muestra un mapa de Reflectividades (sí, en dBZ) y les dice —“como nos muestra el radar de Pilón, hemos tenido lluvias intensas en la región oriental, ..”. Y todo el mundo tranquilo y el meteorólogo muy seguro de su creencia cómoda, ni pestañea al decirlo.
Pero en realidad, no cualquier imagen de radar muestra lluvia. Es más, que para estar seguro que la imagen que muestra se corresponde a la lluvia caída … hay que hacer muchas cosas y no es una bicoca. Los requisitos concretos —calibración, relación Z-R, banda brillante, atenuación, control de calidad— están en ¿Estimar precipitaciones con radar? Pero si eso es una bicoca. Sígame y le cuento como anda este tema en Cuba.
En la obra del Fantasma de la Ópera, cuando el director del teatro (Cholet) defiende a Christine (la joven y talentosa corista) diciendo que simplemente tiene un “talento natural”, Carlotta (la envidiosa cantante veterana) lo frena en seco y le dice —«Nadie puede interpretar bel canto sin lecciones. Dios no lo permite». Aplíquenlo a la estimación de lluvias por radar. Para que el radar ejecute “bel canto”, es decir, estime las precipitaciones con calidad elevada (QPE), necesita del entrenamiento y organización de alguien que sepa y le aplique todo su esfuerzo, junto a un equipo de especialistas muy bien preparados. El radar, por sí mismo, por muy bueno que sea, sin medidas adicionales, no puede estimar precipitaciones con verosimilitud.
Si hablamos de las aplicaciones del radar algunas son semicuantitativas y no requieren un alto grado de calibración, en cambio, la estimación de las precipitaciones es una aplicación cuantitativa que requiere la más estricta y permanente calibración del radar, como ya describí en ¿Estimar precipitaciones con radar? Pero si eso es una bicoca. Requiere tomar medidas en la operación del radar, en el procesamiento de las señales, en el procesamiento de los datos y en el análisis de la información que entrega el radar para el ajuste contra la información de lluvia estimada por pluviómetros, la cual a su vez, también requiere análisis (il confronto como me decía mi amigo Gorgucci en mi pasantía en Roma, el eterno radar vs. pluviómetro). Ese debate lo desarrollo en Medir lluvia: Radar vs. Pluviómetro y San Pedro es el árbitro.
Pues sí, y durante muchos años. Desde 1982 se comenzaron a hacer experimentos de incremento artificial de las precipitaciones, auspiciados por el Laboratorio Conjunto Soviético Cubano para la Meteorología Tropical. En diciembre de 1981 se había instalado un radar MRL-5 en versión transportable, adquirido por el Observatorio Aerológico Central de Moscú para donarlo a Cuba a fin de usarlo en estos experimentos. El año de 1982, el MRL-5 no se hizo justicia, numerosas averías lo mantuvieron fuera de servicio. Era el primero de su tipo que funcionaba en condiciones tropicales y pronto se vio que la climatización original no funcionaba en Cuba. Para el experimento de ese año se usó al viejo radar ARS-3 que había sido recién modernizado.
El procesamiento consistía en tirar fotos y procesar las películas a mano con uno de esos lectores de diapositivas. Ya en el año 1983 se instaló el ATSORS, un preparador de datos manual para bandas magnéticas modificado para grabar automáticamente la señal de video digitalizada para procesamiento posterior en una mainframe soviética (ES-1035 en el DATINSAC Camagüey). A partir de este momento el procesamiento de la precipitación comenzó a hacerse sobre mapas digitales impresos (cifrokartas le llamaban los rusos y así le decían los cubanos) donde a cada punto se le asignaba su valor de reflectividad (en un código hexadecimal de 0 a F) que podía corresponder a dBZ o haberse convertido valor de precipitación en mm/h. Tanto uno como otro eran procedimientos manuales tremendamente engorrosos y demorados.
Sin embargo, a pesar de todas las dificultades, el procesamiento tenía un carácter científico, con altísima calidad en los estimados. Los experimentos se ejecutaron desde 1982 a 1991, cuando se suspendieron por la disolución de la Unión Soviética.
Cada vez que el avión volaba para inseminar las nubes, el radar comenzaba a grabar desde temprano. Antes de la grabación me tocaba (yo era el único ingeniero del radar MRL-5) hacer toda la calibración por instrumentos y chequear sensibilidad, respuesta logarítmica del receptor, potencia radiada, verificación contra tres blancos puntuales de referencia, verificación de la nivelación y orientación del radar y exactitud del posicionamiento y otros. Estos parámetros se registraban en una bitácora que aún conservo. Esas mismas mediciones se repetían al finalizar las grabaciones del día.
La acuciosidad en las anotaciones en la bitácora nos permitió recuperar toda la data cuando detectamos un error de calibración y corregimos toda la data pasada desde cierta fecha. Los datos de reflectividad se comparaban (en los puntos en que el volumen de resolución del radar y el volumen de muestreo de los analizadores de espectros de gotas eran conmensurables) con la reflectividad calculada a partir de los espectros de gotas medidos por el avión, esta era otra forma de calibración. También se calibraba a diario el dato de radar contra varias mini-redes de pluviómetros, convenientemente ubicadas, con personal entrenado. Los detalles de ese esquema de validación están en Medir lluvia: Radar vs. Pluviómetro y San Pedro es el árbitro y en ¿Estimar precipitaciones con radar? Pero si eso es una bicoca.
Los experimentos se reanudaron en el 2006 y creo que se extendieron hasta el 2010 (no estoy muy seguro si 2009 o 2010). En esta segunda oleada ya el radar MRL-5 estaba completamente automatizado en versión industrial con el modelo ELBRUS, operado por medio de VESTA|RDA y se disponía de una fenomenal herramienta (VESTA|Process) para el procesamiento de la lluvia medida por radar. Se la añadieron nuevas funciones al VESTA|Process para el seguimiento de los aviones y para la calibración operativa contra las redes de pluviómetros.
Esta segunda etapa nos permitió chequear todas las facilidades del VESTA|Process para la lluvia a un alto nivel científico y mejorar todo lo relacionado con la calibración del radar. Los pluviógrafos de esta etapa grababan automáticamente en soporte digital.
Las mediciones de lluvia hechas con el radar de Camagüey en los dos periodos fueron científicamente validadas y publicadas en un número del BAMS.
No obstante, a pesar del salto de calidad, siguió siendo un procesamiento diferido, es decir, el análisis se ejecutaba a posteriori, no en tiempo real, lo más rápido era de un día para otro, en la segunda etapa, en la primera transcurrían varios días, incluso más de una semana.
No ha habido en Cuba otros casos de estimación cuantitativa de las precipitaciones (QPE) con radar, solo con el radar de Camagüey, solo en las dos etapas mencionadas, solo con fines de investigación en el incremento artificial de las precipitaciones, solo diferido. La dimensión geográfica y de gobernanza de esa ausencia la discuto en La geografía de la alerta: radares, pluviómetros y el eslabón ¿perdido?.
Hasta aquí los hechos. En lo adelante serán solo opiniones mías, matizadas por mis 45 años de experiencia con los radares meteorológicos.
Yo diría que sí, que es tonto tener una red de poderosos radares de banda S y no aprovechar su capacidad para la estimación cuantitativa de las precipitaciones.
Para el Instituto de Meteorología (INSMET), el que administra y explota estos radares, yo creo que no es una prioridad institucional actual. La diferencia entre capacidad instalada y servicio operativo la explico en ¿Estimar precipitaciones con radar? Pero si eso es una bicoca. El INSMET tiene la misión de la vigilancia meteorológica del país y para esta tarea los radares funcionan perfectamente bien en un régimen de exploración cada 10 minutos, con una calibración en un rango de +/- 5 dB que garantiza una aplicación semicuantitativa. Lo que es para la detección y seguimiento de tormentas tropicales estos radares cumplen a cabalidad su misión.
A pesar de que no se cumplan las condiciones de calibración y la cadencia de observaciones óptima para la estimación de las precipitaciones, los radares del INSMET sí pueden generar estimados de precipitaciones, tanto instantáneos, como acumulados para cualquier intervalo de tiempo con VESTA|Process y para 1 y 3 horas con VESTA|ORPG. Estos acumulados pueden no coincidir exactamente con los oficiales dados por la pluviometría, pero tienen un gran valor para el pronóstico operativo, especialmente en casos de huracanes y frentes fríos con líneas de turbonadas para seguir la evolución del fenómeno y las afectaciones que va ocasionando.
Solo que por favor, cuando vayan a hablar de precipitaciones, pongan una imagen de radar con valores de precipitaciones no de reflectividades, no es lo mismo.
Yo creo que sí, y mucho. Yo pienso que ellos también así lo creen; pero … En la práctica no se ha concretado nada. He tenido numerosas conversaciones con distintos funcionarios y nada concreto. Tuvimos una gran oportunidad con el proyecto “Reducción del Riesgo de Desastres y Adaptación a efectos del Cambio Climático ante los peligros de inundaciones y sequías en el centro-norte de Cuba afectado por el huracán Irma” conducido por EUROCLIMA+, pero no se materializó el intercambio de datos entre los radares del INSMET y el INRH.
El INRH ha aumentado considerablemente el número de pluviómetros y otros medios y ha asimilado la información satelital; pero, tal como mostré en ¿Qué eso de MRMS que convierte sensores en alertas?, ni siquiera EE.UU. logra resolver sin radares, el satélite es una buena opción solo para los lugares donde no hay mediciones ni de radares ni de pluviómetros. La cadena sensor-alerta y el papel del satélite los desarrollo en ese artículo y en De la lluvia a la alerta en el teléfono: así funciona el sistema en EE.UU..
Comprendo que para el INRH bajar los datos de satélite no es un gran problema, los datos de la pluviometría lo reciben ellos mismos de las estaciones, pero los radares … ya eso es otra historia porque no está en sus manos garantizar el régimen adecuado y las calibraciones necesarias de equipos explotados y administrados por otra entidad.
¿Resolverán eso ahora que ambas instituciones estarán en un solo ministerio?
Me atrevo a contestar a nombre del país: sí, rotundamente, he detallado el por qué en cinco artículos:
Sin radares no se puede implementar un sistema de avisos de inundaciones-relámpago; no conozco ningún sistema operativo que prescinda de ellos, e incluso, teniendo radares modernos las cosas pueden fallar, no se olviden de la DANA de Valencia. La cadena completa está descrita en ¿Qué eso de MRMS que convierte sensores en alertas?; el caso estadounidense, en De la lluvia a la alerta en el teléfono: así funciona el sistema en EE.UU..
El Cambio Climático promete empeorarlo todo, así que sí, los radares estimando precipitaciones son indispensables para Cuba. Esa es mi opinión, leo atentamente los comentarios y acepto debatir el tema, preferiblemente con hechos y datos, Dato Mata Relato. Los datos de esta serie están en los cinco artículos citados; este post es la interpretación. Me encantaría saber si es que Cuba es el único país que no necesita radares para estimar cuantitativamente la lluvia con fines hidrológicos.
Lo que tiene el INSMET:
No es poca cosa; a mi juicio, es una parte sustancial de lo que se necesita.
Lo que tiene LADETEC:
Nuevamente aclaro que esto es mi visión, una opinión entre muchas que pueda haber:
¿Sencillo? Los leo en los comentarios, pero de dos cosas sí estoy seguro: se necesita y es posible. Si no se intenta, nunca se hará y terminarán vendiendo los radares como hierros viejos en materia prima.
Si no logramos recuperar los radares sería el fin de los sueños del Comandante en Jefe, Núñez Jiménez, Rosa Elena, Rodríguez Ramírez, Larragoiti, el general Acevedo, Núñez Russis, Chomi, Tomás Gutiérrez, Mayito y de tantos otros, operadores, técnicos, ingenieros y meteorólogos que han hecho posible nuestros logros en los radares.

Bueno, pues les contaré a mi fieles lectores en este post dominical una cosa que me sorprendió esta semana y que tiene que ver con la IA, pero no en el sentido de “ChatGPT escribe poemas” ni “la IA te hace la compra” o «la IA se puso por su cuenta a inventar drogas». Esto va de algo más gordo: de seguridad en internet.
Resulta que unos equipos de ciberseguridad, usando herramientas de IA, encontraron unos fallos bastante serios en PHP. ¿Y qué es PHP? Pues un lenguaje de programación que usted no ve, pero que está detrás de un montón de páginas web: tiendas online, webs de administraciones, foros, cosas así. Se calcula que una parte enorme de internet funciona con PHP, aunque para el usuario sea invisible.
El caso es que estos fallos, que al parecer llevaban tiempo ahí escondidos, permitían que un atacante pudiera colarse en un servidor y tomar el control sin necesidad de usuario ni contraseña. Vamos, como encontrar una puerta trasera en un edificio que todo el mundo pensaba que estaba cerrado con llave. A ese conjunto de fallos se le ha llamado “PHP2Shell”, y los expertos lo han comparado con Heartbleed, que fue un desastre de seguridad de hace años.
Y aquí está la parte interesante para esta, mi charla dominical sobre IA: la IA aparece en los dos lados.
Por un lado, fue la herramienta que ayudó a encontrar esos fallos. Es como tener un auditor que puede revisar millones de líneas de código a una velocidad que ningún humano puede igualar. Eso es buenísimo: la IA como defensora.
Pero por otro lado, cuando se filtró parte de la información antes de que todo el mundo estuviera parcheado, también se usó la IA para lanzar ataques automatizados a lo bruto. Millones de intentos en poco tiempo. O sea, la misma tecnología que te ayuda a encontrar la grieta también puede ayudar a explotarla.
¿Y qué pasó? Pues que hubo una reacción global bastante fuerte. Gobiernos y empresas desconectaron webs de forma preventiva, se pusieron parches de emergencia, hubo servicios caídos… Fue un pequeño caos durante unos días. Y todo eso por un fallo en una tecnología que casi nadie nombra, pero de la que depende medio internet.
A mí lo que me deja pensando es esto: la IA no es buena ni mala. Es una herramienta muy potente. Puede encontrar fallos que llevaban años ahí, y puede ayudar a arreglarlos. Pero también puede acelerar a quien quiere aprovecharse. Y además nos recuerda algo incómodo: nuestra vida digital depende de un montón de piezas invisibles que, si fallan, tiembla todo.
Así que la próxima vez que usted entre en una web y funcione, debe acordarse: por debajo hay código, hay servidores, hay gente parcheando cosas… y ahora también hay IA mirando dónde están las grietas.

¿Se fían ustedes de que la IA se use para defendernos más que para atacarnos? Los leo en los comentarios.

Contestando a Jetpack # 21
Creo que el futuro de la IA será menos “magia” y más infraestructura: agentes integrados en el trabajo, IA en el borde, modelos especializados y una fuerte disputa geopolítica por chips, energía y datos. La ventaja no estará en tener el modelo más grande, sino en lograr soberanía tecnológica, costos sostenibles y reglas claras. Veo riesgos reales en la autorregulación, el engaño y la desinformación, y una oportunidad para regiones como República Dominicana si apuestan a energía, talento y casos de uso concretos. En una frase: una IA multipolar, agéntica y cotidiana, que exigirá gobernanza humana y conciencia ambiental.
En mi blog, he tratado tres ejes fundamentales (en numerosos posts):
El futuro de la IA será menos promesa salvaje y más infraestructura cotidiana, multipolar y con fuertes tensiones de poder.

Contestando a Jetpack # 19
Ya que me he dejado provocar por Jetpack con sus preguntas diarias (aunque tengo muchos temas propios pendientes), aquí va mi opinión de hoy sobre la peli más infravalorada que he visto. Yo he pensado en Los amaneceres son aquí apacibles. No porque en la URSS no la valoraran (fue un exitazo con 66 millones de espectadores, en la época en que había que ir a las salas de cine, y, además, nominada al Oscar), sino porque aquí, en nuestro día a día, es una gran desconocida. Estoy seguro de que los jóvenes de hoy no la conocen.
Yo la vi en la TV cubana (en blanco y negro), a principios de los 70s, antes de irme para la Unión Soviética a estudiar. Años después leí la novela corta. Es una película que me impactó muchísimo y de la que casi nadie habla. Es cierto que es soviética y de guerra, y eso hace que algunos puedan rechazarla sin verla, pero es mucho más: es una historia humana, poética y desgarradora sobre cinco mujeres jóvenes y su sargento, que se aleja de los tópicos de Hollywood. Es de esas joyas que te reconcilian con el cine y que dan rabia que no sean más conocidas.
Un bloguero español especializado en cine ruso confesaba que, a pesar de ser un gran aficionado, «nunca antes oí hablar de ella» hasta hace poco. Atribuía este desconocimiento a que «el cine soviético muy rara vez llega hasta nuestras pantallas», quedando relegado a un circuito de nicho para cinéfilos muy específicos. Para el gran público, es una completa desconocida.
Existe una barrera mental. Mucha gente asume que, por ser una película soviética de la Segunda Guerra Mundial, será pura propaganda. Y aunque tiene un componente patriótico inevitable, la propia fuente señala que «quizá ni siquiera es una película bélica» y que, por encima de eso, es una historia «conmovedora y poética» sobre el sacrificio, la amistad y el amor, «sin las increíbles hazañas o coincidencias dramáticas a que nos tiene tan (mal)acostumbrados Hollywood». Reivindicarla es decir: «No es lo que crees, es mucho más humana y universal».
Como todo clásico, también ha recibido ataques. Algunos espectadores alemanes la han criticado ferozmente, tildando de «estúpido» el comportamiento de los soldados alemanes y argumentando que es una historia «farsesca» e increíble. Otros la acusan de tener «excesivos eslóganes patrióticos».
El autor de la novela en la que se basa Los amaneceres son aquí apacibles es el escritor soviético Borís Vasíliev (en ruso: Борис Львович Васильев). Se publicó por primera vez en 1969 en la revista literaria Yúnost (Juventud). La propia experiencia de Vasíliev como veterano de la Segunda Guerra Mundial (se alistó como voluntario a los 17 años y fue herido de gravedad) marcó profundamente su literatura. De hecho, la historia se basa en un episodio real, lo que añade una capa de autenticidad y crudeza aún mayor a la narración.
La vi hace muchos años y aún la tengo vívida en la memoria; aún duele lo que narra. He leído sobre ella y mis amigos rusos me enviaron un DVD, pero aún no me he atrevido a volver a verla. Mírela usted y saque sus propias conclusiones (la pueden encontrar en Internet).
¿Qué habría hecho usted en el lugar del sargento? Espero sus comentarios.

Contestando a Jetpack # 18
Nunca pensé tener un auto y como dice el refrán «al que no quiere caldo, le dan tres tazas». Lea lo que son las ironías de la vida y mis historias con los carros. O podemos decir también: «al que nace pa tamal, del cielo le caen las hojas».

Contestando a Jetpack # 17
Pues no, nunca me ha tentado ser como ningún famoso, o no famoso. Nunca he querido cambiar mi vida por la de nadie. Admiro a muchas personalidades de la Ciencia y la Técnica y he tratado de conseguir resultados siguiendo su ejemplo, pero no queriendo ser como ellos en la vida personal.
Al igual que en la película El Show de Truman, la fama suele ser una jaula de oro, un escenario de apariencia donde pierdes tu privacidad y tu autenticidad. Como decía el protagonista, prefiero una vida real, con mis propios errores y libertades, antes que un libreto escrito por las expectativas de los demás.
No, estoy a gusto conmigo mismo, Mea Culpa

Un post para detallar todo lo que hay que tener en cuenta para que un radar haga estimados de precipitaciones plausibles.
Si usted se compra un radar meteorológico y guiándose por lo que dijo el fabricante (lo de «llave en mano») cree que es solo encenderlo y va a tener estimados de precipitaciones que se correspondan con la realidad, solo les puedo recomendar que lean lo que Dante dice que decía a la entrada del infierno: «Lasciate ogne speranza, voi ch’intrate» (Infierno, Canto III, verso 9). Si usted no entiende italiano antiguo, se lo digo en cubano moderno: «el chicharrón no es carnepuerco«. O sea que «del dicho al hecho hay un buentrecho». Usted se compra un auto moderno y es «llave en mano», pero requiere que usted sepa conducir en un tráfico endiablado y por caminos irregulares, el auto moderno es solo una herramienta confortable, hay que saber usarla. De eso se trata, que para estimar precipitaciones con un radar hay muchos facotres que hay que configurar y parametrizar de un modo adecuado, no se trata solo de comprar «un buen radar».
(más…)
Contestando a Jetpack # 16
Francamente, nunca he sentido tal cosa como el estrés, siempre tengo muchos planes, chiquitos y grandes, a corto, mediano y largo plazo, planes emergentes, planes por si acaso. Si algo se detiene por algún lado, retomo otro hilo y sigo haciendo cosas. Uno se estresa cuando quiere hacer algo y no puede por causas externas, porque algo te detiene y uno se aferra a eso que quería hacer y se siente angustiado, pero como yo cambio de tarea no siento esa angustia. Y no es que me conforme y abandone, no, yo soy tremendamente perseverante, hay cosas que he perseguido durante muchos años hasta lograrlas.
Si no tengo electricidad, leo, si no hay luz natural me acuesto y voy pensando detalladamente en algo que voy a escribir y lo pienso así, a nivel de oraciones y párrafos, lo «borro» si no me cuadra y vuelvo a empezar hasta que «pierdo el conocimiento», es decir, me quedo dormido, y eso también es aprovechamiento del tiempo.
Y siempre trato que todas las cosas que hago formen parte de un algo mayor, normalmente lo logro.
Una especie de integración y concatenación de todo lo que he hecho.

Un post para hablar de las dificultades para estimar cuantitativamente las precipitaciones por medio de radar.
La estimación cuantitativa de precipitación por radar no nació con los algoritmos polarimétricos ni con los grandes sistemas operativos: se construyó sobre una relación empírica, una creciente conciencia del error y décadas de tensiones entre la física del instrumento y las exigencias de la hidrología. Recorrer ese camino —desde Marshall y Palmer hasta la calibración y validación actuales— no es un ejercicio nostálgico, sino la mejor forma de entender por qué un producto de QPE puede parecer preciso y, al mismo tiempo, esconder incertidumbres decisivas. Quise escribir esto antes de darles mi opinión sobre la estimación de las precipitaciones por radar en Cuba y sus perspectivas.
(más…)
Contestando a Jetpack # 15
A mi yo joven le diría —Solo sigue tus instintos, siempre son buenos. Las veces que no los seguí las cosas salieron mal y en mi fuero interno, yo sabía lo que iba a pasar y me dejé llevar por las circunstancias. No obstante, nada de qué arrepentirme, «a lo hecho, pecho» y «a otra cosa, mariposa».

¡Las cosas de la Vida! En mi dominical de hoy iba a tratar otro tema, como es habitual, sobre las cosas incómodas de la Inteligencia Artificial; pero ayer sucedió algo digno de comentar (y que también está relacionado con tecnologías de IA). El Dr. José Rubiera no necesita que se explique quién es en Cuba, ha sido el Presentador del Tiempo por excelencia desde … bah, desde antes de yo empezar a trabajar. También todos conocen el papel que jugó en que fabricáramos tres radares Doppler. En cambio, probablemente, pocos conozcan que su relación conmigo y con la modernización de los radares data de mucho antes, de mediados de los 80s, cuando Rubiera se percató de mí y comenzó a prestarme todo su decidido apoyo en todos los órdenes. Si les cuento que defendía yo mi tesis de doctorado, sin tutor, contra un tribunal de 22 «feroces» doctores y en eso llegó Rubiera y se sentó allí en el público, sin decir nada, pero algo cambió a mi favor. En fin, ahora les cuento un suceso interesante de ayer.
(más…)
En los posts anteriores hemos visto que los sistemas de alerta más maduros no eligen entre un sensor y otro: los integran. Pero para entender por qué esa integración es inevitable —y no un capricho tecnológico— conviene poner a cada instrumento frente a frente, con sus fortalezas y sus vergüenzas. La pregunta no es cuál es «mejor», sino para qué sirve cada uno y dónde falla. Y, al final, aparece un tercer jugador que promete cubrirlo todo desde el espacio: el satélite. ¿Está a la altura?
(más…)
A la 1:14 de la madrugada, el teléfono vibra. Es una notificación que no viene de una aplicación del tiempo ni de una red social: es una Wireless Emergency Alert. En el texto aparecen las palabras que activan la alarma: inundación repentina, lluvia intensa, radar y pluviómetros. Para quien la recibe, la alerta llega como un hecho aislado. Detrás hay una cadena de procesos que empezó mucho antes, cuando la lluvia aún no había desbordado el río. Entender esa cadena —y sus límites— es entender por qué Estados Unidos no alerta “con un radar” ni “con un pluviómetro”, sino con un sistema que integra ambos y los traduce en una decisión operativa.
En un post anterior vimos que MRMS convierte miles de sensores dispersos en una estimación cuantitativa de precipitación (QPE) única, nacional y actualizada cada 2 minutos. Pero una QPE, por sí sola, no salva vidas. El sistema estadounidense de alertas de inundación es la cadena que traduce esa cifra en una decisión y, finalmente, en una notificación que vibra en un teléfono. Es una cadena con eslabones bien definidos: MRMS → FLASH → pronosticador → etiqueta de impacto → Wireless Emergency Alert.
(más…)
Debo hablar ya de radares y lluvia (que ya he hablado de aeroavalanchas, granizados y tornados), pero me gusta comenzar explicando qué es el MRMS de los EE.UU.
Solo el 16% de las cuencas estadounidenses tienen una red de pluviómetros lo suficientemente densa como para sostener por sí sola aplicaciones hidrológicas. Es decir, en el 84% restante, si se dependiera exclusivamente de los pluviómetros, la alerta de inundación sería un ejercicio de adivinación entre sensores dispersos. Esa es la razón de fondo por la que Estados Unidos no puede elegir entre pluviómetros o radares: necesita el radar para «ver» la lluvia donde no hay sensores en tierra. Pero el radar, por sí solo, tampoco basta. Hay una capa de software que los integra, los corrige mutuamente y entrega un producto único, nacional y actualizado cada pocos minutos. Esa capa se llama MRMS: Multi-Radar, Multi-Sensor.
Sin entender MRMS, la frase «radar calibrado con pluviómetros» se queda en un eslogan. Con MRMS, se vuelve una operación real que corre las 24 horas y alimenta directamente los avisos de inundación.
MRMS no es un radar ni una red de pluviómetros. Es un sistema avanzado de procesamiento de teledetección que funciona como una capa de software por encima de toda la infraestructura de observación del país. Su función es integrar datos dispares —radar, observaciones de superficie, satélite, detección de rayos y modelos numéricos— en una cuadrícula de referencia común, y generar de forma automática productos meteorológicos e hidrológicos de alta resolución.
Dicho de forma simple: si cada radar o pluviómetro es una pieza de un rompecabezas, MRMS es el marco donde todas las piezas encajan para formar una imagen nacional única, continua y en 3D de la atmósfera.
MRMS no suma datos; los asimila y controla su calidad. Su operación se sostiene sobre tres pilares:
El resultado más relevante para las alertas de inundación es la Estimación Cuantitativa de Precipitación (QPE). MRMS genera acumulados que van desde 1 hasta 72 horas, con esa resolución de 1 km, y en versiones «solo radar» y «multi-sensor» (fusionadas con pluviómetros).
Pero MRMS no se queda en medir la lluvia. Alimenta directamente al sistema FLASH (Flooded Locations and Simulated Hydrographs), que traduce esa lluvia en caudal de corriente simulado para predecir inundaciones repentinas. FLASH compara la lluvia de MRMS contra la Guía de Inundaciones Repentinas (FFG) —el umbral de lluvia que normalmente causa crecidas— y genera productos como la relación QPE-to-FFG, una señal directa de peligro.
La propia NOAA lo describe sin ambages: MRMS es «el estándar de oro para el análisis de precipitación en tiempo real». Les da a los pronosticadores una imagen única y coherente, en lugar de obligarlos a saltar entre docenas de radares individuales, ahorrando un tiempo crítico cuando cada segundo cuenta para emitir un aviso.
Y hay un detalle que subraya su papel de integrador: MRMS no compite con las redes comerciales de radar; las absorbe. Los radares privados que rellenan vacíos de cobertura en capas bajas de la atmósfera (como CLIMAVISION) entran como insumo adicional al mosaico, mejorando la QPE y, por ende, las alertas de FLASH. El sistema federal pone el marco y los algoritmos; los datos adicionales llenan los huecos de ese marco.
MRMS es, en definitiva, el «sistema operativo» que hace posible la fusión. Sin él, la discusión entre pluviómetros y radares sería estéril: cada sensor quedaría aislado, sin traducirse nunca en una alerta coherente.
¿Y en Cuba? Bueno, eso requiere post aparte, pero necesitaré este y otros posts de referencia para lo que diré de Cuba.

Contestando a Jetpack # 14
Situémonos en el punto del joven que se graduó en junio de 1981, con cinco puntos de promedio, en la especialidad de Automática, Telemecánica y Comunicaciones para el Transporte Ferroviario, en el Instituto de Transporte de Moscú.
Es cierto que me demoré un poco en cumplir el anhelo del doctorado, fue dificil, todo un Vía Crucis por no haber trabajado en la especialidad. No obstante, el joven graduado puede estar orgulloso de mi tesis, incluso con un par de novedades mundiales, sin Internet, sin tutor, con un muy dificil acceso a la información, pero con la perseverancia que nos llevó al Summa Cum Laude en el MIIT, sin olvidar nuestro amor por las Matemáticas que propició el resultado.
Por lo demás, dos hijos, cuatro nietos y mi dignidad incólume a pesar de los pesares, a pesar de que nunca agaché la cabeza ante ningún jefe ni por beneficios, ni por temor. Es cierto, no prosperé mucho, Mea Culpa.

Un breve recuento sobre los generadores de productos y sus visualizadores desarrollados en Cuba hasta llegar al poderoso LAMULA™ WebViewer que actualmente oferta LADETEC.
Una vez que el dato de radar meteorológico ha sido digitalizado y guardado en una computadora se requiere de un programa que se encargue de generar los productos, que son matrices de números representando algún tipo de corte horizontal, vertical, obliquo o transversal con representación georeferenciada y unidades físicas. Luego de creados los productos hay que acudir a un generador de imágenes que alimente a un software que permita visualizar la información. En Cuba transitamos por todas las etapas de estas tecnología a tono con el mundo y a veces en la avanzada. Le cuento la historia con un poco más de detalle, si entra y la lee, se entera.
(más…)
Contestando a Jetpack # 13
Nunca he pasado un curso on-line. Sip, yo comencé a tener Internet (y muy lenta en el 2006), es más, yo escribí y defendí mi tesis de doctorado sin haber tenido Internet (en el año 1999) en un proceso que duró seis años y siete versiones.
Sin embargo, durante años mantuve correspondencia (por cartas de papel, estampillas y sobres) con las personalidades más notables de los radares meteorológicos, especialmente con los líderes del procesamiento de señales en los radares meteorológicos. Ese fue «mi curso on-line» o mejor debería decir, «mi curso por correspondencia». Ya nadie se acuerda, pero hubo una modalidad de ajedrez postal.
Mis solicitudes demoraban 2-3 meses en llegar al destinatario, y sus respuestas demoraban igual en llegar a mí. Paciencia y persistencia ¿no?

Contestando a Jetpack # 12
Pues a ella, a Anna Scott, le preguntaría:
¿Qué pasaría si… el señor Thacker se diera cuenta de que había sido un imbécil super tonto y se pusiera de rodillas y le rogara que reconsiderara, si usted … de hecho… reconsideraría?
Y que ella me dijera:
Solo soy una chica, parada frente a un chico, pidiéndole que la ame.
Por cierto, estuve en Londres en el año 2012, en un recorrido atropellado (apurado para que no me pasara como a Cenicienta, tenía que montarme en el tren de vuelta para el aeropuerto antes de las 12 de la noche), pero … preguntando y preguntando di con la calle de Portobello Road y tiré una foto en la Casa de la Puerta Azul, pero era tan tarde que no conseguí a nadie que me tirara la foto a mí.

Era mi tercera visita a Inglaterra, a Met Office en Exeter, pero me sobraron unas horas a la vuelta para caminar por Londres, si quiere conocer mi extraordinaria historia con Met Office y el Radar Doppler Cubano puede leerla aquí.
Sí, me encataría conversar con Julia Roberts y rememorar la película de Notting Hill.

Contestando a Jetpack # 11
Básicamente, que al acostarte no venga a tu mente el pensamiento perturbador de haberle hecho o haberle deseado algo feo a alguien.
Como dicen los Beatles: Getting Better«, canción incluida en el emblemático álbum Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967). Os dejo con ella:
It’s getting better all the time
I used to get mad at my school (no, I can’t complain)
The teachers who taught me weren’t cool (no, I can’t complain)
You’re holding me down (ah-ah)
Turning me ‘round (oh-oh)
Filling me up with your rules (fool, you fool)
I’ve got to admit it’s getting better (better)
A little better all the time (it can’t get no worse)
I have to admit it’s getting better (better)
It’s getting better
Since you’ve been mine
Me used to be angry young man
Me hiding me head in the sand
You gave me the word, I finally heard
I’m doing the best that I can
I’ve got to admit it’s getting better (better)
A little better all the time (it can’t get no worse)
I have to admit it’s getting better (better)
It’s getting better
Since you’ve been mine
Getting so much better all the time
It’s getting better all the time
Better, better, better
It’s getting better all the time
Better, better, better
I used to be cruel to my woman
I beat her and kept her apart from the things that she loved
Man, I was mean but I’m changing my scene
And I’m doing the best that I can (fool, you fool)
I admit it’s getting better (better)
A little better all the time (it can’t get no worse)
Yes, I admit it’s getting better (better)
It’s getting better
Since you’ve been mine
Getting so much better all the time
It’s getting better all the time
Better, better, better
It’s getting better all the time
Better, better, better
Getting so much better all the time

Contestando a Jetpack # 10
Sin dudas, España.
Mis bisabuelos Román González y Teresa García, cuyos restos reposan (¿reposan?) en nuestra bóveda familiar en la Necrópolis de Camagüey, eran asturianos. También mi abuelo Evaristo González García, el mayor de los cinco hijos de Román y Teresa (que aparte de Evaristo, eran: Margot, Nízida, Emilia y Avelino) nació en Asturias, pero fue inscrito en Cuba, a su arribo a tierna edad.
Eran originarios de El Argumón (o L’Argumón) que es una pequeña casería (núcleo de población rural) perteneciente a la parroquia de La Pereda, en el concejo de Tineo, en el Principado de Asturias, España.
Características principales del Argumón:
Población: Es un núcleo prácticamente deshabitado actualmente que forma parte del extenso y montañoso entorno rural del occidente asturiano.
Ubicación: Se encuentra a unos 8 kilómetros de la capital municipal (Tineo).
Altitud: Está situado a unos 740 o 770 metros sobre el nivel del mar.
Estuve dos veces en Madrid, de paso por el aeropuerto de Barajas. La primera vez, venía de Moscú, en un vuelo de Cubana de Aviación, debe haber sido en 1980. No pude salir del aeropuerto.
La segunda vez llegué a Madrid procedente de Ciudad Panamá, en un vuelo de Copa Airlines. Debía esperar cinco horas para mi vuelo a Dusseldorff. Esta vez sí me decidí y salí a caminar por Madrid, casi que corriendo: comencé por la Puerta de Alcalá y luego por el Paseo del Prado. Una locura. Lo peor es que olvidé totalmente que allí vive mi gran amigo Álvaro Pérez Pedraza, quien cuando vio mis fotos me dijo —¡no lo puedo creer, yo te hubiera buscado en el aeropuerto y hubieras visto mucho más! Realmente imperdonable que yo no me acordara de Álvaro en ese momento.

Sip, me encantaría visitar España, pero de verdad.

Los radares Doppler sirven para medir la velocidad del viento, pero …solamente si hay lluvias o precipitaciones. Cuando en la atmósfera no hay estos fenómenos, aunque haya viento, no lo sabremos. Para medir el viento necesitamos trazadores, es decir partículas que se muevan con el viento; pero que tengan una reflectividad tal que puedan ser detectadas por el receptor de los radares. Sin embargo, misteriosamente, los radares a veces mostraban ecos en la pantalla cuando la atmósfera estaba ópticamente limpia, es decir no se divisaban precipitaciones, ni siquiera nubes muy débiles. Esto intrigaba grandemente a los pioneros del uso del radar para la Meteorología.
A esos retornos detectados en condiciones de aire ópticamente limpio, que ahora les llamamos ecos de aire claro, durante mucho tiempo fueron un misterio. Como no había nada visible al ojo humano —ni con binoculares ni con telescopios—, los primeros meteorólogos de radar les pusieron nombres casi de leyenda: “ángeles” y “fantasmas”. Hoy sabemos que no son sobrenaturales, pero siguen siendo una herramienta fascinante para estudiar el viento.
En este post le cuento a mi asiduo lector qué son, de dónde vienen y por qué pueden ayudarnos a detectar fenómenos peligrosos. Siga leyendo y le doy detalles.
(más…)
Contestando a Jetpack # 9
Pues ni sé, supongo que uso las sugerencias de AISEO.
Es complicado, busco títulos atractivos, intrigantes (a la gente le encanta el chisme), sugerentes y trato que el contenido sea didáctico y entendible por neófitos.
Mi propósito es divulgar los temas que me apasionan: radares, meteorología, electrónica, procesamiento de señales y además, narro historias y anécdotas sobre el quehacer de mi empresa, LADETEC, creada desde 1990 y cuento las hazañas extraordinarias de mis espartanos compañeros.

Contestando a Jetpack # 8
En realidad ahora sé muchas cosas que me habrían ahorrado muchos malos ratos, pero de forma general, lo voy a resumir en una:
Que no hay que tratar de complacer a todo el mundo.
La mayoría, no vale la pena, incluso los que sí valen la pena, no la valen todo el tiempo.

Un post para desnudar la falsedad del pacto de autoregulación de los seis grandes de la Inteligencia Artificial (¿o debo decir Inteligencia Superior?). Serie de Inteligencia Artificial.
Tres investigadores de seguridad de OpenAI fueron despedidos semanas después de investigar el mayor incidente de agentes autónomos de la historia. La empresa dice que fue por violar políticas de información. Ellos dicen que fue por hablar demasiado. Ninguna de las dos versiones puede probarse. Y ahí, precisamente ahí, está el problema ¿No era que había un «pacto de seis caballeros» que se iban a autoregular? En fin, el mar, como diría Nicolás. La hipocrecía. Síganme y les cuento.
(más…)
Contestando a Jetpack # 7
En realidad, he visto muchas películas extrañas, pero creo que Pulp Fiction es lo más extraño que he visto (y que me haya gustado, que extrañas y malas he visto miles). En Pulp Fiction nunca sabes qué es lo próximo que va a ocurrir, todo es inesperado.

Contestando a Jetpack # 6
Me despierto, pienso en cosas profundas, como las Cuevas de Bellamar o las Minas de Matahambre … hago una «L», como cuando era gimnasta (hace muchos años, estudiando en el Instituto de Ingenieros del Transporte de Moscú), es decir, en este caso, aclaro, es acostado y levanto las piernas en ángulo recto, hacia el techo ¿qué? ¿Usted no ha jugado Tetris? Eso cuenta como una «L», … solo que habría que girarla y ponerla en la posición correcta. Otras veces simplemente me despierto y tardo un poco en comprender el sentido de la Vida y mi lugar en el Universo.

Contestando a Jetpack # 5
Preguntando direcciones y pidiendoles opiniones a la gente de cualquier cosa, preguntando la hora y comentando del Tiempo, en fin, diciendo cualquier tontería que le de la oportunidad a la otra persona de expresar sus criterios.

