El Instituto de Meteorología tiene muy buenos modelos pretemporada de huracanes y un muy acertado sistema de pronósticos y seguimiento de las tormentas tropicales. También tiene un sistema de alerta temprana de condiciones de severidad del tiempo, que funciona muy bien; pero no es lo mismo decir que «hay alta probabilidad de que ocurran tormentas locales severas en los próximos 3 días…», que decir que «…dentro de 15 minutos un tornado estará azotando a La Habana» . Sin embargo, cuando se trata de Nowcasting (pronóstico inmediato, de 0-2 horas) y del Very Short Term Forecasting (pronóstico a muy corto plazo, de 0-12 horas), en mi opinión, no existe un sistema. El Centro Nacional de Pronósticos, que es el que concentra a la mayoría de los pronosticadores experimentados, no se puede ocupar de esta escala espacio-temporal. En provincias también hay muy buenos pronosticadores, pero, en mi opinión, no constituyen un sistema, aunque tengan éxitos puntuales.
Mis azarosas pasantías en busca de perfeccionar mis conocimientos con vistas al mejoramiento de los radares (especialmente las cualidades Doppler y Polarimétricas) tuvieron «daños colaterales». Tuve la oportunidad de conversar con numerosos líderes del nowcasting mundial. y no fui remiso, a extraer la mayor cantidad posible de información en esta temática que «Dios me puso en mi camino».
Hay una idea que se repite en los manuales de pronóstico inmediato y que, a fuerza de repetirse, corre el riesgo de convertirse en dogma: la extrapolación del eco de radar es válida para dos horas; de ahí hasta las seis, se fusiona con el modelo numérico; después de las seis horas, manda el modelo (y ya la influencia del dato de radar en la inicialización se torna poco importante). La secuencia es esencialmente correcta, pero encierra una trampa: suele contarse como una historia de límites físicos de la atmósfera, cuando en realidad es, sobre todo, una historia de límites operativos.
La propia Organización Meteorológica Mundial (WMO) delimita las etapas con claridad: el nowcasting se define como los pronósticos dentro de las primeras 2 horas, mientras que el Very Short-Range Forecasting (VSRF) abarca de 2 a 12 horas. En ese primer tramo de 0 a 2 horas, el proceso “depende en gran medida de sistemas que procesan datos de observación y análisis —productos de radar y satélite, observaciones en superficie— y se extrapolan hacia el futuro inmediato”. La WMO es igual de explícita sobre el paso siguiente: “Más allá de las primeras dos horas aproximadamente, y hasta las 6 horas, se lleva a cabo la ‘fusión’ (blending) de salidas de NWP (Numerical Weather Prediction) de alta resolución (menos de 10 km) con productos basados en observaciones”. Y en el rango de 6 a 12 horas, “las salidas de los modelos operativos de NWP de alta resolución son lo más importante”.
La literatura técnica refuerza esa transición gradual. La WMO señala que la extrapolación destaca en dar pronósticos de alta resolución para el futuro inmediato (2 horas), pero que, a partir de ahí, los avances en asimilación de datos permiten que el modelo numérico (NWP) supere a la extrapolación del nowcast. Por eso los centros avanzados “fusionan” ambas fuentes para lograr un VSRF sin costuras. El propio ECMWF aplica esta lógica de forma operativa: su técnica de blending “se aplica durante las primeras 6 horas” y, “para plazos superiores a las 6 horas, el producto se basa únicamente en los pronósticos del NWP”.
La imagen que emerge no es la de un interruptor a las dos horas, sino la de una transición gradual. El peso del radar no desaparece de golpe: se desvanece a medida que el modelo “calienta” y empieza a aportar la evolución que la extrapolación no puede dar.
Lo que el radar vio en marzo de 1993
El caso cubano es un ejemplo de manual, y no precisamente por el éxito del pronóstico. En la noche del 12 al 13 de marzo de 1993, el radar de La Bajada, en el extremo occidental de Pinar del Río, fue el primero en detectar la línea de tormentas que avanzaba desde el Golfo de México. El meteorólogo Raúl Vargas lo recuerda con claridad: “Recuerdo cuando la famosa tormenta del siglo (marzo de 1993) que fue el primero en verla, y a partir de ahí pudimos hacer una evaluación correcta de la situación y se puso en aviso al resto del país, sobre todo al occidente”.

