
Hace ya casi un año, a raíz de los sucesos del 11 de julio del 2021 en Cuba, un ex alumno me dijo, con intensión ofensiva, que soy un fracasado (por las redes, porque él es un empresario exitoso en EE.UU., sí, él y dos más tienen montada una exitosa compañía privada), y agregó que fracasado al igual que todos los de mi generación. Así pues, llegué a la conclusión que tengo que ejercer el rito romano de confesar de una vez y por todas mis pecados, mis anhelos y mis fracasos. A fin de cuentas, cuando inauguré el blog en el 2011 dije que hablaría de mí y lo he diferido bastante
El pecado original
Para decirlo de forma simple sin darle muchas vueltas: soy comunista, esa es el problema.

Sí, mi padre carnal, Orlando Rodríguez Fiallo, lo fue (comunista) hasta que falleció a edad temprana (36 años), mi madre, Teresa González Álvarez (nacida en 1935 y aun viva) siempre lo ha sido, el padre que me crio, Humberto Cid Obrador, lo fue hasta su muerte (en el 2005). Pueden pensar mis amables lectores que eso (lo de comunista) me lo inculcaron desde pequeño. Es cierto, pero otras cosas también me las inculcaron y yo no las adopté. También mi tío Evaristico me mandaba inspiradoras postales de Lenin, la Plaza Roja ,,,y ahora se queja. Tranquilos todos, al llegar a los 14 años ya yo era comunista por convicción propia, soy joven comunista desde el 31 de mayo de 1971. Eso no tiene que ver con lo que me pudieran haber adoctrinado, ni con el gobierno en Cuba, ni conque yo haya vivido en el socialismo soviético, ni con nuestra implementación cubana del socialismo en la cual he vivido la mayor parte de mi vida, ni con nuestros aciertos y desaciertos económicos, ni con mi militancia en un núcleo del Partido Comunista de Cuba. Yo podría vivir en Estados Unidos y seguir pensando como comunista. Ser comunista es, simplemente, un credo y no tienen que ver directamente con mi forma de vida. Las ideas comunistas de justicia social, que en muchos conceptos se dan la mano con las enseñanzas de Cristo, son mi ideal. Sí, soy un soñador, y no creo en los imposibles. Comprendo que tal vez nunca alcancemos en Cuba la materialización de estas ideas, o peor aún, tal vez la humanidad nunca llegue a ellas en ninguna otra parte del mundo.

Mea culpa.
Provinciano
Nací en Camagüey. No creo que haya mucho de especial en eso. Uno no es mejor ni peor por haber nacido en París, Moscú, Nueva York, Magarabomba o Galvis.

Es cierto que algunas costumbres lugareñas se le pegan a uno; pero no es muy relevante. Conozco a uno de Minas, que a los tres años de estar viviendo en Argentina viró hablando «argentino» o el otro que fue unos meses a España y viró hablando el castellano «de gilipollas» Nada, no vivo en Camagüey porque sea comunista ni porque apoye al gobierno, ni porque nada me impida viajar, ni porque no tenga opciones en otros lares, es que me gusta vivir aquí. He andado bastante por el ancho mundo como para saber dónde quiero vivir y dónde no. A pesar de numerosas y deslumbrantes ofertas de trabajo y de vida que he tenido, no, no quiero vivir ni en Estados Unidos, ni en Italia, ni en Canadá, ni en Rusia, ni en Alemania, ni en Colombia, ni en Venezuela, ni en Nicaragua, ni en La Habana, y ni siquiera por ser nieto y bisnieto de asturianos, quiero vivir en España, más bien me siento descendiente de Agramonte…no deseo vivir en ninguna otra parte, que no sea en Camagüey. Sí, es una ciudad retorcida y manejar en ella es un problema, además, es muy ruidosa para mi gusto; pero ya tuve mi problema con el silencio.