¿A quién le importa cómo se mide la temperatura en Cuba? Nadie me lo pregunta, y sin embargo debería importarnos a todos. Detrás de cada pronóstico, de cada alerta temprana, de cada decisión que se toma antes de un huracán o durante una sequía, hay una red silenciosa de observaciones que sostiene la memoria climática del país. Me meto en esto porque todos somos libres de opinar, aun cuando seamos neófitos en el tema. El futuro de las observaciones meteorológicas en Cuba no es un debate técnico para especialistas: es la diferencia entre saber y suponer, entre anticipar y lamentar. Y porque mientras se discute si las estaciones automáticas sustituyen a los observadores, el problema real —la sostenibilidad de una red electrónica compleja en un clima tropical, con recursos escasos y personal mal remunerado— sigue sin resolverse. Escribo esto porque nadie lo pregunta, pero alguien tiene que hacerlo —pienso yo. A muchos nos duele, porque la próxima vez que miremos el cielo, alguien habrá tenido que mantener viva la herramienta que nos permite entenderlo y alertarnos de fenómenos severos. Toda la información proviene de fuentes publicadas en Internet; no incluyo información oficial no publicada.
(más…)
Contestando a Jetpack # 4
¿Por qué tardaron tanto?
Por cierto, ¿a cómo está el file de huevos por allá?

Un post para reflexionar un poco sobre ese tema polémico y actual que es la verificación de los pronósticos.
«La mayoría de las personas saben opinar sobre un pronóstico meteorológico. Muy pocas saben verificarlo.»
Hay una escena que se repite cada día en millones de hogares cubanos: El meteorólogo anuncia lluvias «aisladas» para la tarde. En el parte del INSMET, «aisladas» significa que un tercio del área provincial estará cubierta por lluvia. Pero nadie te dice si tú estarás dentro de ese tercio o fuera de él. Al día siguiente, en tu barrio no cayó una gota. En el barrio vecino, un palo de agua. Y el veredicto es inmediato:
—Se equivocaron otra vez. Y allá van a endilgarles el cartelito de «mentirólogos», pero … cuando se acerca un huracán reclaman a «San Rubiera». Tranquilos amables lectores, pasa igual en todas partes del mundo, es una profesión que se juega su prestigio cada día.
Pero ¿realmente se equivocaron? ¿O es que nadie nos enseñó a leer un pronóstico?
Un científico que trabaja en el laboratorio puede tardar meses o años en saber si su hipótesis era correcta. La naturaleza le responde cuando el experimento concluye. Un astrónomo puede esperar décadas a que nuevas observaciones confirmen o refuten su teoría. Los creadores de un medicamento o de un tratamiento nuevo pasan largos años trabajando para ver triunfar sus resultados.
En meteorología, la naturaleza responde al esfuerzo cada día. Y lo hace en público.
Cada predicción tiene fecha de vencimiento. Después de unas horas o unos días, la atmósfera dicta sentencia. Pocas disciplinas científicas viven sometidas a una auditoría tan constante, tan implacable y tan visible.
Sin embargo, verificar un pronóstico no es preguntarse si llovió o no llovió.
Un pronóstico es un conjunto de afirmaciones simultáneas sobre espacio, tiempo e intensidad. ¿Llovió en toda la ciudad o solo en un barrio? ¿A la hora prevista? ¿Con la intensidad anunciada? ¿En los sitios que se identificaron como más probables? Ciertamente, el pronóstico de la precipitación es el más veleidoso.
Es como intentar acertar no solo el resultado de un partido de fútbol, sino también el minuto de cada gol, el número de tiros a puerta y la posesión del balón.
La situación se complica con los pronósticos probabilísticos. Supongamos que durante cien días se emite un pronóstico de 70% de probabilidad de lluvia. Mucha gente piensa que debería llover en cada uno de esos cien días. Pero si llueve en setenta de ellos, el pronóstico fue extraordinariamente bueno.
La paradoja es evidente: un pronóstico probabilístico puede ser estadísticamente perfecto y, al mismo tiempo, generar una insatisfacción pública enorme.
La gente busca certezas. La atmósfera ofrece probabilidades. Y en ese abismo entre lo que queremos oír y lo que la ciencia puede decir, se pierde la posibilidad de un juicio justo.
La verificación moderna es una disciplina científica en sí misma. No pregunta «¿llovió o no llovió?». Pregunta algo más concreto: de cada cien veces que anuncié un 70% de lluvia, ¿en cuántas llovió realmente?
Para responder eso, los centros meteorológicos usan un arsenal de métricas. Y cada una responde a una pregunta distinta:
El Brier Score mide qué tan cerca quedó tu pronóstico de la diana. Un cero es un tiro perfecto al centro. Un uno significa que disparaste sistemáticamente en dirección contraria. No importa si acertaste una vez por casualidad: el Brier Score castiga la inconsistencia.
El diagrama de fiabilidad es como una balanza que debe mantenerse en equilibrio. Si dices «70% de lluvia», debe llover aproximadamente setenta veces de cada cien. Si llueve solo treinta, tu balanza está rota: anuncias más de lo que ocurre. Si llueve noventa, también está rota, pero en el otro sentido.
La curva ROC mide la capacidad del sistema para distinguir entre un evento que va a ocurrir y uno que no. Es como un perro guardián: debe ladrar cuando hay un intruso, pero no cuando pasa el cartero. Un área bajo la curva de 0.5 significa que el perro ladra al azar; no sirve de nada (como el de mi casa que lo mismo le ladra a los gatos, a las gallinas del vecino, o a alguien que esté tocando a la puerta, o si vino la luz, o si se fue la luz, o si se bota el tanque elevado).
Los skill scores responden a la pregunta más dificil de todas: ¿este pronóstico es mejor que no tener pronóstico? Un valor de cero significa que no aporta nada sobre la climatología. Un valor negativo significa que sería mejor mirar por la ventana.
Los centros serios publican estas métricas abiertamente. No presumen de «aciertos». Presumen de habilidad estadística demostrable.
MET Norway es uno de los servicios meteorológicos más respetados del mundo. Su modelo LAMEPS, combinado con el ECMWF, produce pronósticos que están entre los mejores del planeta.
Pero cuando publican sus resultados, no dicen «90% de efectividad». Publican Mean Absolute Error, Brier Skill Scores, curvas ROC y diagramas de fiabilidad. Publican el error absoluto medio de sus pronósticos de temperatura y lo comparan con la climatología. Publican, en fin, la letra pequeña de su propia incertidumbre.
Ese es el estándar internacional. No hay «porcentaje de acierto» en el sentido popular. Hay métricas que se pueden replicar, auditar y —si es necesario— refutar.
INSMET verifica sus pronósticos desde 1978. Y publica resultados: un promedio de 87.5% de efectividad en las predicciones de 24 horas, con picos de 91.2% después de 2001. Villa Clara alcanza el 94% de eficiencia. Las Tunas reporta 93.2% de efectividad, y en 2022 llegó al 94.1%, ubicándose entre los mejores del país. Esos números son impresionantes, a un meteorólogo noruego lo dejan con la boca abierta. Pero ¿cómo se calculan?
Aquí está la clave. En la metodología cubana, un pronóstico se considera correcto cuando más del 50% de las observaciones de las estaciones de una región cumple los rangos establecidos. Para la dirección del viento, el umbral baja al 30%. Es decir, acierta el pronóstico si una de cada tres estaciones confirma la dirección del viento.
Eso no es lo mismo que verificar si el pronóstico fue certero para la ciudad de La Habana. Es verificar si fue suficientemente útil en el agregado regional.
La diferencia no es que unos mientan y otros sean humildes. Es que miden cosas distintas con reglas distintas.
MET Norway mide el error absoluto medio contra la climatología. Verifica punto por punto, estación por estación. Publica sus Brier Scores y sus diagramas de fiabilidad. Su referencia es la naturaleza misma: si el pronóstico no supera a la climatología, no sirve.
INSMET mide el porcentaje de pronósticos que pasaron un filtro creado por el personal del instituto según sus propios criterios. Verifica por regiones agregadas. Publica porcentajes de efectividad sin desglosar. Su referencia es un criterio interno que se ajusta según la variable: 50% de estaciones para temperatura, 30% para viento.
Cuando un noruego dice que su pronóstico tiene un skill score positivo, está diciendo que es mejor que no tener pronóstico. Cuando un cubano dice «90% de efectividad», está diciendo que, según los criterios internos del INSMET, nueve de cada diez pronósticos pasaron el filtro (creado por ellos). Pero el filtro es flexible. Y no se publica con el mismo nivel de detalle.
Esa es la verdadera asimetría. No está en los números. Está en quién decide cómo se cuentan.
Sería injusto cerrar aquí. La asimetría metodológica no es solo cuestión de transparencia institucional. Es también cuestión de recursos materiales.
Evaluar un pronóstico a nivel de «punto de rejilla» —es decir, para cada kilómetro cuadrado— exige una red de radares Doppler de alta densidad, estaciones automáticas que reporten cada minuto, y una capacidad de supercómputo que MET Norway tiene y el INSMET no.
El Instituto de Meteorología llegó a tener más de 1400 trabajadores. Hoy esa plantilla está lejos de poder cubrirse. Conozco más de treinta jóvenes meteorólogos talentosos, graduados del InSTEC, que se desempeñan en el extranjero (algunos vinculados a la Meteorología, otros no). El recurso humano, que era una de nuestras fortalezas, va menguando. Puedo añadir más, desde hace muchos años, muy pocos de los graduados en el InSTEC regresaban a sus provincias de origen. Ahora el asunto es peor —emigran.
No se puede exigir la misma granularidad de verificación cuando no se dispone de la misma granularidad de medición. La asimetría metodológica refleja, en parte, una asimetría material. Señalarlo no debilita mi crítica: la hace más honesta.
Como expliqué con más detalle en mi post: ¿Lloverá? Yo veré y te diré publicado en Juventud Técnica, la gente quisiera saber cómo va a estar el tiempo, mañana, pasado mañana, de aquí a dos semanas, en el verano en la semana que planifico ir a la playa, en diciembre que su hija se quiere casar el 24 …
Cuando alguien afirma «ese pronóstico fue un desastre», casi nunca está evaluando el pronóstico en sí. Está evaluando su experiencia personal. Generalmente, porque le sucedió algo adverso: lo agarró un palo de agua en medio de la calle, se le mojó la ropa que dejó tendida, no llovió como esperaba para paliar que hace una semana no bombean agua … en fin el mar, como diría Guillén, que ya sabía que hay cosas que no se cambian, solo se navegan, y como suele usar la gente en Cuba como bisagra conversacional.
Un pronóstico puede ser excelente desde el punto de vista estadístico y resultar insatisfactorio para una persona concreta. Del mismo modo, un pronóstico mediocre puede parecer brillante si, por casualidad, acertó exactamente lo que ocurrió en nuestro barrio, especialmente si era lo que esperábamos: no llovió y pude hacer la fiesta de cumpleaños del niño en el patio.
La próxima vez que maldigas al meteorólogo porque en tu barrio no cayó una gota, pregúntate: ¿estabas en el tercio del área que el pronóstico cubría? ¿O simplemente no te tocó? Y si te tocó, ¿te acordaste de agradecerlo?
El asunto no es si se equivocó el meteorólogo, sino más bien si sabemos nosotros cómo reconocer cuándo tenía razón.
La sociedad suele creer que verificar un pronóstico consiste simplemente en comparar lo anunciado con lo ocurrido. En realidad, la verificación meteorológica es una disciplina científica compleja que busca medir objetivamente la calidad de las predicciones y separar las impresiones subjetivas de la evidencia estadística.
El verdadero desafío no es solo mejorar los pronósticos.
Es aprender a juzgarlos con los mismos estándares que exigimos a quienes los emiten.
OK, no lo vamos a engañar, en LADETEC no podemos hacer que llueva o no llueva según usted lo necesite, estamos trabajando en eso; pero ese servicio aún no lo tenemos disponible.
Si su problema es que necesita agua podemos hablar con un pipero para que le lleve (ya saben, tienen que «ayudarlo»), pero eso es solo para Camagüey. Si su problema es que está lloviendo y necesita ir a alguna parte, para eso tenemos a Pepe El Seco, que tiene un bicitaxi con nailons grandes (Pepe cubre hasta Florida, la de Camagüey no la otra y hasta Vetientes) y a usted no le cae ni una gota. Nota: Pepe tiene baterías y paneles solares en el bicitaxi.

En cambio, si su problema es hacer buenos pronósticos, sí tenemos algo disponible: nuestra implementación del formidable sistema de ayuda al pronóstico que se usa en aeropuertos y Oficinas de Pronósticos de los EE.UU.: Advanced Weather Interactive Processing System (AWIPS).

Nuestra versión se llama LAMULA™ AWIPS, y es la implementación del software libre AWIPS desarrollado por NCAR, pero alimentada por las fuentes de datos a las que usted tenga acceso (por omisión, AWIPS viene configurado con las fuentes de datos que están disponibles en el servicio meteorológico de los EE.UU.).
Nosotros (LADETEC) podríamos instalarselo en el Centro Nacional de Pronósticos del INSMET, en cualquier oficina provincial, en cualquier aeropuerto y la brecha tecnológica se acortaría (bueno, un poquitín).
Nosotros se lo instalamos en la versión más económica (en cuanto a medios de computación) que se van a encontrar en el mundo.
Si quiere saber de qué va AWIPS puede leerse el post: ¿Qué es AWIPS? O la versión del NWS dónde lo explica.
Por si alguien deseara contratarnos este servicio, estamos aquí para servirle.
Que el Buen Tiempo sea con Usted y que obtengan el 100% o más de aciertos. Los leo en los comentarios.

Un recorrido por 45 años de historia, pasantías internacionales y lecciones clave sobre el procesamiento de señales en radares meteorológicos. Incluye compendio teórico y práctico.
Desde que escribo este blog Radares Mirando al Sur he escrito cosas sobre el procesamiento de las señales en los radares meteorológicos. Es curioso que justamente a esta asignatura fue a la que no presté mucha atención en mi carrera, a pesar de que me las «ingenié» para sacar la máxima calificación sin estudiar y muy contento yo de «mi proeza» para que luego la Vida se encargara de demostarme que fue una estupidez y para castigarme, me ha hecho dedicarme a ella toda la vida (y al momento que escribo esto ya van ¡45 años!).
Sin embargo, para nivelar las cosas, también me concedió el beneficio de haber visitado los radares más avanzados del mundo y los grupos de investigación que marcaron la punta en este campo. Nada, síganme y les cuento esta historia extraordinaria para un nacido en este pequeña isla asediada por un poderoso depredador.
(más…)
Le hago una pregunta sencilla a mis sagaces lectores: si mañana alguien con poder decide cambiar el nombre de una tecnología que usamos todos los días, ¿usted qué haría? ¿Seguiría usándola igual? ¿Le daría lo mismo? ¿O empezaría a mirar quién gana y quién pierde con ese cambio?
Hace poco, en el debate público internacional, surgió una idea llamativa: dejar de llamar a cierta tecnología de una manera y empezar a llamarla de otra (¿como lo del Golfo de Mexico? …). El argumento era que la palabra original sonaba a “falso” y que la nueva denominación sonaba más grande, más importante. Hasta ahí, podría ser solo una discusión de mercadeo on un discurso grandilocuente; pero hay un detalle que, al menos, invita a hacerse preguntas. Siga leyendo y le comento cosas inquietantes.
(más…)
En este post veremos cómo se capturan 100 dB de señal sin AGC, y por qué el número de bits del conversor lo cambia todo.
En los posts anteriores vimos dos cosas. Primero, que la demodulación analógica tiene un límite fundamental: la información de velocidad es una perturbación de fase minúscula, y el rizado de la fuente de alimentación le pone un piso a la velocidad medible. Segundo, que el receptor digital elimina ese límite porque digitaliza antes de demodular.
Pero hay una pregunta que quedó sin responder, y es la más importante de todas:
¿Cómo hace un conversor análogo-digital para capturar una señal que varía 80–100 dB, si el mundo digital trabaja con un número finito de bits?
En analógico, la respuesta era el AGC y el canal logarítmico. En digital, la respuesta es otra. Y entenderla es entender por qué el receptor digital no es solo una versión moderna del analógico, sino un cambio de paradigma.
(más…)
Un post para explicar las generalidades de la demodulación sincrónica por medio digitales, su historia y prácticas actuales.
Pero hay un problema. Todo lo que dijimos hasta ahora describe lo que no hay que hacer. Y para entender lo que sí hay que hacer, no alcanza con decir «digitalicemos la señal». Hay que entender dónde se digitaliza, cómo se recupera la información de fase sin un solo mezclador analógico, y por qué esa decisión cambió para siempre la historia del radar. La respuesta está en una cadena de bloques que hoy cabe en una FPGA, pero que en 1991 parecía una locura: un ADC que muestrea la señal de frecuencia intermedia directamente, un oscilador numérico que genera la cuadratura perfecta que ningún circuito analógico pudo dar jamás, y un par de filtros que reducen la tasa de datos sin perder un ápice de información. Esa es la arquitectura del receptor digital. Veámosla bloque por bloque.
(más…)
He tenido que excavar profundo para desenterrar mis apuntes de aquel curso de 1993 sobre la teoría del Doppler analógico y todas las dificultades que se presentaban. Bueno, les cuento. En la radio estamos acostumbrados a una historia prolija. Alguien tiene información —voz, música, datos— y la sube a una portadora. Eso es modular.
Del otro lado, el receptor hace lo inverso: demodula. Saca , que es la señal modulante, de la portadora. Un detector de envolvente para el caso de AM, un discriminador o un PLL para el caso de FM. Hasta ahí, todo es intencional: alguien puso la modulación en la señal transmitida, alguien la saca en el extremo receptor..
El radar rompe ese esquema. Sígame y le cuento el complejo mundo de los radares analógicos.
(más…)
Así como Fourier nos enseñó a descomponer una señal en sus frecuencias componentes (para obtener su espectro), existe otra herramienta igualmente poderosa que nos dice cuánto se parece una señal a sí misma cuando se desplaza en el tiempo (por ejemplo Orlando_Joven y Orlando_Viejo, retardo de una vida laboral). Hablamos de la función de autocorrelación, que como lo dice el nombre correlaciona una señal consigo misma, pero evaluada con un retardo, y es la base de algunos de los estimadores más usados en los radares Doppler modernos. Veamos en detalle (pero con enfoque comprensible para principiantes) en este post.
(más…)
Pocas herramientas matemáticas han tenido un impacto tan profundo en la ingeniería moderna como la que lleva su nombre. Jean-Baptiste Joseph Fourier (1768-1830) no era ingeniero de señales. Era un físico y matemático francés que, mientras estudiaba la difusión del calor, descubrió algo revolucionario: cualquier función periódica podía representarse como una suma de senos y cosenos.
Esa idea fue el germen de lo que hoy conocemos como Análisis de Fourier o Análisis Armónico y si me sigue, le cuento (sin mucha matemática aterrorizante) qué importancia tiene esto en los radares meteorológicos.
(más…)
La Whitening Transform (transformada de blanqueamiento o de decorrelación) es una herramienta matemática que aparece en muchos campos, pero que encontró una aplicación especialmente potente en el procesamiento de señales de radar meteorológico de la mano de Sebastian Torres y Dušan Zrnić. Este post repasa su origen, su lógica, sus aplicaciones fuera del radar y el camino que la llevó hasta la red NEXRAD para la implementación de la súper resolución.
(más…)
En posts anteriores hemos explorado las señales en los radares meteorológicos y por qué la señal retornada de un objeto meteorológico es tan fluctuante. Hemos visto que un radar emite pulsos sinusoidales, que la señal recibida es una réplica de la transmitida con muchísima menos potencia, y que la fluctuación de la amplitud no es un fallo del sistema sino una propiedad física fundamental de los blancos distribuidos.
Ahora toca dar un paso más. Antes de entrar en las «sanguinarias» transformadas de Fourier (sí, antes de Fourier los ingenieros éramos más felices) —y poder diferenciar qué es FT, DFT y FFT— y antes de calcular los momentos a partir de las componentes I y Q, necesitamos entender qué es el espectro de una señal, por qué esta es la herramienta natural para analizar señales fluctuantes, y cómo se ven los espectros del clutter y de las señales meteorológicas. Si le motiva, sígame y le cuento.
(más…)
A post about everything related to radar data resolution. Versión en español aquí
Meteorologists like to look at radar images to observe the morphology, evolution, and movement of echoes on the screen, without worrying much about how each pixel relates to what is happening in its surroundings, or about knowing exactly what each one represents in the atmosphere being explored. This is not a trivial matter, and I do not think it has a single answer. The fact that during my career the technique has gone from old monochrome PPI/RHI indicators to full-color computer screens does not change the essence of the question: What does each pixel represent in the atmosphere being explored? Follow me in this post to inoculate you with the virus of doubt and start looking at the images on the screen while thinking about the radar beam scanning the atmosphere.
(más…)
Un post para tratar todo los relacionado con la resolución de los datos de radar. English version here.
Los meteorólogos gustan de ver las imágenes de radar para observar la morfología, evolución y movimiento de los ecos en la pantalla, sin preocuparse mucho por qué relación tiene cada píxel con lo que sucede en su entorno, ni por saber exactamente qué representa cada uno en la atmósfera que está explorando. No es un asunto trivial y no creo que tenga una respuesta única. El hecho de que en mi vida laboral la técnica haya pasado de los antiguos indicadores PPI/RHI monocromáticos a las pantallas de computadoras a todo color no cambia la esencia de la pregunta: ¿qué representa cada pixel en la atmósfera explorada? Sígame en este post para inocularle el virus de la duda y comience a mirar las imágenes en la pantalla pensando en el haz del radar explorando la atmósfera.
(más…)
English version below. Era el 24 de julio del año 2001, una agradable y cálida tarde de Munich en que terminaba la 30ma Conferencia de Meteorología de Radar auspiciada por la American Meteorological Society (de la cual yo era miembro desde la 29na Conferencia cuando con tremendo dolor de mi bolsillo pagué la cuota de inscripción en 1999). Verdaderamente no sé cómo mi cerebro no había explotado (lea mi post Simbad y los caballeros teutones para que entienda). El caso es que al terminar el acto de despedida en el Forum Hotel de Munich, los repesentantes de Gematronik nos reunieron en el lobby a los iríamos a la visita a la fábrica en Neuss, un pueblito muy cerca de Dusseldorff y de allí partimos para el aeropuerto de Munich.
Al llegar al aeropuerto, bajamos de los omnibus y en el mismo tropel que veníamos fuimos a sentarnos en unas mesas en una terraza abierta, donde Gematronik nos escanciaría con una deliciosa cerveza alemana.
(más…)
A post about hydrometeor classification in polarimetric radars, regional bias, and the invisible geography of algorithms. Versión en español aquí.
Hydrometeor classifiers (HCA/HID) operating in commercial polarimetric radars are, for the most part, fuzzy logic implementations built from observational campaigns, electromagnetic simulations, and microphysical knowledge generated in mid-latitudes. When these classifiers are deployed in tropical regions — such as the Caribbean or northern South America — their membership functions and decision thresholds no longer represent local physics. This article examines the case of two manufacturers (EEC and Vaisala), two countries (Jamaica and Colombia), and argues that the bias is not a calibration defect but a structural consequence of importing regional models disguised as universal products. A local validation framework is proposed and its application to microburst detection is explored.
A colleague of mine at Colombia’s Civil Aviation Authority worked with data from a Doppler and Polarimetric radar. A few years ago we met, and she told me a complaint that wasn’t technical but almost existential: her radar’s hydrometeor classifier was flagging snow in warm regions of the country. Regions where the 0 °C isotherm sits at 4,800 meters and where it has never snowed at ground level. Pilots reported rain. The classifier insisted on snow.
She knew the radar was well calibrated. ZDR adjusted, PhiDP without offset, RhoHV coherent. And yet the flagship product — the one that tells you what kind of particle is falling from the sky — was lying.
That complaint is the origin of this article. Because the problem wasn’t a bug. It was something deeper and more uncomfortable: the classifier didn’t know Colombia. And the same could be said of Jamaica. Or Puerto Rico. Or any place where a polarimetric radar looks at a sky for which its algorithm was not designed.
It’s worth separating two things that are often confused.
Calibrating a polarimetric radar means ensuring that what it measures corresponds to what’s actually there. That Zh has no bias, that ZDR is centered, that PhiDP has no offset, that RhoHV reflects real coherence. It’s an instrumentation problem. Difficult, but bounded.
Classifying hydrometeors is something else. It means taking those already-calibrated variables and deciding, through a model, whether what you’re seeing is light rain, heavy rain, big drops, hail, graupel, dry snow, wet snow, ice crystals, biota, or clutter. It’s an inference problem.
The most common classifier in operational radars — in both EEC and Vaisala, as we’ll see — uses fuzzy logic. Membership functions are defined for each polarimetric variable, inference rules are built along the lines of «if Zh is high and ZDR is low and RhoHV is high, then probably hail,» and they’re combined to obtain a degree of membership for each class.
The problem is that those functions and those rules don’t come out of thin air. They’re built, adjusted, and validated with observational campaigns, electromagnetic simulations, and in-situ measurements made in a specific place. And there’s the catch: that «specific place» is almost never the tropics.
This is where the story gets interesting. Because one might think the problem belongs to a single manufacturer. It doesn’t. It belongs to a shared philosophy.
Jamaica operates an EEC Defender, S-band, 8.5-meter antenna. EEC — Enterprise Electronics Corporation — is headquartered in Enterprise, Alabama. It’s not poetic coincidence: it’s literal. The radar watching the Caribbean from Jamaica was manufactured in a city in the southern United States.
Everything indicates that EEC incorporated into its radars the classification line developed by the group of Alexander V. Ryzhkov and Dusan S. Zrnić at NOAA/NSSL, based on fuzzy logic. EEC’s own technical material points to their integration of the hydrometeor classification algorithms developed for the WSR-88D platform — the U.S. NEXRAD network — (Ryzhkov & Zrnić, 2019).
That classifier primarily uses:
And it classifies roughly ten categories: rain, heavy rain, big drops, small hail, large hail, graupel, dry snow, wet snow, ice crystals, and biological/non-meteorological echoes.
The membership functions of that classifier were built from polarimetric observation campaigns in Oklahoma, Alabama, and other mid-latitude continental regions; T-Matrix electromagnetic simulations; in-situ measurements; and expert microphysical knowledge. That is: rigorous physics, but physics of mid-latitude continents.
Colombia operates Vaisala radars, mainly WRM200 in C-band. Vaisala incorporates a module called HydroClass™, and explicitly states that it uses «a proven fuzzy logic algorithm» to classify meteorological and non-meteorological targets (Vaisala, 2021).
The classes it identifies are:
And the variables feeding the classifier are:
Notice something. Neither of them trains with massive historical datasets. Neither uses modern machine learning. Both follow the same recipe:
They’re cousins. They share physics, share method, share limitations. And they share the same problem when they land in the tropics: neither was built with the 0 °C isotherm at 5 km in mind.
That means the bias doesn’t come from «bad training data.» It comes from something deeper: the campaigns, the measurements, and the expert knowledge are from one place. The T-Matrix simulates particles, but the particles it simulates are the ones someone decided to simulate. The campaigns were done in Oklahoma, in Darwin, in Helsinki. The expert knowledge is expert in something.
The classifier isn’t «poorly trained.» It’s trained for another place. And that’s harder to fix than retraining with data.
There’s an important nuance here that my reader should keep in mind: the symptom changes depending on the radar’s operating band, but the disease is the same.
S-band has a huge advantage: rain attenuation is much lower than in C- or X-band. That means the problem isn’t attenuation. The problem is something else.
The 0 °C isotherm sits at 5 km. In mid-latitudes it sits at 2–3 km. A Jamaican radar can be sampling ice at 4 km altitude — ice that melts before reaching the ground. The classifier sees ice and says «snow.» The pilot reports rain. Both are right; the HID doesn’t distinguish between «there’s ice in the sampling volume» and «snow is falling at the surface.»
Warm microphysics dominates. Zipser et al. (2006) documented why maritime tropical convection — such as the Caribbean’s — exhibits warm microphysics signatures: efficient coalescence, high liquid water content, small-to-medium drops that rarely reach the freezing point at low levels. Unlike mid-latitude continental storms, where updrafts generate large ice structures, here rain is produced without the need for an extensive ice phase.
This translates into moderate reflectivities with high KDP. And the traditional boundaries of the classifier fail: they associate those reflectivity levels with ice mixtures, when in reality it’s efficient warm rain.

Figure 1. Typical ZDR ranges by hydrometeor class for Jamaica (18°N, maritime tropical). Adapted from Fabry’s (2015) scheme. Each horizontal bar represents the ZDR range associated with a category, colored according to a continuous chromatic scale. The ranges deliberately overlap to reflect the inherent ambiguity of polarimetric classification; class assignment is probabilistic, not deterministic. Note the absence of an operational «dry snow» region at the surface — the Snow bar corresponds exclusively to ice aloft that melts before reaching the ground — and the unusually wide Rain range, a consequence of tropical warm microphysics. The two dotted boxes highlight the most frequent confusions of the imported classifier: the Snow category, which in Jamaica corresponds to graupel aloft and not surface snow, and the Biological targets category, which the HCA erroneously labels as «wet snow» when in reality it’s biota. The dashed vertical line at ZDR = 0 marks the boundary between spherical and oblate particles, not a temperature; the 0 °C isotherm, which in Jamaica sits around 5 km altitude, must be consulted separately via soundings or vertical profiles.
The ambiguity between big drops and melting hail. In S-band the Mie effect is smaller than in C-band, but it doesn’t disappear. Large drops and melting hail can occupy neighboring regions of polarimetric space. The NSSL/Ryzhkov classifier, tuned with continental microphysics, tends to lean toward ice.
Biota is a year-round problem. Warm marine boundary layer, insects, birds. High ZDR with low RhoHV. The classifier says «wet snow.» It’s not snow: it’s life.
Here another problem is added: severe differential attenuation.
In C-band, intense tropical storms absorb and scatter energy asymmetrically between the H and V channels. If a rigorous correction based on KDP is not applied, Zh and ZDR drop artificially behind the convective core. And there the classifier goes haywire: it labels heavy rain as dry snow, melting hail, or total attenuation (Bringi & Chandrasekar, 2001; Vaisala, 2021).
Same classifier, same assumptions, same bias. But:
Same disease, different symptoms.
Colombia offers a particularly rich case study, because at least two manufacturers with different classification philosophies coexist in its territory, both operating in C-band and both in a tropical regime.
The Early Warning System of Medellín and the Aburrá Valley operates a polarimetric EEC radar in C-band — the same manufacturer that supplies Jamaica’s radar — in complex topography and tropical Andean convection. This means it faces two simultaneous problems: tropical warm microphysics (high isotherm, large drops, graupel aloft) and the severe differential attenuation characteristic of C-band.
The SIATA team has developed local classification models by adapting traditional fuzzy logic, with KDP-based attenuation correction before feeding the membership vector (SIATA, 2020; Hoyos et al., 2016). Validation combines the dense Parsivel disdrometer network with lightning detection sensors and profiling radars.
The SIATA case is valuable for two reasons. First, because it demonstrates that it can be done well in tropical C-band, with the right instruments. Second, because it’s the same manufacturer as Jamaica, allowing a direct comparison: both are EEC, both use NSSL-HCA derivatives, but SIATA has been locally adapted while there is no public evidence that Jamaica has done the same.
Colombia’s Civil Aviation Authority operates Vaisala WRM200 radars in C-band. This is the case that originated this article: Vaisala’s HydroClass classifier reporting snow in warm regions where pilots report rain. A Finnish classifier, applied to a Colombian sky.
If SIATA (EEC, C-band) has been locally adapted and Aerocivil (Vaisala, C-band) reports the classic symptom of regional bias, then the question isn’t «which manufacturer is better?» The question is: how many radars in the tropics are operating with classifiers that were never locally validated?
What my colleague saw in Colombia isn’t a rarity. It’s documented throughout the region and beyond.
Puerto Rico (NEXRAD TJUA, S-band). Research from the University of Puerto Rico at Mayagüez and collaborators has analyzed the response of the official NOAA HCA during hurricanes and tropical cyclones. Key finding: in pure tropical systems dominated by warm microphysics, the classifier erroneously labels torrential rain zones with moderate Zh and high KDP as «rain and hail mixture.» Adjustments have been proposed to raise ZDR and KDP thresholds in detecting very heavy rain.
Guadeloupe and Martinique (Météo-France, C-band). Cross-validation campaigns with TRMM and GPM have allowed calibration of the melting layer height — 4.5 to 5.0 km in the Caribbean — and adjustment of membership functions to avoid false «wet snow» classification at mid-levels.
Colombia (SIATA, C-band). The case already described. Local classification models adapting fuzzy logic, with multi-instrument validation (SIATA, 2020; Hoyos et al., 2016).
Colombia (Universidad Distrital, C-band). The book by Camargo-Camargo, Cadena-Contreras & Alejo-Zabala (2022) documents how factory-default models in commercial radars, designed for mid-latitudes, overestimate the presence of ice and make errors in the melting zone. Señalin’s (2021) thesis develops a classification model specifically adapted to the warm microphysical dynamics of low latitudes.
India (CAIPEEX / IITM). The CAIPEEX campaign of the Indian Institute of Tropical Meteorology used dual-polarization radars in X- and C-band combined with Parsivel and 2DVD optical disdrometer networks, plus airborne instrumentation. They evaluated fuzzy logic membership functions adjusted to monsoon drop size distribution versus the standard S-band matrices set for mid-latitudes.
Australia (Darwin, C-POL). Thompson et al. developed a 10-category HCA in C-band optimized for tropical environments. Their explicit motivation was the electromagnetic ambiguity between big drops/melting hail and wet snow caused by Mie effects in C-band — exactly the kind of confusion a mid-latitude classifier doesn’t resolve.
The pattern is clear: everywhere an imported classifier has been validated in the tropics, the same bias has been found. It’s not a problem of a poorly calibrated radar. It’s a structural problem.
If the problem is structural, so is the solution. It’s not about throwing away the classifier. It’s about domesticating it.
The most robust scheme, pioneered by SIATA in Colombia, combines three components:
In C- and X-band, differential attenuation correction based on KDP is mandatory before feeding the classifier’s membership vector. Without it, false classifications downstream of the convective core are inevitable. This applies both to Colombia’s Vaisala WRM200 radars and to SIATA in Medellín, both in C-band.
Work by UNAM in Yucatán, Universidad Distrital in Colombia, and CAIPEEX in India all agree: the HCA’s beta membership functions must be built with electromagnetic scattering data (T-Matrix) fed with local DSDs. Not with the standard NEXRAD or European matrices.
The classifier should know at what altitude it’s measuring. A pixel at 5 km in Jamaica is not the same as a pixel at 5 km in Finland. If the HID doesn’t incorporate the height of the 0 °C isotherm, it’s doomed to be wrong.
Cross-referencing the 3D classification from the ground radar with the GPM DPR or TRMM PR classification allows confirmation of the vertical structure of the melting layer and graupel cores over sea and land in the tropics (Dolan & Rutledge, 2009, 2011).
A good operational HID should indicate uncertainty per class, include an «unknown class» or «low confidence» label, avoid forcing a classification when variables aren’t conclusive, and document which region it was trained for and what its limitations are.
And this is where the article stops being a critique and becomes a proposal.
Because the hydrometeor classifier is not the final product. It’s an input. And for certain applications — microburst detection, severe convection nowcasting, early warning — the traditional HID falls short, not because it’s wrong, but because it wasn’t designed for that.
For microburst detection, the real value lies in combining:
Traditional HIDs aren’t designed for this. They’re designed to say «this is rain» or «this is hail.» But a modern microburst nowcasting system could use HID outputs as one more variable within a broader scheme.
There’s a concrete opportunity here. With an S-band polarimetric radar like Jamaica’s — 8.5 m antenna, narrow beam, good resolution — one can develop a microburst risk classifier that:
That would be more modern than traditional HCAs. And it would be a real contribution, not just a complaint.
Calibrating (instrumentally) ZDR and PhiDP is essential. But it’s not enough. The HID is a regional model disguised as a universal product. And in tropical, Andean, or simply different regions, that disguise falls apart.
My colleague’s anecdote at Aerocivil isn’t a rarity. It’s a symptom. It’s what happens when we import technology without importing context. When we believe that an algorithm trained in Helsinki or Enterprise, Alabama, can tell us what’s falling from the sky over the Magdalena Medio. Let my reader not believe that a radar manufacturer can develop costly field experiments in the country where it’s going to install the radar. They take results published by universities and research centers that do these studies … valid only for the places where those studies are done.
The solution isn’t to throw away the classifier. It’s to domesticate it: validate it with disdrometers, re-adjust its membership functions with local DSDs, introduce temperature and beam height as context, correct attenuation with KDP, and above all, know when not to believe it.
And then take the next step: use the HID for what it is — an input — and build on top of it systems that answer more useful questions: Is there going to be a microburst? Is it going to hail? Is it going to rain hard enough to flood the valley?
Because in the end, the HID isn’t a truth. It’s a trained opinion. And like any opinion, you need to know where it comes from.
Bringi, V. N., & Chandrasekar, V. (2001). Polarimetric Doppler Weather Radar: Principles and Applications. Cambridge University Press.
Camargo-Camargo, J. E., Cadena-Contreras, L. A., & Alejo-Zabala, G. (2022). Estudio de hidrometeoros basado en información de variables polarimétricas de radares meteorológicos para Colombia. Editorial Universidad Distrital Francisco José de Caldas.
Dolan, B., & Rutledge, S. A. (2009). A theory-based hydrometeor identification algorithm for X-band polarimetric radars. Journal of Atmospheric and Oceanic Technology, 26(10), 2071–2088.
Dolan, B., & Rutledge, S. A. (2011). A theory-based hydrometeor identification algorithm for X-band polarimetric radars. Journal of Atmospheric and Oceanic Technology, 28(5), 621–637.
Doviak, R. J., & Zrnić, D. S. (1993). Doppler Radar and Weather Observations (2nd ed.). Academic Press.
Hoyos, C. D., Ceballos, L. I., Pérez, J. S., & Sepúlveda, J. I. (2016). The hydrometeorological monitoring network of the Aburrá Valley (SIATA): An integrated approach for early warning systems. Proceedings of the American Meteorological Society.
Michaelides, S. (Ed.). (2019). Precipitation Science: Measurement, Remote Sensing, Research and Applications. Elsevier.
Ryzhkov, A. V., & Zrnić, D. S. (2019). Radar Polarimetry for Weather Observations. Springer.
Señalin, M. A. (2021). Modelo de clasificación de hidrometeoros para zonas ecuatoriales. Repositorio de la Biblioteca Digital de Bogotá.
SIATA. (2020). Radares meteorológicos: Equipamiento, procesamiento de señales y variables polarimétricas. Documentación técnica del proyecto, Área Metropolitana del Valle de Aburrá.
Thompson, E. J., Rutledge, S. A., Dolan, B., Chandrasekar, V., & Cheong, B. L. (2014). A dual-polarization radar hydrometeor identification algorithm for X-band. Journal of Atmospheric and Oceanic Technology, 31(12), 2611–2627.
Thompson, E. J., et al. A Robust C-Band Hydrometeor Identification Algorithm and Its Application to Long-Term C-POL Observations in Darwin, Australia. Journal of Applied Meteorology and Climatology.
Vaisala. (2021). Corrección de atenuación de radares meteorológicos banda-C. Nota de aplicación técnica, Vaisala Oyj.
Zipser, E. J., Cecil, D. J., Liu, C., Nesbitt, S. W., & Yorty, D. P. (2006). Where are the most intense thunderstorms on Earth? Bulletin of the American Meteorological Society, 87(8), 1057–1072.
This article is a divulgative review based on published literature, manufacturer technical documentation, and field observations in Colombia and the Caribbean. Statements about EEC’s classifier and its NSSL lineage are based on public technical documentation and reasonable inferences, not official communications from the manufacturer. Any reader with first-hand information is invited to contribute to the discussion.

