«Epopeya del Doppler Cubano-7» narra la «invasión británica» que trajo la solución tecnológica al proyecto Doppler cubano. Este capítulo relata cómo el General Rogelio Acevedo, a través de Intelcan Technosystems, contactó con el Met Office del Reino Unido para transferir su tecnología Cyclops-D, un procesador Doppler para radares no-Doppler similar al que Cuba buscaba desarrollar. Conozca el intenso entrenamiento de 15 días donde los ingenieros cubanos impresionaron a los expertos británicos con su preparación, asimilando el receptor digital basado en FPGA y adaptándolo a los radares MRL-5 de doble banda (S y X). Descubra el drama final: el éxito con el procesador digital se vio empañado por el bloqueo estadounidense que, a través de ITAR, impidió la entrega de los receptores analógicos fabricados por Pascall Electronics, dejando el proyecto en vilo.
«La «invasión» británica y la hora de los mameyes» relata el capítulo más esperado de la saga: la llegada de la tecnología británica que parecía desbloquear definitivamente el proyecto Doppler cubano. El General Rogelio Acevedo, Héroe de la República y hombre de confianza de Fidel, se apropió de la tarea y encargó a su proveedor Intelcan Technosystems que buscara una solución integral. Intelcan encontró que el Met Office del Reino Unido había desarrollado el Cyclops-D, un procesador Doppler para modernizar sus propios radares no-Doppler (Cyclops) —una solución asombrosamente paralela a la que Cuba buscaba. En marzo de 2008, Arturo y el autor viajaron a Exeter para discutir el diseño del receptor analógico de doble banda (S y X) con Pascall Electronics, mientras el equipo completo —Roberto, Arturo, Leonardo, Luisi y el autor— se sometió a una intensa «invasión británica» de 15 días: un curso transformado en sesión de preguntas incesantes donde los cubanos, ya teóricamente preparados desde 1993, desmenuzaron cada detalle del Cyclops-D, impresionando a los expertos Mike Edwards y Tim Darlington. Los cinco curioseaban todo, debatían cada noche en el albergue y comparaban sus soluciones con las británicas, mostrando que su software VESTA|RDA era mucho más avanzado que el rudimentario control británico. El botín fue extraordinario: tarjetas FPGA para el receptor digital (que bautizarían VESTA|Cíclope) y la donación posterior de 10 juegos de tarjetas que permitirían los radares Doppler de Casa Blanca y Holguín. Pero en «la hora de los mameyes» —el momento de la verdad— el bloqueo estadounidense golpeó con su tentáculo más largo: la corporación matriz estadounidense de Pascall Electronics invocó las regulaciones ITAR y bloqueó la entrega de los receptores analógicos, aunque ofrecieron indemnización. Los procesadores digitales estaban asegurados, pero los receptores analógicos seguían estancados —y la odisea del Doppler cubano no había terminado.
La solución integral
El General de División Rogelio Acevedo, al frente del IACC y de CACSA se dirigió a uno de sus proveedores (Intelcan Technosystems) y le pidió «en letra de molde» que buscaran una solución para los problemas que estaba enfrentando LADETEC en la tarea del Doppler. El que conoce la Historia de Cuba sabe bien que Acevedo no es Héroe de la República de Cuba «por casualidad». Las mismas cualidades que lo llevaron a un lugar prominente en la tropa del Che en la Sierra lo han acompañado en todo su quehacer en las tareas de la Revolución y de Fidel. Originalmente esta tarea no se la dieron a él; pero muy afortunadamente para nosotros, gracias a la idea de nuestro ministro del CITMA, Fernando, Acevedo se la apropió. Intelcan (así la llamaré en lo adelante) comprendió y no escatimó esfuerzos. Eterno agradecimiento para ellos.
La invasión británica
Mis lectores más «antiguos», para no decirles «viejos», seguramente lo saben; pero los más noveles tal vez no conozcan el término «invasión británica» que he empleado en el título de post y de este epígrafe. Pues bien, la invasión británica fue un movimiento cultural de mediados de la década de 1960 cuando grupos de rock y pop del Reino Unido se volvieron inmensamente populares en los Estados Unidos y el resto del mundo, dominando la industria musical. Entre ellos me gusta mencionar a mis favoritos The Beatles y otros muy queridos como The Rolling Stones (sí los que dieron un concierto en La Habana el 25 de marzo del 2016), The Who, The Animals … bueno, me detengo en esta digresión musical, retornemos a lo del Doppler.
Intelcan buscó y buscó, puso a sus mejores ingenieros en función de la tarea y encontró que Met Office, el muy antiguo y eficaz servicio meteorológico del Reino Unido había hecho lo que nosotros nos proponíamos: ellos habían modernizado sus ocho radares con tecnología Doppler propia, que ellos llamaron Cyclops-D y se basaba, nuevamente en la misma cuerda nuestra, en sus antecesores no-Doppler denominados Cyclops. Yo conocía al líder del equipo (Radar R & D Team), el Dr. Malcolm Kitchen, de las conferencias internacionales a las que asistí.