Mea culpa.
¿Dones? o ¿Castigos?
Doña Natura no me dio mucho, no obstante, tampoco me dejó del todo desamparado. Veamos.

1) El primer don que percibí fue la memoria. Desde muy niño tuve facilidades para recordar cosas. De hecho, aun conservo flashazos de edades muy tiernas, por ejemplo, tengo recuerdos nítidos del 5 de septiembre de 1957 en Cienfuegos y cuando eso yo tenía 1 año 8 meses y 19 días. Con el tiempo, pulí y perfeccioné esta cualidad, puedo memorizar varias páginas con tablas de números, solía “levantar” las actas de las reuniones sin tomar apuntes y jugaba ajedrez sin mirar el tablero. En realidad, esta memoria fotográfica me ha resultado muy útil en mis estudios, en mi trabajo, en el aprendizaje de idiomas y en la vida; pero…hay muchas cosas que preferiría olvidar y no puedo. La mayoría de las personas olvidan las cosas malas y conservan solo los recuerdos agradables. Yo no, yo recuerdo cada cosa mala que me ha pasado, de ahí que no soy nada propenso a la nostalgia por los tiempos pasados. Créame estimado lector, eso es un castigo.

2) Desde pequeño tengo un raro don de captar la esencia de las personas a primera vista, inicialmente captaba solo en blanco/negro, bueno/malo, leal/desleal. Supongo que eso se me daba porque siempre he sido introvertido y observador. Luego, me cayeron en las manos libros sobre lenguaje corporal y sicología y lo convertí en un hobby y pude distinguir «los tonos de grises» en las personas. Puedo «oler las mentiras a varios kilómetros». El lenguaje corporal es mucho más expresivo que el lenguaje hablado, basta con no prestar atención a lo que la gente habla y «escuchar con la vista». No obstante, a eso se contrapone a que siempre le concedo crédito ilimitado a las personas y aunque mis sensores me enciendan bombillos rojos de alertas, sigo fiel al crédito concedido hasta que la persona se encarga de darle la razón a los sensores activados y terminan decepcionándome profundamente. Casi siempre percibo muy bien la impresión que le causo a las personas y a veces hasta me adelanto en las reacciones. También es una especie de castigo ver a las personas mentirme, a veces en cosas intrascendentes, porque entonces mi cerebro entra en un algoritmo complicado para tratar de entender por qué me miente. No, no es agradable.

3) Otra cualidad que supongo heredé y luego perfeccioné, es mi habilidad para explicar. No soy muy inteligente, solo perseverante y estudioso. El mostro Leonardo dice que yo soy un “explicador” y yo creo que tiene razón. Me estudio cosas complicadas, le dedico muchísimas horas a eso hasta que satisfago todas mis preguntas y logro entender (sí, con mucho trabajo) cada detalle, y luego soy capaz de explicarlo de modo que las personas lo entiendan de una forma rápida y simple. De cierta forma, eso también supone un castigo porque con los años, uno trata de hacer eso de simplificar y tratar de expresar los contenidos de forma resumida, y se lo trata de aplicar a todo, entonces uno adquiere un pedante tono doctrinal al decir cualquier cosa. En ese afán de síntesis, por ejemplo, en lugar de disfrutar las películas como son, las «hojeo» y voy rápido al final, no las disfruto.

4) Siempre tuve facilidades (no gran cosa) para las artes plásticas, la pintura y la escultura; sin embargo, no las cultivé (e hice muy bien, yo pienso que no daba para pintor o escultor). Esas facilidades en cambio, me sirvieron para escribir documentos con dibujos explicativos y acabado estético (pajarería, diría yo si no fuera porque hablo de mí mismo), lo cual es, la mayoría de las veces, innecesario, por tanto, una pérdida de tiempo tratar de escribir todos los documentos bonitos. Ironías de la vida, mi mamá me llevó a hacer las pruebas de aptitud en la Escuela de Arte…en música (mi abuelita Zeida soñaba que yo fuera violinista), para la cual no tengo ninguna aptitud, en lugar de hacerlo en pintura, para la cual tenía una cierta inclinación. Recuerdo que mi abuela Zeida reía cuando yo decía muy autoritariamente que iba a ser técnico-mecánico, que yo no sabía lo que era; pero que me sonaba muy bien.