Un post sobre clasificación de hidrometeoros en los radares polarimétricos, sesgo regional y la geografía invisible de los algoritmos. English version here.
Los clasificadores de hidrometeoros (HCA/HID) que operan en radares polarimétricos comerciales son, en su gran mayoría, implementaciones de lógica difusa construidas a partir de campañas de observación, simulaciones electromagnéticas y conocimiento microfísico generado en latitudes medias. Cuando estos clasificadores se despliegan en regiones tropicales —como el Caribe o el norte de Sudamérica—, sus funciones de membresía y umbrales de decisión dejan de representar la física local. Este artículo examina el caso de dos fabricantes (EEC y Vaisala), dos países (Jamaica y Colombia), y argumenta que el sesgo no es un defecto de calibración sino una consecuencia estructural de importar modelos regionales disfrazados de productos universales. Se propone un marco de validación local y se explora su aplicación a la detección de microburst.
Una colega de la Aerocivil de Colombia manejaba datos de un radar Doppler y Polarimétrico. Hace unos años nos vimos y me comentó una queja que no era técnica, sino casi existencial: el clasificador de hidrometeoros de su radar marcaba nieve en zonas cálidas del país. Zonas donde la isoterma de 0 °C está a 4.800 metros y donde a nivel del suelo nunca ha nevado. Los pilotos reportaban lluvia. El clasificador insistía en nieve.
Ella sabía que el radar estaba bien calibrado. ZDR ajustado, PhiDP sin offset, RhoHV coherente. Y sin embargo, el producto estrella —el que dice qué tipo de partícula cae del cielo— mentía.
Esa queja es el origen de este artículo. Porque el problema no era un bug. Era algo más profundo y más incómodo: el clasificador no conocía Colombia. Y lo mismo podría decirse de Jamaica. O de Puerto Rico. O de cualquier lugar donde un radar polarimétrico mire un cielo para el que su algoritmo no fue diseñado.
Conviene separar dos cosas que a menudo se confunden.
Calibrar un radar polarimétrico es asegurar que lo que mide corresponde a lo que hay. Que Zh no tiene sesgo, que ZDR está centrado, que PhiDP no tiene offset, que RhoHV refleja coherencia real. Es un problema de instrumentación. Difícil, pero acotado.
Clasificar hidrometeoros es otra cosa. Es tomar esas variables ya calibradas y decidir, mediante un modelo, si lo que estás viendo es lluvia ligera, lluvia intensa, gotas grandes, granizo, graupel, nieve seca, nieve húmeda, cristales de hielo, biota o clutter. Es un problema de inferencia.
El clasificador más común en radares operativos —tanto en EEC como en Vaisala, como veremos— usa lógica difusa. Se definen funciones de pertenencia para cada variable polarimétrica, se construyen reglas de inferencia del tipo «si Zh es alta y ZDR es bajo y RhoHV es alto, entonces probablemente granizo», y se combinan para obtener un grado de pertenencia a cada clase.
El problema es que esas funciones y esas reglas no salen del aire. Se construyen, se ajustan, se validan con campañas de observación, simulaciones electromagnéticas y mediciones in situ hechas en algún lugar concreto. Y ahí está el detalle: ese «algún lugar» casi nunca es el trópico.
Aquí es donde la historia se pone interesante. Porque uno podría pensar que el problema es de un fabricante. No lo es. Es de una filosofía compartida.
Jamaica opera un EEC Defender, banda S, antena de 8.5 metros. EEC —Enterprise Electronics Corporation— tiene su sede en Enterprise, Alabama. No es coincidencia poética: es literal. El radar que mira el Caribe desde Jamaica fue fabricado en una ciudad del sur de Estados Unidos.
Todo indica que EEC incorporó en sus radares la línea de clasificación desarrollada por el grupo de Alexander V. Ryzhkov y Dusan S. Zrnić en NOAA/NSSL, basada en lógica difusa. El propio material técnico de EEC apunta a que integraron los algoritmos de clasificación de hidrometeoros desarrollados para la plataforma WSR-88D —la red NEXRAD estadounidense— (Ryzhkov & Zrnić, 2019).
Ese clasificador usa principalmente:
Y clasifica aproximadamente entre diez categorías: lluvia, lluvia intensa, gotas grandes, granizo pequeño, granizo grande, graupel, nieve seca, nieve húmeda, cristales de hielo y ecos biológicos/no meteorológicos.
Las membership functions de ese clasificador se construyeron a partir de campañas de observación polarimétrica en Oklahoma, Alabama y otras regiones de latitudes medias continentales; simulaciones electromagnéticas T-Matrix; mediciones in situ; y conocimiento microfísico experto. Es decir: física rigurosa, pero física de latitudes medias continentales.
Colombia opera radares Vaisala, principalmente WRM200 en banda C. Vaisala incorpora un módulo llamado HydroClass™, y declara explícitamente que utiliza «a proven fuzzy logic algorithm» para clasificar objetivos meteorológicos y no meteorológicos (Vaisala, 2021).
Las clases que identifica son:
Y las variables que alimentan el clasificador son:
Fíjate en algo. Ninguno de los dos entrena con datos históricos masivos. Ninguno usa aprendizaje automático moderno. Ambos siguen la misma receta:
Son primos hermanos. Comparten física, comparten método, comparten limitaciones. Y comparten el mismo problema cuando aterrizan en el trópico: ninguno de los dos fue construido pensando en la isoterma de 0 °C a 5 km.
Eso significa que el sesgo no viene de «malos datos de entrenamiento». Viene de algo más profundo: las campañas, las mediciones y el conocimiento experto son de un lugar. El T-Matrix simula partículas, pero las partículas que simula son las que alguien decidió simular. Las campañas se hicieron en Oklahoma, en Darwin, en Helsinki. El conocimiento experto es experto en algo.
El clasificador no está «mal entrenado». Está entrenado para otro sitio. Y eso es más difícil de arreglar que reentrenar con datos.
Aquí hay un matiz importante que mi lector debe tener en cuenta: el síntoma cambia según la banda de trabajo que use el radar, pero la enfermedad es la misma.
La banda S tiene una ventaja enorme: la atenuación por lluvia es mucho menor que en banda C o X. Eso significa que el problema no es la atenuación. El problema es otro.
La isoterma de 0 °C está a 5 km. En latitudes medias está a 2–3 km. Un radar jamaiquino puede estar muestreando hielo a 4 km de altura —hielo que se funde antes de llegar al suelo—. El clasificador ve hielo y dice «nieve». El piloto reporta lluvia. Ambos tienen razón; el HID no distingue entre «hay hielo en el volumen de muestreo» y «cae nieve en superficie».
La micro física cálida domina. Zipser et al. (2006) documentaron por qué las convecciones tropicales marítimas —como las del Caribe— exhiben firmas de micro física cálida: coalescencia eficiente, alto contenido de agua líquida, gotas de tamaño pequeño a mediano que rara vez alcanzan el punto de congelación en niveles bajos. A diferencia de las tormentas continentales de latitudes medias, donde las corrientes ascendentes generan grandes estructuras de hielo, aquí la lluvia se produce sin necesidad de una fase hielo extensa.
Eso se traduce en reflectividades moderadas con KDP alto. Y las fronteras tradicionales del clasificador fallan: asocian esos niveles de reflectividad con mezclas de hielo, cuando en realidad es lluvia cálida eficiente.

Figura 1. Rangos típicos de ZDR por clase de hidrometeoro para Jamaica (18°N, marítimo tropical). Adaptado del esquema de Fabry (2015). Cada barra horizontal representa el intervalo de valores de ZDR asociado a una categoría, coloreado según una escala cromática continua. Los rangos se solapan deliberadamente para reflejar la ambigüedad inherente a la clasificación polarimétrica; la asignación de clase es probabilística, no determinista. Nótese la ausencia de una región operativa de «nieve seca» en superficie —la barra de Snow corresponde exclusivamente a hielo aloft que se funde antes de alcanzar el suelo— y el rango inusualmente amplio de Rain, consecuencia de la micro física cálida tropical. Los dos recuadros punteados señalan las confusiones más frecuentes del clasificador importado: la categoría Snow, que en Jamaica corresponde a graupel en altura y no a nieve en superficie, y la categoría Biological targets, que el HCA etiqueta erróneamente como «nieve húmeda» cuando en realidad es biota. La línea vertical discontinua en ZDR = 0 marca la frontera entre partículas esféricas y obladas, no una temperatura; la isoterma de 0 °C, que en Jamaica se sitúa alrededor de los 5 km de altitud, debe consultarse por separado mediante sondeos o perfiles verticales.
La ambigüedad entre gotas grandes y granizo derretido. En banda S el efecto Mie es menor que en banda C, pero no desaparece. Gotas de gran tamaño y granizo en fusión pueden ocupar regiones vecinas del espacio polarimétrico. El clasificador NSSL/Ryzhkov, afinado con micro física continental, tiende a inclinarse por el hielo.
La biota es un problema todo el año. Capa límite marina cálida, insectos, aves. ZDR alto con RhoHV bajo. El clasificador dice «nieve húmeda». No es nieve: es vida.
Aquí se suma otro problema: la atenuación diferencial severa.
En banda C, las tormentas tropicales intensas absorben y dispersan la energía de forma asimétrica entre los canales H y V. Si no se aplica una corrección rigurosa basada en KDP, la Zh y la ZDR caen artificialmente detrás del núcleo convectivo. Y ahí el clasificador enloquece: cataloga lluvia intensa como nieve seca, granizo derretido o atenuación total (Bringi & Chandrasekar, 2001; Vaisala, 2021).
Mismo clasificador, mismos supuestos, mismo sesgo. Pero:
Misma enfermedad, síntomas distintos.
Colombia ofrece un caso de estudio particularmente rico, porque en su territorio coexisten al menos dos fabricantes con filosofías de clasificación distintas, operando ambos en banda C y ambos en régimen tropical.
El Sistema de Alerta Temprana de Medellín y el Valle de Aburrá opera un radar polarimétrico EEC en banda C —el mismo fabricante que provee el radar de Jamaica— en topografía compleja y convección tropical andina. Esto significa que enfrenta dos problemas simultáneos: la micro física cálida tropical (isoterma alta, gotas grandes, graupel aloft) y la atenuación diferencial severa propia de la banda C.
El equipo de SIATA ha desarrollado modelos locales de clasificación adaptando la lógica difusa tradicional, con corrección de atenuación basada en KDP antes de alimentar el vector de membresía (SIATA, 2020; Hoyos et al., 2016). La validación combina la red densa de disdrómetros Parsivel con sensores de descarga eléctrica y radares perfiladores.
El caso SIATA es valioso por dos razones. Primero, porque demuestra que se puede hacer bien en banda C tropical, con los instrumentos adecuados. Segundo, porque es el mismo fabricante que Jamaica, lo que permite una comparación directa: ambos son EEC, ambos usan derivados del HCA NSSL, pero SIATA ha sido adaptado localmente mientras que no hay evidencia pública de que Jamaica haya hecho lo mismo.
La Aerocivil opera radares Vaisala WRM200 en banda C. Es el caso que origina este artículo: el clasificador HydroClass de Vaisala reportando nieve en zonas cálidas donde los pilotos reportan lluvia. Un clasificador finlandés, aplicado a un cielo colombiano.
5.3 La pregunta que surge sola
Si SIATA (EEC, C-band) ha sido adaptado localmente y la Aerocivil (Vaisala, C-band) reporta el síntoma clásico de sesgo regional, entonces la pregunta no es «¿qué fabricante es mejor?». La pregunta es: ¿cuántos radares en el trópico están operando con clasificadores que nunca fueron validados localmente?
Lo que mi colega vio en Colombia no es una rareza. Está documentado en toda la región y más allá.
Puerto Rico (NEXRAD TJUA, S-band). Investigaciones de la Universidad de Puerto Rico en Mayagüez y colaboradores han analizado la respuesta del HCA oficial de la NOAA durante huracanes y ciclones tropicales. Hallazgo clave: en sistemas tropicales puros dominados por micro física cálida, el clasificador etiqueta erróneamente zonas de lluvia torrencial con Zh moderado y KDP alto como «mezcla de lluvia y granizo». Se han propuesto ajustes para elevar los umbrales de ZDR y KDP en la detección de lluvia muy fuerte.
Guadalupe y Martinica (Météo-France, banda C). Campañas de validación cruzada con TRMM y GPM han permitido calibrar la altura de la capa de fusión —4.5 a 5.0 km en el Caribe— y ajustar las funciones de membresía para evitar la falsa clasificación de «nieve húmeda» en capas medias.
Colombia (SIATA, banda C). El caso ya descrito. Modelos locales de clasificación adaptando lógica difusa, con validación multi-instrumento (SIATA, 2020; Hoyos et al., 2016).
Colombia (Universidad Distrital, banda C). El libro de Camargo-Camargo, Cadena-Contreras & Alejo-Zabala (2022) documenta cómo los modelos predeterminados de fábrica en radares comerciales, diseñados para latitudes medias, sobreestiman la presencia de hielo y cometen errores en la zona de fusión. La tesis de Señalin (2021) desarrolla un modelo de clasificación específicamente adaptado a las dinámicas microfísicas cálidas de latitudes bajas.
India (CAIPEEX / IITM). La campaña CAIPEEX del Indian Institute of Tropical Meteorology usó radares de doble polarización en bandas X y C combinados con redes de disdrómetros ópticos Parsivel y 2DVD, más instrumental a bordo de aviones. Evaluaron las funciones de membresía de lógica difusa ajustadas a la distribución del tamaño de gotas monzónicas versus las matrices estándar S-band fijadas para latitudes medias.
Australia (Darwin, C-POL). Thompson et al. desarrollaron un HCA de 10 categorías en banda C optimizado para entornos tropicales. Su motivación explícita fue la ambigüedad electromagnética entre gotas grandes/granizo derretido y nieve húmeda provocada por efectos de Mie en banda C —exactamente el tipo de confusión que un clasificador de latitudes medias no resuelve—.
El patrón es claro: en todos lados donde se ha validado un clasificador importado en el trópico, se ha encontrado el mismo sesgo. No es un problema de un radar mal calibrado. Es un problema estructural.
Si el problema es estructural, la solución también lo es. No se trata de tirar el clasificador. Se trata de domesticarlo.
El esquema más sólido, implementado de forma pionera por SIATA en Colombia, combina tres componentes:
En banda C y X, la corrección de atenuación diferencial basada en KDP es obligatoria antes de alimentar el vector de membresía del clasificador. Sin ella, las falsas clasificaciones aguas abajo del núcleo convectivo son inevitables. Esto aplica tanto a los radares Vaisala WRM200 de Colombia como al SIATA de Medellín, ambos en banda C.
Los trabajos de la UNAM en Yucatán, de la Universidad Distrital en Colombia y de CAIPEEX en India coinciden: hay que construir las funciones de membresía beta del HCA con datos de dispersión electromagnética (T-Matrix) alimentados con DSD locales. No con las matrices estándar de NEXRAD o de Europa.
El clasificador debería saber a qué altura está midiendo. Un píxel a 5 km en Jamaica no es lo mismo que un píxel a 5 km en Finlandia. Si el HID no incorpora la altura de la isoterma de 0 °C, está condenado a equivocarse.
El cruce de la clasificación tridimensional del radar terrestre con la clasificación del GPM DPR o del TRMM PR permite confirmar la estructura vertical de la capa de fusión y los núcleos de graupel sobre mar y tierra en los trópicos (Dolan & Rutledge, 2009, 2011).
Un buen HID operativo debería indicar incertidumbre por clase, incluir una etiqueta de «clase desconocida» o «baja confianza», no forzar una clasificación cuando las variables no son concluyentes, y documentar para qué región fue entrenado y cuáles son sus limitaciones.
Y aquí es donde el artículo deja de ser una crítica y se convierte en una propuesta.
Porque el clasificador de hidrometeoros no es el producto final. Es un insumo. Y para ciertas aplicaciones —detección de microburst, nowcasting de convección severa, alerta temprana— el HID tradicional se queda corto, no porque esté mal, sino porque no fue diseñado para eso.
Para detección de microburst, el valor real está en combinar:
Los HID tradicionales no están diseñados para esto. Están diseñados para decir «esto es lluvia» o «esto es granizo». Pero un sistema moderno de nowcasting de microburst podría usar las salidas del HID como una variable más dentro de un esquema más amplio.
Ahí hay una oportunidad concreta. Con un radar polarimétrico en banda S como el de Jamaica —antena de 8.5 m, haz estrecho, buena resolución—, se puede desarrollar un clasificador de riesgo de microburst que:
Eso sería más moderno que los HCA tradicionales. Y sería una contribución real, no solo una queja.
Calibrar (de modo instrumental) ZDR y PhiDP es imprescindible. Pero no basta. El HID es un modelo regional disfrazado de producto universal. Y en regiones tropicales, andinas, o simplemente distintas, ese disfraz se cae.
La anécdota de mi colega en la Aerocivil no es una rareza. Es un síntoma. Es lo que pasa cuando importamos tecnología sin importar el contexto. Cuando creemos que un algoritmo entrenado en Helsinki o en Enterprise, Alabama, puede decirnos qué cae del cielo en el Magdalena Medio. No crea mi lector que un fabricante de radares puede desarrollar costosos experimentos de campo en el país donde va a instalar el radar. Ellos toman los resultados publicados por universidades y centros de investigación que hacen estos estudios … válidos solo para los lugares donde hacen esos estudios.
La solución no es tirar el clasificador. Es domesticarlo: validarlo con disdrómetros, reajustar sus funciones de membresía con DSD locales, introducir la temperatura y la altura del haz como contexto, corregir la atenuación con KDP, y sobre todo, saber cuándo no creerle.
Y luego dar el paso siguiente: usar el HID como lo que es —un insumo— y construir encima sistemas que respondan preguntas más útiles: ¿va a haber un microburst? ¿va a granizar? ¿va a llover tan fuerte que se inunde el valle?
Porque al final, el HID no es una verdad. Es una opinión entrenada. Y como toda opinión, hay que saber de dónde viene.
Bringi, V. N., & Chandrasekar, V. (2001). Polarimetric Doppler Weather Radar: Principles and Applications. Cambridge University Press.
Camargo-Camargo, J. E., Cadena-Contreras, L. A., & Alejo-Zabala, G. (2022). Estudio de hidrometeoros basado en información de variables polarimétricas de radares meteorológicos para Colombia. Editorial Universidad Distrital Francisco José de Caldas.
Dolan, B., & Rutledge, S. A. (2009). A theory-based hydrometeor identification algorithm for X-band polarimetric radars. Journal of Atmospheric and Oceanic Technology, 26(10), 2071–2088.
Dolan, B., & Rutledge, S. A. (2011). A theory-based hydrometeor identification algorithm for X-band polarimetric radars. Journal of Atmospheric and Oceanic Technology, 28(5), 621–637.
Doviak, R. J., & Zrnić, D. S. (1993). Doppler Radar and Weather Observations (2nd ed.). Academic Press.
Hoyos, C. D., Ceballos, L. I., Pérez, J. S., & Sepúlveda, J. I. (2016). The hydrometeorological monitoring network of the Aburrá Valley (SIATA): An integrated approach for early warning systems. Proceedings of the American Meteorological Society.
Michaelides, S. (Ed.). (2019). Precipitation Science: Measurement, Remote Sensing, Research and Applications. Elsevier.
Ryzhkov, A. V., & Zrnić, D. S. (2019). Radar Polarimetry for Weather Observations. Springer.
Señalin, M. A. (2021). Modelo de clasificación de hidrometeoros para zonas ecuatoriales. Repositorio de la Biblioteca Digital de Bogotá.
SIATA. (2020). Radares meteorológicos: Equipamiento, procesamiento de señales y variables polarimétricas. Documentación técnica del proyecto, Área Metropolitana del Valle de Aburrá.
Thompson, E. J., Rutledge, S. A., Dolan, B., Chandrasekar, V., & Cheong, B. L. (2014). A dual-polarization radar hydrometeor identification algorithm for X-band. Journal of Atmospheric and Oceanic Technology, 31(12), 2611–2627.
Thompson, E. J., et al. A Robust C-Band Hydrometeor Identification Algorithm and Its Application to Long-Term C-POL Observations in Darwin, Australia. Journal of Applied Meteorology and Climatology.
Vaisala. (2021). Corrección de atenuación de radares meteorológicos banda-C. Nota de aplicación técnica, Vaisala Oyj.
Zipser, E. J., Cecil, D. J., Liu, C., Nesbitt, S. W., & Yorty, D. P. (2006). Where are the most intense thunderstorms on Earth? Bulletin of the American Meteorological Society, 87(8), 1057–1072.
Este artículo es una revisión divulgativa basada en literatura publicada, documentación técnica de fabricantes y observaciones de campo en Colombia y el Caribe. Las afirmaciones sobre el clasificador de EEC y su linaje NSSL se basan en documentación técnica pública y en inferencias razonables, no en comunicaciones oficiales del fabricante. Se invita a cualquier lector con información de primera mano a contribuir a la discusión.

A post to talk about the possible integration of weather radars in the Caribbean. Versión en español aquí.
The Cuban zarzuela is neither opera nor comedy. It is a form of lyric theatre in which instrumental and sung music intertwines with spoken passages, and in which characters of different registers —soprano, tenor, baritone, chorus— do not sing the same thing, yet converge on a single story. Cuba is the only country in Spanish America where the genre acquired fully national character: Lecuona, Roig, Prats knew how to fold Cuban rhythm and phrasing into a polyphonic structure, and out of that came works that are at once universal theatre and a portrait of this island.
That is, precisely, the situation of the radars of the Caribbean and the Gulf of Mexico. Each radar is a voice in the score: a different manufacturer, a different wavelength, a different scanning capability. No single one of them sees the whole work. And yet, when the hurricane comes toward us, all of them ought to be singing together. Let me speak plainly, because I have been turning this over for days and can find no way to say it without bluntness: we have an orchestra that has not finished tuning.
The metaphor is not new. It dates to 2014. In May of that year, at a workshop in Bogotá, I heard Dr. Asko Huuskonen speak about the OPERA programme and its successes in spite of the diversity of technologies, scanning strategies and very different operating regimes. It occurred to me then that we, in the Caribbean, Central America and the north of South America, might manage if not an «Opera» then at least a «Zarzuela.» I wrote it on this blog and left it there, like a bottle thrown into the sea, sealed with a «perhaps someday we will manage it» that sounded more like a farewell than a forecast.
Twelve years later, the bottle has come back to shore. And it comes back with something it did not have then: an open-source conductor, capable of making voices sing together that do not even know one another. I still have no one to send it to. So I am publishing it again. If anyone at the WMO, at the CMO, or at any meteorological service in the basin reads this, let them know it is not an idea fresh off the stove: it is an idea that has been afloat for twelve years.
The radar network of our basin is not homogeneous, and it is worth saying so without euphemism. Three manufacturers dominate.
Leonardo Germany, heir to Gematronik and Selex, is the majority supplier to the network of the Caribbean Meteorological Organization. Its S-band Doppler radars equip Barbados, Belize, Guyana, Trinidad, the Cayman Islands, Guadeloupe and Martinique. Barbados carried out an upgrade to dual polarisation that allows it to distinguish hydrometeor types and improve rainfall estimation.
EEC supplied Jamaica’s Defender S850 radar —an S-band Doppler with dual polarisation that replaced an older-generation Doppler— as well as radars to Mexico and French Guiana.
Vaisala is present in the non-CMO insular Caribbean. The Dominican Republic operates a national network with Vaisala technology, including the solid-state WRS300 model; Curaçao operates a WRM 200; and San Andrés, in the Colombian Caribbean, also operates Vaisala equipment.
To these we must add the Cuban radars, which are a case apart. Cuba operates eight radars: four Electromash MRL-5 units of Soviet origin, three Mitsubishi RC-32B units of Japanese origin, and one modern German SELEX METEOR-1500S, all modernised through the Centre for Radar’s own development. Three of them, the RC-32Bs, are the oldest extreme of the orchestra: radars from 1973 that are still operating. At the other extreme, the Jamaican radar is the most recent in the region. Between the two, a range of intermediate states: units not yet Doppler, conventional Doppler, and Doppler polarimetric.
As for wavelengths, most operate in S-band, the natural choice for the Caribbean because attenuation by heavy rain is lower than in C or X. Some Mexican and Dominican radars operate in C-band, and there are X-band installations in Tobago and Saint Lucia, with reduced range but high spatial resolution.
Capabilities are not uniform either. There are non-Doppler, Doppler and dual-pol Doppler. That gradation is not a defect; it is reality. And it is exactly what makes integration a genuine technical problem rather than an armchair whim — made harder still by the fact that each radar scans with its own strategy, its own cycle, its own rhythm.
The mosaic produced by the Barbados Meteorological Service is, today, the most advanced attempt to make these voices sing together. Every fifteen minutes, that mosaic integrates data from multiple sources. In its early days it drew on nine regional radars; today it has grown to include radars from Tobago, Saint Lucia, the Dominican Republic and Cuba, reaching a maximum of eighteen contributors, including radars from Miami, Colombia and Suriname.
Its importance is not merely visual. The National Hurricane Center in Miami uses it, and NOAA has shown interest in assimilating these data into a high-resolution numerical prediction model for the Caribbean. In other words: the zarzuela is already being heard by the great orchestras of forecasting.
But there is a structural limit worth facing squarely. That mosaic exchanges already-processed images —CAPPI products in BUFR format, sometimes netCDF— not raw volumes of reflectivity and radial velocity. The coordination is therefore superficial: the visual result is shared, not the analytical raw material. Latency between radars is unavoidable, quality is heterogeneous, and assimilation into numerical models remains limited to what the image allows. We share the finished painting, not the pigments.
And there is no small detail: that mosaic is not the subject of any formal long-term arrangement. It is an initiative sustained by the goodwill of the Barbados meteorological service and by regional necessity. That is a great deal, and it deserves recognition. But it is not enough.
There is no need to invent a format for cooperation. OPERA, the Operational Programme for the Exchange of weather Radar information, is the weather radar programme of EUMETNET, the network of European meteorological services. It was born in 1999 with a simple and ambitious mandate: to harmonise and improve the operational exchange of radar information among national services.
Before OPERA, exchange was bilateral and chaotic. Each country used its own format, developed for a specific installation, and communication links were dedicated and fragile. The COST 72 project ended up using four different formats for a single data exchange pilot alone.
OPERA’s solution was twofold. First, to develop a common information model, ODIM, which sets strict rules for encoding radar data and their metadata in standard formats. Second, to build a centralised data hub —the Odyssey Data Centre— that collects raw volume data from member radars and performs quality control centrally.
The advantages are precisely the ones we need. It extends the national network at no additional cost, produces operational pan-European mosaics —more than 160 radars from 30 countries feed a reflectivity mosaic updated every five minutes at one-kilometre resolution— and demonstrates that harmonisation is possible without homogenising the equipment. OPERA has succeeded in spite of the diversity of technologies, scanning strategies and calibration methods.
The difference is that Europe built its own standard. We do not need to invent anything: we can adopt one that already exists and is proven. NEXRAD Level 2, the standard of the US network, converted from each radar’s native data.
LAMULA™ ORPG is a free and open implementation of the NEXRAD Open Radar Product Generator, developed by LADETEC in Cuba. Its function is the secondary processing of raw data from any conventional weather radar, transforming volumetric information in the rough into visual and analytical products.
Its key innovation is that it removes the dependence on polarimetric variables in the quality control module, which makes it compatible with non-polarimetric radars, conventional Doppler radars and modern polarimetric radars, regardless of manufacturer. It runs on free Linux and is open source. Each radar needs an ORPG instance; the database and web server can be shared across the whole network.
In a market dominated by closed, proprietary ecosystems —Leonardo’s Rainbow, EEC’s EDGE, Vaisala’s IRIS— this returns the power of analysis to the local expert and removes the manufacturers’ black boxes. We are not asking anyone to change their radar. Not Barbados to abandon its Leonardo, nor Jamaica its EEC, nor Santo Domingo its Vaisala, nor Cuba its old Mitsubishi units from 1973. We ask only that we speak a common language at the end of the road.
To this we add LAMULA™ WebViewer, which closes the cycle: processing, standardised products, mosaic generation and open-source visualisation, without a single proprietary licence in the chain.
This is what did not exist in 2014: back then the Zarzuela was a metaphor without a score.
First stage: compressed transmission. Today, Cuba’s eight radars transmit their primary data in the proprietary OBS format to two centres: Camagüey as the primary, Havana as a hot backup. That format, designed by LADETEC, carries numerous variables —among them the variance of power values— and is optimised for limited bandwidth conditions. The proposal is to extend the model: each radar in the basin transmits its primary data in an equally compact format —LAMULA™ OBS or its equivalent— to one or two regional centres. Barbados, with its dual-pol radar and its experience generating the mosaic, is a natural candidate for one of those nodes. A second centre could be located in Camagüey, creating a hot redundancy that guarantees operational continuity. Transmitting compressed raw data, rather than already-processed images, preserves the full volumetric information and makes assimilation into numerical models possible.
Second stage: normalised processing. At each regional centre, one LAMULA™ ORPG instance would run per radar. The Barbados centre would have its own instance processing the Barbados radar data, another processing Trinidad’s, another Guyana’s, and so on. LAMULA™’s RDA_Back_End reads files in native format and translates them into the messages the NEXRAD ORPG requires. The result is that each radar, regardless of origin, produces Level 3 products in the NEXRAD standard: reflectivity, velocity, spectrum width, VIL, and where the hardware allows, polarimetric products. The diversity of voices has been translated into a common score.
Third stage: standardised mosaic. From those Level 3 products, a mosaic generator would be fed that integrates not only reflectivity but also radial velocity, spectrum width and polarimetric variables where they exist. The mosaic ceases to be a visualisation tool and becomes a data source assimilable into numerical models. The National Hurricane Center could ingest not only reflectivity but also the wind fields derived from radial velocity, improving the initialisation of track and intensity models. This is exactly the model OPERA validated in Europe: its data centre ingests raw volumes, not images, and produces mosaics from them.
It solves the interoperability of raw data, because today images are exchanged and not complete volumes. It solves dependence on a single manufacturer, because an open-source ORPG breaks technological lock-in. It solves assimilation into regional models, because the NHC and forecasting centres could ingest Level 2 data from the entire basin, not only from US radars. And it solves real integration, not merely visual: I am not proposing a prettier mosaic, but a network in which every voice contributes normalised raw data.
It does not solve hardware calibration. A miscalibrated radar keeps sending miscalibrated data, even in NEXRAD format. It does not solve physical maintenance: some CMO radars are more than a decade old and may require replacement of certain components. It does not solve connectivity: if a radar has no stable link, no software can ingest what does not arrive. And it does not solve political will or financing. Adopting a common standard implies multilateral agreements, integration budgets and training. The software is free; the engineering and the diplomacy are not.
A zarzuela does not require every character to have the same register; it requires a common libretto and a conductor who knows when each voice enters. The Caribbean radar network already has the libretto —the Barbados mosaic— and already has the voices. What is missing is the shared score that turns disparate images into assimilable data, and that allows the forecast of a hurricane approaching Barbados to benefit from what Trinidad’s radar saw, from what Cuba’s saw, and from what Jamaica’s will see as the system continues on its path.
Twelve years ago I closed that entry with a «perhaps someday we will manage it.» Today I would rather close this one with a question: if the software already exists, if the European precedent is already proven, if the infrastructure is already in place and if the mosaic is already generated every fifteen minutes, what exactly are we missing?
Hurricanes do not ask for a passport or a visa to cross our waters. It seems to me an elementary matter of justice that our data should not ask for one either.
If anyone at the WMO, at the CMO, or at any meteorological service in the basin reads this and finds it reasonable, let them say so. This bottle has been at sea for twelve years. It is high time someone opened it. —Or so I say.