En el radar de Casa Blanca, en La Habana, el operador Alejandro Mata observó a las 23:21 “algo ‘feo’ acercándose a Pinar del Río y moviéndose muy rápido”; puso el sistema a grabar y llamó a Pronósticos. El sistema DR de Casa Blanca era manual: el inicio de la grabación dependía del operador, y la visualización exigía subir al radar (en la azotea de otro edificio) para ver la pantalla. No existía un display remoto en la sala de pronósticos. La información estaba ahí, pero el flujo hasta la decisión de alerta era lento, presencial y frágil. No era costumbre consultar el radar, salvo en casos de huracanes.
El sistema avanzó a velocidades de entre 78 y 100 km/h, y en La Habana las rachas alcanzaron los 160 km/h, con daños estimados compatibles con vientos de hasta 215 km/h. El radar de La Habana captó la línea de turbonada con ecos de arco a las 02:59 de la madrugada, y el evento quedó documentado en un análisis formal de la American Meteorological Society como una línea de turbonada prefrontal con mesociclón. La señal era meteorológicamente significativa y estaba registrada. El fallo no fue de detección.
La lección no está en la física, sino en la cadena operativa
La extrapolación de aquel sistema frontal rápido y organizado era técnicamente viable con horas de antelación. Los propios registros del radar permitían estimar el desplazamiento de la línea y su hora aproximada de arribo a La Habana. Pero la extrapolación no se ejecutó como producto operativo, y la alerta no se articuló con la velocidad que el fenómeno exigía. El post “La Tormenta del Siglo. Lecciones aprendidas para La Vigilancia por Radar” lo resumí con detalle: las posibilidades gráficas del sistema DR eran limitadas, no permitían ver el dato de radar “en toda su magnitud”, y la información no fluyó con la urgencia necesaria.
Esa es la lección que trasciende 1993: el nowcasting por extrapolación es una herramienta poderosa, pero solo si está integrada en un sistema que automatice la observación, visualice el dato en el punto de decisión y comunique el aviso sin fricciones. La transición radar→modelo que hoy describimos como una secuencia de pesos decrecientes e incrementales presupone que la primera etapa —el radar— funciona de forma ágil y conectada. Cuando esa etapa falla, el blending de las horas siguientes se construye sobre un vacío.
Sin embargo, tengo en mi poder varias secuencias de datos de radar de otros eventos meteorológicos que hablan por sí solas, ya con los radares completamente automatizados, con ORPG y sus algoritmos de detección automática de tormentas señalando el peligro; no se les hizo caso, y el fenómeno tomó por sorpresa a La Habana (por ejemplo, se inundó sin previo aviso la Plaza de la Catedral).

El radar estaba funcionando correctamente, el algoritmo marcaba; nadie miraba. Esa es toda la diferencia. El nowcasting no funcionó porque no existe como sistema y sorprendió, aun con una herramienta tecnológica desarrollada. A quien desee le puedo mostrar más ejemplos.
Por eso digo que no existe un sistema de nowcasting en Cuba.
Conclusión
La tesis de las dos horas, las seis horas y el modelo a partir de ahí sigue siendo una brújula razonable para diseñar sistemas de pronóstico inmediato. Pero la Tormenta del Siglo demuestra que el límite más duro no siempre está en la habilidad de la extrapolación, sino en la arquitectura institucional y tecnológica que decide si esa extrapolación llega o no a tiempo a quien debe actuar. La física del radar cumplió; la cadena alrededor de la pantalla, no. Los sistemas convectivos no son tan dóciles como los sistemas frontales para la extrapolación, pero lo importante para el nowcasting es que haya alguien mirando lo que aportan los sensores. La vigilancia meteorológica y el pronóstico siguen siendo tareas para los humanos.
Hoy en Cuba tenemos un NWP de mesoescala operativo (SiSPI) y una red de radares automatizados, pero eso no equivale a un sistema integrado de nowcasting de radar. Lo que no existe es un sistema integrado, operativo y sostenido de nowcasting de 0–2 horas basado en observación de radar y con cadena de decisión hasta el aviso.
Actualmente LADETEC ha asimilado la implementación del sistema de ayuda al pronóstico más avanzado, que se emplea en los EE. UU. lo llamamos LAMULA™ AWIPS. Puede leer el post ¿Qué es AWIPS? para conocer los detalles. Aquí estamos, como siempre, desde 1990, LADETEC a su servicio. AWIPS es, nuevamente, una herramienta, se necesitan personas mirando todas estas herramientas y tomando decisiones.
Bibliografía
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- Meteoradares. (2026, 21 de enero). La Tormenta del Siglo. Lecciones aprendidas para La Vigilancia por Radar. [Entrada de blog].
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- Radares Mirando al Sur (2024). ¿Qué son LAMULA-ORPG y LAMULA-WebViewer?
- Radares Mirando al Sur (2026). Epic of the Cuban Doppler-11…
- Radares Mirando al Sur (2026). LAMULA™: El Nombre que Forja la Resiliencia Tecnológica en Radares.

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