Mea culpa.
Austero-espartano
No necesito mucho en la vida. me refiero a cosas materiales, en realidad, tengo mucho más que lo que necesito. Si no fuera porque me desagrada que una cucaracha me camine por encima (un ratón peor), dormiría en el piso (ambos me han caminado por arriba durmiendo en el piso, por eso sé de lo que hablo, nunca supimos quién se aterrorizó más si yo, la cucaracha o el ratón). No hubo televisor en mi casa hasta que yo estaba en grado 12, cuando ya, realmente, tenía otros intereses. Desde hace muchos años no veo televisión. En algún momento el cine era importante y muy agradable para mi; pero desapareció. Hago ejercicios hasta el agotamiento y lo disfruto. Yo pudiera definirme como un “trans-mechador”, es decir soy un fisicoculturista de alto rendimiento (como Arnold, más o menos) atrapado en este cuerpo enclenque que me dio la Naturaleza.

No le temo al trabajo rudo, cuando debo hacerlo me entrego a él como un kamikaze, hasta el cansancio total y más allá. Nunca he comido mucho, no es un placer para mi. Salvo raras ocasiones, ingiero comida para alimentarme, no para darle gusto al paladar o al estómago. Soy confesamente espartano y me he rodeado de ellos. La bebida (alcohólica) tampoco es algo atractivo para mí, bebo solo socialmente, aunque debo aclarar que una cerveza Cristal bien fría (de botella) en un día caluroso no es algo que yo rechace.

Nunca he fumado, lo he probado, pero no me da placer. He trabajado duro para tener un mínimo de comodidades en la casa y para proveer a mis hijos de modo que pudieran probar las cosas agradables de la vida y decidieran por sí mismos. La vida me ha premiado con muchas más cosas de las que busqué. La lectura y el estudio han sido mi hobbies de toda la vida. Una vez, al director de mi centro le pidieron que caracterizara a todos los «cuadros» (jefes subordinados) de nuestro centro. De mi escribió: incorruptible, no hay con qué tentarlo. Ciertamente, no hay nada material que yo anhele poseer.
Mea culpa.
Perfeccionista-Criticón
Mis subordinados me aman/odian. Soy perfeccionista, alabo muy poco y soy implacable con las cosas que no salen a lo máximo que podríamos haber logrado, y para males mayores, las recuerdo durante mucho tiempo. Tal vez por eso hemos avanzado mucho más allá de lo que cualquiera pudiera haber calculado.

Nunca me pongo a lamentarme por lo que hubiésemos podido hacer si nos hubieran dado esto y aquello y me concentro en sacar el máximo provecho a lo que tenemos. En mi trabajo somos una pequeña bolsa de excelencia en un lugar inesperado. Dondequiera que yo hubiese ido a trabajar habría sido igual, me habría empleado con esta fuerza telúrica conque me he desplegado en Meteorología. Nunca he trabajado por un reconocimiento, ni por nada material, solo me he guiado por mis propios planes, siempre napoleónicos. Muy pronto me di cuenta que tenía que rodearme de personas más talentosas que yo, porque comprendí que yo nunca sería lo suficientemente bueno como para hacer el trabajo que tenía en mente, por tanto, me dediqué con ahínco a enseñarles a otros, en forma de atajo, lo que a mi me tomó mucho aprender (así perfeccioné lo de explicador). A veces soy injusto, pero lo reconozco en cuanto me doy cuenta que no tenía la razón. Sin embargo, en mi favor puedo decir que hay que tener en cuenta que nunca implantarás un récord de salto alto si siempre te pones la varilla a una altura que puedes sobrepasar cómodamente. Sí, soy muy severo exigiendo, muchas veces en exceso.
Mea culpa.
Insumiso-Protestatario
Soy rebelde por naturaleza, No acepto imposiciones que considere ilógicas, ni de los subordinados, ni de los superiores. No hay nada con lo que me puedan intimidar para que acepte algo que creo que está mal.