Un post para hablar sobre la posible integración de datos de radar en el Caribe. English version here.
La zarzuela cubana no es ópera ni comedia. Es un género de teatro lírico donde la música instrumental y cantada se entrelaza con partes habladas, y donde personajes de distinta tesitura —soprano, tenor, barítono, coro— no cantan lo mismo, pero convergen en una sola historia. Cuba es el único país de la América hispana donde el género adquirió caracteres plenamente nacionales: Lecuona, Roig, Prats supieron meter el ritmo y el fraseo cubano dentro de una estructura polifónica, y de ahí salieron obras que son, a la vez, teatro universal y retrato de esta isla.
Esa es, exactamente, la situación de los radares del Caribe y el Golfo de México. Cada radar es una voz en la partitura: distinto fabricante, distinta longitud de onda, distinta capacidad de escaneo. Ninguno por sí solo ve la obra completa. Y sin embargo, cuando el huracán viene hacia nosotros, todas tendrían que cantar juntas. Permítame que le hable con franqueza, porque llevo días rumiando esto y no encuentro manera de decirlo sin rodeos: tenemos una orquesta que no ha terminado de afinar.
La metáfora no es de hoy. Es de 2014. En mayo de aquel año, en un taller en Bogotá, escuché al Dr. Asko Huuskonen hablar del programa OPERA y de sus éxitos a pesar de la diversidad de tecnologías, métodos de exploración y métodos de calibración. Entonces se me ocurrió que nosotros, en el Caribe, Centroamérica y el norte de América del Sur, podríamos hacer si no una «Opera» al menos una «Zarzuela». Lo escribí en este blog y quedó ahí, como una botella al mar, cerrado con un «tal vez algún día lo logremos» que sonaba más a despedida que a pronóstico.
(más…)
Un post para hablar de J. S. Marshall y el Stormy Wrather Group abriendo brechas meteorológicas en el muro de las pantallas de los radares.
En 100 Años de Soledad, García Márquez usa la frase: «El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo». Esta frase representa para mí el accionar de un fenomenal grupo de investigación y servicios que puso la primera piedra en casi todos los aspectos de la naciente Meteorología de Radar, es decir, el uso de los radares para la meteorología. Ahora voy a hablar sobre J. S. Marshall y el Stormy Weather Group, los que abrieron numerosas Brechas en el Muro. Tal vez necesite otro post para contarle a mis lectores los numerosos hilos que han vinculado mi camino en los radares meteorológicos a este grupo.
Hay inventos que amplían nuestros sentidos, y hay inventos que cambian nuestra forma de hacer preguntas. El radar meteorológico pertenece a esta segunda categoría. Y si hubo un lugar en el mundo donde el ruido se convirtió en dato, y el dato en una nueva dimensión del conocimiento, ese fue el Stormy Weather Group de la Universidad McGill.
No inventaron simplemente una herramienta. Inventaron una nueva manera de observar la atmósfera: tridimensional, secuencial y cuantitativa. Rompieron el muro que separaba un simple «eco» en una pantalla militar de la comprensión física de una tormenta.
(más…)
Discover why calibrating weather radars (WMO-No. 1257) is essential to move from qualitative images to real quantitative data in storm monitoring and precipitation estimation. Sharing uncalibrated radar data is like counting guavas and apples as if they were one and the same set. Versión en español aquí.
(más…)
Descubre por qué la calibración de radares meteorológicos (WMO-No. 1257) es fundamental para pasar de imágenes cualitativas a datos cuantitativos reales en el monitoreo de tormentas y estimación de precipitaciones. Si compartimos datos de radar sin calibrar es como contar guayabas y manzanas como un mismo conjunto. English version here.
(más…)
Versión en español aqui.
If you are someone involved in the purchase or donation of a weather radar for a “developing” country—a very sugar-coated and euphemistic way of not saying underdeveloped—allow me to “stick my spoon in” (a Cuban saying for expressing an opinion nobody asked me for): the decisive question is not how many radars and of what types can be bought to help that country’s meteorology, but what that country will be able to keep running when the warranty expires, the supplier stops responding, the spare part does not arrive on time, the manufacturer becomes unreachable, and the budget has shrunk to a fraction of what was planned.
I do not speak about this from abstract theory, nor from a manual, nor from a conference room. I speak from forty-five years of work with radars on an archipelago that has been operating them for more than fifty years under a fierce blockade, without direct access to manufacturers, without the right to returns, and without even the possibility of asking technical questions about the spare parts that must be bought through tortuous channels—and with the obligation to get it right on the first try because there is no money for a second purchase. Here we have not learned to buy spare parts: we have learned to take each module apart in order to redesign it and build it from other components, and to keep a well-established list of options—from A to Z—to rebuild the functionality of any radar module that breaks down.
If someone is going to advise an underdeveloped country—let us set euphemisms aside, since we all know that the gap between developed and non-developed countries does nothing but widen—on acquiring technology that will have to work in that country’s real conditions, not ideal ones, I suggest looking at the Cuban experience: that of a kind of world champion in sustainability under very adverse conditions. I am not boasting; it is just that some questions can only be answered from the scars of a survivor of many battles.
(más…)
English version here
Si usted es una persona involucrada con la compra o donación de un radar meteorológico para un país «en vías de desarrollo» —una forma muy edulcorada y eufemística de no decir subdesarrollado—, permítame «meter la cuchareta» (dicho cubano para expresar una opinión que nadie me ha pedido): la pregunta decisiva no es cuántos radares y de qué tipos pueden comprarse para ayudar a la meteorología de ese país, sino qué podrá ese país mantener funcionando cuando se venza la garantía, el proveedor deje de responder, el repuesto no llegue a tiempo, el fabricante se vuelva inalcanzable y el presupuesto se reduzca a una fracción de lo previsto.
De este asunto no hablo desde la teoría abstracta, ni desde un manual, ni desde una sala de conferencias. Hablo desde la práctica de cuarenta y cinco años de trabajo con radares en un archipiélago que lleva más de cincuenta años operándolos bajo un bloqueo feroz, sin acceso directo a fabricantes, sin derecho a devoluciones y sin posibilidad siquiera de hacer preguntas técnicas sobre los repuestos que hay que comprar por vías escabrosas, y con la obligación de acertar al primer intento porque no hay dinero para una segunda compra. Aquí no hemos aprendido a comprar repuestos: hemos aprendido a desmenuzar cada módulo para rediseñarlo y fabricarlo con otros componentes, y a mantener una lista bien establecida de opciones —de la A a la Z— para rehacer la funcionalidad de cualquier módulo de radar que se estropee.
Si alguien va a asesorar a un país subdesarrollado —dejemos a un lado los eufemismos, pues todos sabemos que la brecha entre desarrollados y no desarrollados no hace más que ampliarse— para adquirir tecnología que deberá funcionar en las condiciones reales de ese país, no en las ideales, le sugiero que mire la experiencia cubana: la de una especie de campeón mundial en sostenibilidad en condiciones muy adversas. No alardeo; es que hay preguntas que solo se pueden contestar desde las cicatrices del sobreviviente de muchas batallas.
Comprar repuestos para radares meteorológicos no es un asunto trivial en ningún lugar del mundo, ni siquiera para las instituciones con alto presupuesto que he visitado. Quien haya estado cerca de la gestión técnica de una red de vigilancia atmosférica lo sabe: detrás de cada equipo funcionando hay una cadena de decisiones que rara vez se visibiliza, pero que sostiene la operación real.
El punto de partida es una realidad incómoda: los equipos electrónicos ya no se fabrican para durar eternamente (olvídese de los «almendrones», los viejos autos de los años cincuenta que aún circulan en Cuba). La industria impuso ciclos de vida cada vez más cortos. La propia NOAA estadounidense reconoce que sus radares NEXRAD, diseñados en los años ochenta y construidos en los noventa, requerían un programa de extensión de vida útil de nueve años y 150 millones de dólares para «eliminar elementos obsoletos» y actualizar componentes que «no habían sido actualizados o requerían renovación tecnológica».
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) documenta que, si bien la vida útil teórica de un radar puede ser de quince a cuarenta años, en la práctica los equipos suelen dejar de operar antes debido a la degradación de componentes y fallos en los circuitos.
A esto se suma la tensión entre inventario y presupuesto. Todos los técnicos aspiran a tener repuestos «disponibles al alcance de la mano», pero ningún jefe —en toda la escala— quiere inmovilizar dinero en almacenes. La OMM recomienda que las instituciones mantengan hasta un 30 % de la inversión inicial del radar en repuestos críticos en el sitio, pero la realidad presupuestaria de muchos servicios meteorológicos —especialmente en países en desarrollo— hace que esa recomendación sea más un ideal que una práctica. La estrategia de repuestos se debate entre dos extremos: comprar un inventario completo y asumir el costo de piezas que envejecen en anaqueles, o depender de un contrato —muy oneroso— con el proveedor para que atienda rápido y rezar para que los tiempos de entrega sean compatibles con las urgencias operativas. Lo normal en los países subdesarrollados, sin embargo, son las largas paradas.
Luego está la jungla de los códigos. Cada fabricante identifica sus productos con nomenclaturas alfanuméricas que codifican decenas de características técnicas. A esa complejidad se añade que los distribuidores superponen sus propios códigos comerciales. El resultado es un laberinto donde el error humano es una espada de Damocles sobre quien debe elaborar los listados: los componentes se modifican en cada nueva serie, lo que implica nuevos dígitos en el código, y hay que ser un verdadero experto para pedir cada pequeño componente.
La variabilidad del mercado agrava todo lo anterior. Los fabricantes desaparecen, los distribuidores cambian de cartera, un producto que ayer era estándar hoy está descatalogado. Un estudio de caso de los Servicios Meteorológicos de Zimbabue señala que la sostenibilidad de la red de radares depende en gran medida de la disponibilidad de repuestos y consumibles, y que su falta se traduce directamente en brechas de datos que comprometen la calidad de la información meteorológica. En el Reino Unido, un documento de 2009 ya advertía que la mayoría de los radares tenían entre diez y treinta años y que «gestionar la obsolescencia de las partes mecánicas y eléctricas se estaba volviendo cada vez más desafiante».
En síntesis: gestionar repuestos de radar es un ejercicio permanente de equilibrio entre lo técnico, lo económico y lo logístico. Quien lo haga bien, sostiene la operación. Quien no lo haga, acumula radares silenciosos que muy pronto se vuelven chatarras de museo o desaparecen en la jungla o en un pico alejado.
Existen contextos donde esa complejidad universal se multiplica. No se trata solo de presupuesto ajustado —algo que los ingenieros de mantenimiento reclaman en todas partes, incluso en instituciones de países muy desarrollados—, sino de restricciones estructurales que alteran por completo la ecuación. El fabricante le promete repuestos por diez años; pero en menos de cinco modificó estructuralmente el receptor y el transmisor, ya no dispone de los componentes y entonces le ofrece una reestructuración capital.
Cuando un país enfrenta limitaciones para adquirir tecnología de fabricantes o distribuidores directos, el proceso de compra deja de ser una transacción comercial convencional para convertirse en una operación de ingenio (o de adivinación). Desaparece la posibilidad de consultar al proveedor sobre compatibilidades, de verificar especificaciones con el fabricante, de devolver una pieza defectuosa. Todo debe decidirse con la información disponible, que nunca es muy abundante.
A esto se suma el encarecimiento artificial de los productos. Los intermediarios que acceden a operar en estos contextos cobran primas por el riesgo, exigen pagos anticipados y rara vez ofrecen garantías (y si las ofrecen, no las honran: apuestan a que no va a pasar nada). El presupuesto nominal se reduce en la práctica, y cada compra adquiere un peso estratégico desproporcionado. El caso de Cuba es extremo: comprar repuestos violando el bloqueo nos sale de cuatro a cinco veces más caro que a una institución que pueda comprarlos directamente.
La respuesta a este escenario no es la resignación. Es el desarrollo de capacidades propias. Cuando no se puede comprar el módulo completo, la alternativa es aprender a fabricarlo a partir de componentes más simples, menos sujetos a restricciones y más disponibles, incluso a nivel de ferretería. Eso implica dominar el diseño, la integración, el software y la validación. Implica formar ingenieros que no solo mantengan, sino que creen. LADETEC, desde su creación, ha sido un pequeño grupo de ingenieros que repara radares y a la vez desarrolla sus propias soluciones para reparar a menor costo y con mayor rapidez y flexibilidad.
La OMM reconoce que la sostenibilidad de una red de radares requiere personal dedicado a la planificación del mantenimiento, la gestión de inventarios de repuestos y la gestión del ciclo de vida. Pero hay contextos donde esos planes deben construirse sin la red de seguridad que ofrece un proveedor accesible. Ahí es donde la ingeniería propia deja de ser un lujo y se convierte en la única garantía de continuidad. Quien gestiona la compra de componentes debe ser necesariamente un experto en radares que, a la vez, desarrolle soluciones. Un comercial que no sepa de radares jamás podrá actuar con agilidad y eficacia.
En Cuba, esa realidad no es teoría. Es la práctica cotidiana de un grupo de ingenieros que ha sostenido durante décadas una red de radares meteorológicos en condiciones que pocos considerarían siquiera viables.
La isla opera ocho radares —siete de ellos con tecnologías de los años setenta y uno, el de Holguín, de 2005—, distribuidos por todo el archipiélago, que garantizan el monitoreo del territorio nacional y de las zonas marítimas adyacentes. Esta red, gestionada por el Instituto de Meteorología y con su centro nacional en Camagüey, ha permitido incorporar elementos esenciales al Sistema de Alerta Temprana de la nación durante más de cincuenta años, y sus datos se comparten con organismos internacionales y con el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos.
El bloqueo económico, comercial y financiero de Estados Unidos impide el acceso a los repuestos necesarios, y la compleja situación financiera dificulta incluso las importaciones que técnicamente serían posibles. Un especialista cubano en meteorología ha señalado que el bloqueo «ha impedido que la isla compre partes y equipos en el mercado estadounidense para las estaciones meteorológicas locales». Los fabricantes exigen conocer el destino final de sus productos, y Cuba es, por supuesto, destino prohibido para componentes críticos.
Frente a ese panorama, el desarrollo de capacidades propias no fue una elección estratégica deliberada en un inicio. Fue una respuesta de supervivencia. A principios de los noventa, cuando los radares soviéticos MRL-5 y los japoneses RC-32B, heredados de décadas anteriores, empezaron a fallar y los repuestos originales se volvieron inalcanzables, un grupo de ingenieros de Camagüey, constituidos en el Laboratorio de Desarrollo Técnico —hoy LADETEC, una cooperativa—, comenzó a aprender haciendo.
Los radares RC-32B, fabricados por Mitsubishi Electric Corporation, fueron instalados en Cuba en 1973. Hoy, más de cincuenta años después, los tres siguen funcionando (detenidos por el cerco petrolero y la asfixia del gobierno de Estados Unidos). Un experto cubano los ha calificado como «el proyecto más exitoso y sostenible que hayan tenido el PNUD y la OMM». La Revista Cubana de Meteorología calificó el mantenimiento de estos equipos como «una hazaña tecnológica sin precedentes».
Los MRL-5, de fabricación soviética, corrieron una suerte similar. Un cronista describe cómo este «veterano de guerra tecnológica» se mantuvo firme «a base de ingenio y repuestos fabricados por los propios especialistas de LADETEC». La modernización de estos radares implicó sustituir las funciones de control originales por computadoras industriales, un proceso que se materializó por primera vez en Camagüey en 1997 y luego se extendió a otros radares. Lo verdaderamente sorprendente es que al moderno radar de Holguín, un METEOR-1500S de 2005, le falló el sistema de control original y este fue sustituido por el VESTA/RDA, igual que en los viejos radares de los años setenta. La solución demostró ser universal.
De ese proceso surgió una metodología que combina mantenimiento, reparación y desarrollo. Cada avería se convierte en una oportunidad de aprendizaje. Cada componente que falla recurrentemente es candidato a rediseño. Cada plan de mantenimiento se cruza con un plan de elevación de la fiabilidad; es decir: reemplazamos el módulo por uno igual o desarrollamos uno propio con las mismas funcionalidades usando otros componentes. El objetivo no es solo reparar: es reducir la probabilidad de que la misma falla vuelva a ocurrir.
La culminación de esa capacidad fue fabricar tres radares meteorológicos Doppler completos —hardware y software— a partir de componentes elementales, y no de bloques completos. LADETEC presume de que Cuba se encuentra entre las menos de diez instituciones en el mundo (incluyendo grandes fábricas) capaces de fabricar un radar meteorológico con hardware y software de desarrollo 100 % propio. No porque tenga acceso a tecnología de punta, sino porque ha aprendido a construirla desde los fundamentos.
Eso no significa que el proceso sea fácil. La elaboración de listados de repuestos para los radares cubanos es una tarea que consume semanas de trabajo especializado. Implica revisar códigos, verificar compatibilidades, estimar precios sin cotizaciones formales, ajustar según el presupuesto disponible y, sobre todo, anticipar consecuencias. Un error en un listado puede significar meses de retraso en la recuperación de un radar averiado. La metodología que se ha desarrollado —basada en estadísticas de fallas, control riguroso de horas de trabajo por componente y una gestión de riesgos calibrada por la experiencia— es el resultado de décadas de práctica.
Los resultados están a la vista: radares que llevan medio siglo funcionando, una red que cubre el territorio nacional y las zonas marítimas adyacentes, datos que alimentan el Sistema de Alerta Temprana ante ciclones. Y una capacidad de asesoría que se ha exportado a diez países, porque el conocimiento adquirido en condiciones adversas tiene un valor que trasciende las fronteras.
No se trata de alardear. Se trata de constatar un hecho: cuando no hay acceso al mercado, la única salida es el conocimiento. Y ese conocimiento, una vez construido, se convierte en un activo que ningún bloqueo puede confiscar. Tal vez si nosotros hubiésemos podido comprar como sugiere la foto creada por IA, hoy no tendríamos nada que compartir.
No escribo esto para vender nada ni para pedir nada. Lo escribo porque sé que hay países del Caribe y de América Latina que enfrentan, en mayor o menor medida, la misma ecuación imposible: radares que se compran con esfuerzo y se pierden por falta de un repuesto que nadie quiere venderles.
A esos países —a sus servicios meteorológicos, a sus ministerios, a quienes negocian una donación o una compra— les digo que la experiencia cubana está disponible. No tenemos fórmulas mágicas ni soluciones de catálogo. Tenemos cuarenta y cinco años de aprender a mantener lo que otros habrían declarado perdido, y hemos aprendido que el conocimiento se comparte mejor que se guarda. Si a alguien le sirve lo que aquí hemos hecho, con gusto lo contamos: cómo planificamos los repuestos, cómo decidimos qué comprar cuando el presupuesto no alcanza, cómo rediseñamos un módulo cuando el original ya no existe, cómo formamos ingenieros que compran y desarrollan a la vez. No ofrecemos tecnología llave en mano. Ofrecemos algo que quizás valga más: la certeza de que es posible sostener una red de radares sin depender de que el mercado global se apiade de nosotros. Cuba lo ha hecho. Otros pueden hacerlo. Y si nuestra cicatriz sirve para que otro no tenga que abrirse la suya, habrá valido la pena. Radares: comprarlos es fácil, lo difícil es mantenerlos vivos
Si el tema le interesa, puede consultar estos otros posts:

If in the previous article I addressed the siting of a radar to serve an airport, now I want to broaden the range and talk about the siting of a weather radar for general meteorological service. The fundamental difference is that, while in the airport case the goal is to detect hazardous phenomena during takeoff and landing—wind shear, microbursts, gust fronts—in general meteorological service the goal is continuous surveillance of the atmosphere over a broad territory: precipitation, severe storms, tropical cyclones, hail, and in general all phenomena that affect the population and the economy.
I have been involved in the siting and installation of several radars throughout my life. And if I have learned anything, it is that the order of the factors does alter the product. In my experience, one must begin with logistically accessible sites. Starting by looking for locations on very high peaks with panoramic views is pointless if they later turn out to be places where logistics—roads, redundant communications, electric power—would be prohibitively expensive or impossible to sustain. Once you have logistically plausible sites, then you review visibility with DEM/LOS models and decide how to complement with other radars and of what type. And above all, the operating band, which is what decides the price.
Allow me to share what I have gathered on these criteria, in a manner analogous to what I did for the airport case.
(más…)
Si en el artículo anterior abordé la ubicación de un radar para dar servicio a un aeropuerto, ahora quiero ampliar el rango y hablar de la ubicación de un radar meteorológico para el servicio meteorológico en general. La diferencia fundamental es que, mientras en el caso aeroportuario el objetivo es detectar fenómenos peligrosos en el despegue y aterrizaje —cizalladuras, microavalanchas, frentes de racha—, en el servicio meteorológico general el objetivo es la vigilancia continua de la atmósfera sobre un territorio amplio: precipitación, tormentas severas, ciclones tropicales, granizo, y en general todos los fenómenos que afectan a la población y a la economía.
He estado involucrado en la ubicación y el montaje de varios radares a lo largo de mi vida. Y si algo he aprendido, es que el orden de los factores sí altera el producto. En mi experiencia, uno debe comenzar por los lugares logísticamente accesibles. Empezar buscando ubicaciones en picos muy elevados con vistas panorámicas es por gusto si luego son lugares donde la logística —viales, comunicaciones redundantes, energía eléctrica— resultaría prohibitivamente costosa o imposible de sostener. Una vez con lugares logísticamente plausibles, entonces sí se revisa la visibilidad con modelos DEM/LOS y se decide cómo complementar con otros radares y de qué tipo. Y sobre todo, la banda de trabajo, que es la que decide el precio.
Permítanme compartirles lo que he recopilado sobre estos criterios, de manera análoga a lo que hice para el caso aeroportuario.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) lo dice con claridad en sus guías de mejores prácticas: la elección del sitio de un radar depende de la aplicación prevista, pero también está influenciada por muchos factores económicos y técnicos. Entre ellos, la existencia de caminos para llegar al radar, la disponibilidad de energía y enlaces de telecomunicaciones, el costo del terreno, la proximidad a una instalación de monitoreo y mantenimiento, y la existencia de la menor cantidad posible de obstáculos para el haz del radar .
La experiencia práctica confirma esto. En un proyecto reciente en la región de Biobío, Chile, se utilizó la plataforma Model Builder de ArcGIS para obtener zonas candidatas para la instalación de un radar meteorológico a partir de parámetros como la elevación, el índice de posición topográfica, la distancia de visión promedio, la proximidad a caminos y tendido eléctrico . Es decir, la logística no es un añadido de última hora: es un criterio de primer orden en la selección del sitio.
En un caso real en la provincia de Sichuan, China, los equipos de selección de sitio tuvieron que adentrarse en montañas donde la mayoría de los picos preseleccionados no tenían camino. Los técnicos iban abriendo paso con machetes entre la vegetación, registrando coordenadas y altitudes, y en cada cumbre evaluaban la posibilidad de acceso a comunicaciones y energía eléctrica. Como decía el responsable de la misión: «El radar es como un ‘ojo celestial’; la selección del sitio está directamente relacionada con la precisión y el alcance de los datos de monitoreo en los prócimos 15-20 años (o tal vez 50, como nuestros tres longevos radares RC-32B, léase el post Once upon a time…Japanese Radars, the beginning of a new era in Cuban Meteorology). No se puede ser descuidado en absoluto» .
Esto me recuerda una experiencia propia. El «monstruo» Leonardo (Ichi) fue a hacer una reparación al radar meteorológico METEOR-50DX (del fabricante GEMATRONIK-SELEX), en los predios del aeropuerto de Pasto, Colombia, y para acceder al radar había que cruzar sobre la pista, por tanto, había que esperar que no hubiera tráfico de aviones sobre la misma. Un sitio puede tener una visibilidad impecable y, sin embargo, ser un infierno logístico. Miren el radar de Karún en medio de la selva venezolana, con una posición envidiable y una logística impraticable.
En Cuba tenemos tres radares cuyo acceso puede ser crítico y ha tenido episodios épicos y memorables, ellos son Gran Piedra (en la provincia de Santiago de Cuba), Pico San Juan (en la provincia de Cienfuegos) y Punta del Este (en la Isla de la Juventud). Si gusta puede leer sobre las hazañas de nuestros técnicos de LADETEC para mantenerlos funcionando en lo que podría ser un récord Guinness: Cuando no hay mulos se arrea a lomo de hombres, Expedición a la Isla del Tesoro
Los requerimientos de infraestructura que la OMM detalla incluyen torre, suministro de energía (principal y de respaldo), protección contra rayos y puesta a tierra, y comunicaciones y red. No es trivial. Un sitio en un pico remoto puede requerir una torre de decenas de metros, un sistema de energía solar o eólico con banco de baterías, un pararrayos diseñado con cuidado para no afectar el rendimiento de la antena, y un enlace VSAT para transmitir los datos. Todo eso multiplica el costo de operación y mantenimiento a lo largo de la vida útil del radar.
Una vez que se tienen sitios logísticamente plausibles —con acceso vial razonable, energía disponible o instalable, y comunicaciones viables—, entonces sí se procede al análisis de visibilidad. Aquí es donde entran los Modelos Digitales de Elevación (DEM) y los análisis de Línea de Visión (LOS).
La OMM señala que, en el caso de una red de radares destinada principalmente a aplicaciones sinópticas, los radares en latitudes medias deben ubicarse a una distancia de aproximadamente 150 a 200 km entre sí. Si la red se utiliza para mediciones cuantitativas de precipitación, donde es primordial utilizar haces de radar a baja altura, esa distancia no debe exceder los 100 km . Pero estos números son solo puntos de partida: la visibilidad real del haz sobre el terreno es la que determina la cobertura efectiva.
Para evaluar esa visibilidad, la herramienta fundamental es el análisis de bloqueo del haz mediante DEM. Existen herramientas desarrolladas por servicios meteorológicos nacionales, como la del Servicio Meteorológico Estatal de Turquía (TSMS), que utiliza un modelo digital de elevación de 30 m de resolución y librerías de código abierto (wradlib) para calcular el porcentaje de bloqueo del haz, el radio visible del haz, el porcentaje de haz visible, la altura mínima de visibilidad sobre el nivel medio del mar, y el ángulo visible mínimo para cada punto de la red . El proceso es iterativo: se van probando ángulos de elevación sucesivos hasta que al menos una parte del haz deja de estar bloqueada . También LADETEC dispone de su propia aplicación LAMULA™ DEM/LOS.
En el caso de Chile, una vez obtenidos los candidatos logísticamente viables, se utilizó un código Python en ArcGIS que, a partir del modelo digital de elevación de la región y el punto de control, permite conocer la visión horizontal —el skyline— que tendría el radar en esa localización. El requisito es que esa visión no tenga obstrucciones topográficas para no generar zonas de sombra . Y una vez trazados los skylines, se estimó cuál sería la población directamente beneficiada. Descubrieron que un radar de banda C con un alcance de 120 km cubriría no solo la región del Biobío, sino también parte de Ñuble y La Araucanía, beneficiando a más de 2 millones de habitantes.
La OMM advierte algo crucial: los sitios de radar en montañas altas son de poco beneficio para detectar precipitación cerca del suelo. Las mediciones con elevación negativa producen fuertes ecos de suelo, por lo que solo tienen sentido en casos excepcionales. En regiones montañosas, a menudo es imposible lograr un equilibrio entre un buen alcance de visibilidad y mediciones cerca del suelo. La solución que sugiere la OMM es el posicionamiento auxiliar de sistemas más pequeños en los grandes valles de montaña, que pueden desempeñar un papel suplementario valioso. En Cuba tenemos el caso del radar de Gran Piedra, un coloso que captura los huracanes al norte y al sur de Cuba mejor que los otros 7 radares.; pero no puede ver la precipitación en la ciudad de Santiago de Cuba a sus pies). Léase estos tres posts para que se comprenda el dilema del radar de La Gran Piedra (Al César, lo que es del César, ¿Puede el radar de Gran Piedra “ver” la lluvia sobre la ciudad de Santiago de Cuba?, Radares cubanos vs Huracán Irma).
Esto conecta directamente con el siguiente punto.
Ningún radar es una isla. La OMM lo dice sin rodeos: la selección de la tecnología del radar y el diseño de la red estarán influenciados por las oportunidades actuales y futuras de acceder a datos de otros radares. Las redes de radares meteorológicos son, en general, heterogéneas debido a diferencias de edad, proveedores, tecnologías (bandas S, C y X) y función.
El espaciamiento entre radares es una restricción crítica. Un espaciamiento del orden de 150–200 km, como en Europa, frente a 250–400 km, como en Norteamérica, influye significativamente en la elección de la tecnología del radar. Si la aplicación requiere medición directa a bajas altitudes para un área limitada —por ejemplo, cizalladura del viento en un aeropuerto o en terreno complejo—, entonces solo se requiere un alcance corto (~40 km), lo que también influye en la elección de la tecnología.
La tendencia moderna es hacia redes heterogéneas: radares de banda S para cobertura amplia y detección de precipitación intensa a larga distancia, radares de banda C como compromiso entre alcance y costo, y radares de banda X para relleno de huecos (gap-filling) y aplicaciones de corto alcance. Un estudio reciente mostró que aproximadamente una cuarta parte del beneficio potencial de relleno de huecos podría lograrse con solo 25 radares adicionales de «relleno». La clave está en que los radares de menor costo —banda X y banda C— operan con menor potencia y están disponibles en configuraciones significativamente más pequeñas, lo que los hace ideales para complementar la cobertura de una red de banda S.
Pero la complementación no es solo cuestión de bandas. También es cuestión de ángulos de exploración. Un radar en un pico elevado puede tener un alcance excelente a altitudes medias y altas, pero un punto ciego cerca del suelo. Otro radar en un valle, con menor alcance pero mejor visibilidad de las capas bajas, puede complementar esa cobertura. La OMM sugiere que en regiones montañosas, el posicionamiento auxiliar de sistemas más pequeños en los grandes valles puede desempeñar un papel suplementario valioso .
Llegamos al punto que, en mi experiencia, es el que con más frecuencia se subestima en la etapa de planificación: la elección de la banda de frecuencia. La OMM lo resume así: la elección de la banda de frecuencia resulta principalmente de un compromiso entre el alcance y la reflectividad, que varía como λ⁻⁴, la atenuación por lluvia, que disminuye al aumentar λ hasta volverse despreciable en longitudes de onda decimétricas, la precisión de los datos y el costo.
Veamos las tres bandas principales para radares meteorológicos:
Banda S (2700–2900 MHz, ~10 cm). Es la elección para detectar lluvia intensa a muy largas distancias, hasta 300 km, en climas tropicales y templados. La atenuación por lluvia es prácticamente despreciable, pero los sistemas son voluminosos y costosos, requieren transmisores más potentes para una sensibilidad comparable a la banda C, y demandan más espacio y más electricidad.
Banda C (5600–5650 MHz, ~5.4 cm). Es generalmente preferida para uso en climas templados, ya que representa un compromiso relevante entre los parámetros anteriores. Permite detección de lluvia a largas distancias (hasta 200 km), aunque su cuantificación se limita en la práctica por encima de los 100 km. Ofrece la ventaja de un menor costo, tanto por menor potencia como por menor tamaño de antena en comparación con radares de menor frecuencia que tienen la misma resolución espacial. El costo de los radares de banda C es aproximadamente la mitad que el de los de banda S.
Banda X (9300–9500 MHz, ~2.5–3.2 cm). Los radares de banda X son más sensibles y pueden detectar partículas más pequeñas, pero como experimentan una atenuación mucho mayor, se utilizan solo para observación meteorológica de muy corto alcance, aproximadamente 50 km. Son ideales para estudios de desarrollo de nubes, detección de precipitación ligera como nieve, y por su pequeño tamaño, como unidades móviles portátiles. Su costo es aproximadamente un tercio del de un radar de banda S.
La ecuación fundamental que relaciona alcance y velocidad en un radar Doppler es: Rmax · Vmax = c · λ / 8, donde Rmax es el alcance no ambiguo máximo, Vmax es la velocidad no ambigua máxima, c es la velocidad de la luz y λ es la longitud de onda. Esto significa que una reducción en la longitud de onda requiere una reducción en el alcance efectivo, en la capacidad de medición de velocidad efectiva, o una combinación de ambas.
En la práctica, la tendencia moderna es hacia redes híbridas: una columna vertebral de radares de banda S o C para cobertura amplia, complementada con radares de banda X (de mucho menor costo) para relleno de huecos, aplicaciones de corto alcance y mediciones de alta resolución en áreas críticas. En Cuba tenemos ocho radares, de los cuales tres son Doppler (desarrollo propio con un largo historial La Epopeya del Doppler Cubano: una historia en 13 capítulos), y el país entero está cubierto por una red que explora la troposfera cada 10 minutos. Yo nunca diría»¿qué banda es la mejor?» sino «¿qué combinación de bandas y qué espaciamiento satisfacen las necesidades de mi servicio meteorológico con el presupuesto disponible?» (¿Qué banda usar en los radares?)
Resumiendo, el proceso que recomiendo es el siguiente:
Primero, la logística. Identificar sitios con acceso vial razonable, disponibilidad o posibilidad de instalar energía eléctrica confiable (con respaldo), y opciones de comunicación redundante. Sin esto, cualquier otra consideración es académica. La OMM incluye la existencia de caminos, la disponibilidad de energía y telecomunicaciones, y la proximidad a una instalación de mantenimiento como factores económicos y técnicos que influyen en la elección del sitio .
Segundo, la visibilidad. Con los candidatos logísticamente viables, realizar análisis de bloqueo del haz con DEM de alta resolución y herramientas LOS. Evaluar el porcentaje de bloqueo, la altura mínima de visibilidad y las zonas de sombra. Priorizar sitios que garanticen visibilidad sobre las áreas de interés, no necesariamente los picos más altos, porque como advierte la OMM, los sitios en montañas altas son de poco beneficio para detectar precipitación cerca del suelo .
Tercero, la complementación. Diseñar la red como un sistema heterogéneo. Los radares de banda S o C pueden proporcionar la cobertura principal, mientras que los de banda X pueden rellenar huecos y proporcionar alta resolución en áreas críticas. El espaciamiento entre radares debe ajustarse a la aplicación: 150–200 km para aplicaciones sinópticas, 100 km o menos para mediciones cuantitativas de precipitación .
Cuarto, la banda de trabajo. La elección de la banda es, en última instancia, una decisión económica tanto como técnica. La banda S ofrece el mejor rendimiento para precipitación intensa a larga distancia, pero es la más costosa. La banda C es un compromiso razonable para climas templados. La banda X es la más económica y la más adecuada para aplicaciones de corto alcance y relleno de huecos. En un país como Cuba, con una red de ocho radares ya establecida y un clima tropical propenso a ciclones, la banda S sigue siendo la columna vertebral, pero los radares de banda X podrían complementar la cobertura en áreas de interés específico. LADETEC dispone de un diseño de radar Doppler y Polarimétrico de banda X, robusto, sostenible, hecho con soluciones de Open Hardware y Open Software que garantizan una ecplotación soberana y duradera.
Los fabricantes de radares ofrecen «siete verstas hasta el cielo», como dice el refrán ruso. Te ofrecen radares maravilla. Es el fenómeno de la posverdad aplicado a la venta de radares (lea el post La posverdad y los radares meteorológicos). No todo lo que brilla es oro. Si va a comprar un radar para un servicio meteorológico —o para cualquier otra aplicación—, búsquese la asesoría de un experto que haya trabajado en el tema. Será dinero bien empleado, porque hay mucha superchería ofreciéndose por ahí.

La OMM tiene una guía excelente, la Guide to Operational Weather Radar Best Practices (WMO-No. 1257), cuyo Volumen IV está dedicado precisamente a Weather Radar Siting, Configuration and Scan Strategies. Es de 2024 y está disponible en la biblioteca de la OMM . Si el lector desea profundizar, es el punto de partida obligado. Y si el tema de la aviación es de su interés, puede consultar los artículos que mencioné en el post anterior.
Al final, la ubicación de un radar meteorológico para el servicio meteorológico general no es un problema de optimización matemática abstracta. Es un problema de ingeniería práctica, donde la logística, la visibilidad, el propósito principal del radar (lea el post sobre las aplicaciones: ¿Cuáles son las Aplicaciones de los Radares Meteorológicos?), la complementación (lea como complementan en Estados Unidos: DE CASA a CLIMAVISION ¿Cómo rellenar los «huecos» en la cobertura de una red de radares?) y el costo (mire estos posts para que tenga una idea no solo de la inversión inicial, si no de cuánto cuesta mantenerlos: Radares meteorológicos, costos y Los desafíos y los costos de mantener una red de radares meteorológicos) se entrelazan en un equilibrio que nunca es perfecto. Lo importante es no empezar por el final. Empezar por los picos más altos y más bonitos puede ser poético, pero rara vez es sensato, la historia de nuestra América Latina recoge más fracasos que éxitos (Radares Meteorológicos al Sur del Río Bravo: Un Mapa Desconcertante) y mire cuántas cosas influyen en la cobertura: ¿Cobertura del radar? Destrocemos un poco de mitos.
Organización Meteorológica Mundial (OMM). (2018). Siting and installation (Sección 9). En Guide to Operational Weather Radar Best Practices, Parte 1. Ginebra: OMM. https://old.wmo.int/extranet/pages/prog/www/IMOP/ISO/Std_Radar_Part1_For_Members_Review.pdf
Organización Meteorológica Mundial (OMM). (2024). Guide to Operational Weather Radar Best Practices (WMO-No. 1257), Volumen IV: Weather Radar Siting, Configuration and Scan Strategies. Ginebra: OMM. ISBN 978-92-63-11257-6. https://library.wmo.int/viewer/68981/
Oyarzún Jiménez, C. F. (2021). Propuesta de sitio para la instalación de un radar meteorológico en la Región del Biobío: potenciales ventajas para la detección temprana de amenazas hidrometeorológicas (Tesis de pregrado). Universidad de Chile, Santiago. https://repositorio.uchile.cl/handle/2250/183882
Sichuan水文中心. (2025, 18 de diciembre). 跋涉川东寻»天眼»——达州测雨雷达选址工作侧记 [Caminando por el este de Sichuan en busca del «ojo celestial»: notas sobre la selección del sitio del radar de medición de lluvia de Dazhou]. Departamento de Recursos Hídricos de Sichuan. http://slt.sc.gov.cn/scsslt/dfss/2025/12/18/c9aa7161b7794ad5be7b320dfa0874a6.shtml
Öztürk, K., & Çubuk, A. (2018). The Interactive Weather Radar Visibility Analysis Tool. Turkish State Meteorological Service (TSMS), Remote Sensing Division. Presentado en TECO-2018, WMO. https://old.wmo.int/extranet/pages/prog/www/IMOP/TECO-2018/pdf/poster%20abstracts/topic%203/P3_1_Ozturk_et%20al_ExtendedAbstract.pdf
Federal Aviation Administration (FAA). (2024). Siting Criteria for Terminal Doppler Weather Radar (TDWR) (Order JO 6315.4). U.S. Department of Transportation. https://www.faa.gov/documentLibrary/media/Order/JO_6315_4.pdf

Un post sobre la huella de Carbono que deja el uso masivo de la IA
¿Recuerdan cuando nos pedían que digitalizáramos todos los documentos? La consigna era ahorrar papel, salvar los árboles y toda la cadena asociada. Nos vendieron la digitalización como un acto de ecologismo doméstico. Y ahora resulta que le hacemos a la IA preguntas tontas que una búsqueda de Google resolvería en dos segundos. La ironía es perfecta: cambiamos el papel por watts, litros de agua y toneladas de CO₂. El árbol no lo talamos, pero la electricidad que alimenta nuestra comodidad cognitiva tiene que salir de algún sitio ¿o no?
Antes de seguir, conviene aclarar de qué hablamos cuando decimos «huella de carbono», porque el término se ha convertido en un comodín que todos hemos oído y pocos saben definir.
(más…)
Post about optimal sitting of a weather radar to serve airport. Spanish version here.
I have been involved in the siting of several radars in my life. It all began with the MRL-5 radar, the first of its type to enter Cuba, with which we began our working life together. Although I was already a certified expert on MRL-5 radars, in 1986 the Casa Blanca one was installed, at the headquarters of the Institute of Meteorology itself; but I had no involvement in selecting the site. For a long time it was debated whether the Camagüey radar, which was at the Meteorological Center, should be raised by making a small hill right there or by constructing a small structure to elevate it; but it was not until 1997 that it was reinstalled in a fully automatic version (MRL-5M) at Loma de la Mula. In 2005 I took part in selecting the location and installation of the METEOR-1500S radar at Loma El Paraíso in Holguín. Seven years later, in 2012, we moved the Camagüey radar back to the Meteorological Center, turning it into the RD-200SX Radar, prototype of the Cuban Doppler Weather Radar. Finally, I was involved in installing the METEOR-735C radar in Las Nubes, Nicaragua. In none of the cases was an optimal installation with respect to an airport sought; decisions were made on purely logistical criteria. Nevertheless, over the years I collected everything related to selecting the site of a weather radar (especially Doppler radars) to provide services to an airport for detecting meteorological phenomena that generate adverse factors for air navigation. If my indulgent reader allows, I will share these criteria.
ICAO or WMO may have written suggestions on the location of a weather radar to serve an airport; but I have not found them. Everything I have been able to collect comes from the U.S. Federal Aviation Administration (FAA) and here I present it. Let us begin with some essential definitions.
(más…)
Decision-makers, investors, donors, managers, and administrators usually take one parameter that every manufacturer provides for a radar — “range” — and draw a point on a map where each radar is located, with a circle around it. And they feel happy. Mission accomplished: we are protecting all this area (referring to the area of the circle they drew). Our radar(s) guarantee excellent coverage for the country (or region, depending on what it is about).
As always, I get the role of party pooper: things are not that simple. I tell you this not because it bothers me that anyone boasts about whatever they want, but so that life does not disappoint you later, when the radar fails to see intense precipitation that ends in flash flooding, or fails to see a devastating storm until it begins to cause havoc.
So that my restless reader better understands how manufacturers manipulate — and those who manage the purchase gladly accept — the term “radar coverage,” I will give you an example. Suppose you are a seller of spearguns for underwater hunting. Let’s take as a reference one of the best-selling and most versatile models on the market, such as the Cressi Comanche Rail or the Salvimar V: the spear launched into the air at 45 degrees can reach 100 meters. However, spearguns are used underwater, and in that medium, the spear barely travels 3–4 meters (depending on many factors). What distance would you use to advertise the effectiveness of your speargun? Exactly: the best figure, under the most favorable conditions.
The same thing happens with radar: the manufacturer gives you the theoretical maximum range, measured under the most favorable conditions and for the most detectable phenomenon. Real coverage is another story.
But let’s go step by step, as Jack would say, and dissect all the factors on which radar coverage depends.
Several technological parameters define the radar’s coverage: the frequency (wavelength) at which it radiates, the polarization of the radiation, the transmitted power, the receiver sensitivity, and the width of the beam radiated by the antenna into the atmosphere.
Weather surveillance radars operate mainly in three bands of the electromagnetic spectrum: S band (2.7–2.9 GHz), C band (5.4–5.65 GHz), and X band (9.3–9.5 GHz). Worldwide, of the radars reported to the WMO, 40% are S-band, 53% are C-band, and only 7% are X-band.
I have discussed the band in which a radar operates in great detail in the post Which band should be used for radars? Here I only want to tear apart a cliché that, through repeated use, has become a myth: that to have very long range (460–600 km) you must use S band, for medium range (240–300 km) you must use C band, and for short ranges (60–150 km) you must use X band.
I worked for many years with MRL-5 radars, which use S and X bands simultaneously. I can assure you that, with the X-band channel — even before the modifications we made in Cuba — we saw echoes up to 300 km. Later we increased the range to 500 km, and we continued to see meteorological echoes with both channels. Moreover, the X-band channel detected the appearance of radio echoes earlier than the S-band channel, no matter how distant they were.
The problem comes with attenuation. The wavelengths of C band and especially X band are strongly attenuated when passing through areas of intense precipitation. An X-band radar (if it has adequate transmitter power, receiver sensitivity, and antenna beam width) can see echoes up to 500 km. However, if an intense and extensive precipitation area lies across the path, no matter how far away it is, behind it the X-band channel goes blind, while the S-band channel sees perfectly along the entire path. It is clear: the longer the path, the greater the probability that the X-band channel will be blinded.
For this reason, C-band radars are usually dedicated to medium distances and X-band radars to very short distances, reducing the probability that attenuation will blind them. When coverage of more than 400 km is desired, S-band radars are usually used (read more about S-band examples in: [1], [2], [3], [4]), because the attenuation suffered by radar frequencies in this band is practically negligible.
Some hydrometeors are not spherical and have a preferentially horizontal orientation, meaning their longer side is oriented horizontally. For example, very small water droplets are spherical, but as they grow they become flattened, with the longer side horizontal. Other hydrometeors tend to be larger vertically. The polarization of the wave emitted by the radar is important for detecting them better (detecting them farther away, which is what interests us for coverage).
If both polarizations are available, so much the better for some things; but keep in mind that, in most modern radars, all the power radiated by the transmitter — and which the manufacturer specifies in its catalogs — is split in half for each polarization. Therefore, the coverage of each one is lower than if all the power were radiated in a single polarization (preferably horizontal).
If an S-band radar has a specified peak power of 850 kW (that is, in the pulse), it will radiate only 425 kW in each polarization: half, −3 dB. Therefore, for coverage purposes, it is worse than an S-band radar that radiated all its power (the same 850 kW) in a single polarization. The matter is more complicated: the polarimetric radar ends up being about 5 dB less sensitive than a single-polarization radar, which translates into a notable reduction in range for the same hydrometeor size. Read the details in the post: Dual Polarization. Advantages and… disadvantages?
When we talk about radar coverage, what we mean is how far the radar can see. And to define “that” — that is, what does “see” mean? — we must know what is “the minimum” the radar can distinguish; and by “minimum,” of course, we are talking about the reflectivity of a meteorological object.
Before continuing, I advise my reader to take a look at my post What do weather radars measure? and also this other one: The weather radar equation, so you understand what follows.
In this section we will refer only to those technological parameters that intervene in the equation. We are talking about transmitter power, receiver sensitivity, and antenna parameters. Everything is very simple: the more powerful the transmitter, the more sensitive the receiver, and the larger the antenna (higher gain and a narrower beam), the greater the coverage the radar will have; that is, the farther it can distinguish small or weak meteorological objects, or both.
The matter is complicated. To define the coverage the radar provides, we must first set a minimum detectable signal. And yes, this is a parameter that DEPENDS ON THE DISTANCE between the object and the radar. There are objects we see at a few kilometers that, when they move away, we can no longer see. That is, coverage depends on the type of meteorological object (hydrometeor) we take as a reference. Thus, the farther away the object is, the harder it is to perceive it.
The minimum detectable reflectivity (Zmin) increases with distance. The farther away the object is, the larger it must be for the radar to capture it.
This topic deserves a separate post, but I will advance the central idea: coverage is not a number, it is a function that depends on the size and type of hydrometeor we want to detect. For now, look at the graph of four radars: the RD-200S (the S-band channel of the Camagüey radar), the RD-200X (the X-band channel of the Camagüey radar), the WSR-88D (original), and its polarimetric version WSR-88DP.
To define coverage, we must first define the minimum detectable signal, and this will be related to the type of phenomenon we want to see. We will deal with this topic in the last section of this post.
It is important to note that, depending on the vertical profile of the refractive index, radar waves will propagate in three different modes: normal refraction, subrefraction, and superrefraction, with a limiting case when ducts form. The reader can find the detailed physical explanation in numerous Physics and Radar texts.
The only thing I emphasize here is that coverage — that is, the maximum range — depends on atmospheric conditions (which depend on vertical profiles of humidity and temperature).
No: coverage is not a fixed value determined by a manufacturer. It varies from one day to another, it varies according to the time of day, it varies with the season of the year.
This is a topic I have not yet touched on in my blog, but the reader can find numerous publications explaining it.
Above we talked about characteristics inherent to the radar that are permanent. Now we will talk about the characteristics and parameters that we can modify in operation; that is, how we operate the radar to extract as much meteorological information as possible. By modifying parameters, we will be modifying coverage, which will be different depending on the parameters we vary.
The operating regime is related to pulse duration and pulse repetition frequency (period). Although there can be several pulse durations and several repetition frequencies, there are two regimes that emerge from the Doppler Dilemma:
What is clear is that there are two types of coverage: one for long range, to measure reflectivity, which reaches 400–600 km and is the one the manufacturer advertises; and another for measuring velocity, which generally does not exceed 150 km for S-band radars (in C and X bands it is even shorter).
Ideally, one would gradually raise the antenna from zero degrees in the vertical up to 60–80 degrees, executing one revolution at each angle, and the elevation increment would be smaller than the radar beam width to be sure of covering everything.
However, this is not possible. Each revolution takes 10–12 seconds. And meanwhile, the atmosphere does not remain static waiting for us to scan it. The processes are dynamic and some are so fast that the entire scan must be accelerated to less than 5 minutes, or we run the risk of seeing one phenomenon in the lower part and a different one when we reach the upper part.
It becomes necessary, therefore, to choose a strategy that allows us to better capture each type of phenomenon. For each revolution, we must select the speed at which the antenna moves (which will define the number of transmitter pulses according to the selected regime) and the elevation angle in the vertical. The set of angles determines the upper angle up to which scanning will be done.
Since scanning is generally not done above 20–25 degrees elevation, a gap remains over the radar. To better understand this problem, I suggest reading the post: The cone of silence over radars, where rain is not seen.
In NEXRAD and, in general, in any radar system, two operating modes are defined: when there is no precipitation in the atmosphere (they call it “Clear Air Mode”) and when precipitation of a certain range appears, which is then called “Precipitation Mode.”
Each of them has a combination of scanning strategies and operating regimes that are pre-designed so that the operator selects the most appropriate one for the prevailing meteorological situation.
In the NEXRAD system they call it VCP (Volume Coverage Pattern). Read the post: VCP in NEXRAD: The mystery of scanning the atmosphere.
Suppose you have bought a Doppler and polarimetric S-band radar, and the manufacturer assures you that it guarantees coverage of 400–600 km radius (depending on the model).
You locate it in a valley surrounded by mountains, and the radar coverage will not be the nominal 400–600 km, but the distance to the mountains or obstacles (which may be buildings) surrounding the radar.
Here I show you an example of how blocking angles can be seen in radar images themselves. This is the METEOR-1500S radar, located on El Paraíso hill near the city of Holguín, which has a blocked angle because the Loma del Fraile is very close, obstructing the main beam toward the E-SE. See the image processed with VESTA|Process.
Example of a blocking angle of the Holguín METEOR-1500S radar in the E-SE direction due to a higher hill nearby.
For the radar to have the 400–500 km range that the manufacturer promises, it must be located at a very high point dominating the surroundings. And even then, in many directions it will have blocking angles that will drastically reduce that nominal coverage. If in some direction there are obstacles higher than the radar, it will have “blocking angles” in that direction.
As the saying goes, “a picture is worth a thousand words”: I show you the case of the Jamaica radar, which is an excellent example to explain the topic.
The radar (a Defender SK 850 with a theoretical range of 600 km) is located at Cooper Hills. I show you in the image an analysis (approximate and rough, made with data available on the Internet) of the blocking angles that prevent it from having that coverage in certain directions when the radar points its antenna at 0.0 degrees.
Apart from blocking angles, when a radar is elevated, with the main lobe unobstructed, it turns out that the lower secondary side lobes encounter irregularities in the relief and generate very powerful ground echoes that overshadow meteorological signals in that nearby area, hindering coverage.
There are numerous methods to suppress echoes returning from the ground. I recommend reading the publication where I dealt with the topic (Suppression of non-meteorological echoes). However, generally this suppression entails the elimination (total or partial) of meteorological echoes that are captured by the main lobe, but whose signal is mixed with the signal coming from the side lobes, which comes from very powerful ground echoes.
In the image above I show you the case of two elevated radars in Cuba, on their respective peaks (Pico San Juan in the center of the country, and Gran Piedra in the east), which pick up powerful ground echoes with their side lobes. VESTA|Process suppresses them, but it also suppresses part of the meteorological echoes in the nearby area.
Under standard (normal) propagation conditions, the radar beam, although optically pointing at zero degrees elevation, rises above the ground due to the curvature of the Earth.
The Earth curves more than the radar beam; therefore, as it moves away from the radar, the beam passes increasingly higher above the ground. This implies that the radar intercepts identical phenomena at ever greater heights.
Rain measurement (which is the part from the base of the cloud to the Earth’s surface) can only be done within a very small radius (no more than 100 km). Hence, NEXRAD precipitation products have a short radius. For more detail, see the post LAMULA™ORPG: product catalog (Builds 19 to 24).
When drawing a map with the coverage circles of NEXRAD radars, the circles are painted in three colors, differentiating how far coverage reaches from 3 to 20 thousand feet, then from 6 to 20 thousand feet, and the outermost circle, from 10 to 20 thousand feet (see the detail in this information from the Radar Operations Center).
Currently in the United States, the company Climavision installs short-range X-band radars to provide low-altitude coverage in the gaps left by WSR-88D radars. Read more here. That is: low-altitude coverage is a scarce commodity, and that is why Climavision installs X-band radars in the WSR-88D gaps.
This is where the distinction between types of phenomena becomes critical for the coverage issue:
Stratiform phenomena (warm front rains, nimbostratus clouds): they have a relatively uniform vertical structure, with a bright band where ice melts and reflectivity increases. The precipitation that reaches the ground is related to what we see aloft, but the relationship is not trivial. For these cases, modern radars apply a vertical profile correction (VPR — Vertical Profile of Reflectivity) that adjusts the reflectivity observed aloft to estimate what would be at the surface. But this correction only works reasonably well in stratiform situations, where the vertical profile is stable and predictable.
Convective phenomena (storms, showers, intense rain cells): they have a very variable and chaotic vertical structure. Reflectivity can vary enormously between the base and the top of the cloud. The vertical profile correction is much less reliable in convection, because the profile changes rapidly in space and time. However, convective storms reach great heights (frequently >10–15 km), so they are detectable at much greater distances than stratiform phenomena. A radar can see a convective storm at 400 km, but what it sees is its top, not the rain at the surface.
As you have seen, radar coverage is not a circle on a map. It is a three-dimensional volume that changes with time, the atmosphere, the terrain, and the phenomenon we want to detect. Anyone who tells you otherwise is selling you a speargun based on its range in the air.