No sé cómo lo lograron (me refiero a la negociación de Intelcan con Met Office), pero lo cierto es que consiguieron una solución completa en las dos direcciones: que la misma empresa que fabricaba desde antaño los componentes de radio frecuencias para Met Office, nos construyera nuestro receptor analógico (con el componente crítico, es decir el STALO, el oscilador heterodino de alta estabilidad) y que fabricáramos el receptor digital (demodulación sincrónica y procesador de señales) a imagen y semejanza del que había desarrollado Met Office para sus radares. Como un extra, consiguieron que los expertos de Met Office nos impartieran un entrenamiento para consolidar la transferencia tecnológica.
Parecía que, finalmente, Intelcan (una empresa que da servicios a la aviación) nos había «abierto los cielos» con el tema de la fabricación del Doppler. Ya comprenden por qué usé la expresión de «invasión británica».
Vinieron a Cuba ingenieros representantes de Intelcan y de Met Office para ver todos los detalles de la tarea y también aquilatar cuán bien preparados estábamos nosotros para la asimilación de la tecnología del Cyclops-D.
Los ingleses venían un poco preocupados porque no conocían el radar MRL-5 sobre el que implementaríamos la innovación Doppler, la idea de las dos longitudes de onda (3.2 y 10 cm) radiando simultáneas y emitiéndose a la atmósfera, por la misma antena les resultaba extraña. Sin embargo, esa era una realidad tecnológica que databa de 1975 cuando comenzó la producción seriada de estos radares (en total, la fábrica ElectroMash había producido 306 ejemplares).
Otro problema que preocupaba a los ingleses era la lectura de la posición de la antena. Ellos habían confrontado dificultades con eso. Nuevamente, eso era un problema resuelto por el radar MRL-5 desde 1975 y vuelto a resolver por nosotros en las automatizaciones con componentes (encoders) más modernos.
Por lo demás, quedaron gratamente sorprendidos. Nuestro software de control del radar (VESTA|RDA) era mucho más avanzado que el de ellos, que era bastante rudimentario (pero muy eficaz). El nuestro era una aplicación cliente/servidor y estuvo diseñado desde el 2000 como una aplicación WEB con IoT con un interfaz gráfico muy bonito. Yo reconozco que estaba sobredimensionado para lo que se necesitaba; pero hoy en día ya eso es un estándar.
La «hora de los mameyes»
Seguramente mis lectores saben que «La hora de los mameyes» es una famosa expresión popular cubana que equivale a decir «la hora de la verdad». Se refiere al momento culminante, a un conflicto abrupto o a una situación difícil en la que hay que tomar decisiones serias y enfrentarse a los problemas. Tal vez no muchos sepan, sin embargo, que la frase nació durante la ocupación de La Habana por los ingleses en 1762. Los soldados británicos usaban casacas de un color rojo intenso muy parecido a la pulpa de la fruta del mamey, por lo que los criollos los apodaron, burlonamente, «mameyes». Salir a enfrentarlos en ese contexto era el momento de mayor peligro y valentía.
Volvamos a lo nuestro, en marzo de 2008 Arturo y yo viajamos a Met Office (ubicado en Exeter, al sur de Inglaterra) para discutir todo nuestro diseño del receptor (doble, uno para la banda X y otro para la banda S) con los representantes de Pascall Electronics Limited. Discutimos la estructura modular y los parámetros que debía tener cada uno de los componentes del sistema en cada banda, los conectores que se usarían para unir los módulos y su ubicación topológica. Una vez que firmamos, ya los de la fábrica se pusieron en función de construir nuestros receptores para el radar que se llamaría RD-200SX. Fue una visita breve.
La acción principal fue el «curso» para la transferencia tecnológica. Los expertos de Met Office nos habían pasado toda la documentación, tanto de hardware, como de software con bastante antelación. El enfrentamiento de nosotros no fue contra los ingleses, sino contra la tecnología y le entramos «al machete» como hizo Pepe Antonio para defender Guanabacoa en 1762. Los ingleses tenían preparado un curso clásico con conferencias por 15 días. Nosotros le pedimos —no, por favor, solo explíquennos las dudas que tenemos, es por esto que puse las palabra curso entre comillas.
Ya sé que va a sonar inmodesto, pero le pueden preguntar a Mike Edwards y a Tim Darlington su opinión, que ellos fueron los profesores. Nosotros nos habíamos preparados intensivamente, amén de que, como ya conté, a nivel teórico nosotros conocíamos todo desde 1993. Se trataba esta vez de desmenuzar su implementación práctica de un procesador Doppler hasta los mínimos detalles. Nuestra implementación sería muy similar; pero diferente en muchos aspectos. La tarea era entender cómo lo hicieron para ser capaces de hacerlo nosotros en un radar diferente (con dos longitudes de onda S y X, diferentes a la banda C empleada por ellos) y además, debíamos insertarlo en nuestro propio sistema de control.