No me doblego ante ninguna persona por ningún tipo de conveniencia; prefiero asumir consecuencias materiales y espirituales negativas y desagradables a tener que «vender mi alma al diablo», no hay dinero suficiente para comprarme, no hay castigo suficiente para doblegarme. Eso no quiere decir que no acate las órdenes, solo que no admito que vengan con órdenes absurdas y explicaciones tontas para subnormales, de jefes que no se atreven a discutir con sus superiores porque están cuidando su cargo/prebendas. A los buenos jefes sí se les puede explicar y si uno lleva la razón se convencen, no hay que temer a exponer razones por muy contracorriente que estas luzcan. En general, si un obstáculo se interpone entre mi objetivo y yo, trato, por todos los medios, de bordearlo o saltarlo, solo si no queda más remedio, trato de quitarlo del medio. Con mis subordinados discuto libremente, al mismo nivel, a veces son discusiones muy agudas, títulos, grados y categorías científicas se apartan y se discute solo con la razón hasta que emerge la verdad que nos deja satisfechos a todos. Lo cierto es que soy muy incómodo para los jefes incapaces y sumisos y también para los subordinados que no solo se creen muy listos, sino que creen que soy tonto. Lástima que, con esta cara de tonto, Dios no me haya complementado con la estupidez correspondiente, y que la Revolución me haya permitido pulirme lo suficiente. Sé que algunos de mis jefes, a lo largo de los años, hubiesen preferido no tenerme de subordinado, tal vez debería decir de insubordinado. Para mayor pecado, soy bocón. A veces consigo quedarme callado, pero me salen subtítulos en la frente. Esa no es una buena característica, pude haberme evitado problemas callando. Para mal mayor suelo ser irónico y a veces hasta sarcástico cuando tratan de imponerme una cosa irracional y perjudicial para el trabajo. Yo solo tengo compromisos con Cuba y su Revolución.

Mea culpa.
Resiliente-Incombustible
Pues sí, con lo descrito en el párrafo anterior, no es difícil suponer que, no pocas veces hayan tratado de pulverizarme (y conmigo a mi equipo de trabajo).

Unos cuantos habrían dado cualquier cosa por molestarme y que me diera por irme de la actividad de los radares, de Meteorología y hasta de Cuba. Algunos hicieron todo lo posible por incomodarme a mí y a mis compañeros; pero en esos casos apliqué los gentiles principios del judo: ser como el bambú, flexible, resistente y paciente. Cuando hacíamos la maqueta de la automatización muchos apostaban que fallaríamos, porque aparte de la propia dificultad del reto tecnológico nos colocaron todo tipo de obstáculos y esperaban ansiosos para inclinar los pulgares hacia abajo…inútilmente esperaron. Por suerte, otros muchos y muy importante sí apostaron por nosotros.

Hemos ido acometiendo empresas cada vez más complicadas y riesgosas y siempre hemos salido victoriosos, no porque yo sea (seamos) muy inteligentes, sino porque le ponemos el alma y el corazón a cada trabajo y solo el cielo es nuestro límite. Para lograr nuestros empeños hemos soportado todo, incluyendo sufrimientos, incomprensiones, menosprecio y hasta humillaciones (sí, ya dije lo de mi memoria fotográfica, recuerdo todos los detalles, pero no me entretengo en eso, ya he visto a dónde han ido a parar muchos de los causantes de estas penas y nosotros…aquí estamos, sirviendo a la Patria). Para caracterizar mi resiliencia un amigo me dice: usted es como la mala hierba, no importa que lo chapeen al rente, vuelve a salir dondequiera y otro que me dice: usted nunca va a morir quemado, y aclara, porque la mi*rd* no coge candela.