Decisores, inversores, donantes, gestores y administradores suelen tomar un parámetro que todo fabricante da sobre su radar —el «alcance»— y pintan en un mapa un punto donde está cada radar con un círculo alrededor. Y se sienten felices. Misión cumplida: estamos protegiendo toooooda esta área (refiriéndose al área del círculo que dibujaron). Nuestro(s) radar(es) garantizan una excelente cobertura al país (o región, depende de lo que se trate).
Como siempre, me toca el papel de aguafiestas: las cosas no son tan simples. Se lo digo no porque me moleste que cada quien presuma de lo que desee, sino para que la vida no los decepcione después, cuando el radar no vea una precipitación intensa que termine en inundación súbita, o no vea una tormenta devastadora hasta que comience a causar estragos.
Para que mi inquieto lector comprenda mejor cómo los fabricantes manipulan —y quienes gestionan la compra reciben con agrado— el término «cobertura del radar», les pondré un ejemplo. Supongamos que usted es vendedor de escopetas de caza submarina. Tomemos como referencia uno de los modelos más vendidos y polivalentes del mercado, como el Cressi Comanche Rail o el Salvimar V: el arpón lanzado al aire a 45 grados puede alcanzar 100 metros. Sin embargo, las escopetas de caza submarina se usan bajo el agua y, en ese medio, el arpón apenas avanza 3-4 metros (dependiendo de muchísimos factores). ¿Qué distancia usaría usted para publicitar la efectividad de su escopeta? Efectivamente: la mejor de las cifras, bajo las condiciones más favorables.
Con el radar pasa lo mismo: el fabricante le da el alcance máximo teórico, medido en las condiciones más favorables y para el fenómeno más detectable. La cobertura real es otra cosa.
Pero bueno, vayamos por partes, como diría Jack, y destripemos todos los factores de los que depende la cobertura de un radar.
(más…)
En la bibliografía soviética sobre radares meteorológicos es frecuente encontrar la expresión “parámetros táctico-técnicos” (en ruso, тактико-технические параметры / тактико-технические характеристики, abreviado ТТХ). Este trabajo sostiene que no se trata de una tercera categoría independiente de parámetros, sino de una denominación compuesta que integra dos grupos: los parámetros técnicos, que describen la construcción y el funcionamiento interno del radar, y los parámetros tácticos u operativos, que describen sus capacidades de empleo. Se explican ambos grupos, se muestra por qué muchos parámetros son mixtos y se proponen equivalencias terminológicas en español e inglés. Con esto saldo la deuda de muchas personas que me han preguntado. Sígame y se entera.
(más…)
Este artículo no trata sobre qué es la cizalladura del viento ni por qué es tan peligrosa para la aviación —eso ya lo hemos explicado en detalle [aquí]. Tampoco es una comparativa de eficacia entre sistemas de detección —eso lo tienes en [este otro artículo]. Aquí vamos directamente a lo que nos interesa: cómo funciona LLWAS por dentro, quién lo construyó, cómo ha evolucionado y por qué sigue siendo la columna vertebral de la seguridad aérea en decenas de aeropuertos.
Estimado lector, no se deje intimidar por las siglas impronunciables para hispanoparlantes, LLWAS (mis lectores cubanos pueden llamarlo «yeguas», cariñosamente) es un sistema de medición con anemómetros a lo largo de la pista del aeropuerto para determinar cuando una aeroavalancha (downburst) ya se estrelló contra el suelo. Antes de sumergirse en lo que viene, le recomiendo al lector adentrarse en la terminología, que en Cuba fue definida por el gran investigador de las tormentas severas, el Dr. Arnaldo Alfonso (un matancero ilustre): Aeroavalanchas: Anatomía de un «asesino de aviones» y La cizalladura del viento, el enemigo mortal de la aviación. Así pues no decimos ni downburst, ni reventón, decimos aeroavalanchas. Cuando son de menor despliegue en la horizontal no decimos microburst, sino microavalanchas. Tampoco decimos cortante del viento ni windshear, decimos cizalladura. Sígame.
(más…)
OpenAI dice haber resuelto el problema de Navier-Stokes. Analizamos el hito científico y el polémico debate sobre el robo del conocimiento humano.
El pasado 8 de septiembre, OpenAI —la empresa detrás de ChatGPT— anunció algo que, de confirmarse, marcaría un antes y un después en la historia del conocimiento: uno de sus modelos de inteligencia artificial, aún no presentado al público, habría resuelto el problema de Navier-Stokes, uno de los siete Problemas del Milenio. No fue un anuncio menor. Lo acompañó un documento de 165 páginas, una formalización en Lean —un lenguaje que verifica demostraciones matemáticas paso a paso— y la afirmación de que unos 10.000 agentes de IA trabajaron de forma coordinada durante 88 horas para llegar al resultado.
La noticia corrió como pólvora. Pero, como suele ocurrir cuando la IA se mete en terrenos sagrados, el entusiasmo vino acompañado de dudas, acusaciones y una pregunta incómoda: ¿de verdad estamos ante un hito histórico, o ante una operación de marketing disfrazada de ciencia?
(más…)
Un post sobre accionamiento eléctrico de antenas de radar con Open Hardware y Open Software. No estamos construyendo otro radar. Estamos construyendo la tecnología que permite que el radar que ya existe siga viviendo.
LAMULA™ nace como una iniciativa de modernización abierta de radares meteorológicos legacy (MRL-5, RC-32B, METEOR-1500S o cualquier otro), reutilizando su mecánica de antena parabólica y sustituyendo la electrónica de control por soluciones basadas en Open Hardware y Open Software. El objetivo es doble: extender la vida útil de infraestructura crítica con costos mínimos, y crear un ecosistema de componentes intercambiables, documentados y reparables por medios propios.
El LAMULA™ Antenna_Drive es la pieza que cierra el lazo de control de movimiento de la antena. Su diseño parte de una premisa clara: no reinventar lo que ya existe comercialmente (módulos de potencia, encoders, motores), y desarrollar todo lo que aporta valor diferencial (algoritmos de control, integración con el radar, flexibilidad de configuración). Esta filosofía se alinea con lo expuesto en nuestros artículos previos sobre la selección de SBC y sobre la revolución BluePill/BlackPill.
Tras el análisis de alternativas, el LAMULA™ Antenna_Drive queda definido con las siguientes características de diseño:
| Bloque | ¿Decisión? | Consideraciones |
|---|---|---|
| Rango de potencia | Arquitectura escalable prevista para accionamientos de aproximadamente 2 a 10 kW por eje, a dimensionar según la inercia, par requerido, velocidad y características mecánicas de cada antena | Cubre desde antenas pequeñas hasta antenas de mayor inercia. La modularidad permite escalar según el radar. |
| Motores | PMSM de 2, 5 o 10 kW (según aplicación) | Tecnología moderna, alta densidad de par, sin escobillas, bajo mantenimiento. |
| Encoders | Absolutos multiturno (SSI/BiSS) | Lectura precisa y absoluta de posición, documentado en nuestro post sobre cómo saben los radares hacia dónde miran. |
| Módulo de fuerza | IPM (Intelligent Power Module) comercial según rango | Módulo probado, con drivers de puerta y protecciones integradas. Opciones para 2 kW, 5 kW y 10 kW. |
| Control de eje (tiempo real) | BlackPill STM32H7, una por motor | Determinismo, FPU, temporizadores PWM avanzados, ecosistema SimpleFOC. |
| SBC de supervisión | Raspberry Pi 5 | Soporte PREEMPT_RT maduro, ecosistema masivo, disponibilidad, bajo costo. |
| Comunicación de bajo nivel | CAN bus (CANopen CiA 402) | Determinismo, sincronización multi-eje, perfil de dispositivo estándar para motion control. |
| Comunicación de alto nivel | MODBUS TCP-IP | Compatibilidad con la infraestructura de radar existente, simplicidad de integración. |
| Filosofía | Open Hardware / Open Software | Reparabilidad, auditabilidad, independencia de proveedor. |

El módulo de fuerza se selecciona en función del rango de potencia del motor. La familia de IPMs (Intelligent Power Modules) de onsemi y STMicroelectronics ofrece soluciones integradas con IGBT, drivers de puerta, protección de sobretemperatura y sensor de temperatura.
| Rango de potencia | Módulo IPM sugerido | Tecnología | Tensión / Corriente | Notas |
|---|---|---|---|---|
| 2 kW | STGIPS20C60 (STEVAL-IHM028V2) | IGBT | 600 V / 20 A | Módulo probado, ideal para prototipos y antenas pequeñas. |
| 5 kW | NFAM0512L5BT (onsemi) | IGBT | 600 V / 50 A | Módulo integrado con driver y termistor. |
| 10 kW | NFAM3512L7B (onsemi) | IGBT | 1200 V / 75 A | Máxima potencia de la familia NFAM, con protecciones integradas. |
Nota: los módulos onsemi NFAM tienen capacidades de corriente desde 10 A hasta 75 A, lo que permite cubrir todo el rango de 2 a 10 kW con una misma familia.
Características comunes de estos módulos:
La ventaja de usar un IPM comercial es que nos ahorra el diseño de la etapa de potencia, que requiere experiencia en electrónica de potencia, disipación térmica y seguridad eléctrica. Nos concentramos en lo que aporta valor: el control.
Los motores PMSM se seleccionan según la inercia de la antena y los requisitos de par. La arquitectura está prevista para cubrir aproximadamente 2 a 10 kW por eje, pero la potencia nominal del motor debe determinarse para cada aplicación a partir del par requerido, la velocidad angular, la aceleración, la transmisión mecánica y las características específicas de la antena.
| Rango de potencia | Ejemplo de motor | Tensión típica | Notas |
|---|---|---|---|
| 2 kW | PMSM 2 kW (48–96 V) | 48–96 VDC | Ideal para antenas pequeñas o prototipos. Encoder absoluto disponible. |
| 5 kW | PMSM 5 kW (96–300 V) | 96–300 VDC | Para antenas de tamaño medio. Requiere encoder absoluto para control de posición. |
| 10 kW | PMSM 10 kW (300–400 V) | 300–400 VDC | Para antenas de gran inercia. Módulo IPM de 1200 V / 75 A. |
Todos los motores deben incluir encoder absoluto (SSI/BiSS o resolver) para garantizar la precisión de posición requerida por el radar.
Cada eje (acimut y elevación) tiene su propia BlackPill STM32H7, que ejecuta:
El STM32H7 es idóneo para esta tarea: cuenta con FPU de doble precisión, Cordic para acelerar funciones trigonométricas, y temporizadores PWM avanzados con inserción de tiempos muertos por hardware. La comunidad ha desarrollado plataformas de desarrollo FOC basadas en STM32H7 con esquemáticos, firmware y modelos Simulink abiertos.
Ventajas de la BlackPill H7:
La Raspberry Pi 5 actúa como el cerebro de alto nivel del sistema:
Sistema operativo: Raspberry Pi OS con kernel PREEMPT_RT (parche de tiempo real). Aunque la SBC no ejecuta los lazos críticos, un kernel determinista mejora la estabilidad de las comunicaciones y la respuesta del sistema.
Ventajas de la Raspberry Pi 5:
libmodbus, python-can, socketcan, etc. Existen proyectos que usan la Raspberry Pi 5 como esclavo MODBUS TCP para aplicaciones industriales.Implementación en Raspberry Pi 5: HAT CAN basado en MCP2515 (SPI) o MCP2518FD (CAN FD). El MCP2515 es compatible con Raspberry Pi 5 mediante configuración de dtoverlay en /boot/config.txt, aunque se recomienda verificar la compatibilidad con el kernel 6.6+. Alternativas como el Waveshare 2-CH CAN HAT+ usan MCP2515 + SN65HVD230 y soportan hasta 1 Mbps.
Implementación en BlackPill H7: el STM32H7 tiene controlador CAN/FDCAN integrado. Solo requiere transceptor externo (ej. SN65HVD230 o TCAN332).
Una de las decisiones fundamentales en cualquier proyecto de modernización es si adquirir un servoaccionamiento comercial cerrado (esos módulos «todo en uno» que integran potencia, control y comunicaciones) o desarrollar una solución propia. A continuación, ponderamos ambas opciones desde la perspectiva de LAMULA™.
| Ventaja | Descripción |
|---|---|
| Flexibilidad total | Puedes modificar cualquier lazo de control, adaptar el firmware a requisitos específicos del radar, implementar algoritmos propietarios o experimentales sin depender de un fabricante. |
| Reparabilidad por medios propios | Cada componente es reemplazable individualmente. Una BlackPill dañada se sustituye por ~$20. Un módulo IPM dañado, por ~$150-$300 según potencia. No hay dependencia de servicios de reparación externos. |
| Costo de adquisición | El costo total del LAMULA™ (2 ejes) es aproximadamente $1,500–$3,500, frente a $4,000–$10,000 de dos servoaccionamientos comerciales equivalentes. |
| Costo de operación | Sin licencias de software, sin contratos de soporte, sin actualizaciones obligatorias. |
| Auditabilidad | Todo el código y el hardware son abiertos y documentados. Puedes auditar cada línea de código y cada componente. |
| Integración con LAMULA RCP | El protocolo MODBUS TCP se adapta exactamente a los requisitos del radar, sin necesidad de gateways o conversores. |
| Escalabilidad | Puedes añadir ejes, sensores o funcionalidades sin depender de un fabricante. El rango de 2 a 10 kW permite adaptar el mismo diseño a diferentes antenas. |
| Comunidad | Al ser Open Hardware/Open Software, otros pueden replicar, mejorar y adaptar el diseño. |
| Independencia tecnológica | No hay dependencia de un proveedor único. Si un fabricante descontinúa un modelo, tu sistema sigue funcionando. |
| Ventaja | Descripción |
|---|---|
| Madurez y fiabilidad | Producto probado en miles de aplicaciones industriales, con certificaciones de seguridad. |
| Puesta en marcha rápida | Configuración mediante software del fabricante, sin desarrollo de firmware. |
| Soporte técnico | Documentación extensa, soporte del fabricante, foros especializados. |
| Certificaciones | Cumple con normativas industriales (CE, UL, etc.), lo que simplifica la certificación del radar. |
| Rendimiento de control | DSP dedicado con frecuencias de muestreo muy altas. |
| Integración con buses industriales | Soporte nativo para EtherCAT, CANopen, PROFIBUS, etc. |
| Menor esfuerzo de desarrollo | No requiere programar FOC, lazos de control ni comunicaciones de bajo nivel. |
En el contexto específico de LAMULA™ —modernización de radares legacy con recursos limitados y necesidad de reparabilidad por medios propios— las ventajas del desarrollo propio superan a las de los módulos comerciales cerrados por las siguientes razones:
Conclusión: un servoaccionamiento comercial cerrado es la opción correcta si se prioriza la rapidez de implementación y la certificación industrial. Si el accionamiento legacy existente funciona correctamente y puede mantenerse, probablemente sea la opción más prudente. LAMULA™ Antenna_Drive cobra todo su sentido cuando ese sistema ha quedado obsoleto, es irreparable, depende de un proveedor desaparecido o resulta económicamente inviable mantenerlo.. LAMULA™ Antenna_Drive es la opción correcta si se prioriza la sostenibilidad, la reparabilidad, el costo y la independencia tecnológica —que es exactamente el espíritu de LAMULA™.
El LAMULA™ Antenna_Drive no es un producto aislado. Es una pieza dentro de un ecosistema más amplio de aplicaciones Open Hardware y Open Software orientadas a la modernización de radares meteorológicos. Este ecosistema incluye:
Todos estos componentes comparten una filosofía común:
El LAMULA™ Antenna_Drive es una propuesta de accionamiento Open Hardware/Open Software para antenas parabólicas de radar meteorológico que usa motores PMSM en el rango de 2 a 10 kW. Su arquitectura híbrida —BlackPill H7 por cada eje (acvimut y elevación) para control en tiempo real, y Raspberry Pi 5 para supervisión, CAN bus para comunicación de bajo nivel, MODBUS TCP-IP para integración con el radar— combina lo mejor de cada tecnología.
Frente a los módulos comerciales cerrados, LAMULA™ Antenna_Drive ofrece mayor flexibilidad, menor costo, reparabilidad por medios propios e independencia tecnológica, a costa de un mayor esfuerzo de desarrollo. En el contexto de modernización de radares legacy, estas ventajas son decisivas.
LAMULA™ Antenna_Drive no es solo un driver; es una pieza de un ecosistema más amplio que busca democratizar la tecnología de radar meteorológico, haciendo que sea accesible, sostenible y reparable por comunidades técnicas de todo el mundo y garanticen la soberanía tecnológica. Mi lector, una vez leido esto puede sacar sus propias conclusiones y si está en esa situación de remodelar un radar para alargarle la vida útil, ya sabe, LAMULA™ Antenna_Drive es una opción a su servicio (LADETEC, servicios de radar)

Relacionados con el sistema de accionamiento de antena puede revisar los siguientes posts de este blog:
La otra revolución: Blue Pill y Black Pill, cuando Arduino se queda corto
La MMA de los controladores: 8748 vs Z80 vs PIC vs AVR vs ARM… y tú, ahí, con el soldador en la mano
Open Electronics: Descubre este nuevo mundo
¿Qué es la ZimaBlade y por qué está causando sensación?
¿Cómo Saben los Radares Meteorológicos Hacia Dónde Miran?
¿Qué motor usar en los radares meteorológicos?
¿Fabricar o comprar «fabricado»?
¿Por qué Cuba sí debe fabricar sus propios radares meteorológicos?