Roberto y Arturo, que en capítulos anteriores expliqué que habían pasado cursos de Programmable Logic Devices, se habían estudiado todo lo relacionado con las FPGA y la implementación del receptor digital en las tarjetas que usaron los ingleses, que serían las mismas que usaríamos nosotros y que Intelcan se encargó de comprar. Eran tarjetas para aplicaciones industriales de propósito general, fabricadas por una firma inglesa, por tanto, no estaban sometidas a restricciones del bloqueo.
Por otra parte, Jorge Luis Pérez Saavedra (Luisi) se encargó de asimilar el software del procesador de señales (un software para Windows en la PC, en Borland C++) y mi misión era chequear, sirviendo de contraparte a Luisi, todo ese software contra los algoritmos en papel. Paso a paso verificábamos que en el software estuviera implementado tal como se veían los algoritmos en el papel o entender cualquier diferencia o «truco» de la programación, cosa que después pudiéramos hacer cambios con conocimiento de causa, como en realidad ocurrió..
Leonardo, por su parte, se encargó de toda la parte del receptor analógico, desde la entrada de super alta frecuencia hasta la salida de video para el conversor A/D en las tarjetas, revisar cómo estaba hecho constructivamente y verificar los niveles de señal en cada paso. Fue una gran experiencia.
En general, los cinco curioseábamos y preguntábamos de todo. En las visitas al radar, hacíamos numerosas preguntas sobre todos los aspectos del radar, al llegar al albergue debatíamos todo y nos preparábamos para el siguiente día. Les comentábamos a los expertos de Met Office lo que nosotros creíamos que teníamos mejor implementado (o que el radar MRL-5 nativo lo tenía mejor) y tomábamos nota de todo lo que creíamos que era mejor en su radar. Me refiero a todo aquello que no estaba relacionado con Cyclops-D. Intercambiábamos nombres de proveedores y fabricantes y los comparábamos contra terceros.
Estuvimos 15 días haciendo preguntas. Me siento orgulloso de la forma tan profesional que aprovechamos la transferencia tecnológica y la oportunidad que nos dieron. Ellos no se escatimaron, nos brindaron solidariamente todo su conocimiento. Nosotros, para qué decirlo, con el mismo espíritu espartano, nos entregamos en cuerpo y alma, no desperdiciamos ni un minuto, era mucho lo que estaba en juego. Les recuerdo a mis lectores que teníamos muchos detractores que apostaban porque no lo lograríamos. Fue una experiencia inigualable. En mi blog pueden leer numerosas anécdotas relacionadas con nuestra estancia allí.
Botín final
No me he cansado de reconocerlo en diferentes artículos, publicaciones y en mi blog. La transferencia tecnológica de los ingleses nos ahorró varios años de desarrollo. No es que no hubiéramos podido solos; pero realmente el «empujón» que nos dieron fue extraordinario. Intelcan compró las tarjetas para el receptor digital del radar de Camagüey, idénticas a las que usaban los ingleses en su Cyclops-D y sobre ellas diseñamos y fabricamos nuestro procesador Doppler que denominamos VESTA|Cíclope para dejar constancia de la procedencia y el aporte extraordinario de los colegas ingleses.
Cuando estuvo listo nuestro radar, el 13 de agosto de 2012, los británicos gentilmente me invitaron a Met Office para que hiciera una exposición de nuestra asimilación e implementación en el antiguo radar MRL-5 de sus sistema Cyclops-D, lo cual hice con mucho orgullo y mucho gusto. Más de 50 ingleses de Met Office me escucharon y aplaudieron nuestro esfuerzo y yo agradecí su inmensurable ayuda.
El aporte de los británicos no se detuvo allí. Los de Met Office cambiaron de tarjetas para implementar Cyclops-D en sus radares porque la firma inglesa que las producía dejó de hacerlo (cambiaron su perfil de negocios). Los ingleses nos donaron 10 juegos de tarjetas de este tipo que ya no iban a utilizar en sus radares (y fue una tragedia llena de trabas burocráticas absurdas por parte de Cuba que no quiero contar). Spoiler: Con el donativo hicimos los radares Doppler de Casa Blanca y Holguín. Aún hay 8 juegos de tarjetas para modernizar a Doppler los 5 radares que nos faltan, el de Pilón se quedó «con la bala en la recámara».
Pero no todo fue color de rosa. Estando los receptores analógicos listos para su entrega, la corporación matriz estadounidense (que no hacía mucho había absorbido a la fábrica inglesa Pascall Electronics), intervino con una directiva tajante. Dado que el diseño y los componentes se regían por la normativa de control de exportaciones de Estados Unidos (ITAR), cualquier transferencia del equipo, incluso desde su filial británica, requería una autorización expresa del Departamento del Tesoro—una gestión que podía tardar meses (y no fructificar nunca). Aunque ellos se ofrecieron a pagarnos una indemnización, nosotros decidimos declinar. Aquellos ingenieros y directivos de la Isla de Wight fueron extremadamente amables y caballerosos en todo momento, pero sus manos estaban atadas por una ley que, como bien sabe mi lector, lo prohibía categórica y extraterritorialmente.
Sí, el bloqueo es un pulpo de tentáculos muy largos. Con respecto al procesador Doppler el asunto estaba zanjado. Con respecto a los receptores analógicos … seguíamos estancados.

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