Mea culpa.
Perseverante-Obstinado
Siempre he sido tremendamente perseverante. Hay ideas que he perseguido durante años.

Recuerdo que en 1983 ya yo tenía una idea clara de cómo debían ser (funcionalmente) los radares meteorológicos cubanos. Lo que sucede es que en ese año no tenía ni las personas para hacerlo, ni la base material, que dicho sea de paso, simplemente, no existía en el mundo en esos momentos; pero ya yo sabía lo que debía hacerse. No fue hasta 1997 que se materializó la maqueta de esta idea, y no fue hasta el 2020 que se fabricó el primer ejemplar seriado de radar meteorológico cubano (Doppler).

Pudiera decir que persigo las ideas furiosamente, avanzo milímetro a milímetro y me aferro a cada milímetro conquistado para no retroceder, aunque pierda las uñas. Esa obstinación puede ser buena o mala. Por lo general, mi obstinación se ve coronada por el éxito; pero a veces me equivoco persiguiendo una idea que no es realizable o que simplemente no era tan beneficiosa como yo creía, entonces la abandono abruptamente y lo hago sin nostalgia ni remordimiento.

Mea culpa.
Fracaso laboral
Nunca ejercí la especialidad que estudié. Caí directo en el Centro Meteorológico de Camagüey y los especialistas soviéticos me atraparon de por vida.

Empecé a trabajar en un pequeño tallercito, ruidoso, ruinoso, polvoriento, donde se afanaban tres mecánicos electrónicos en hacer amplificadores de audio y otros «chivos» para buscarse la vida en lo que esperaban a que los llamaran para darles alguna tarea. En eso llegué yo, en 1981, que soy todo un «ideota» y empecé a generar ideas-tareas.

Hoy somos el Centro Nacional de Radares con sólido prestigio internacional, aunque en realidad solo somos 19 personas. Atendemos los ocho radares meteorológicos de Cuba (tres de ellos datan de 1973, que, si no es récord Guinness, es un récord en Güines). Nos dedicamos a ellos en todos los aspectos. Manejamos y procesamos todo el flujo de información que viene de los radares hasta emitir alertas sobre fenómenos peligrosos. Modernizamos y hasta fabricamos nuestros propios radares meteorológicos (a nivel de lo más avanzado del mundo). Hemos brindado servicios en 10 países. La tecnología (hardware y software) que hemos desarrollado para nuestros radares solo la dominan completa (como para no depender de nadie) otras 6 instituciones en el mundo y ninguno de ellos hace cola para el pollo.

Como colectivo estamos entre los 10 primeros del mundo, mis ingenieros reciben ofertas muy tentadoras para trabajar para instituciones en el extranjero por muuuucho dinero, también yo. Hemos obtenido todos los premios y distinciones (individuales y colectivas) que otorga la Ciencia en Cuba. En otro orden de cosas, soy Profesor Titular de Electrónica en la Universidad de Camagüey con un largo currículo docente. Soy, además, Profesor Titular de Meteorología en el InSTEC (Universidad de La Habana). En el extranjero soy Profesor Consultante de Meteorología de Radar en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá, en la Universidad Distrital Francisco José de Caldas de Bogotá y en la Universidad de Pamplona (Colombia).

Me parece que he sido mucho más educador que ingeniero. Ya sé, no es gran cosa lo que he obtenido en el trabajo, yo tenía (tengo) planes de mucho más. Voy a necesitar un poco de vida extra porque aun tengo muchas cosas por hacer en los radares y en general.
Mea culpa.
Descendencia fracasada
Mi esposa Milagros y yo, solo tuvimos dos hijos: un varón y una hembra, yo quería más (no es que haya dejado de quererlo) pero no se pudo.