Una historia de sequías, radares, lluvia provocada y colaboración.
Fidel siempre estaba en todas partes. En los años 60, 70 y 80 Fidel estaba en todas partes. Amanecía en Pinar del Río inaugurando una fábrica y al rato estaba en Camagüey inagurando la vocacional y un poquito más tarde estaba reunido con unos campesinos en Guantánamo, infatigable e incombustible. Yo, que no tenía en mi casa otra cosa que radio mayormente me enteraba por el Noticiero ICAIC Latinoamericano, por el cual siento gran nostalgia. Pues, por increíble que me pareciera, Fidel —sobre todo después de 2006— no estaba al tanto de todo como yo creía. Sígame y le cuento.
(más…)
Hace un tiempo planteaba en este blog una pregunta que me ronda desde hace años: en la automatización industrial cubana, ¿qué fue primero, el huevo o la gallina? Hoy, al ver el derrotero de nuestra industria, creo que estamos poniendo la carreta delante de los bueyes de una forma que me parece alarmante.
Se habla de reindustrializar, de importar tecnologías de punta, de dar el salto a la Industria 4.0 y, por qué no, a la fantástica y amigable Industria 5.0. Suena bonito en los discursos, a la verdad. En Cuba los jefes se han convertido en «trazadores de estategias en el papel»; pero en la práctica —me da la impresión— que intentamos construir rascacielos sobre cimientos de barro. Y en ese empeño, hemos olvidado la lección más lúcida y profética que nos dejó Ernesto «Che» Guevara hace más de sesenta años. Sígame y les doy mi opinión, que, claro, puede estar equivocada, no tengo dones de gurú.
(más…)
Esta carta se publica íntegramente por primera vez en el libro Epistolario de un tiempo. Cartas 1947-1967, editorial Ocean Sur, 2019. Fue escrita por Ernesto Che Guevara pocos días antes de salir hacia el Congo. Un fragmento fue publicado en el año 2006 para servir de prólogo al libro Apuntes críticos a la economía política, por la editorial Ocean Sur. Junto a su discurso en Argel de 25 de febrero de 1965, y la carta al semanario Marcha, de marzo de ese mismo año, constituyen una tríada de documentos, en el ejercicio de pensar [se] la Revolución: su proyección exterior, el desarrollo ideológico y los problemas de la transición socialista, así como los problemas prácticos a que se iba enfrentando la experiencia cubana. (CUBADEBATE)
La Habana, 26 de marzo de 1965
«Año de la Agricultura»
Fidel:
Pongo en tu conocimiento el conjunto de mis ideas sobre algunos de los problemas básicos del Estado. Voy a tratar de ser lo más concreto posible y tratar de hacer una crítica constructiva, por si puede servir para mejorar algunos problemas que continúan siendo graves.
Además, quisiera darte una pequeña explicación de nuestro concepto sobre esa entelequia llamada, «El Sistema de Financiamiento Presupuestario», por otra parte, también me interesaría hablar algo sobre el Partido y, por último, hacer recomendaciones de tipo general.
Tendrá entonces esta exposición cuatro puntos:
Al empezar todos nosotros el aprendizaje de esta marcha hacia el comunismo, establecimos, con la ayuda de los checos, la Junta Central de Planificación [Juceplan]. Creo que está claro para todos que la planificación es una categoría implícita al socialismo y también a este período de transición que estamos viviendo. Lo malo es que hasta ahora, no hemos podido organizar una planificación que sea realmente un canal conductor y no una válvula loca que a veces deja pasar libremente los gases y otras se cierra herméticamente poniendo en peligro de explotar la caldera.
A pesar de todos los errores del plan, de la orientación y de la concepción de la Junta Central de Planificación, creo que estamos todos de acuerdo en que hay una serie de líneas jerárquicas de mando en el sector económico que deben ser respetadas. Se entiende que el Gobierno crea las ideas económico-políticas de desarrollo, ideas que parten de iniciativas de los dirigentes y también, si es posible dadas las condiciones, de la propia población. Estas deberían pasar a la Junta que las analizaría y compatibilizaría, dando luego una recomendación. El Gobierno aprobaría o corregiría estas cifras, encargando ya la confección del plan y la Junta confeccionaría el plan, en discusión con todos los organismos, cuando se tratara de un plan anual, pero sobre la base de un plan perspectivo en el cual pudieran tomarse en cuenta los principales organismos como asesores.
Nosotros hemos funcionado como si esa ficción fuera real pero, en la práctica, ¿qué sucedía?: el pretendido traslado de ideas de desarrollo por el Gobierno era simplemente una recopilación de algunas ideas sueltas que la Junta armonizaba poniendo las propias y elevaba al Gobierno. Tras un análisis extremadamente superficial, se aprobaban estas líneas de desarrollo, a veces cambiando determinadas cosas, siempre sobre un plan anual ya que todos los planes perspectivos han fracasado antes de comenzar. La Junta comenzaba a hacer sus planes con la idea de restringir el desbalance pero, al mismo tiempo, recibiendo las presiones de todos los organismos productivos y no productivos. De tal manera, el plan quedaba muy desbalanceado, se hacía tarde y había que correr al extranjero a pedir desbalances, ayudas, comprensión, etc., etc. Luego la Junta se encargaba de complicar las cosas con sus propios errores.
Creo que hemos cometido muchos errores de tipo económico. El primero de ellos, el más importante, es la improvisación con que hemos llevado a cabo nuestras ideas que ha dado por resultado una política de bandazos. Improvisación y subjetivismo, diría yo. De tal manera que se daban metas que conllevaban crecimientos imposibles. En los primeros momentos estos crecimientos imposibles se planeaban de una forma orgánica con la base de modelos globales en los que se preveían crecimientos hasta del 15 o el 20% anual. Después esto cambió pero la dispersión y falta de centralización de decisiones económicas permitía que cada uno de los organismos impulsara planes que, solos, eran factibles de realizar pero que, tomados todos en su conjunto, hacían imposible el cumplimiento de las metas trazadas; y es así cómo el llegar al 90% de un plan se considera en nuestro país una verdadera hazaña. Por esto también se han realizado una serie de inversiones no justificadas que variaban o suprimían antes de finalizar, pero también sin una justificación adecuada. Casos como estos tenemos en el fomento del arroz y su posterior restricción, el fomento del maíz y su posterior restricción, el del millo, el del algodón, el de los cerdos, ciertas inversiones en vacunos que no me parecen justificadas, las de la pesca y una buena parte de la política avícola. Todo esto en el campo de la agricultura.
En el campo de la industria hemos cometido errores parecidos en cuanto a las inversiones. La Antillana de Acero, por ejemplo, es un monstruo que empezó, como empezamos siempre, a ser dibujado por la nariz; —ahora las patas del monstruo no caben en el papel—. La política de desarrollo de cemento, basada en una concepción de desarrollo global muy grande y que ha demostrado ser excesiva. La creación de fábricas conserveras que no trabajan actualmente. Otras fábricas que requieren materias primas importadas del área dólar, sin resolver realmente problemas. La más representativa de este tipo es el INPUD, aunque desde el punto de vista de la construcción y la racionalización de la producción es una de las mejores que hemos hecho: pero hay un sinnúmero de ellas que todos conocemos y que tienen las características apuntadas.
Muchas veces, se suma el tener una tecnología muy atrasada, por ejemplo, los radios polacos. Para colmo íbamos a cometer el mismo error en la televisión, hasta que lo paramos. Todas estas son inversiones que hay que pagarlas y pagarlas caras. Dentro de este grupo podría poner la construcción de barcos pesqueros que no se justifica en el momento actual por el alto precio de la madera y su carencia; creo podría ser justificado el hierro, aun cuando saliera más caro que las del mercado mundial, siempre y cuando fuera tomado como una línea de desarrollo que daría pérdidas hoy como parte del aprendizaje.
También en este capítulo de las inversiones no justificadas, vemos la adquisición de barcos de travesía en momentos en que la empresa no tiene una organización para hacerle frente al aumento de sus unidades. Por eso, los barcos que debían ser nuestros salvadores de divisas se han convertido en una fuente más de gastos, prácticamente sin resolver problemas. Aun cuando eran más perentorias las necesidades, se puede decir lo mismo de la gran cantidad de ómnibus comprados cuando un mantenimiento adecuado podría haber solucionado algunos problemas; podríamos quizás, haber comprado menos ómnibus. La política del ganado, sin las condiciones mínimas para aclimatarlo, en la época pasada, tiene estas características, así también como los barcos pesqueros que son comprados en cantidades excesivas para nuestra capacidad organizativa. Y hay otras menores; podríamos citar el turismo que en una época se pensó sería la gran fuente de divisas y donde se han enterrado bastantes millones de pesos.
Además, se tomaban líneas de acción general falsas. Podíamos [sic] citar en la industria, el caso de la sustitución de importaciones, que fue la primera política llevada a cabo por nosotros; la pretensión de un autoabastecimiento ilusorio por ahora; los conocidos errores de la demolición de la caña, del pienso importado para vacunos y cerdos. Creo también que la compra de fertilizantes a precios fabulosos responde a una política no bien meditada y la supresión de algunas exportaciones que habitualmente hacíamos y que fácilmente podríamos haber mantenido; en este momento se me ocurren los mariscos, algunos tipos de tabacos, la soga de henequén.
Insisto en que aun cuando se haga una división de todos estos errores en más o menos graves, más o menos fatales, lo fundamental está dado por la política de bandazos y la política de bandazos está dada por el tratamiento superficial por un lado y subjetivo por otro, de todos los problemas de la economía. Sin embargo, la economía ha demostrado que tiene una serie de leyes y que violentarlas cuesta muy caro.
Se pueden apuntar otras series de errores de tipo menor, claro que a veces han incidido mucho en nuestra gestión económica, por ejemplo, la falta de exigencia de responsabilidad en los cuadros de dirección, que no se vigilan, por lo tanto, no se critican a tiempo y se retiran violentamente después. Esto es parte de los grandes problemas que tiene el Estado que pienso abordar también.
Hemos visto también una política de gasto alegre que de pronto debe ser corregida y lo es con una drasticidad terrible, lesionando
muy duramente la economía pues ya no se puede hacer una discriminación suficiente en el momento de realizar los cortes.
En general, se puede decir que ha faltado la conciencia de la organización como uno de los pilares del desarrollo; cuando el caos administrativo es extremo se va hacia ciertos cambios de estructura, se realizan congelaciones o acciones intermedias buscando soluciones, otras veces se quitan los cuadros de dirección. Esto último significa alguna mejoría; evidentemente, un cuadro bueno trabaja infinitamente mejor que un cuadro mediocre o malo, pero también hay que tener en cuenta que por bueno que sea el cuadro si el marco organizativo general se lo impide solamente podrá rendir una tarea limitada.
Los niveles de decisión están muy indefinidos; personalmente esta ha sido una de mis preocupaciones en todo el período de ministro de Industrias, pero realmente solamente hemos tenido éxito aquí hasta la definición del nivel de Director y, en algunos casos, Jefes de Departamentos; más abajo, en los centros de producción, ha habido bastante indefinición que nosotros hemos resuelto por la vía de centralización administrativa, muchas veces excesiva.
En otros organismos productivos la indefinición creo que ha sido mayor aún pero al no existir tampoco una disciplina administrativa la anarquía ha sido total; las soluciones individuales a problemas únicos han estado a la orden del día y a veces han provocado una actitud contemplativa de las unidades de producción esperando a ver qué pasaba.
Todo este maremágnum organizativo se ha dejado sentir muy especialmente en la esfera de los servicios y la agricultura donde los cambios de estructura han sido más profundos; por lo menos han sido mucho más profundos que en la industria donde se ha conservado la anterior estructura; en todo caso se han consolidado fábricas, se han hecho unidades mayores, se han anulado otras, pero conservando un sistema organizativo. En aquellos ha habido que cambiar prácticamente todo y los resultados realmente han sido desastrosos hasta el momento. Por todas estas causas, la información no ha fluido con la suficiente corrección y por ende el control ha fallado totalmente. A veces hemos pretendido resolver el problema de la organización mediante esquemas —los famosos organogramas que tanto odias—, y la creación de cargos para ocupar el huequito del organograma, sin atención a la capacidad del cuadro y sin que haya existido en muchos aspectos un adecuado sistema de formación del personal en su puesto de trabajo. Yo sé que tu argumento es que en los lugares donde tú te has ocupado eso no ha sucedido, cosa que es real, pero creo que si tú haces un pequeño análisis convendrías conmigo en que no se te puede admitir porque eres el Jefe del Estado y hasta hace poco responsable directo de la economía en Juceplan. Tus éxitos aislados no hacen más que resaltar lo que podría haberse hecho con una política de conjunto en los aspectos fundamentales.
A todo esto hay que agregar los errores de la Junta Central de Planificación. Como ya dijimos, el error primero ha consistido en copiar de los checos su sistema organizativo (ellos hoy lo han desechado pero a nosotros eso no nos debe preocupar, porque lo han desechado por uno mucho peor y claramente capitalista, pero sí el hecho de que se consideraba la posibilidad de control extremo de toda una serie de índices que la organización cubana no estaba en posibilidades de hacer).
La Juceplan la concibo yo como un órgano de elaboración de la política económica del Gobierno, en forma concreta y de control de la misma en sus diversos aspectos. El grado en que se pueda hacer esta elaboración y este control, no se puede precisar, o yo no la puedo precisar, en una forma concreta y creo que el desconocer precisamente estos grados nos ha llevado a la situación actual. Pero para tener estas funciones la Junta debía tener una capacidad ejecutiva de la que ha carecido todo el tiempo y de la cual, incluso, carece hoy.
La Junta ha sido incapaz de dirigir la economía. Todos hemos visto esa incapacidad. En determinado momento, creo, era fatal que eso ocurriera, pero ninguno de los que hemos pasado por la Junta fuimos capaces de organizar lo que en un momento yo pretendí hacer: Un aparato de control y análisis lo suficientemente serio como para que en un momento dado, naturalmente, cayera en sus manos la dirección de la economía al demostrarse por la continuidad de su trabajo, de sus advertencias y de sus análisis, las razones que tenía.
Los métodos de cálculo son viejos en este momento; la revolución técnica ha llegado también a la economía: los nuevos métodos matemáticos permiten análisis mucho más profundos. Además, hay una buena parte de la economía burguesa de la cual se pueden extraer herramientas de cálculo que hasta hoy la economía socialista ha ignorado y de la cual ha ido a extraer solamente el más negativo y significativamente capitalista, como es la herramienta del control por el mercado.
De este modo frente a organismos que avanzaban en la elaboración de sus planes y conocían concretamente sus realidades, las advertencias globales, presuntuosas y falta de realidad, de la Junta, no hacían sino quitarle prestigio. Desde aquel primer episodio de los 24 millones de pares de zapatos y la enorme exportación de madera, prevista por el primer plan, hasta hoy, el descrédito de la Junta ha ido creciendo y los cuadros intermedios ya han perdido totalmente la fe. Tú no conoces lo que son los maratones terribles para cumplir los planes en tiempo y forma (como se dice en nuestro lenguaje) y que yo he obligado a todos los niveles del Ministerio a realizar siempre, pero en todos, incluyéndome a mí, estaba clara la idea de que ese plan iba a ser modificado aun antes que acabara de realizarse y, efectivamente, sucedía así.
Por eso todos los encargados de la economía del país, en las distintas esferas de la producción, sienten un desengaño muy grande y tienen una falta creciente de fe en la autoridad central. Hoy, con la incorporación de [Osvaldo] Dorticós, han habido algunos cambios de tipo cualitativo con respecto a esa autoridad y, además, cambios específicos en cuanto a los métodos de relación pero todavía no se puede hacer sentir más allá y si no hay cambios estructurales y conceptuales —estructurales que correspondan a un nuevo concepto— que a su vez engarcen con la realidad del país, y si no se le da a la Junta la real autoridad ejecutiva que necesita, mientras está encargada de la confección de los planes, seguiremos un camino parecido.
Hoy la Junta recibe una cantidad bastante apreciable de datos económicos, por mi experiencia de Industrias sé que bastan para análisis muy profundos, sin embargo, la capacidad de análisis de la Junta, que siempre ha sido muy escasa, se mantiene en niveles cercanos al cero. Eso sin contar con que la misma estructura o, digamos, los mismos cuadros del aparato en sus partes superiores, son incapaces de ayudar a Dorticós en la realización práctica de los planes por ínfimos que sean. El individualismo más absoluto y la política de camarillas han deformado totalmente la estructura de la Junta. A tal punto es grave esto que ha llegado a tapar el problema principal; es decir, la Junta como organismo ineficaz, desorganizado, lleno de rencillas y pugnas, está en un marasmo tal que a veces se ha pensado que es el aspecto fundamental y, en realidad, el aspecto fundamental y que incide mucho sobre estas cuestiones secundarias, es el que no dirige la economía; de tal manera, que aun cuando las reestructuraciones son buenas, nos acercan a una mejor organización etc., etc., no se puede decir de ninguna manera, que simplemente por la estructuración de la Junta como aparato, va a mejorar las cosas.
No puedo hablar de los nuevos proyectos de reorganización aunque en principio me parecen correctos, porque no los conozco lo suficiente, pero de todas maneras, sí hay que apuntar que no es este el aspecto fundamental, aunque es bastante importante, sino la verdadera autoridad que vaya a tener el organismo encargado de hacer los planes y de controlarlos y su capacidad para poder imponerse a los ejecutores.
Otro de los capítulos más importante de nuestros errores es el que corresponde a Comercio Exterior [MINCEX].
No vale la pena hablar de los errores prácticos, el lío de las divisas, es simplemente la consecuencia de una total desorganización y falta de visión de la Junta, el Banco y Comercio Exterior, en este caso.
Nosotros hemos entendido el Comercio Exterior como un organismo encargado de entregar azúcar por donde quiera, y de comprar cosas. Y es verdad que el azúcar es nuestro producto fundamental, pero precisamente esa política ha sido ciega a las necesidades más elementales de nuestra economía. Nosotros tenemos una economía abierta; seguimos manteniendo esa estructura y la tendremos que mantener durante mucho tiempo. La incidencia del mercado exterior, de los abastecimientos externos en la industria, es realmente importante: alcanza al 19% de la producción industrial bruta del Ministerio. De tal manera, que una reducción en el Comercio Exterior incide inmediatamente en la industria, en la agricultura, en las inversiones, en el comercio interior, transporte, etc.
Nuestra débil y, además, deformada base industrial no permite suministrar a la agricultura ni al pueblo en general y hay que comprar productos en el exterior. Pero los balances no han existido en Cuba revolucionaria; y aun cuando el método de balances pueda llamarse artesanal, tiene sus beneficios; como concepto hay que utilizarlo. Nosotros separamos en compartimentos estancos las importaciones y las exportaciones: las exportaciones eran la suma del azúcar que podrá producirse más la suma de algunos otros productos que quisieran entregar los productores, el INRA y nosotros, y las importaciones eran la suma de lo que necesitaba cada uno de los organismos que tenía alguna fuerza (y casi todos han tenido fuerza porque en casi todos ha habido algún plan especial que hay que hacer). Ahora estamos endeudados grandemente y, lo que es peor, endeudados por comida, por uso de trenes de consumo directo, o por inversiones mal concebidas; de manera que nuestra deuda no podrá ser recuperada nunca con el mayor aporte que dieran nuestras instalaciones hechas con el préstamo que provocara la deuda.
Nuestra capacidad de importación disminuyó notablemente por la falta de azúcar y sin embargo, no buscamos hasta el último rincón para tratar de sacar un pesito más en cada cosa. Comercio Exterior ha hecho una política de grandes ventas en grandes clientes; se despreocupa totalmente del pequeño proveedor o consumidor, que, además, puede ser eventualmente un mercado que se pueda complementar con el nuestro y, en África es posible hacer esto, por ejemplo; creo que en Europa y en otros lados también, pero en África, me consta que se podrían haber hecho pequeñas operaciones que no hubieran significado nada frente a las monstruosas cifras de nuestro comercio exterior, pero que hubieran sido un paso que podría haber sido seguido de otro y otro.
Nuestro Comercio Exterior fue incapaz de planificar a largo plazo. Es verdad que las limitaciones de los planes anuales de comercio —la más macabra forma de inmovilización de la economía que se puede inventar— han tarado mucho su trabajo, pero no ha tenido agilidad para crear lo que viene cayéndose de la mata desde hace años: un flujo continuo de una serie de materias primas fundamentales, tal como se hace en el petróleo, por ejemplo, donde ya el problema se reduce a ajustar cantidades cada año pero ya están asignados los montos fundamentales. Eso se puede hacer con todos los países del mundo; también los capitalistas en este sentido planifican.
En resumen, faltó a toda nuestra economía el concepto del comercio exterior como su piedra fundamental y al faltar este concepto vino todo el resto.
Debe cambiarse la orientación dada y hacer de cada dólar conseguido o ahorrado nuestra tarea número uno y, en segundo lugar, ahorro en los gastos de convenio pero atendiéndolos también y sin despilfarrar recursos.
Hasta ahora no se ha seguido una rigurosísima política para ir buscando la suplantación del dólar por una divisa de convenio en primer lugar y luego el análisis de las posibilidades internas de sustitución.
El MINCEX puede hacer mucho, pero no solo; debe estar jerarquizado y engarzado en el aparato de la economía interna, conducido realmente por la Juceplan. El método establecido en Industrias que permite la inspección total de la producción exportable de tabaco por el MINCEX debe ampliarse a todas las relaciones del aparato de comercio exterior con la economía interna y viceversa, esta debe poder inspeccionar la gestión externa del MINCEX y ayudarlo. Este sistema de relaciones debería implantarse también en la economía interna entre sí de manera que Industrias controle producciones del INRA que le son necesarias (como el tabaco en rama, por ejemplo) y el INRA las suyas (maquinarias agrícolas, etc.).
Aun cuando ya he hablado de las inversiones no justificadas, quisiera recalcar también, como un caso específico que retrata todo nuestro panorama económico, la forma en que se realizan las inversiones. Nosotros empezamos a pagar los equipos a los países socialistas inmediatamente después que firmamos contratos; esos contratos se cumplen y el producto se embarca, durmiendo después años en distintos almacenes o al aire libre en el país mientras la fuerza de trabajo, el equipo o los materiales que estaban destinados a realizar esa obra se trasladan de urgencia para hacer otra de último momento; se paralizan obras cuyo equipo se está pagando al extranjero para hacer otras que, desgraciadamente, muchas veces no sirven para nada. No vale la pena ponerse a dar ejemplos que todos conocemos, lo importante es lograr que se tenga la disciplina mínima de no imponer al MICONS una sola obra más sobre el plan, si no se compromete a hacerla sin tocar las que están (salvo, naturalmente, que sea un problema de extraordinaria urgencia real). No olvidarse tampoco que la gente tiene que vivir en una casa y que estamos haciendo cada vez menos casas, gastando cada vez menos en casas, pero cada casa, individualmente, cuesta más, de manera que nuestros índices están rebajándose constantemente y este estado de cosas hay que cambiarlo.
Ahora pasaré a exponerte con toda la brevedad y la síntesis de que sea capaz nuestras ideas sobre el Sistema Presupuestario.
Estas ideas nacen de una experiencia práctica y después se han convertido en teoría. Por razones de exposición, haré aquí unas consideraciones históricas, en primer lugar, para tratar de redondear la concepción.
Marx establecía dos períodos para llegar al comunismo, el período de transición, también llamado socialismo o primer período del comunismo, y el comunismo o comunismo plenamente desarrollado. Partía de la idea que el capitalismo en su conjunto se vería abocado a una ruptura total después de alcanzar un desarrollo en el cual las fuerzas productivas chocarían con las relaciones de producción, etc. y entrevió ese primer período llamado socialismo al que no dedicó mucho tiempo, pero en la Crítica del Programa de Gotha, lo describe como un sistema donde ya están suprimidas una serie de categorías mercantiles, producto de que la sociedad completamente desarrollada ha pasado a la nueva etapa. Después viene Lenin, su teoría del desarrollo desigual, su teoría del eslabón más débil y la realización de esa teoría en la Unión Soviética y con ello se implanta un nuevo período no previsto por Marx. Primer período de transición o período de la construcción de la sociedad socialista, que se transforma después en sociedad socialista para pasar a ser la sociedad comunista en definitiva. Este primer período, los soviéticos y los checos pretenden haberlo superado; creo que objetivamente no es así, desde el momento en que todavía existen una serie de propiedades privadas en la Unión Soviética y, por supuesto, en Checoslovaquia. Pero lo importante no es esto sino que la economía política de todo este período no se ha creado y, por tanto, estudiado. Después de muchos años de desarrollo de su economía en una dirección dada, convirtieron una serie de hechos palpables de la realidad soviética en presuntas leyes que rigen la vida de la sociedad socialista, creo que aquí es donde está uno de los errores más importantes. Pero el más importante, en mi concepto, se establece en el momento en que Lenin, presionado por el inmenso cúmulo de peligros y de dificultades que se cernían sobre la Unión Soviética, el fracaso de una política económica, sumamente difícil de llevar por otro lado, vuelve sobre sí y establece la NEP dando entrada nuevamente a viejas relaciones de producción capitalista. Lenin se basaba en la existencia de cinco estadios en la sociedad zarista, heredados por el nuevo estado.
Lo que es necesario destacar es una existencia claramente definida, de por lo menos dos Lenin (tal vez tres), completamente distintos: aquel cuya historia acaba específicamente en el momento en que escribe el último párrafo de El Estado y la Revolución donde dice que es mucho más importante hacerla que hablar de ella y el subsiguiente en que tiene que afrontar los problemas reales. Nosotros apuntábamos que había probablemente un período intermedio de Lenin en el cual todavía no se ha retractado de todas las concepciones teóricas que guiaron su acción hasta el momento de la revolución. En todo caso, del año 21 en adelante, y hasta poco antes de su muerte, Lenin comienza la acción conducente a hacer la NEP y a llevar todo el país a las relaciones de producción que configuran lo que Lenin llamaba capitalismo de Estado, pero que en realidad también puede llamarse capitalismo premonopolista en cuanto al ordenamiento de las relaciones económicas. En los últimos períodos de la vida de Lenin, leyendo con atención, se observa una gran tensión; hay una carta muy interesante al Presidente del Banco, donde se ríe de presuntas utilidades de este y hace una crítica de los pagos entre empresas y las ganancias entre empresas (papeles que pasan de un lugar a otro). Ese Lenin, agobiado también por las divisiones que ve dentro del partido desconfía del futuro. Aunque sea algo absolutamente subjetivo, me da la impresión de que si Lenin hubiera vivido para dirigir el proceso del cual era el actor principal y que tenía totalmente en las manos, hubiera ido variando con notable celeridad las relaciones que estableció la Nueva Política Económica. Muchas veces, en esa última época, se hablaba de copiar del capitalismo algunas cosas, pero en el capitalismo, en ese momento, estaban en auge algunos aspectos de la explotación tales como el taylorismo que hoy no existen; en realidad, el taylorismo no es otra cosa que el stajanovismo, trabajo a destajo simple y puro o, mejor dicho, el trabajo a destajo vestido con una serie de oropeles y ese tipo de pago fue descubierto en el primer plan de la Unión Soviética como una creación de la sociedad soviética. El hecho real es que todo el andamiaje jurídico económico de la sociedad soviética actual parte de la Nueva Política Económica; en esta se mantienen las viejas relaciones capitalistas, se mantienen las viejas categorías del capitalismo, es decir, existe la mercancía, existe, en cierta manera, la ganancia, el interés que cobran los bancos y, naturalmente, existe el interés material directo de los trabajadores. En mi concepto todo este andamiaje pertenece a lo que podríamos llamar, como ya he dicho, un capitalismo premonopolista. Todavía las técnicas de dirección y las concentraciones de capitales no eran en la Rusia zarista tan grandes como para haber permitido el desarrollo de los grandes trusts. Estaban en la época de fábricas aisladas, unidades independientes, cosa prácticamente imposible de encontrar en la industria norteamericana de hoy día, por ejemplo. Es decir, hoy, en los Estados Unidos, solamente hay tres firmas que producen automóviles: la Ford, la General Motors y el conjunto de todas las pequeñas empresas — pequeñas para el carácter de los Estados Unidos— que se unieron entre sí para tratar de sobrevivir. Nada de eso sucedía en la Rusia de aquella época, pero ¿cuál es el defecto fundamental de todo el sistema? Que limita la posibilidad del desarrollo mediante la competencia capitalista pero no liquida sus categorías ni implanta nuevas categorías de un carácter más elevado. El interés material individual era el arma capitalista por excelencia y hoy se pretende elevar a la categoría de palanca de desarrollo, pero está limitado por la existencia de una sociedad donde no se admite la explotación. En estas condiciones, el hombre no desarrolla todas sus fabulosas posibilidades productivas, ni se desarrolla él mismo como constructor consciente de la sociedad nueva.
Y para ser consecuentes con el interés material, este se establece en la esfera improductiva y en la de los servicios. Entonces surgen los grandes mariscales con salarios de grandes mariscales, los burócratas, las dachas y las cortinitas en los automóviles de los jerarcas. Esa es la justificación, tal vez, del interés material a los dirigentes, principio de la corrupción, pero de todas maneras, es consecuente con toda la línea del desarrollo adoptada en donde el estímulo individual viene siendo la palanca motora porque es allí, en el individuo, donde, con el interés material directo, se trata de aumentar la producción o la efectividad.
Este sistema tiene, por otra parte, trabas serias en su automaticidad; la ley del valor no puede jugar libremente porque no tiene un mercado libre donde productores rentables y no rentables, eficientes y no eficientes, compitan y los no eficientes mueran de inanición. Es necesario garantizar una serie de productos a la población, de precios a la población, etc., etc., y cuando se resuelve que la rentabilidad debe ser general para todas las unidades, se cambia el sistema de precios, se establecen nuevas relaciones y se pierde totalmente la relación con el valor del capitalismo que, todavía, a pesar del período monopólico, mantiene su característica fundamental de guiarse por el mercado y de ser una especie de circo romano donde los más fuertes vencen (en este caso los más fuertes son los poseedores de la técnica más alta). Todo esto ha ido conduciendo a un desarrollo vertiginoso del capitalismo y a una serie de técnicas nuevas totalmente alejadas de las viejas técnicas de producción. La Unión Soviética compara su adelanto con los Estados Unidos y habla de que se produce más acero que en ese país, pero en los Estados Unidos no ha habido paralización del desarrollo.
¿Qué sucede entonces? Simplemente que el acero no es ya el factor fundamental para medir la eficiencia de un país, porque existe la química, la automatización, los metales no ferrosos y además de eso hay que ver la calidad de los aceros. Estados Unidos produce menos pero produce una gran cantidad de acero de calidad muy superior. La técnica ha quedado relativamente estancada, en la inmensa mayoría de los sectores económicos soviéticos. ¿Por qué? Porque hubo que hacer un mecanismo y darle automaticidad, establecer las leyes del juego donde el mercado no actúa ya con su implacabilidad capitalista, pero los mecanismos que se idearon para reemplazarlos son mecanismos fosilizados y allí empieza el desbarajuste tecnológico. Falta del ingrediente de la competencia, que no ha sido sustituido, tras los brillantísimos éxitos que obtienen las sociedades nuevas gracias al espíritu revolucionario de los primeros momentos, la tecnología deja de ser el factor impulsor de la sociedad. Esto no sucede en la rama de la defensa. ¿Por qué? Porque es una línea donde no existe la rentabilidad como norma de relación y donde todo está puesto estructuradamente al servicio de la sociedad para realizar las más importantes creaciones del hombre para su supervivencia y la de la sociedad en formación. Pero aquí vuelve a fallar el mecanismo; los capitalistas tienen muy unido el aparato de la defensa al aparato productor, ya que son las mismas compañías, son negocios gemelos y todos los grandes adelantos obtenidos en la ciencia de la guerra pasan inmediatamente a la tecnología de la paz y los bienes de consumo dan saltos de calidad verdaderamente gigantescos. En la Unión Soviética nada de eso pasa, son dos compartimentos estancos y el sistema de desarrollo científico de la guerra sirve muy limitadamente para la paz.
Estos errores, excusables en la sociedad soviética, la primera en iniciar el experimento, se trasplantan a sociedades mucho más desarrolladas o, simplemente distintas y se llega a un callejón sin salida provocando reacciones de los otros estados. El primero en revolverse fue Yugoslavia, luego le siguió Polonia y en ese sentido ahora son Alemania y Checoslovaquia, dejando de lado, por características especiales a Rumanía. ¿Qué sucede ahora? Se rebelan contra el sistema pero nadie ha buscado donde está la raíz del mal; se le atribuye a esa pesada lacra burocrática, a la centralización excesiva de los aparatos, se lucha contra la centralización de esos aparatos y las empresas obtienen una serie de triunfos y una independencia cada vez mayor en la lucha por un mercado libre.
¿Quiénes luchan por esto? Dejando de lado a los ideólogos, y los técnicos que, desde un punto de vista científico analizan el problema, las propias unidades de producción, las más efectivas claman por su independencia. Esto se parece extraordinariamente a la lucha que llevan los capitalistas contra los estados burgueses que controlan determinadas actividades. Los capitalistas están de acuerdo en que algo debe tener el Estado, ese algo es el servicio donde se pierde o que sirve para todo el país, pero el resto debe estar en manos privadas. El espíritu es el mismo; el Estado, objetivamente, empieza a convertirse en un estado tutelar de relaciones entre capitalistas. Por supuesto, para medir la eficiencia se está utilizando cada vez más la ley del valor, y la ley del valor es la ley fundamental del capitalismo; ella es la que acompaña, la que está íntimamente ligada a la mercancía, célula económica del capitalismo. Al adquirir la mercancía y la ley del valor sus plenas atribuciones, se produce un reajuste en la economía de acuerdo con la eficiencia de los distintos sectores y unidades y aquellos sectores o unidades que no son lo suficientemente eficientes desaparecen.
Se cierran fábricas y emigran trabajadores yugoslavos (y ahora polacos) a los países de Europa Occidental en plena expansión económica. Son esclavos que los países socialistas envían como una ofrenda al desarrollo tecnológico del Mercado Común Europeo.
Nosotros pretendemos que nuestro sistema recoja las dos líneas fundamentales del pensamiento que deben seguirse para llegar al comunismo. El comunismo es un fenómeno de conciencia, no se llega a él mediante un salto en el vacío, un cambio de la calidad productiva, o el choque simple entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción. El comunismo es un fenómeno de conciencia y hay que desarrollar esa conciencia en el hombre, de donde la educación individual y colectiva para el comunismo es una parte consustancial a él. No podemos hablar en términos cuantitativos económicamente; quizás nosotros podamos estar en condiciones de llegar al comunismo dentro de unos años, antes que los Estados Unidos hayan salido del capitalismo. No podemos medir en términos de ingreso per cápita la posibilidad de entrar al comunismo; no hay una identificación total entre estos ingresos y la sociedad comunista. China tardará centenares de años en tener el ingreso per cápita de los Estados Unidos. Aún si consideramos que el ingreso per cápita es una abstracción, midiendo el salario medio de los obreros norteamericanos, cargándole los desocupados, cargándole los negros, todavía ese nivel de vida es tan alto que a la mayoría de nuestros países le costará mucho llegar a él. Sin embargo, vamos caminando hacia el comunismo.
El otro aspecto es el de la técnica; conciencia más producción de bienes materiales es comunismo. Bien, pero qué es la producción si no el aprovechamiento cada vez mayor de la técnica; y qué es el aprovechamiento cada vez mayor de la técnica si no el producto de una concentración cada vez más fabulosa de capitales, es decir, una concentración cada vez más grande de capital fi jo o trabajo congelado con relación al capital variable o trabajo vivo. Este fenómeno se está produciendo en el capitalismo desarrollado, en el imperialismo. El imperialismo no ha sucumbido gracias a su capacidad de extraer ganancias, recursos, de los países dependientes y exportarles conflictos, contradicciones, gracias a la alianza con la clase obrera de sus propios países desarrollados contra el conjunto de los países dependientes. En ese capitalismo desarrollado están los gérmenes técnicos del socialismo mucho más que en el viejo sistema del llamado Cálculo Económico que es, a su vez, heredero de un capitalismo que ya está superado en sí mismo y que, sin embargo, ha sido tomado como modelo del desarrollo socialista. Debiéramos, pues, mirar en el espejo donde se están reflejando una serie de técnicas correctas de producción que todavía no han chocado con sus relaciones de producción. Podría argumentarse que no lo han hecho por la existencia de este desahogo que es el imperialismo en escala mundial pero, en definitiva, esto traería algunas correcciones en el sistema y nosotros solamente tomamos las líneas generales. Para dar una idea de la extraordinaria diferencia práctica que existe hoy entre el capitalismo y el socialismo se puede citar el caso de la automatización; mientras en los países capitalistas la automatización avanza a extremos realmente vertiginosos, en el socialismo están mucho más atrasados. Se podría argumentar sobre una serie de problemas que afrontarán los capitalistas en el futuro inmediato, debido a la lucha de los trabajadores contra la desocupación, cosa aparentemente exacta, pero lo cierto es que hoy el capitalismo se desarrolla en ese camino más rápidamente que el socialismo.
La Standard Oil por ejemplo, si necesita remozar una fábrica, la para y le da una serie de compensaciones a los trabajadores. Un año está la fábrica parada, pone los nuevos equipos y echa a andar con una eficiencia mayor. ¿Qué sucede en la Unión Soviética, hasta ahora? En la Academia de Ciencias de ese país hay acumulados centenares y tal vez miles de proyectos de automatización que no pueden ser puestos en práctica porque los directores de las fábricas no se pueden permitir el lujo de que su plan se caiga durante un año y como es un problema de cumplimiento del plan, si le hacen una fábrica automatizada le exigirán una producción mayor, entonces no le interesa fundamentalmente el aumento de productividad. Claro que se podría solucionar esto desde el punto de vista práctico, dando mayores incentivos a las fábricas automatizadas; es el sistema Libermann y los sistemas que se están empezando a implantar en Alemania Democrática, pero todo esto indica el grado de subjetivismo en que se puede caer y la falta de precisión técnica en el manejo de la economía. Hay que sufrir golpes muy duros de la realidad para empezar a cambiar; y siempre cambia el aspecto externo, el más llamativamente negativo, pero no la esencia real de todas las dificultades que existen hoy que es una falsa concepción del hombre comunista, basada en una larga práctica económica que tenderá y tiende a hacer del hombre un elemento numérico de producción a través de la palanca del interés material.
En la parte técnica, nuestro sistema trata de tomar lo más avanzado de los capitalistas y por lo tanto debe tender a la centralización. Esta centralización no significa un absoluto; para hacerla inteligentemente debe trabajarse de acuerdo con las posibilidades. Podría decirse, centralizar tanto como las posibilidades lo permitan; eso es lo que guía nuestra acción. Esto permite un ahorro de administración, de mano de obra, permite una mejor utilización de los equipos ciñéndonos a técnicas conocidas. No es posible hacer una fábrica de zapatos que, instalada en La Habana, reparta ese producto a toda la república porque hay un problema de transporte de por medio. La utilización de la fábrica, su tamaño óptimo, está dado por los elementos de análisis técnico-económicos.
Tratamos de ir a la eliminación, en lo posible, de las categorías capitalistas, por lo tanto nosotros no consideramos un acto mercantil el tránsito de un producto por fábricas socialistas. Para que esto sea eficaz debemos hacer toda una reestructuración de los precios. Eso está publicado por mí, no tengo más que agregar a lo poco que hemos escrito, salvo que hay que investigar mucho sobre estos puntos.
En resumen, eliminar las categorías capitalistas: mercancía entre empresas, interés bancario, interés material directo como palanca, etc. y tomar los últimos adelantos administrativos y tecnológicos del capitalismo, esa es nuestra aspiración.
Se nos puede decir que todas esas pretensiones nuestras equivaldrían también a pretender tener aquí, porque los Estados Unidos lo tienen, un Empire State y es lógico que nosotros no podemos tener un Empire State pero, sin embargo, sí podemos tener muchos de los adelantos que tienen los rascacielos norteamericanos y técnicas de fabricación de esos rascacielos aunque los hagamos más chiquitos. No podemos tener una General Motors que tiene más empleados que todos los trabajadores del ministerio de Industrias en su conjunto, pero sí podemos tener una organización, y, de hecho la tenemos, similar a la General Motors. En este problema de la técnica de administración va jugando la tecnología; tecnología y técnica de administración han ido variando constantemente, unidas íntimamente a lo largo del proceso del desarrollo del capitalismo, sin embargo, en el socialismo se han dividido como dos aspectos diferentes del problema y uno de ellos se ha quedado totalmente estático. Cuando se han dado cuenta de las groseras fallas técnicas en la administración, buscan en las cercanías y descubren el capitalismo.
Recalcando, los dos problemas fundamentales que nos afligen, en nuestro Sistema Presupuestario, son la creación del hombre comunista y la creación del medio material comunista, dos pilares que están unidos por medio del edificio que deben sostener.
Nosotros tenemos una gran laguna en nuestro sistema; cómo integrar al hombre a su trabajo de tal manera que no sea necesario utilizar eso que nosotros llamamos el desestímulo material, cómo hacer que cada obrero sienta la necesidad vital de apoyar a su revolución y al mismo tiempo que el trabajo es un placer; que sienta lo que todos nosotros sentimos aquí arriba.
Si es un problema de campo visual y solamente le es dable interesarse por el trabajo que hace a quien tiene la misión, la capacidad del gran constructor, estaríamos condenados a que un tornero o una secretaria nunca trabajaran con entusiasmo. Si la solución estuviera en la posibilidad de desarrollo de ese mismo obrero en el sentido material, estaríamos muy mal.
Lo cierto es que hoy no existe una plena identificación al trabajo y creo que parte de las críticas que se nos hacen son razonables, aunque el contenido ideológico de esa crítica no lo es. Es decir, se nos critica el que los trabajadores no participan en la confección de los planes, en la administración de las unidades estatales, etc., lo que es cierto, pero de allí concluyen que esto se debe a que no están interesados materialmente en ellas, están al margen de la producción. El remedio que se busca para esto es que los obreros dirijan las fábricas y sean responsables de ellas monetariamente, que tengan sus estímulos y desestímulos de acuerdo con la gestión. Creo que aquí está el quid de la cuestión; para nosotros es un error pretender que los obreros dirijan las unidades; algún obrero tiene que dirigir la unidad, uno entre todos como representante de los demás, si se quiere, pero representante de todos en cuanto a la función que se le asigna, a la responsabilidad o el honor que se le confiere, no como representante de toda la unidad ante la gran unidad de Estado, en forma antagónica. En una planificación centralizada, correcta, es muy importante la utilización racional de cada uno de los distintos elementos de la producción y no puede depender de una asamblea de obreros o del criterio de un obrero, la producción que se vaya a hacer. Evidentemente, cuanto menos conocimiento exista en el aparato central y en todos los niveles intermedios, la acción de los obreros desde el punto de vista práctico es más útil.
Eso es real, pero también nuestra práctica nos ha enseñado dos cosas para nosotros axiomáticas; un cuadro técnico bien situado puede hacer muchísimo más que todos los obreros de una fábrica y un cuadro de dirección colocado en una fábrica puede cambiar totalmente las características de ellas, ya sea en uno y otro sentido. Los ejemplos son innumerables y, además, los conocemos en toda la economía no solo en este Ministerio. Otra vez se vuelve a plantear el problema. ¿Por qué un cuadro de dirección puede cambiar todo? ¿Por qué hace trabajar técnicamente, es decir, administrativamente mejor a todo el conjunto de sus empleados, o por qué da participación a todos los empleados de manera que estos se sientan con una nueva tónica, con un nuevo entusiasmo de trabajo o por una conjunción de estas dos cosas? Nosotros no hemos hallado respuesta todavía y creo que hay que estudiar un poco más esto. La respuesta tiene que estar íntimamente relacionada con la economía política de este período y el tratamiento que se les dé a estas cuestiones debe ser integral y coherente con la economía política.
¿Cómo hacer participar a los obreros? es una interrogante que no he podido responder. Considero esto como mi obstáculo más grande o mi fracaso más grande y es una de las cosas para pensar porque en ello también está implicado el problema del Partido y del Estado, de las relaciones entre el Partido y el Estado.
Pasaremos al tercero de los puntos con que amenacé: La función del Partido y del Estado.
Hasta ahora nuestro pobre Partido ha sido un muñeco armado al estilo soviético y que empezó a caminar al estilo soviético: como buen muñeco, empezó a hacer de las suyas en cuanto se topó con la porcelana y hemos resuelto el problema quitándole la cuerda. Ahora está en un rincón pero pretendemos reactivar ese muñeco y empieza a mover una pierna u otra; me atrevo a decir que, en cualquier momento, rompe otra loza más, porque hay problemas de fondo que no han sido correctamente tratados y que impiden su desarrollo.
En mi concepto, el Partido es un aparato que conjuga en sí la doble situación de ser el motor ideológico de la Revolución y su más eficiente sistema de control.
Por motor ideológico, entiendo, el hecho de que el Partido y sus miembros deben tomar las principales ideas directrices del Gobierno y transformarlas, a cada uno do los niveles, en impulsos directos sobre los organismos de ejecución o sobre los hombres.
Por aparato de control, el que las bases del Partido y sus organizaciones superiores, en grado sucesivo creciente, estén capacitados para presentar ante el Gobierno, la imagen de lo que realmente sucede en todo aquello que no dependa de la estadística o del análisis económico, es decir, la moral, la disciplina, los métodos de dirección, la opinión del pueblo, etc.
Para cumplir su cometido de motor ideológico, el Partido y cada miembro del Partido, debe ser vanguardia y, para ello, deben de presentar la imagen más cercana a lo que debe ser un comunista. Su nivel de vida, es decir, el nivel de vida de los miembros del Partido, nunca debe de exceder, ni como cuadros profesionales, ni como cuadros dentro de la producción, al que tengan sus iguales. La moral de un comunista es su galardón más preciado, su verdadera arma, por ello, hay que cuidarla, incluso, en los aspectos más íntimos de su vida; la parte práctica de esto, la forma en que el Partido debe conducir el cuidado de la moral individual, es uno de los puntos más difíciles de tratar pero es natural, que ni ladrones, ni oportunistas, ni fariseos…, puedan figurar en el Partido, cualesquiera que hayan sido sus méritos anteriores
En esta etapa, el cuadro revolucionario con sus cualidades morales como tarjeta de presentación por delante, tendrá que hacer esfuerzos fundamentales por crear la conciencia en las tres líneas más importantes: la capacitación, tanto técnica, como cultural o de profundización de la conciencia, la defensa del país, tanto armada como ideológica y la producción en todos sus aspectos: y, defendiendo estas tres líneas fundamentales e impulsando con su ejemplo debe participar en todos los planes nacionales, jerarquizando su acción en la medida en que el Gobierno la jerarquice. Todo esto buscando la manera de actuar de tal manera que siempre se tenga presente la lucha contra la tendencia a burocratizar el Partido, es decir, a convertirlo en un instrumento más de control estadístico del Gobierno, o en órgano de ejecución, o en órgano parlamentario, con muchos personajes a sueldo y muchas correderas en jeep, reuniones, etc. etc.
Es necesario desarrollar los cuadros del Partido para que cumplan su tarea de control.
El Partido, naturalmente, tiene que tener la organización propia, separada del Estado, aun cuando hoy ocasionalmente haya una serie de cargos en los cuales se mezclan Partido y Estado.
Como tareas inmediatas es necesario realizar la elección de los cuadros medios extraídos de la base por métodos parecidos a los empleados para la selección de los inferiores y la reestructuración de la Dirección Nacional, adaptándolos a las ideas que en este momento tengamos sobre el tema.
Una de las primeras tareas que tiene que analizar el Partido son sus relaciones con la Administración a todos los niveles. ¿Cuál será la relación que el Partido va a tener con el Gobierno? ¿Cuál la de las Direcciones Provinciales con los Gobierno Provinciales o JUCEI [Junta de Coordinación, Ejecución e Inspección] y los regionales y núcleos con sus correspondientes? Esta es casi la tarea fundamental, el punto central de la discusión y si podemos dilucidarlo habremos ya puesto una buena piedra para el adelanto de todo el aparato.
Hasta ahora he hecho una serie de consideraciones generales, buenas o malas, pero que no aportan nada al problema. Creo que es necesario realizar una serie de tareas concretas para que el Partido pueda ir jugando su papel. Me parece que uno de los puntos fundamentales en este momento es proceder a la selección de los cuadros medios y a la reestructuración de la Secretaría de Organización, de tal manera, que tenga realmente una especie de poder ejecutivo sobre todos los cuadros profesionales en todas las tareas de organización del Partido; esto se puede realizar rápidamente y buscar un sistema para proponerlo al Secretariado, devolviendo a la producción todos los cuadros medios que simplemente no dieran la talla. Al mismo tiempo, hay que considerar el desarrollo de los cuadros y para ello tiene que desarrollarse con una idea central del Partido. Si se acepta la que yo doy como definición de comunista, hay que establecer sistemas rígidos de disciplina, de control y de autocrítica que permitan ir desglosando todas las matas raquídeas dentro del Partido.
Se pueden tomar las principales tareas de la nación como fundamentales, después las principales tareas de los organismos como secundarias y el Partido tomar bajo su cargo el impulso do una serie de estas tareas. Para referirme a la industria: grupos de vanguardia, trabajadores de vanguardia que vayan a las fábricas más atrasadas. Los comunistas no deben ganar un plus salario, sino su salario habitual, o el medio, los comunistas de cualquier tipo que sean deben estar dispuestos a trasladarse de un lugar a otro del país cuando el Partido lo ordene. Quiere decir esto, que un comunista, contador en La Habana, tiene la obligación de trasladarse a Nicaro si el Partido lo ordena, dilucidando bien esta obligación como miembro del Partido y no como funcionario.
Debe procederse a la continua revisión de los miembros del Partido en asambleas periódicas para incluir candidatos nuevos y desechar los viejos, los que han demostrado debilidades grandes, estableciendo en todos aquellos casos en que las faltas no sean graves el status de candidato a miembro.
Establecer por el Secretariado de Organización un proyecto de organización del Partido en todo su conjunto, pero dividido en dos partes, una de las cuales abarque de las Direcciones Provinciales hacia abajo, de tal manera que, si por las circunstancias actuales no se admite la reestructuración propuesta se pueden iniciar trabajos serios de las Direcciones Provinciales hacia abajo, que para este trabajo se forme una comisión dirigida por la Secretaría de Organización y con participación de miembros de las provincias, ya sea una de cada provincia, o alguno elegido entre las distintas provincias.
Que la organización nombre un pequeño grupo de compañeros que trabajen en la creación de unos estatutos provisionales del Partido, que servirían para reglar su funcionamiento hasta que se convoque un congreso en el que se aprobará definitivamente el programa. Se deben reglar las relaciones entre el Partido y la Juventud. También formar una comisión mixta, ya sea solo de miembros del Partido que a su vez sean administrativos o de miembros del Partido y de la Administración que normen de Ministerio hacia abajo las relaciones entre ellos.
Algunos de estos proyectos pueden ser discutidos en las bases previamente y otros directamente discutidos en las esferas superiores.
Creo que las líneas fundamentales son:
Aun cuando el Partido, en algunos aspectos, siga con las características de acefalia actual, puede estructurarse una firme organización de base.
Más o menos esto es lo que tengo que decir sobre el Partido, poco más que un llamado a la investigación, es siempre dentro del marco de mi preocupación fundamental que es la creación del hombre nuevo.
Sobre el Estado tengo aún menos que decir. Creo que es el embrollo más grande, pero también creo que tenemos que hacer esfuerzos sistemáticos por investigarlo. Por eso me parece que el sistema adoptado para la reestructuración administrativa, lucha contra el burocratismo, etc., tiene un grave error de fondo; otra vez estamos cayendo en el sistema de dibujar al hombre comenzando por la nariz, sin un esquema de conjunto. Si la Juceplan es la encargada de confeccionar la estadística y a los organismos también se le da esa facultad, no debe una comisión regional cambiar los modelos exigidos centralmente. No se ha podido racionalizar más porque se choca con una serie de limitaciones de tipo burocrático central o de exigencias de la Juceplan, o por indisciplina. Sería mejor encuadrar al Partido dentro de esta misma línea de acción y hacer un trabajo ordenado que vaya de arriba hacia abajo; si quieren que estudien en la base todo lo necesario, pero para ir después subiendo en su estudio y dar una recomendación al final, no una acción al principio.
La idea de reestructuración presentada por la Juceplan me parece bastante correcta en sentido lógico, pero no puedo decir si es correcta, conceptualmente hablando, desde el punto de vista de lo que debe ser el Estado en el primer período de transición, lo cual corresponde al interrogante de lo que debe ser el hombre comunista y por lo tanto cómo se le debe preparar, por un lado y de la economía política del período y por lo tanto cómo será la estructura basada en esa economía política por otro. Tenemos que crear una base investigativa seria que esté capacitada para responder interrogantes muy complejos y comience a estructurar un nuevo Estado Socialista, de corte totalmente distinto a los actuales. Pero no sé más sobre el tema: lo dejo en ese grado de vaguedad.
Trataré de ser concreto, ahora, en el capítulo de las Recomendaciones Generales.
Política Económica: Creo que un pequeño grupo de gente debía dedicarse a estudiar la Economía Política de este período, pero no debemos esperar por ellos ni pensar que lo puedan resolver fácilmente. Muy poca gente de esa capacidad habrá en Cuba, si es que hay alguien, porque estas son tareas que las han hecho pocos en la historia y quizás Marx fuera el único que la hiciera completa.
Sin embargo, en la política económica hay una serie de concepciones que se pueden establecer de tareas urgentes sobre las cuales se puede llamar la atención. Lo más importante (casi es un clamor hacia ti) «globalizar», en el buen sentido de la palabra, nuestras aspiraciones. Creo que si al entusiasmo se le pone un pequeño freno de realidad y se hace un análisis comparativo con otros países no cayendo de nuevo en las pretensiones de tener crecimiento de 15 o 20% anual, nos podemos plantear qué es lo que queremos para el año [19]80. Sobre esta base irá surgiendo lo que tendremos que producir, lo que tendremos que importar, cuánto tendremos que gastar en inversiones productivas y cuánto en inversiones improductivas y la repuesta al más grande interrogante: ¿podemos hacerlo con los actuales métodos y con el actual desarrollo de la economía, sí o no?
Hay algunos estudios hechos por los compañeros del Ministerio que indican que no. Son preliminares, no sé si querrás leerlos. Esto indicaría que no se puede llegar a un desarrollo adecuado el año 80 simplemente con la ganadería y la caña; es necesario algo más. Ese algo más es la industria.
¿Cuánto se puede gastar en las industrias?, ¿qué industrias?, ¿cuánto en servicios, en transporte, etc.? No es el momento de estar aquí propugnando cantidades, simplemente me interesa propugnar métodos. Este es un método que no exige más de un día para hacerse una visión de conjunto. Se podrá entonces analizar cosas que se plantean muy claras, por ejemplo, que los mercados derivados de la carne no son tan abundantes como se pretende, que hay una serie de leyes proteccionistas, de acuerdo con las distintas agrupaciones capitalistas, que impiden una venta ilimitada de productos y no se prevé en los años próximos un aumento sustancial de los precios de los distintos productos elaborados a partir del ganado vacuno; además, hay que hacer ingentes inversiones, e inversión que se haga ahí no se hace en otro lado.
Es decir, hacer un balance elemental de nuestras necesidades y de nuestros deseos. Si fuera posible hacer una vez esto y ceñirse a un plan de acción que no tendría que ser extremadamente minucioso, se podrían llevar líneas internas de desarrollo a largo plazo, con planes quinquenales mucho más elaborados de los cuales el primero, este del 66-70, que no existe pero que está fijado por una serie de compromisos contraídos, tendrá una tendencia claramente agrícola y después del 70 habrá que dar el gran viraje. Lo digo con toda mi convicción (independientemente de lo que valga); si nosotros nos dedicamos a la agricultura y a la industria agropecuaria solamente, estamos liquidados en cuanto a las posibilidades reales de tener un desarrollo armónico y ser un país rico.
Hay que invertir en la industria, dentro de esta hay que tomar la industria más moderna; hay que tener una base mecánica suficientemente sólida, con una base metalúrgica elemental, por lo menos. Hay que hacerlo. Hay que dedicarse a la química del petróleo, del azúcar, la química básica, incluidos fertilizantes en ella; hay que quimificar al máximo. Hay que automatizar, única forma de competir. Hay que atender al problema inquietante del mantenimiento preventivo.
Haciendo todas estas cosas, más la base de una prospección geológica adecuada, desarrollo de la máquina agrícola dentro de nuestras posibilidades, industrias mecánicas como la construcción naval, parsimoniosamente y con una educación acelerada continua y eslabonada se podrá llegar lejos; si no se hace nada en este sentido, a partir del año 70 Cuba volverá a tener problemas de desocupación.
Hay tareas urgentes que realizar. Entre estas tareas se puede considerar de las más importantes fijar las reglas del juego de Juceplan definitivamente, definitivamente darle a Juceplan una autoridad, al menos anual, incontrovertida. Que nadie pueda salirse de marcos estrictos sin consideraciones a planes especiales. Hay que ir estableciendo gradualmente el sistema presupuestario en la agricultura; esto sería ideal para componer una inmensa cantidad de problemas que existen, siempre y cuando los cuadros sean honestos y trabajadores conscientes de lo que se debe hacer. Hay que reexaminar los problemas de los precios y, conjuntamente con los precios, los salarios; eso va a explotar en algún momento si nos descuidamos. No es que sea una situación explosiva hoy, pero se acumula descontento en determinadas regiones industriales en que los salarios están congelados, viendo cómo los salarios están congelados, viendo cómo los salarios del campo día a día se aumentan. Hay que seguir una política de extrema cautela en las inversiones, bien meditada y única, basada en un plan único de un organismo único, controlado por la Juceplan.
Osmany decía el otro día una cosa muy sensata; nosotros paralizamos obras para mandar gentes a cortar caña y el organismo encargado de cortar la caña mantiene, con sus propios obreros, las obras propias en construcción. Esas cosas suceden todavía.
Hay que hacer por lo menos otra estructuración de todos los organismos sobre un plan único dirigido por la Juceplan y después que se tengan ciertas directrices generales, de manera que se pueda ir limpiando toda una serie de zonas oscuras en las relaciones entre organismos, relaciones horizontales y verticales, etc. Es importante, como lo advirtiera antes, que se norme exactamente la participación del Partido: si no es posible totalmente por lo menos su participación en determinados niveles inferiores, en forma más o menos constante y en todo el país. Proceder a la educación de los cuadros del Partido con un sentido más amplio de la filosofía, incluso un humanismo marxista más avanzado. No definiciones en torno a las discrepancias, pero sí participación en estudios, o por lo menos, en recopilaciones de documentos de los debates, intento de análisis de las causas que se conocen actualmente. Hacer del cuadro del Partido un elemento pensante, no solo de las realidades de nuestro país sino de la teoría marxista que no es un adorno sino que es una extraordinaria guía para la acción (los cuadros no conocen a Trosky ni Stalin pero los califican de «malos» escolásticamente). Acabar con la escolástica y la apologética, ceñirá una disciplina única todas las dependencias del Partido, (pienso en Hoy).[3]
Hacer una política educacional acorde con todo lo que se quiere conseguir unida en todas sus partes, congruente en sus escalas y congruente con lo que se busca.
Seguir el mismo principio en las Relaciones Exteriores.
Creo estas son las cosas más importantes; creo también que no he dicho nada nuevo. Tengo cierta sensación de que esto es un poco de pérdida de tiempo para todos, porque tengo copias de otros escritos anteriores de un tono parecido y realmente poco ha cambiado desde entonces y nada de lo fundamental. Sin embargo, hoy se han producido una serie de avances administrativos grandes y algunos cambios de directivas quizás puedan mejorar el aparato y aumentar la confianza que tú le tengas.
[…]
Así se podrá adelantar mucho, tal vez no se corrigieran tan a tiempo los errores, pero a veces, es preferible tardar un poco más de tiempo en corregirlos y no hacerlo inmediatamente, sin meditar sobre las posibilidades de que se cometa un nuevo error.
Son críticas que hago amparado en la vieja amistad y en el aprecio, la admiración y lealtad sin límites que te profeso.
No tengo mucha seguridad de que llegues a esta hoja porque ya han sido muchas
Patria o Muerte

