El Instituto de Meteorología tiene muy buenos modelos pretemporada de huracanes y un muy acertado sistema de pronósticos y seguimiento de las tormentas tropicales. También tiene un sistema de alerta temprana de condiciones de severidad del tiempo, que funciona muy bien; pero no es lo mismo decir que «hay alta probabilidad de que ocurran tormentas locales severas en los próximos 3 días…», que decir que «…dentro de 15 minutos un tornado estará azotando a La Habana» . Sin embargo, cuando se trata de Nowcasting (pronóstico inmediato, de 0-2 horas) y del Very Short Term Forecasting (pronóstico a muy corto plazo, de 0-12 horas), en mi opinión, no existe un sistema. El Centro Nacional de Pronósticos, que es el que concentra a la mayoría de los pronosticadores experimentados, no se puede ocupar de esta escala espacio-temporal. En provincias también hay muy buenos pronosticadores, pero, en mi opinión, no constituyen un sistema, aunque tengan éxitos puntuales.
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De la lluvia a la alerta en el teléfono: así funciona el sistema en EE.UU.
A la 1:14 de la madrugada, el teléfono vibra. Es una notificación que no viene de una aplicación del tiempo ni de una red social: es una Wireless Emergency Alert. En el texto aparecen las palabras que activan la alarma: inundación repentina, lluvia intensa, radar y pluviómetros. Para quien la recibe, la alerta llega como un hecho aislado. Detrás hay una cadena de procesos que empezó mucho antes, cuando la lluvia aún no había desbordado el río. Entender esa cadena —y sus límites— es entender por qué Estados Unidos no alerta “con un radar” ni “con un pluviómetro”, sino con un sistema que integra ambos y los traduce en una decisión operativa.
En un post anterior vimos que MRMS convierte miles de sensores dispersos en una estimación cuantitativa de precipitación (QPE) única, nacional y actualizada cada 2 minutos. Pero una QPE, por sí sola, no salva vidas. El sistema estadounidense de alertas de inundación es la cadena que traduce esa cifra en una decisión y, finalmente, en una notificación que vibra en un teléfono. Es una cadena con eslabones bien definidos: MRMS → FLASH → pronosticador → etiqueta de impacto → Wireless Emergency Alert.
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Una inusitada propuesta de «zarzuela cubana» para los radares del Caribe
Un post para hablar sobre la posible integración de datos de radar en el Caribe. English version here.
La zarzuela cubana no es ópera ni comedia. Es un género de teatro lírico donde la música instrumental y cantada se entrelaza con partes habladas, y donde personajes de distinta tesitura —soprano, tenor, barítono, coro— no cantan lo mismo, pero convergen en una sola historia. Cuba es el único país de la América hispana donde el género adquirió caracteres plenamente nacionales: Lecuona, Roig, Prats supieron meter el ritmo y el fraseo cubano dentro de una estructura polifónica, y de ahí salieron obras que son, a la vez, teatro universal y retrato de esta isla.
Esa es, exactamente, la situación de los radares del Caribe y el Golfo de México. Cada radar es una voz en la partitura: distinto fabricante, distinta longitud de onda, distinta capacidad de escaneo. Ninguno por sí solo ve la obra completa. Y sin embargo, cuando el huracán viene hacia nosotros, todas tendrían que cantar juntas. Permítame que le hable con franqueza, porque llevo días rumiando esto y no encuentro manera de decirlo sin rodeos: tenemos una orquesta que no ha terminado de afinar.
La metáfora no es de hoy. Es de 2014. En mayo de aquel año, en un taller en Bogotá, escuché al Dr. Asko Huuskonen hablar del programa OPERA y de sus éxitos a pesar de la diversidad de tecnologías, métodos de exploración y métodos de calibración. Entonces se me ocurrió que nosotros, en el Caribe, Centroamérica y el norte de América del Sur, podríamos hacer si no una «Opera» al menos una «Zarzuela». Lo escribí en este blog y quedó ahí, como una botella al mar, cerrado con un «tal vez algún día lo logremos» que sonaba más a despedida que a pronóstico.
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¿Facturar con un ERP?

Normalmente las empresas tienen un modelo de factura elaborado en Excel (o incluso en Word), y en cada caso rellenan los datos y las informaciones necesarias y se las entregan a los clientes. Cuando pagan facturas, las guardan impresas en archivos de papel. Los contadores recopilan manualmente los datos que necesitan y los asientan en documentos en papel o en algún sistema informático que les permite llevar control sobre la contabilidad y son felices ¿Para qué habrían de querer “complicarse” aprendiendo un nuevo sistema de ERP para hacer una tarea que llevan años haciendo de la misma forma? Léame que les cuento y Usted saca sus propias conclusiones.
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