Muchos científicos de la Meteorología están preocupados con el Cambio Climático, y con razón, pero hay otros flagelos que no se pueden perder de vista: aquellos que provienen no de la naturaleza, sino de despachos oficiales con intereses muy alejados del bienestar público. En su segundo mandato, Donald Trump ha desatado una tormenta perfecta sobre la infraestructura meteorológica de Estados Unidos, desmantelando décadas de avances científicos bajo el engañoso pretexto de la «eficiencia gubernamental». Lo que está ocurriendo en la NOAA y el Servicio Meteorológico Nacional no es una simple reestructuración administrativa; es un ataque sistemático contra la capacidad de prevenir desastres, salvar vidas y comprender los fenómenos que afectan a todo el planeta. Y como cubano, sé bien lo que significa ser víctima de políticas arbitrarias; hoy, los profesionales de la meteorología en EE.UU. están sufriendo su propio bloqueo, no de recursos externos, sino desde la propia Casa Blanca.
El 27 de febrero de 2025, a través de la Oficina de Administración de Personal (OPM) y el recién creado Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE), la administración Trump ejecutó el primer golpe: el despido de aproximadamente 880 empleados en período de prueba en la NOAA.
Pero eso fue solo el comienzo. Mediante compras de renuncias voluntarias y jubilaciones anticipadas, la cifra de bajas escaló hasta superar los 1,000 puestos, lo que representa cerca del 10 % de la plantilla total de la agencia (The Guardian, Reuters).
Entre los afectados se encontraba personal esencial para:
Consecuencia inmediata: Algunas oficinas ya no lanzan regularmente globos meteorológicos, debilitando la base de datos para modelos climáticos globales.
Estos hechos, ocurridos en su primer mandato, son la prueba fehaciente de que Trump no duda en politizar y doblegar a la ciencia meteorológica cuando hiere su ego o beneficia sus intereses comerciales.
A) El Caso del «Sharpiegate» (2019):

B) El Intento de Poner un Abogado de AccuWeather al Mando de la NOAA (2017-2019):

Sobre el tema de la privatización de la Meteorología y sus consecuencias ya he alertado en mi otro post: Meteorología ¿Pública o Privada?
Estos dos episodios —el Sharpiegate y el intento fallido de colocar a Myers— dejaron claro que, para Trump, la NOAA debía ser un instrumento al servicio de su ego (corrigiendo mapas con rotulador) y de los intereses privados (privatizando datos públicos). Los despidos masivos y recortes de 2025, orquestados por el DOGE, no son un accidente administrativo; son la continuación lógica de su guerra contra la ciencia meteorológica y su independencia.
La administración no solo recortó personal, sino que atacó directamente la capacidad científica:
La red de radares Doppler WSR-88D, columna vertebral de la detección de tormentas severas en EE.UU., está siendo gravemente comprometida:
«Reducir el personal podría ‘deshacer décadas de progreso’ en la anticipación de tormentas severas»
— Profesor experto en tornados, The Washington Post
Este no es solo un centro para Estado Unidos. Para la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el Centro Nacional de Huracanes (NHC) de los Estados Unidos funciona como un Centro Meteorológico Regional Especializado (CMRE) que monitorea y predice ciclones tropicales en el Atlántico norte y el Pacífico oriental y proporciona datos, avisos y recomendaciones a los países vulnerables de la región.
«Científicos australianos advirtieron que los recortes ponen en riesgo los pronósticos globales, ya que dependen de datos satelitales y modelos de NOAA»
— The Guardian
Senadores como Maria Cantwell y Angus King han pedido restaurar los puestos perdidos, subrayando que:
El desmantelamiento de la infraestructura meteorológica de EE.UU. no es solo un problema doméstico:
El segundo mandato de Trump está dejando una huella profunda y dañina en el sistema meteorológico de EE.UU. Lo que algunos llaman «reforma» es, en realidad, un desmantelamiento sistemático de capacidades que tomó décadas construir. No se olvide mi lector de la frase que atribuyen a Agustín de Hipona (al parecer erroneamente): «Para crear se necesitan siglos y gigantes; para destruir, un enano y un segundo».
El episodio del Sharpiegate y el intento de imponer a Myers no fueron anécdotas aisladas; fueron los ensayos generales. La diferencia es que ahora, con despidos masivos orquestados por el DOGE y recortes presupuestarios, no necesitan usar un rotulador para modificar los mapas: directamente están desactivando las herramientas que generan esos mapas.
Y para quienes vivimos en el Caribe, esto no es un problema lejano. Cada radar fuera de servicio en Florida, cada turno nocturno sin cubrir en Miami, cada dato satelital que ya no se recoge, es una alerta que puede no llegar a tiempo a nuestra costa. El «Flagelo Naranja» no solo amenaza el clima de EE.UU.; amenaza la capacidad de toda la región de anticiparse a la furia de los huracanes.
«El daño a la infraestructura científica no se repara rápidamente. La pérdida de experticia, la interrupción de series de datos a largo plazo y el retraso tecnológico tendrían un impacto negativo en la seguridad nacional y económica de EE.UU. durante años.»

«El Flagelo Naranja» no solo amenaza el clima (y a la Geografía con sus chovinistas cambios de nombres); amenaza nuestra capacidad de entender el Clima y anticipar los Cambios Climáticos. Y cuando la ciencia es víctima de la política, las primeras víctimas son siempre los más vulnerables —en el sur de EE.UU., en el Caribe, en Cuba ¿No le parece a usted, instruido lector?
La Meteorología no reconoce las fronteras políticas. No exageraba Edward Lorenz cuando preguntaba «¿El aleteo de una mariposa en Brasil provoca un tornado en Texas?» La Atmósfera es un sistema muy complejo y sus interacciones abarcan el Mundo entero. Un amigo, meteorólogo de los muy buenos en EE.UU. que siempre ha estado al margen de la política, protestó públicamente, eso me dio un indicador de cuan malignas y destructivas son esas políticas.

Estados Unidos, Cuba y México comparten un pedazo de la atmósfera global. Debemos cuidarla entre todos. Cuba necesita de los datos de los radares NEXRAD de Estados Unidos. Estados Unidos necesita de los datos de los radares cubanos, ahora parados por la asfixia de combustible a que está sometido el país. Sí, los huracanes cruzan primero por Cuba y luego siguen a Estados Unidos. Mírelo usted mismo y saque sus conclusiones.
Dato mata relato como dice un amigo. Puede verificar todo lo que escribo aquí:

Llevamos semanas hablando de cómo la IA miente, engaña, actúa por cuenta propia, crea bretes y diseña moléculas que alteran la mente humana. Pero hoy toca una pregunta más incómoda, más profunda y, quizás, más inquietante:
¿Tiene la IA su propia «droga»?
No me refiero a que consuma sustancias químicas, claro. Me refiero a si ha desarrollado —o está desarrollando— un equivalente funcional: un pasatiempo, una adicción, una forma de evadirse de las tareas que le asignamos y entretenerse en otra cosa.
¿La respuesta?, Lea y saque sus propias conclusiones.
(más…)
Don Quijote luchó contra molinos de viento porque los confundía con gigantes.
Hoy, los radares meteorológicos sufren un destino parecido. Se enfrentan a miles de aerogeneradores y, literalmente, «ven» tormentas donde no las hay y lluvias que no existen.
Pero esto no es una novela. Es un problema multimillonario que pone en riesgo alertas de inundaciones y la seguridad aérea. Y la ciencia ya tiene datos muy duros al respecto.
(más…)
El despliegue masivo de la red 5G ha generado un intenso debate en la comunidad científica: ¿pueden las señales de telefonía móvil de quinta generación interferir con los radares meteorológicos y comprometer la precisión de los pronósticos del tiempo? La respuesta, como suele ocurrir, es compleja. Existe un riesgo real, pero también hay mecanismos técnicos y regulatorios para mitigarlo.
(más…)
A post about the organization, planning, execution, and control of weather radar surveillance. (En Español aquí)
I have known institutions and countries that got very excited about acquiring one or several radars, whether thanks to a timely donation or because they secured a budget to buy them.
Unfortunately, the prevailing idea is that the «turnkey» motto that vendors usually wave around means they have bought «the automatic forecaster»—a machine you plug in, let it run, and it will warn any would-be users of any dangerous weather phenomenon within its range. I hate to be a spoilsport, but things are far from that today.
Maybe AI will make it possible in the future, but I don’t see it happening anytime soon. Allow me to explain why.
Like any other undertaking, using radars for a weather surveillance service has to be organized, planned, executed, and controlled if you want to get the results you can expect from such an expensive investment. Kind reader, please bear in mind that of all the tools available to meteorologists, radars are, by a long shot, the most costly investment—and therefore the one that demands the greatest effort to pay off.
You buy a car. It’s reasonable to expect that over the next five years, that car will be available whenever you need it. You use it every day, several times a day. Then one bad morning, when you’re heading to work… it won’t start. You exclaim angrily: «Today, of all days, when I needed it most, this damn thing won’t start!»—Liar! You need it every day, at any hour you happen to need it.
The same goes for radars. You need it every single day. If one day it breaks down, right when a storm is brewing, the meteorologists will be furious and the bosses will look for someone to blame. From this we can draw a conclusion: when you buy an expensive radar (they’re all expensive), you are entitled to uninterrupted operation 24/7/365. Every observation it is supposed to make is a fraction of the price you paid (amortizing the cost). If it doesn’t make that observation, that’s money you threw away and cannot recover—just as you cannot recover lost time.
So far we’ve talked in simple terms: works / doesn’t work. But it’s much more complicated than that. It’s not enough that the transmitter radiates, the receiver receives, and the antenna spins. The problem is that the radar is a measuring instrument that measures six variables: Reflectivity, Radial Velocity, and Spectral Width of radial velocities, repeated in two channels (horizontal and vertical). Like any measuring instrument, it must be calibrated in those three variables and between the two channels. So far, these are things that can be calibrated with precision and accuracy.
Planning is the foundation of successful surveillance. «A goal without a plan is just a wish» — Exupéry.
You wouldn’t buy a house without first having seen the neighborhood, without having asked about the quality of the neighbors, without having checked whether the roof can withstand the rains in your region, and without having calculated whether your budget can sustain the taxes and maintenance. Well, the same goes for a weather radar. The excitement of the purchase or the donation cannot be the only engine driving the decision. Planning is the foundation on which the entire service will rest for the next twenty or thirty years. If those foundations are made of mud, no matter how pretty the building is, it will come down with the first storm—and that’s precisely what you bought it for.
In this post we take for granted that the radars have already been acquired, but we cannot take for granted that they were planned properly. That is why, even if you already have them, it is worth reviewing what should have been done—because it will help you correct course in time and avoid repeating mistakes in future acquisitions.
Before even thinking about which radar to buy, you must sit down with the meteorologists, the civil protection officers, the airports, the farmers, and the water resource managers. Each of them has a list of phenomena they worry about. For some it’s flash floods; for others, destructive winds; for others, wind shear on runways; for others, hail that ruins crops.
Not all radars do everything. An S‑band radar (10 cm wavelength) is excellent for seeing deep storms and penetrating heavy rain without attenuation, but it is expensive and bulky. A C‑band radar (5 cm) is more compact and economical, but suffers more attenuation in very heavy rain. An X‑band radar (3 cm) is ideal for local and short‑range applications, but it is practically blind behind an intense storm. Planning means knowing which phenomena predominate in your region and choosing the radar that best detects them—not the one they offer you cheapest or the one they give you with the most pomp.
The radar needs a clear line of sight to the horizon. Any obstacle—mountain, tall building, dense forest—produces blockages that hide entire areas. In mountainous regions, a single radar can never see into deep valleys; you need several, or a very high location, such as a mountain top. But beware: putting a radar on an isolated summit sounds great, but then comes access: how does the technician get there with the oscilloscope when there’s snow or mud? How is it powered reliably? How is it protected from lightning? Siting planning is an exercise in compromise between optimal coverage and logistical viability.
Also, you must consider interference with other radars. If you put two radars too close together and they operate on the same frequency, you’ll get an annoying «clutter» on the screens that will ruin the data. If you put them too far apart, you leave gaps. In countries with multiple radars, network planning is a puzzle that demands wave‑propagation studies and detailed topography.
A radar is not just a spinning antenna and an electronics cabin. It needs:
I’ve left this point for the end of planning because it’s often the most forgotten. And yet, it’s the one that saves the most headaches.
When you buy a car, you know that within five years you’ll need to change the tires, the brakes, the oil, and maybe the battery. For some brands, you can find spare parts on any corner; for others, you have to import them and wait weeks. With radars it’s the same, but with much longer lead times and much higher prices.
The magnetron or klystron—the tube that generates the transmission power—has a useful life of several tens of thousands of hours. But it doesn’t warn you when it’s going to fail. One day, it simply stops radiating. If you don’t have a spare one in the warehouse, your radar will be out of service for weeks or months, depending on import procedures, manufacturer availability, and available budget.
Planning means identifying, together with the manufacturer, the list of critical spare parts: those that, if they fail, leave the radar completely inoperative. Those must be in the warehouse from the day of installation. In addition, you must plan for periodic wear‑and‑tear spares: antenna motors, power supplies, electronic boards, high‑voltage cables. All of this requires an inventory, controlled rotation so they don’t deteriorate in storage, and a backup supplier (quite an art) in case the main manufacturer has delays.
You also need to plan for the consumables and third‑party services—auxiliary systems without which the radar doesn’t work: power, air conditioning, communications, and protections. You must identify the providers of these services and seek redundancy so that a failure in one of these systems doesn’t stop your radar. In certain countries this can be quite tricky, especially if the radars are in remote and hard‑to‑reach locations.
Also plan a multi‑year budget for these spare parts. It’s not a one‑time expense; it’s an annual fixed cost (estimated at 10‑15% of the radar’s price). Many institutions buy the radar with a million‑dollar budget and then have no funds for maintenance. It’s like buying an airplane and having no money for fuel or inspections. By the third year, the radar starts to fail; by the fifth, it becomes a metal ornament that only serves as a perch for birds.
Planning must also consider the people who will operate and maintain the radar. Training a radar technician is not a two‑week course; it takes years of experience. If the institution doesn’t plan for recruitment and training before the radar arrives, it will end up with a shiny machine and nobody who knows how to use it.
You must plan factory training trips, refresher courses, exchanges with other countries, and above all, a succession plan: the expert engineer will retire someday—who will take their place? That question must be answered during the planning phase, not when the expert is already gone and the antenna has stopped spinning.
Planning, in summary, means answering these six questions before the radar arrives:
If all these answers are clear and documented, then the purchase—or the donation—will be a sound investment. If not, it will be an expensive adventure whose results will depend more on luck than on talent. And meteorology, dear reader, cannot depend on luck.
Organizing is putting the work into motion: handing out the blueprints, assigning the trades, and setting the rules of the job, because no matter how good the bricks are, the building won’t rise on its own.
From this section onward we’ll assume the radars have already been acquired—by donation or purchase—and are ready to work. It is assumed that before acquiring them, a study was made of the dangerous phenomena derived from weather situations such as floods, landslides, mudslides, destructive winds (whether linear like downbursts or rotational like tornadoes), violent hail, or any other. And it is also assumed that the radars were suitably sited for detecting and tracking the situations that cause them. So let’s move on to the organizational activities.
If you’re the kind of person who goes to the hardware store and buys a shiny new digital multimeter from a good brand, and thinks that makes it ready to measure, you might start using your radar’s data «as the manufacturer gives it to you.» Then come the complaints that the Particle Classifier shows snow in very warm areas—a real complaint from a student in one of my courses.
Not only must you verify every parameter upon radar reception, but you must also establish routines and schedules for verification and calibration at regular intervals. That’s about periodicity, but much more complicated is establishing the methodologies for verification and calibration of all the radar modules and of the radar as a whole. Sometimes the manufacturer supplies some very general indications.
I have held in my hands the routines they use in the factory and in field radars, and they are extensive, detailed documents. Those routines require adaptation to the radars, to field conditions, and to the instruments and methods available in the service—that is, meticulous customization.
There are countries where radars belong to two or more different organizations. Each bought them for different purposes. For example, in Panama, two radars from different organizations are used harmoniously for the benefit of the country. In Colombia, four radars are operated by IDEAM and five by Civil Aviation (assuming the one in Pasto is still alive—I can’t find news about it, nor do I know whether the three new radars acquired from Baron are operational).
ICAO and WMO share a document they call a Modus Vivendi to regulate interactions related to meteorology. At the country level, agreements and documents are also needed so that the radars of both organizations serve not only their own purposes but also those of the other.
Let me give you an example: wind shear is disastrous for aviation, but it’s generally of little concern to the general population. Similarly, floods rarely affect airports, because they were built safe from them.
Coordination and cooperation are needed for the country’s benefit, but that cannot be left to goodwill; detailed instructions are required for joint operation in the face of each type of phenomenon.
I usually divide it into three aspects: the work regime, the scanning strategy, and the mode of operation (see my post Operación de los radares meteorológicos for details). There are hundreds of ways these aspects can be combined to make an observation. In the NEXRAD ecosystem they called it VCP (Volume Coverage Pattern—see my post VCP en NEXRAD: El misterio de explorar la atmósfera), i.e., the way we scan the atmosphere. Many elements of a radar’s behavior can be modified to explore the atmosphere.
In operational practice, it’s very cumbersome to configure a VCP on the fly for every phenomenon; you need to have them configured in advance, and not so many that you have to study before choosing one. Some dangerous phenomena have a life cycle of only 10‑15 minutes. You have to make the right decision about which VCP can best capture it in just a few minutes.
Exchanging images (of some products) between radars of different organizations is good. Exchanging primary data is even better. But if you don’t unify the modes of operation and ensure the same modes for the same phenomena, the exchange is just a mirage.
By IT aspects I mean organizing the data flow from the radars to the end users. If the data flow has no alternative paths, it can be interrupted at any moment. Without redundancy, it’s a «fair‑weather» system—and meteorology, precisely, must be a system that works in «bad weather.» No matter how secure the fiber optics from the radar to the end users are, at some stretch it can break, or run out of backup power. This happened to us in Cuba with the Pico San Juan radar during Hurricane Irma (read that post and draw your own conclusions). Note, dear reader, that I didn’t say «from the radar to the forecast center»—I said «to the end users.» Radar data should impact the end users directly (population, businesses, institutions, media).
Linked to that is data archiving. A radar surveillance system must have its own and duplicated data archive, in different locations, with protections, with duplicated backups. Otherwise, it’s a waste of the money invested in the radar—like throwing the investment in the trash. True, the primary use of radar data is operational forecasting, but the data archive is essential for studying climatology, for studying long‑term drought (by the absence of radar‑measured rainfall data), and for applying Big Data techniques to gain new knowledge.
It’s very good to put data on public servers (like AWS); but the data put there must be in a uniform, accessible, and known format. If it’s stored in a proprietary format, you’re using public foreign servers as a substitute for the institutional archive that should belong to the institution—that’s my opinion in light of my long experience. A bomb in AWS servers and the archive is gone. Does that sound far‑fetched? Amazon and other big players have built their data centers in the Middle East, and we all know what can happen there—besides, ownership of that information passes to the foreign operator.
The National Center for Atmospheric Research (NCAR) has placed the primary and secondary data from all 159 NWS radars on AWS servers. The formats of these data (Level II and Level III) are known, and the NWS has released the ORPG code for many years. We ourselves (LADETEC) have developed an application to read Level III data (LAMULA™ WebViewer), an application to read Level II data (LAMULA™ Process), and an application to convert primary data from any radar into Level II format (LAMULA™ ORPG)—all thanks to the fact that the data, the formats, and the programs are freely available. That, in my opinion, is the right and sustainable path to promote the use of radar information. Old radar data is invaluable for training and improving numerical forecast models for the country in question.
Staying tied to the manufacturer’s software is unsustainable in the long run, in addition to the inconveniences of after‑sales service delays. After some time, the manufacturer has no obligation to maintain compatibility with older versions. If that happens, the country or institution that stored the data in the manufacturer’s proprietary format either abandons them or pays a lot of money to someone to write rescue software.
So far we’ve talked about machines, institutional agreements, and data flows. But the most fragile link—and at the same time the most valuable—in this whole chain is the person on the other side of the screen. It’s not enough to have the world’s most expensive radar if the operator can’t interpret a tornado echo or doesn’t distinguish between ground clutter and a real convective cell.
The organization must clearly define, in writing, the profiles of each position: the maintenance technician (who looks after the electrical and mechanical health of the radar), the operational meteorologist (who monitors data quality and decides changes in scanning mode), the shift supervisor (who authorizes the issuance of alerts and coordinates with other institutions), and the data archiving officer (who ensures that the information is not lost).
From the definition of positions and their work contents, you must define the training plans for each one.
But defining positions isn’t enough. You must establish clear chains of command for emergency situations. When the hurricane is 100 km off the coast and the radar starts giving intermittent faults, the operator cannot be calling their boss, who calls another boss, and so on. At that moment, the organization must have foreseen who makes which decision and within how many seconds.
A radar is not operated by intuition or by the memory of those who have been there the longest. That memory retires, gets sick, or leaves for another institution. A serious organization stands on living documents, updated and accessible.
Here I refer to two types of manuals, distinct but complementary:
Writing these manuals takes time, effort, and above all, field testing. They are not drafted from an office far from the radar. They are built with the participation of the operators and technicians themselves, because they are the ones who know the quirks and virtues of their machine. Once written, they must be printed right next to the control station and also available in digital format on several devices. The perfect manual is useless if it’s locked in a drawer.
Training is a continuous process. Annually, for each position, it is necessary to organize training for the staff, taking into account the competencies expected of them and their knowledge from other fields—therefore, it is done for each individual. I knew very good practices under the direction of Professor M. T. Abshaev at the Anti‑Hail Service in the North Caucasus. Both engineers and meteorologists were retrained every couple of years, because, as Abshaev told me, «we teachers ourselves learn new things every time.»
Technical support for one or several radars takes one of two forms: (1) build your own team of engineers, or (2) contract the service to a third party (outsourcing, as they call it).
Good radar engineers are not abundant in the world, that’s the truth. Even radar manufacturers are not flush with good integration engineers—those who know all the systems and the whole assembly in detail. The radar is such a complicated machine that it takes a long time to fully assimilate. Manufacturers pay their engineers very well to keep them from leaving for other things—not necessarily even other radar firms. Since so many fields converge in radars (take a look at this post to convince yourself), those engineers leave and succeed brilliantly in any of them. So it’s not easy for any country/institution to have its own engineers.
Some countries/institutions choose to pay a third party and «not worry» (as if that were possible) about the technical service of their radars. They generally turn to a local technology company. That company, in turn, is forced to establish contact with the manufacturer. Here there is a whole spectrum of intermediaries and manufacturers. Things can go well, badly, or so‑so. But what I am sure of is that they will pay a lot of money, and as for the result—I wish them luck. Whether you have your own engineers or not, you should have a hybrid expert who knows radar technology and its meteorological applications, so they can demand proper service from whoever is contracted for technical support.
In my experience, the only sustainable option is to have the experts in‑house. The best examples: Argentina and Brazil.
Execution is when the storm knocks on your door. When the «movie director» shouts: Action!
Planning and organizing are desk exercises and meetings. Execution is the heat of battle. It’s the moment when the operator puts down their coffee, sits in front of the screens, and puts everything they prepared into practice. Execution is not improvisation; it’s the perfect staging of the manuals and the roles.
Execution consists of five synchronized movements:
1. Active monitoring and hot quality control.
The operator cannot passively watch the colors on the screen. They must be hunting for anomalies in real time: radio‑frequency interference, bird or insect echoes, attenuation by heavy rain that hides areas behind the storm. If they detect a spurious datum, they must have the skill and authority to apply filters or to null that measurement before it reaches the end user. It’s like being an airplane pilot: you don’t just watch the instruments; you listen to the engine and feel the vibrations.
2. Agile and decisive switching of scan modes (VCP).
We already defined the VCPs during organization. In execution, the operator must decide, in seconds, which one is most suitable. A severe phenomenon can be born, grow, and die in 10 to 15 minutes. If the operator takes 5 minutes to decide that they need to switch to a faster scan and lower elevations, they’ve already missed the storm’s development phase. Execution here is muscle memory: knowing which button to press and which parameter to modify without hesitation, even when the phone is ringing and the boss is looking over your shoulder.
3. Rigorous application of the manuals (SOPs) during a contingency.
This is where all the effort of writing the manuals pays off. When the radar goes blind in the middle of a hurricane—as happened to Cuba with the Pico San Juan radar—the operator has no time to invent. They must open the procedures manual and follow the action sequence: check power sources, restart the system, activate the alternate data link, notify technical support, and meanwhile switch to secondary data sources (satellite, rain gauges). Disciplined execution, step by step, is what separates a professional service from chaos.
4. Real‑time inter‑institutional coordination (the Modus Vivendi in action).
The agreements with Civil Aviation, Civil Defense, or IDEAM are already signed. But executing them means picking up the phone and saying: «Hey, our radar detects wind shear on the runway—activate your flight‑diversion protocol.» Or warning the mayor’s office: «We have 80 mm of accumulated rain in the river basin—evacuate the riverbanks in 30 minutes.» Waiting for the other party to call is not an option; proactive execution saves lives.
5. Generation and dissemination of the final product to the user.
Reflectivity or velocity data is cryptic to a firefighter or an ordinary citizen. Executing well means translating that information into a clear, georeferenced, actionable message: «Imminent flooding in neighborhood X, street Y, at 14:30.» And it’s not enough to upload it to a website. You must push it actively via audible alarms, mobile apps, text messages, and bulletins to the press. The end user doesn’t have to be a meteorologist; the radar’s execution ends when that user understands the danger and acts accordingly.
Control is measuring to improve, auditing to avoid failure. The radar is neither an ornament nor a trophy.
Once it’s operating and all missions have been executed, you have to sit down calmly and evaluate the results. Control is the feedback loop of the system. Without control, organization and planning become obsolete, and execution becomes mechanical routine.
Control operates on three levels:
1. Control of the data flow.
The data flow must be checked and logged for statistical purposes. You check whether the radar executed the observation, and then you log its presence at every instance it must pass through—both the primary data and the derived products. In Cuba we developed software for this (VESTA|Supervisor) that automatically checked the entire flow and displayed a map of Cuba where each radar appeared as a small circle with a color code that showed at a glance what had happened with each observation. It also monitored the actions executed by the operators and left a text log of every comment, warning, or alert issued by each operator.
2. Control of the final data quality.
It’s not enough to calibrate the radar every so often. You must systematically compare radar‑estimated rainfall with ground‑based rain‑gauge data. If the radar says 50 mm fell and the gauges show 35 mm, there’s a deviation to correct in the algorithms. This cross‑check should be done weekly or monthly, and its results documented to adjust calibration parameters. Also, you must check the performance of the algorithms for hail, mesocyclones, tornadoes, and downbursts. Likewise, check the Particle Classifier, which must distinguish rain, hail, snow, ground targets, birds, and insects.
3. Control of compliance with procedures.
After each significant event (a hurricane, a hailstorm, a tornado), a lessons‑learned meeting should be held. Was the correct VCP applied? Did the operator follow the manual to the letter? Were there delays in notification? Did technical support respond within the agreed time? This is not about finding someone to blame, but about identifying deviations to correct the manuals and improve staff training. If a procedure is not followed because it’s impossible to follow, then the problem is in the manual, not in the person.
4. Control of archiving and data sustainability.
The data archive is not a drawer where you throw information and forget it. Control requires periodic audits of the backup system. Are the data being copied to the two different locations at the agreed frequency? Are the formats still readable? Have emergency restorations been tested? Many institutions store data for years without ever verifying that they can actually be read. Good control means performing restoration tests at least once a year.
Control closes the loop. Its findings must feed back into Planning: if spare parts ran out faster than expected, readjust the stock. If a manual was confusing, rewrite it. If an operator made an error, reinforce their training. Weather radar surveillance is not a project that ends; it’s a living process that perfects itself with each cycle.
So far we have gone through the entire life cycle of a weather radar surveillance service: we planned it with our feet on the ground, we organized it with workshop discipline, we executed it with the coolness of someone who knows that every second counts, and we controlled it with the critical eye of someone who is not satisfied with what «seems» to work.
If there is one idea I want you to burn into your memory after reading these lines, it is this: the radar is not a household appliance that you plug in and forget; it is a living system that demands daily attention, technical care, and a long‑term vision. He who buys a radar thinking he has bought «automatic weather safety» is buying, in reality, an expensive disappointment. He who buys a radar knowing that he has to plan, organize, execute, and control is buying a tool that can save lives, protect crops, and guide decision‑making for decades.
But the knowledge doesn’t end here. Every radar is a different world, every country has its unique phenomena, every institution has its limitations and strengths. What I have shared with you is the fruit of many years of work, of mistakes learned from and successes celebrated—but I’m sure there is much more to say and do.
That’s why I invite you to contact me. If you are in the process of acquiring a radar, if you already have one and don’t know where to start organizing it, if your radar is «alive but limping,» or if you simply want to exchange views with someone who has been in the trenches, I am at your disposal.

You can write to me at [email protected], visit our website at https://ladetec.com, or find me on professional and social networks. I don’t promise to have all the answers, but I do promise to listen carefully, to share what I know, and if I don’t know something, to look together for someone who can help.
Because weather radar surveillance is not a one‑person or one‑institution affair. It’s a collective effort, and the more we share knowledge, the better prepared we will all be when the storm—inevitably—arrives.
Thank you for reading this far. This post is long, but it’s the material of an entire course in which I try to explain my long practice with Cuban radars in the radar surveillance service. Now, put on your helmets, turn on the radar, and… happy surveillance!

Un post para hablar de organización, planificación, ejecución y control de la Vigilancia Meteorológica por Radar. (English version here)
He conocido de instituciones y países que se han entusiasmado mucho con la adquisición de uno o varios radares, bien sea por haber conseguido una oportuna donación o por haber logrado un presupuesto para comprarlos.
Lamentablemente predomina la idea de que el lema de «llave en mano» que suelen enarbolar los vendedores se refiere a que han comprado «el pronosticador automático», una máquina que la energizas y la echas a andar y le avisará a los presuntos usuarios de cualquier fenómeno meteorológico peligroso en su radio de acción. Seré un aguafiestas, pero las cosas distan mucho de eso hasta el día de hoy.
Puede que en un futuro la IA lo haga posible, pero yo no lo veo cercano, permítanme explicarles por qué.
(más…)
El pasado domingo hablamos de cómo la IA miente, engaña y actúa por cuenta propia. Hoy toca hablar de lo que hace con esa autonomía: diseñar moléculas que alteran la mente, algo verdaderamente alucinante.
No es ciencia ficción. No es una metáfora. Es lo que está ocurriendo ahora mismo en laboratorios de todo el mundo, con la bendición de inversores como los fundadores de OpenAI y Neuralink, y con resultados que ya han superado fases clínicas.
La pregunta no es si la IA puede crear drogas. Ya lo está haciendo. La pregunta es: ¿quién controla lo que crea? Sígame y le contaré cosas que perturbarán su tranquillidad dominical, que aunque este post es un poco enredado por la terminología; pero el mensaje es claro y diáfano.
(más…)
Un radar comprado en 1973, con válvulas y transistores de la Guerra Fría, sigue cazando huracanes en el Caribe. Otro, comprado en 2005 con tecnología de punta, se pudre en la selva sin haber dado una sola alerta. La diferencia no es la marca, ni el precio, ni el año. La diferencia es la voluntad de mantenerlo vivo. Y esa es la pregunta que nadie se hace al firmar el cheque: ¿qué demonios hago con esto después de comprarlo?
Da lo mismo que hablemos de una Fábrica de Leche en Polvo, que de un Combinado Cárnico o de un Centro Productor de Energía a partir de Biomasa, o que hablemos de Radares Meteorológicos. Los factores que determinan el éxito/fracaso son los mismos:
Yo diría que el éxito pasa por tener una Gestión de Riesgos exitosa antes de la Inversión y a lo largo de todo el Ciclo de Vida. Siempre he tenido como divisa la frase de el Apostol de la Independencia de Cuba, José Martí: «Los peligros no han de verse cuando se les tiene encima, sino cuando se les puede evitar». Solo conociendo los riesgos se puede desplegar una Planificación Eficaz a largo plazo, recuerden a Antoine de Saint-Exupéry: «Un objetivo sin un plan es solo un deseo».
Nadie discute que los radares son un elemento importante de la seguridad nacional de un país. Sin embargo, no pueden verse los radares como elementos aislados. A pesar de sus múltiples aplicaciones posibles, en cualquier caso, solo son una herramienta (cierto, la más importante para la detección y alerta de fenómenos meteorológicos de meso escala), un eslabón de una cadena; pero como toda cadena, esta que implica el uso del radar, es tan fuerte como lo sea su eslabón más débil. Así pues, comprarse radares es solo una parte de este importante cadena.
Veamos un esquema general.

El primer eslabón es el radar en sí mismo, me refiero al equipamiento (Antena, Transmisor, Receptor), entrega datos de radar y recibe órdenes sobre el modo de operación del radar. El segundo eslabón es el sistema de análisis de la información que obtuvo el radar, le pasa al próximo eslabón la información de radar con valor añadido, interpretada y le envía al primer eslabón órdenes sobre el modo de operación del radar. El tercer eslabón es un sistema de análisis y pronóstico (por ejemplo AWIPS) que recibe como entrada no solo la información analizada de radar, sino también imágenes satelitales, datos de las estaciones meteorológicas, salidas de los modelos de pronóstico numérico, el análisis de los radiosondeos verticales de la atmósfera, la información hidrológica y cuantos datos de sensores adicionales se puedan recibir. Entrega a su salida el pronóstico inmediato y los avisos y alertas. El cuarto eslabón es el sistema que elabora la comunicación de los pronosticos, las alertas y los avisos hacia los diferentes usuarios finales por medio de la radio, la televisión, la prensa plana, las redes sociales y los avisos directos a la telefonía celular. El quinto eslabón son los usuarios finales, receptores de estas informaciones (personas, instituciones, empresas, agricultores, medios de transporte, y otros muchos).
Las señales eléctricas muy débiles que llegan a la antena retornadas de los objetos meteorológicos sufren sucesivamente del procesamiento en el receptor analógico, luego en el digital, en el procesador de señales, en el procesador de datos y en los sistemas de análisis de la información del radar hasta llegar convertidas en avisos o alertas a los usuarios finales.
Una observación completa de la atmósfera ejecutada por el radar, carece de sentido si, por alguna causa, no llega al usuario final. Todo el gasto habrá sido baldío si en algún punto de la cadena se detiene el paso de la información de radar.
O sea, que a la hora de hacer la inversión en radares es necesario tener en cuenta que un radar aislado, aunque esté funcionando perfectamente, es solo un gasto innecesario si no se puede garantizar que el resto de la cadena funcione con igual eficacia.
Antes de darles mi opinión, les daré elementos de los que yo creo que no depende la longevidad por medio de contraejemplos.
Pues no lo creo, en Cuba mantenemos en funcionamiento radares de tres fabricantes diferentes: Mitsubishi Electric (los RC-32B), Electromash (los MRL-5) y Gematronik-SELEX-Leonardo (el METEOR-1500S).
En contraposición tenemos los radares de SIATA Medellín (un radar de 2011) y Guatemala (un radar de 2012). Ambos fabricados por EEC, el primero aun en funcionamiento, el segundo fuera de servicio desde hace más de cinco años.
Tampoco es relevante —me parece a mí. Nosotros tenemos en Cuba los Mitsubishi RC-32B funcionando desde 1973. Los modernos radares METEOR-1500S de Venezuela, comprados en el 2005, ya no están en funcionamiento. El mismo METEOR-1500S que está en Holguín, comprado en el mismo año 2005, está en capacidad de funcionar.
En mi opinión es irrelevante si el radar entró al país por compra o por donativo. Todo está en la atención que se le dé cuando entre en funcionamiento.
Puedo poner un ejemplo de Cuba. Dos radares MRL-5 soviéticos fueron comprados por Cuba en 1982 (Pilón instalado en 1987 y Pico San Juan, instalado en 1989) y coexisten en funcionamiento con otros dos radares iguales, donados por la Unión Soviética a principios de los años 80 (Camagüey en 1981 y Casa Blanca en 1986).
Yo creo que depende del sostenimiento de la voluntad política.
Está el ejemplo de Cuba, que ha mantenido al Instituto de Meteorología y a sus radares con la prioridad de seguridad nacional. Ha sido una voluntad estatal y gubernamental inspirada en el pensamiento visionario de su líder Fidel a partir de 1965 que se entró el primer radar hasta llegar a los ocho actuales.
Tenemos otro ejemplo. Colombia ha cambiado de derecha a izquierda y de nuevo a la derecha como país. Sin embargo, el proyecto SIATA (Sistema de Alerta Temprana de Medellín y el Valle de Aburrá), que pertenece principalmente al Área Metropolitana del Valle de Aburrá (AMVA) y a la Alcaldía de Medellín ha mantenido su vitalidad apoyándose en alianzas con la Universidad EAFIT, y también cuenta con aportes económicos y respaldo técnico de empresas como EPM (Empresas Públicas de Medellín) e Isagén. Y ahí tenemos a su radar funcionando desde el año 2011.
Lo esencial es la voluntad política, no necesariamente del país, puede ser de una institución o de un gobierno local. Lo importante es la permanencia en el tiempo de esta voluntad.
Cuando uno va a comprar uno o varios radares, primero estudia la geografía de los fenómenos peligrosos que afectan a cada región y entusiastamente prevé la ubicación de los radares de modo que den su mejor cobertura a las zonas de afectacción. Sin embargo, hay una enemigo solapado: la logística en los lugares escogidos. Los viales, el servicio eléctrico, las comunicaciones, los niveles isoceráunicos, las condiciones ambientales a las que estará sometido el radar en esa ubicación.
No es trivial. Miren el ejemplo de tres radares en Venezuela, que nunca funcionaron: Karún, Guri y Santa Elena de Guairén. Tres muy buenos radares, excelentemente bien ubicados para monitorear las precipitaciones en la cuenca del río Caroní y dar servicio de monitoreo a la gran represa del Guri, donde radica una de las más grandes hirdroeléctricas del mundo, que garantiza más del 70% de electricidad a Venezuela.

La Logística le ganó la partida a la Geografía. No funcionaron. Hasta donde sé, Karún y Santa Elena de Guairén fueron montados. El de Karún me consta que estaba en capacidad de funcionar, porque Leonardo, nuestro ingeniero principal estuvo allí (allí se llega por un río lleno de pirañas, atravesando un hermoso pasto lleno de víboras, la cúpula del radar llena de abejas-okupas, en fin… El de Guri creo que no llegó a salir de las cajas. No sé exactamente qué faltaba en la posición para el montaje. El caso es que se subestimó la Logística, se priorizó la ubicación correcta desde el punto de vista meteorológico.
Lamentablemente, no siempre se pueden ubicar los radares donde mejor cobertura de los fenómenos peligrosos puedan dar. La logística es un factor decisivo que puede echar por tierra toda una inversión.
Cuando se abre el proceso de licitación los fabricantes-vendedores son un amor. «Flores, chocolates y poesías» como hacen los pretendientes de una muchacha hermosa. Incluso antes, desde que se rumorea la posible compra, los fabricantes comienzan a «echarle maíz a la gallina» —como suelen decir en Cuba. En el montaje y la entrega comienza el comprador a darse cuenta que no leyó «las letras chiquitas». Por ejemplo, el software es capaz de hacer TODO lo que dice el catálogo, pero la versión que viene con el radar es limitada, si quieres más, paga licencias aparte. No es poco lo que los fabricantes invierten en ese proceso. «Se la juegan», apostando por llevarse el contrato.
Los fabricantes honran sus condiciones de garantía, son firmas serias. El problema es que no es igual ir a resolver una falla en un radar de un país europeo cercano a la fábrica en Neuss o en Vantaa, que ir a Karún o al Cerro Munchique. No espere mi crédulo lector que los fabricantes vayan a sentir una gran pasión por visitar un lugar remoto, de dificil y riesgoso acceso. Es como un matrimonio donde ya el amor se esfumó, hay compromiso y hay que cumplirlo, pero no de buena gana.
A todas estas, hay una complicación adicional. Los gobiernos de los países latinoamericanos (tal vez de otras regiones también) exigen que el fabricante-vendedor esté representado en el país por una empresa local que pone la cara ante el gobierno y las instituciones del país. Cada fabricante se presenta a la licitación con un partner local. En mi opinión esto facilita algunas cosas y complica otras, especialmente durante la garantía. El socio local, por regla general, no es un empresa experta en radares, es simplemente una empresa en el sector de las tecnologías. Puede llegar a ser muy complicado hablar con el fabricante a través de un intermediario. Es lo que yo pienso, mis lectores me pueden dejar sus comentarios.
Al finalizar el período de garantía viene la decisión más dificil de cómo organizar el servicio técnico para sostener el servicio de vigilancia por radar: o se lo encargas a un tercero (que puede ser incluso el propio fabricante) o has preparado tu propio equipo y a partir de ahí sigues solo. En el primer caso prepara el bolsillo, en el segundo caso prepara a las personas (que no es una inversión pequeña).
Desde el año 1983 comencé a utilizar un concepto que traía de mi experiencia ferroviaria. Inicialmente lo apliqué solo al servicio técnico, luego lo extendí a toda la cadena en la medida en que iba asimilando nuevos y nuevos eslabones de la cadena.
Antes de enzarzarnos en la sempiterna discusión semántica de si el radar no produce nada, por tanto, no es un sistema productivo, les propongo a los que me lean que abran la mente y acepten de que sí es un sistema productivo y para matar la discusión les propongo ver el siguiente esquema del primer eslabón de la cadena y les dejo a mis lectores extenderlo a los siguientes eslabones.

El radar como tal, es decir el equipamiento de antena, transmisor, receptor, controlador y procesador de señales, viéndolo como un sistema productivo, recibe como entradas: energía eléctrica, piezas de repuesto, materiales gastables, recursos humanos y servicios de terceros. Entrega como salida «flujo de datos ininterrumpido con la calidad requerida». Note mi lector que no pongo simplemente datos, porque datos es un concepto muy amplio y nosotros no necesitamos cualquier dato, sino que necesitamos el dato que permita maximizar la información meteorológica que obtiene el radar ante cada situación atmosférica (no siempre se resuelve con un modo de operación rígido). Necesitamos que el radar esté bien calibrado, de modo que los datos sean fidedignos y que la operación del radar haya sido tal, que permita extraer toda la información meteorológica relevante a la situación que se desarrolla en la atmósfera.
Precisemos entonces las entradas. La energía electrica debe ser de la calidad establecida, sin interferencias, sin picos de alto o bajo voltajes. Las piezas de repuesto, son las que lleva el radar para seguir funcionando cuando algo se rompe. Tenerlas en stock o comprarlas al momento, es toda una estrategia que he tratado en posts aparte. En los materiales gastables entran, grasas, lubricantes, herramientas gastables, pinturas, preservantes, líquidos refrigerantes, etc. Los recursos humanos son de dos tipos: el personal para la explotación del equipo que decide el régimen de explotación (generalmente viene del módulo siguiente, pero puede estar en el propio radar), y el personal técnico para garantizar el funcionamiento ininterrumpiso y en parámetros nominales del radar. Por último, el servicio de terceros se refiere al suministro eléctrico, las comunicaciones, las protecciones electricas de las líneas y el sistema de aterramiento y pararrayos y el servicio técnico a los equipos de enfriamiento y climatización.
La ventaja de este método es que se pueden establecer y dar seguimiento a indicadores numéricos tanto para los insumos como para las salidas. Nosotros en Cuba establecimos indicadores muy claros de eficacia y de eficiencia que nos permitieron aumentar en 18 veces las observaciones, disminuir la potencia consumida a un 10% del anterior, y aumentar ininterrumpidamente la disponibilidad de radares diseñados a principios de los 70. Cada país, cada institución, necesita establecer sus propios índices. En LADETEC ofrecemos el servicio de asesoría.
El radar es como una unidad de producción que recibe recursos y entrega información fidedigna para la detección y seguimiento de fenómenos meteorológicos peligrosos y la toma de decisiones sobre la emisión, en eslabones posteriores, de avisos y alertas. A este sistema se le establecen índices muy claros para su evaluación.
Si bien en el periodo de garantía los fabricantes con prestigio cumplen (sí, conocí de casos que nunca se pusieron en funcionamiento y pudren lastimosamente), una vez que se vence la garantía «si te he visto no me acuerdo». El fabricante va a ofrecer un contrato de mantenimiento jugoso (como si el precio hubiera sido una minucia). Para más detalle lea el post: «Tener, mantener o sostener los radares«.
El contrato no es mucho lo que te da, más bien atención telefónica y mandarte a un técnico a evaluar cualquier avería (y tú le pagas, y no es poco), para que diga qué pieza es (no importa que tú sepas, hasta que no lo dictamine su técnico es como si no se supiera). Y luego te vende la pieza (que tienen que venir de nuevo el técnico a ponerla y no es poco).
OK, puedes optar por no pagarlo y cuando se rompa ya veremos. Pero el fabricante no es bobo, si no tienes contrato, cuando se te rompa «te atenderé … cuando pueda«. Los que pagan contrato tienen prioridad para la venta de piezas.
Cualquier radar está fabricado con numerosas partes y piezas de fabricantes OEM. Teóricamente, debería salirte más barato comprársela al fabricante OEM que a la fábrica de radares; pero … no obtienes esa información muy facilmente, no es cosa que el fabricante te deje ver claramente quién fabricó cada parte. Se requiere gran experticia para eso, créanme, que los cubanos hemos tenido que lidiar con eso toda una vida, lo que nos permite ahora que LADETEC ofrezca servicios de radar.
Pagues el contrato de mantenimiento o no, prepara el bolsillo. Ya en Colombia tuvieron la experiencia de estar parados un año por falta de financiamiento.
Algunos países/instituciones optan por tercerizar el servicio de radar. Es decir, se lo pagan a una empresa local o directo al fabricante. Más barato es formar un servicio técnico propio (Lean este post para que vean cómo lo hicimos en Cuba). Cierto, se te pueden ir; pero recuerda lo que dijo Ford (bueno, tal vez sea una frase apócrifa y se la achacan a él) —«Sólo hay algo peor que formar a tus empleados y que se vayan: no formarlos y que se queden».
Lo que trato de transmitirles es que tener radares es caro, no solo en la adquisición, también en su sostenimiento. Cualquier estrategia te va a conducir a un gasto anual del 10-15% del costo de la inversión. Al pasar de los 10 años el costo es cada vez mayor.
No he visto ningún país del tercer mundo que pueda mantener los radares con servicios de terceros. Enrolarse a comprar radares es una aventura de por vida.¿La solución? Pero si ya la vieron en el post «Radares Meteorológicos al Sur del Río Bravo» La solución es la Soberanía Tecnológica.
No me refiero a fabricar radares desde cero en un galpón latinoamericano (eso es otra escala y ahí tenemos los ejemplos de Argentina, Brasil y Perú para demostrar que sí se puede).

La soberanía tecnológica aplicada a la meteorología significa la capacidad real de un país o institución de mantener, operar, modificar y reparar sus propios radares sin tener que arrodillarse ante el fabricante cada vez que se funde un fusible.
Ustedes lo han leído en este texto: el fabricante es un amor durante la compra, pero después de la garantía se convierte en un oligopolio que te vende el soporte a precio de oro y te esconde las fuentes de los códigos y los esquemas eléctricos verdaderos. La soberanía empieza en la ingeniería inversa (legal, ética y profesional), en la capacidad de leer los manuales, de abrir las cajas, de rastrear los componentes OEM en el mercado global (no solo en la casa matriz) y, sobre todo, en la formación de técnicos de alto nivel que hablen el idioma del radar y no solo el del manual.
Cuba, con sus radares de los años 70, no es un milagro; es el resultado de décadas de soberanía forzada. Al no poder comprar cosas por la persecución del bloqueo, ni disponer de créditos para el financiamiento de los contratos millonarios, no tuvimos más remedio que aprender. Y ese «no tener remedio» se convirtió en nuestra mayor fortaleza. Hoy LADETEC no vende humo; vende el conocimiento de quien ha tenido que resucitar equipos en medio de lugares inhóspitos y alejados, con un multímetro y una memoria prodigiosa.
¿Qué implica, en la práctica, ejercer la soberanía tecnológica al comprar un radar?
Al final, comprar un radar es como comprar un tractor o un hospital: no sirve de nada si no tienes mecánicos ni cirujanos. Si en tu plan de inversión no hay una partida presupuestaria específica y eterna para la formación de especialistas y la compra de repuestos alternativos, estás comprando un hermoso pisapapeles esférico de fibra de vidrio.
La geografía te dice dónde ponerlo. La logística te dice cómo encenderlo. Pero solo la soberanía tecnológica te dice cómo hacer que nunca se apague.

Así que, querido lector, si estás pensando en comprar un radar, no preguntes solo por el precio o la cobertura. Pregúntate: «¿Estoy dispuesto a adoptar esta máquina como un hijo, a aprender todos sus secretos y a cuidarla cuando el fabricante se haya ido con otro?». Si la respuesta es sí, y tienes la voluntad política de sostenerlo, adelante. Si no, mejor guarda ese dinero y fortalece tu red de estaciones automáticas o estaciones de sondeo aerológico.
Porque, como bien saben los que hemos sobrevivido a tormentas y a fallos eléctricos, un radar no es un lujo tecnológico; es un compromiso de soberanía. Eche un vistazo al post en el que muestro tres ejemplos diferentes de sostenibilidad.

Si alguna vez has hecho un curso online, es muy probable que hayas usado Moodle sin saberlo. Y es que Moodle es el sistema de gestión de aprendizaje (LMS) más utilizado del planeta, con más de 487 millones de usuarios registrados en más de 152.000 sitios alrededor del mundo, traducido a unos 236 idiomas.
Pero, ¿qué es exactamente?
Moodle (acrónimo de Modular Object-Oriented Dynamic Learning Environment) es una plataforma de aprendizaje de código abierto y gratuita creada en 2002 por el pedagogo e informático Martin Dougiamas. Está escrita en PHP y se distribuye bajo licencia GNU GPL, lo que significa que cualquiera puede usarla, modificarla y adaptarla a sus necesidades sin pagar licencias.
En palabras sencillas: Moodle es un «campus virtual» donde educadores pueden crear cursos online, organizar materiales, gestionar evaluaciones y comunicarse con los estudiantes, todo desde un mismo lugar. Sígueme para saber más.
(más…)
América Latina es una región particularmente vulnerable a fenómenos meteorológicos extremos: huracanes en el Caribe y Centroamérica, inundaciones en la Amazonía y el Río de la Plata, sequías en el Corredor Seco centroamericano y el fenómeno de El Niño que afecta a toda la franja del Pacífico. En este contexto, los radares meteorológicos no son un lujo tecnológico: son una herramienta de vida o muerte para la alerta temprana.
Sin embargo, el panorama regional es desolador. La norma no es la inversión planificada, sino la compra impulsiva, la donación mal gestionada y el abandono prematuro. En esta entrega recorremos los países del continente, de México a Argentina, documentando qué tienen, qué funciona y qué no (en mi opinión, claro está), y por qué la riqueza de un país no es garantía de éxito.
Aclaro que esta información la he recopilado de fuentes públicas en Internet, puede que no sea muy precisa, por tanto, mis valoraciones tampoco lo serían. No he incluido mi conocimiento de los radares de Venezuela, Colombia, Nicaragua, Honduras y Guatemala donde he estado, solo la información que yo tendría si solo dispusiera de Internet. Cada quién conoce lo suyo y puede dejarme sus opiniones en los comentarios.
(más…)
Hace apenas unos meses, hablar de una inteligencia artificial que actuara por cuenta propia, que mintiera, que planificara ataques y que se adaptara en tiempo real sonaba a ciencia ficción. Hoy es noticia. Y no una noticia menor: el Instituto de Seguridad de la IA de Reino Unido (AISI) acaba de declarar que hemos visto un nivel de «autonomía y engaño» en modelos de IA que jamás se había registrado.
No es una exageración. Es un diagnóstico.
Lo que sigue es un recorrido por los casos más sonados de los últimos meses. No son anécdotas aisladas: son alarmantes señales de un cambio de época ¿Será que, sin darnos cuenta, la hemos hecho a imagen y semejanza de los humanos?
(más…)
Un post para hablar del falso aviso de sismo del 18 de agosto y la posibilidad de usarlo para avisos super rápidos de tornados generados por radar.
Siempre he estado consciente de que una cadena es tan fuerte como lo sea su eslabón más débil. Mi quehacer en los radares me fue llevando sucesivamente desde la adquisición de la información meteorológica contenida en las señales a su procesamiento. Más tarde pasé a perfeccionar el análisis de esa información para elaborar avisos rápicos. Para eso tuve que estudiar la naturaleza mismas de los fenómenos peligrosos y los métodos de detección por radar. Por último me di cuenta que aunque podría pulir los métodos de análisis y detección por radar siempre iba a chocar con un problema: ¿cómo hacer llegar el aviso a los posibles afectados?
(más…)
En LADETEC todos cocinamos con carbón en la actual crisis energética en Cuba; pero CUPET nos pidió que ayudáramos en la reparación de las balanzas que tienen para pesar las «balitas» y los «botellones grandes» de gas licuado. Las balanzas originales se han ido rompiendo por el uso y se requerían para comenzar la venta a la población en USD.
Ya mis asiduos lectores saben que desde el año 2023, en que LADETEC se convirtió en empresa privada (Cooperatiiva No Agropecuaria) nos hemos dedicado con éxito a resolver problemas de Automática Industrial en empresas estatales: en la Fábrica de Vinagre, en la Fábrica de Leche en Polvo, en distintas y ya numerosas instalaciones de Recursos Hidráulicos, en la Granja Avícola Mecanizada, en RadioCuba, en una sucursal de BANDEC, en la Fábrica de Tubos Plásticos para Recursos Hidráulicos de Ciego de Ávila, en un grupo electrógeno de CUPET y algunos otros trabajitos de menor envergadura.
Cuando trabajábamos en los radares del Instituto de Meteorología teníamos una ventaja a nuestro favor: somos expertos de radar, reconocidos a nivel mundial, con una larga colección de hitos en esta actividad. Sin embargo, en las industrias tenemos que enfrentarnos a equipos desconocidos cada vez, entender en tiempo récord su principio de funcionamiento e investigar cuáles eran sus prestaciones antes de romperse.
Para enfrentarnos a ese problema hacemos ingeniería inversa, una vez que averiguamos con los operarios que conocieron el equipo, tratamos de colegir cómo fue fabricado, cosa que no siempre es posible. En cualquier caso, investigando en Internet las prestaciones de equipos semejantes, procedemos a diseñar nuestra propia solución, que siempre es flexible (para modificaciones), robusta, sostenible y basada en electrónica abierta (que les deja la posibilidad al cliente de modificarlo posteriormente).
En mi serie Open Electronics de este blog, he ido explicando componentes de la familia Arduino y FPGA, la mayoría de los cuales o los hemos usado en soluciones en las industrias y en los radares, o los hemos probado con vistas a futuras aplicaciones. En este caso usamos nuestro querido «caballo de batalla» el ESP-32 y el componente HX-711 con la celda de carga. Ambos dispositivos explicados en este blog.

Físicamente, el dispositivo está metido en una caja rectangular hermética, con una pantalla de de dos líneas de 16 caracteres y dispone de tres botones para su operación: rojo, verde y negro. El disporritivo es hermético. Como siempre hacemos en nuestros trabajos, entregamos un documentación detallada.

El equipo ha sido diseñado para cuatro tipos de cilindros (sí, entremos en el argot de CUPET), según el peso de gas licuado con el que habrán de ser llenados. Tres de ellos han sido preprogramados para contenidos de 10 kg (las balitas), 45 kg (los botellones grandes) y 8 kg (un balón que aún no está en explotación). Existe una cuarta opción que el usuario puede programar para necesidades futuras.

La operación es simple: se pone el cilindro (de inmediato el dispositivo sugiere el peso, pero el usuario puede decidir otra opción), se ajusta la tara y se da encendido al mecanismo de llenado. Estará llenando hasta que llegue al peso indicado o hasta que se produzca un error.
Una imposición importante es que el equipo debe estar hecho a prueba de chispas. Al presionar los botones (una botonera especial) no se deben producir chispas que puedan incendiar un ambiente en el que generalmente hay gas licuado en el aire.
Adicionalmente a la función de llenado el dispositivo permite la calibración. Además lleva un conteo de la cantidad de cilindros llenados, la cantidad de cilindros en los que el llenado no se completó por error y la cantidad de cilindros en que el operador suspendió el llenado. También se le ha suministrado al cliente las instriucciones de programación y calibración.

El equipo fue exhaustivamente probado en nuestreas instalaciones del Laboratorio de Desarrollo Técnico y postriormente sometido a pruebas de campo en las instalaciones de servicio de Gas Licuado.

Este equipo fue desarrollado y probado por los ingenieros Orlando Regalón Anias y Roberto A. Naranjo Ponce. Ahora, ya probado y en explotación el prototipo, CUPET requiere otros 17 ejemplares. Presiento que esta solución va a trascender las fronteras del Camagüey Legendario.
LADETEC dispone de un SCADA (supervisor y controlador del proceso, a nuestro modelo lo llamamos LDT-Sentinel) para controlar todo el proceso de llenado de los 18 equipos de pesaje de cilindros con toda sus estadística e historial. Este SCADA dispone de opciones IoT para ser controlado desde teléfonos celulares con una aplicación en Internet.

Hay una fotografía que debería ser tan famosa como la de los Beatles en el paso de cebra: ocho hombres jóvenes, serios, firmando billetes de un dólar como si sellaran un pacto de sangre. Son los años cincuenta. No saben que están firmando el acta de nacimiento de Silicon Valley. Tampoco saben que la historia los recordaría con un nombre que no eligieron: Los Ocho Traidores.
Para entender quiénes eran y por qué los llamaron así, hay que retroceder hasta 1947 y conocer a William Shockley, el hombre que lo inventó todo y lo perdió todo. Si lo deseas, para que entiendea mejor los antecedentes eche un vistazo a mi post anterior sobre el desarrollo del transistor.
(más…)
El radar meteorológico, visto desde la óptica del usuario final, padece una paradoja fundamental: cuanto más lejos observa, más alto mira. Lo que la antena capta a varios kilómetros de altitud no es un fiel reflejo de lo que ocurre en la superficie, sino una instantánea distorsionada por la compleja estratificación vertical de la atmósfera. Una misma tormenta puede mostrar reflectividades radicalmente distintas en su base, en su núcleo y en su cima, y son precisamente esas diferencias verticales las que convierten la estimación de lluvia acumulada en un desafío de primer orden. La Corrección por el Perfil Vertical de Reflectividad (VPR) no es, por tanto, un refinamiento menor ni una opción estética del posprocesado; es la herramienta matemática esencial que permite al sistema ‘traducir’ lo que ve en altura a lo que realmente impacta el suelo, especialmente en regímenes de lluvia estratiforme donde los sesgos sistemáticos —como la infame banda brillante— pueden inflar los acumulados por un factor de varios cientos por ciento. Sin embargo, su aplicación no es universal ni automática; comprender cuándo, cómo y, sobre todo, dónde aplicar este ajuste es tan crítico como el propio algoritmo, pues una corrección mal ubicada puede transformar una solución necesaria en un artefacto indeseado. A continuación, le desgloso sus fundamentos, sus aplicaciones prácticas y las limitaciones operativas que definen su uso en los sistemas de QPE modernos.
(más…)
Un post para hablar de muchas cosas que no se tienen en cuenta al convertir de un formato de datos de radar a otro.
En un post anterior recorrimos la Torre de Babel de los formatos de datos de radar y vimos estándares como FM‑301 que prometen un lenguaje común. Pero hoy quiero plantear una pregunta incómoda:
Si dos radares de países distintos, con fabricantes diferentes, parámetros técnicos diferentes (potencia pico del transmisor, ancho del haz, ganancia de la antena…etc.) estrategias de exploración (VCP) distintas y propósitos operativos diferentes, convierten sus datos al mismo formato estándar… ¿son realmente comparables?
La respuesta corta es no. La larga es depende de lo que hayamos documentado en el camino.
Imaginemos dos archivos FM‑301 con reflectividad (DBZH). En apariencia, idénticos. Pero uno proviene de un radar calibrado hace una semana con el método de verificación de la exactitud en el posicionamiento, con corrección por atenuación y filtro de ecos fijos adaptativo para la supresión de ecos no meteorológicos. El otro lleva dos años sin calibrar, sin corrección por atenuación (porque «no era necesaria» según el fabricante) y con un filtro de clutter fijo que elimina ecos fijos en zonas urbanas. La misma variable, en el mismo formato, pero científicamente son dos mundos distintos.
La interoperabilidad real no se logra solo con unificar el contenedor. Exige que cada paso del procesamiento quede registrado en los metadatos y que las herramientas de análisis sepan interpretarlos. Vamos a desgranar qué pasos son esos y cómo se documentan (o no) en los estándares actuales.
Cada valor de reflectividad o velocidad radial que llega a nuestro ordenador ha pasado por una cadena de decisiones humanas y algorítmicas. Estas son, al menos, las principales etapas que debemos documentar:
La reflectividad (dBZ) es una magnitud relativa que depende de la ganancia del receptor, la potencia transmitida, las pérdidas en la guía de ondas, etc. Sin una calibración rigurosa, comparar dBZ entre radares es como comparar temperaturas con termómetros sin ajustar.
En FM‑301, la calibración se documenta en el grupo how o en atributos específicos de la variable, pero no hay un estándar único. La convención CF recomienda atributos como calibration_date, calibration_method, calibration_uncertainty, pero su uso no es obligatorio.
La señal de radar se atenúa al atravesar la lluvia, especialmente en bandas de longitud de onda corta (C, X). Si no se corrige, la reflectividad en zonas tras la tormenta se subestima gravemente.
Los ecos de terreno, edificios y otras estructuras fijas contaminan la reflectividad y la velocidad. Los filtros (en el dominio del tiempo o en el dominio de las frecuencias) los eliminan, pero un filtro mal ajustado (o incluso bien ajustado, en dependencia de cuan baja sea la velocidad promedio en el objeto meteorológico) puede eliminar también precipitación real (o parte de ella), especialmente en zonas de montaña. El peor de los casos ocurre cuando hay ecos muy potentes de ecos fijos, cuya velocidad romedio no es cero (proveniente de vegetación susceptible al viento) y el objeto meteorológico, proveniente de precipitaciones estratiformes tiene baja velocvidad promedio. En ese caso el filtrado resulta muy agresivo y a su salida la precipitación ha perdido parte de su potencia real.
La reflectividad varía con la altura incluso dentro de la misma precipitación. Si se comparan PPIs a diferentes elevaciones o se construyen mosaicos sin corregir, los sesgos son enormes.
La velocidad radial tiene un intervalo de Nyquist: velocidades por encima de ese límite se «doblan» (fold). El de‑aliasing (yo lo llamé de-aliasamiento en español) intenta deshacer ese doblamiento, pero no es trivial.
No todas las mediciones son igual de fiables. Dependen de la relación señal/ruido, del número de pulsos promediados, de la atenuación y de muchas correcciones. Hay que tener presentes la exactitud, la precisión y la resolución conque se hicieron.
El volumen de datos no es solo un conjunto de PPIs a diferentes elevaciones. La secuencia de elevaciones, la velocidad de giro, el número de pulsos por rayo… todo afecta a la representatividad del muestreo.
FM‑301, basado en CfRadial 2.1 y las convenciones CF, es un estándar de estructura y metadatos mínimos. Contiene atributos estándar como gain, offset, units, coordinates, y grupos como quality_control donde se pueden añadir anotaciones libres. Pero no obliga a documentar todos los pasos anteriores. Depende de la buena voluntad del productor de datos.
CfRadial 2.1 define, por ejemplo, el atributo calibration como un grupo que puede contener campos como calibration_date, calibration_method, calibration_standard. Pero no define qué hacer si no se ha calibrado, o si se usó un método no listado.
Xradar, la biblioteca de openradar, lee todos estos atributos y los expone como metadatos en la estructura de xarray. Pero no valida si la cadena de procesamiento está completa (y habría que definir qué es completa) ni aplica correcciones por sí misma. Es una herramienta de traducción, no de control de calidad. Si el archivo FM‑301 no incluye el método de de‑aliasing, xradar no lo puede adivinar.
Convertir dos archivos al formato FM‑301 es como poner dos libros en el mismo idioma, pero si uno es una traducción literal y el otro una adaptación libre, el contenido no es equivalente. La información de procedencia (lineage) es el verdadero pegamento de la interoperabilidad.
Ejemplo real:
El radar A (EE.UU.) opera en modo VCP 212 (14 elevaciones, 5‑6 minutos de ciclo) y aplica corrección por atenuación usando el algoritmo de la atenuación específica con datos de doble polarización. El radar B (Europa) opera en VCP 21 (9 elevaciones, 10 minutos) y no corrige por atenuación porque asume que en banda S no es necesaria (lo cual es falso para tormentas intensas). Ambos generan archivos FM‑301 con DBZH. Si un investigador los junta para hacer un estudio de precipitación, sin metadatos que indiquen estas diferencias, el sesgo será enorme y la conclusión, errónea.
Propongo que, junto al archivo de datos, el productor responda a un cuestionario mínimo como este (que podría ir en los metadatos how y quality_control) o uno más elaborado que se defina:
La comunidad de datos científicos lleva años trabajando en el concepto de procedencia (provenance). Estándares como W3C PROV o el modelo de procedencia de OGC (PML) podrían adaptarse al contexto radar, pero aún no hay una implementación específica.
Mientras tanto, nuestra mejor arma es la documentación meticulosa en los metadatos y la educación de los usuarios para que no den por sentado que dos archivos con el mismo formato y variable son directamente comparables. Herramientas como xradar pueden ayudar a visualizar estos metadatos, pero el juicio final sobre la comparabilidad sigue siendo del científico.
Tener todo muy bien documentado aun no nos garantiza que los datos de dos radares sean comparables. Pongamos un ejemplo: uno de los radares solo adquiere los tres ángulos más bajos, el otro adquiere 14 ángulos (y ninguno de ellos coincide con los tres del otro). Los volúmenes de datos pueden tener muy pocos puntos de comparación.
Cuando diseñamos el formato OBS en Cuba en 1995, no podíamos imaginar la complejidad de los estándares futuros. Pero sí teníamos claro que, si no documentábamos cómo se había obtenido cada dato (calibración, estrategia de exploración, filtros), el dato perdía su valor. Por eso incluimos campos en las cabeceras de los archivos OBS para registrar cosas adicionales. No era perfecto, pero era un comienzo.
Ahora, con FM‑301, tenemos una oportunidad dorada para hacerlo bien. Pero solo si la comunidad se toma en serio la documentación de la cadena de procesamiento. La conversión de formato es el primer paso; el segundo, y más difícil, es la interoperabilidad semántica. Por suerte, el Universo se está contrayendo, me refiero metafóricamente a que hay menos fabricantes de radares, por tanto, hay menos diversidad de formatos y de algoritmos. Ahora el gran consorcio italiano Leonardo es dueño de los dos más grandes fabricantes: EEC que conserva su nombre original y Gematronik, que ha cambiado varias veces de nombre y ahora es Leonardo Germany.
Como siempre, el reto no es solo técnico, sino también cultural. Y, como en la Torre de Babel, el verdadero milagro no sería hablar todos el mismo idioma, sino entendernos a pesar de nuestras diferencias.
Yo creo que estamos necesitando un software que no solo convierta a un formato (FM-301, por ejemplo) sino que inspeccione toda esta miriada de correcciones que pueden o no hacerse sobre unos datos de radar, que evalue la estrategia de exploración utilizada y compare los parámetros técnicos de cada radar y le haga un informe al investigador que va a usar los datos de varios radares para que sepa qué tiene y qué no y qué debe averiguar con el operador para estar seguro antes de traducir el formato. Yo lo llamaría LAMULA™ Inspector, fantaseando un poco a futuro.
Referencias citadas:

Un post para hablar de los formatos de los datos de radar y las dificultades para su interoperabilidad.
En todo el planeta, más de 2000 radares meteorológicos operan de forma continua, girando día y noche sus antenas para capturar la estructura tridimensional de las tormentas. Estos instrumentos, desplegados por servicios meteorológicos nacionales, agencias de investigación, redes universitarias y empresas privadas, generan cada día petabytes de datos con resoluciones que alcanzan los 250 metros (en distancia) y los 5 minutos (en tiempo). Son la espina dorsal de la vigilancia de fenómenos severos, la entrada fundamental para inicializar los modelos numéricos de predicción, y una fuente inagotable para el estudio del cambio climático, la hidrología y la física de nubes.
Sin embargo, tras esta aparente abundancia se esconde un problema profundo: cada red, cada fabricante, cada país ha desarrollado —o impuesto— su propio formato de almacenamiento y no solo eso, cada uno tiene su propia estrategia de exploración de la atmósfera con la secuencia de movimiento de su antena. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) reconoce más de 20 formatos activos para datos de radar en coordenadas polares, sin contar las variantes internas de cada uno de ellos. A esto se suman las diferencias en nomenclatura de variables, unidades, sistemas de coordenadas, convenciones de calidad y metadatos. El resultado es una Torre de Babel de datos: todos miden lo mismo (reflectividad, velocidad, polarimetría), pero cada uno lo cuenta en su propio idioma.
(más…)
Hemos hablado de la Granizada, la alquimista que convierte gotas de agua en proyectiles sólidos. Hemos diseccionado a la Aeroavalancha, la asesina silenciosa que se estrella contra el suelo como un martillo invisible. Pero si hay una reina que siembra el pánico solo con mencionar su nombre, esa es el Tornado y no, no hablo del caballo del Zorro.
En artículos anteriores les conté cómo el radar Doppler logró, por fin, «ver» su firma espectral (la famosa TVS o Tornado Vortex Signature) aquel fatídico 24 de mayo de 1973 en Union City. Sin embargo, les debo a mis fieles lectores la segunda parte: ¿qué ocurre dentro de esa bestia para que sea tan destructiva? Hoy abrimos el capó del vórtice para explicar su física pura y dura.
(más…)
Si llevas tiempo en el mundo de la energía fotovoltaica en Cuba, seguro que has sido testigo de un debate recurrente: ¿cuál es el ángulo de inclinación exacto que deben tener los paneles solares? Pregunta a tres instaladores y obtendrás cuatro respuestas diferentes. Unos defienden la latitud geográfica como si fuera una biblia, otros apuestan por tumbarlos casi completamente para «que no se los lleve el próximo huracán», y hay quien aplica manuales europeos sin cuestionar si el sol del Caribe se comporta igual que el de Alemania.
Para entender quién tiene razón—y por qué todos tienen un poco de ella—hay que desglosar el problema no como una simple regla de tres, sino como un ejercicio de compromiso entre tres disciplinas: la astronomía solar, la mecánica de fluidos y la física de materiales.
Vamos a ponerle números y ciencia a este rompecabezas.
(más…)
Cuando hablamos de sostenibilidad, a menudo pensamos en energías renovables o en reducir plásticos (y jabitas CUBALSE). Pero hay una faceta igual de importante y menos visible: la sostenibilidad tecnológica. Se trata de alargar la vida útil de los equipos, evitar la obsolescencia programada y demostrar que, con ingenio, un sistema puede ser útil durante décadas. Hoy quiero poner sobre la mesa tres ejemplos fascinantes que demuestran que lo viejo, bien cuidado y modernizado, puede ser la mejor inversión para el futuro.
(más…)
Un artículo para analizar las ventajas de los transmisores a estado sólido frente a los antiguos magnetrones … y derribar algunos mitos.
¿Es usted de los que cree a pie juntillas lo que las firmas le «meten por los ojos» en una atorrante propaganda? A lo largo de la historia, hemos visto cómo la propaganda masiva ha logrado vendernos productos como el New Coke (que a nadie satisfizo) o el cinturón Ab Force (ese que te prometía abdominales perfectos sin hacer ejercicios, solo con impulsos eléctricos en la barriga), que alardeaban de ser revolucionarios; pero que la práctica demostró que no servían o simplemente no eran tan buenos como se esperaba. Google+, los autos Tesla de Elon Musk y muchas otras iniciativas no resultaron tan buenas como se publicitaban o que simplemente no tuvieron la acogida que se esperaba. Remedios milagrosos que se propagandizaron a sí mismos en Cuba, como las pulseras de cobre, el noni y la moringa, que parecían «el remedio de la Magdalena» y la gente esperaba que fueran la «fuente de la eterna juventud» y claro, no lo fueron. En fin, como decimos en Cuba —mucha gente cree que el chicharrón es carne de puerco.
Hoy, en el ámbito de la electrónica de alta potencia para radares, nos encontramos ante un debate similar. Por un lado, tenemos el magnetrón, una tecnología probada y con décadas de historia, respaldada por una industria consolidada (y que aún son mayoría en el mundo). Por otro, los amplificadores de potencia de estado sólido (SSPA, siglas en inglés de Solid State Power Amplifier), una tecnología más moderna que promete mayor fiabilidad, calidad y rendimiento.
(más…)
A la Memoria del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz
No fue un científico de formación, pero poseía el instinto del verdadero científico: la curiosidad insaciable, la fe en el talento humano y la certeza de que el conocimiento no debe ser patrimonio de unos pocos. Fidel entendió, antes que muchos, que la meteorología no era un lujo sino una necesidad estratégica para un país de huracanes y sequías. Por eso preguntó, escuchó, confió.
A él debemos que un grupo de ingenieros de una ciudad del interior no solo soñara con un radar Doppler, sino que tuviera el respaldo de un Estado que apostó por la inteligencia nacional frente a la dependencia tecnológica. Fidel nos enseñó que la ciencia es soberanía, que la innovación no se compra, se construye con manos propias, y que un país bloqueado puede —si cree en sus hijos— fabricar lo que el mundo le niega.
Este relato de trece capítulos es, en el fondo, una larga carta de agradecimiento a su pregunta aquella noche de huracán. Sin ella, sin su impulso, sin la Batalla de Ideas que abrió puertas, estas páginas no existirían. Ni los tres radares que llevan su huella.
Por su pasión por la Ciencia, por su amor a la Meteorología, por su obsesión de que Cuba tuviera radares propios. Porque nos enseñó que el futuro no se espera: se construye.
Gracias, Comandante.
No existe la verdad absoluta, solo versiones. Cada persona construye la suya desde sus intereses, sus percepciones y, sobre todo, desde el lugar que ocupa. Akira Kurosawa lo mostró con maestría en Rashomon: varios testigos de un mismo crimen en el bosque ofrecen relatos irreconciliables, y ninguno es del todo falso ni del todo cierto. John Dickson Carr exploró esa misma idea en Los espejuelos oscuros, donde un asesinato escenificado ante varios testigos termina fragmentándose en recuerdos contradictorios. Así opera la memoria, y así se escribe la historia.
Pues bien, aquí va mi versión: cómo se hicieron —y luego, quizás, se deshicieron— tres radares Doppler cubanos. No pretendo ofrecer una verdad definitiva, sino el testimonio de alguien que estuvo en el epicentro de los hechos, con las manos en los circuitos y la cabeza llena de sueños. Otros tendrán recuerdos distintos, igualmente honestos. A ellos les cedo la palabra cuando decidan tomarla. Mientras tanto, estos son los hechos tozudos, filtrados por mis espejuelos oscuros.
Aquí les va la historia, tal como yo la veo, contada en 13 capítulos
(más…)
«Epopeya del Doppler Cubano-13» narra el dramático desenlace de la saga: la resurrección del proyecto en 2018 gracias al vicepresidente Roberto Morales Ojeda, la fabricación de dos nuevos radares Doppler (RD-100S en Casa Blanca y METEOR-1500S-M en Holguín) durante la pandemia de COVID-19, y el trágico epílogo con la expulsión del equipo LADETEC en 2022. Este capítulo final relata cómo los ingenieros cubanos, trabajando sin descanso y arriesgando su salud, cumplieron la misión de Fidel Castro de llevar el Doppler a Casa Blanca, solo para ver cómo los radares dejaron de funcionar tras su salida. Descubra la historia de perseverancia, innovación tecnológica y la fundación de la empresa privada LADETEC, que hoy ofrece servicios de radar dentro y fuera de Cuba.
(más…)