El varón, Vladímir, nació en 1984, es Ingeniero Eléctrico (con título de oro, como su mamá y yo) y casi simultáneo se graduó de Máster en Ingeniería Eléctrica (con título de oro). Defendió doctorado en ciencias computacionales, es Profesor Titular de la Universidad de Camagüey (como su mamá) y colaborador científico del Centro de Radares (donde trabaja su papá, es decir, yo). Su esposa Gissell es Licenciada en Historia y también Profesora de la misma Universidad donde trabaja su suegra, mi esposa, Milagros.

Mi hija, Orlý, nació en 1989, se graduó de Doctora en Medicina (con título de oro, ah, ser médico fue una de mis aspiraciones allá por 8vo grado) y posteriormente de Especialista en Geriatría y Gerontología (con título de oro también). Trabaja en el Hospital Provincial Clínico-Quirúrgico-Docente de Camagüey, donde también es Profesora. Su esposo Víctor es ingeniero y Máster en Telecomunicaciones, trabaja en la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba y es uno de los mejores (modestia aparte) a nivel nacional en telefonía celular, es también Profesor Adjunto de la Universidad de Camagüey. Vladímir y Gissell tuvieron dos hijos: una niña, Liz Amanda y un varoncito, Orlandito. Orlý y Víctor tuvieron dos niñas: Victoria María y Valeria Janaina.

Es decir, que de momento solo tengo 4 nietos. Mi hermano, Humberto Cid González, con mi mamá, Teresa González Álvarez, así como con su esposa Isaira y su niño Alejandro, viven muy cerca de mi casa. Mis dos hijos viven cerca de mí (sí, somos un bulto de fracasados), aquí, en el Camagüey Legendario, y por supuesto, mis 4 nietos corretean a su antojo por mi «intocable» buró de estudio, arruinan mis lápices y bolígrafos, garabatean mis agendas y hasta se han orinado en mi puesto y sus gritos no me dejan estudiar. Para que vean como son las cosas, la vida me premió con un hijo adicional, Adriel, que desde pequeño mataperrea junto con Valodia y es uno más en mi casa, junto a su esposa Yanelis y a su niño Adrielito.

Nada, todo un fracaso, y total, no contribuimos a incrementar numéricamente la población mundial.
Mea culpa.
Viajero involuntario
Decidí irme a estudiar para la Unión Soviética por tres motivos: por buscar un nuevo horizonte profesional, por curiosidad cultural y por salirme de la tutela de mi autoritaria mamá. Moscú fue mucho más de lo que yo esperaba. El idioma, la cultura, el modo de vida, la comida, el clima, la tecnología, las bibliotecas, la libertad de ser dueño de uno mismo, todo fue una expansión de mis sentidos y de mi mente, ese ha sido uno de los mejores regalos que pude haber recibido en la vida.

Después que regresé de Moscú, ya no quería viajar. Casi enseguida de empezar a trabajar me ofrecieron una maestría en Suecia y la rechacé. Yo solo quería trabajar y hacer una familia. Con los años, aunque la mayor parte de las veces no lo busqué, llegaron muchos viajes a países desarrollados y no desarrollados: Rusia (5 veces, incluyendo los años de estudio), Letonia (2 veces), Azerbaidzhan (1 vez), Ucrania (2 veces), Canadá (7 veces), Estados Unidos (1 vez), Italia (1 vez), Alemania (3 veces), Francia (1 vez), Gran Bretaña (3 veces), Venezuela (7 veces), Nicaragua (6 veces), Guatemala (1 vez), Honduras (2 veces) y Colombia (6 veces).

He viajado muchas veces en avión y 3 veces en barcos trasatlánticos, he cruzado fronteras terrestres entre países, he realizado largas travesías en tren y en auto por otros países. Estuve muy cerca del Cañón del Colorado, en las Montañas Rocosas, dormí en un pueblito de cowboys, conservado para filmar películas, estuve muy cerca de las Cataratas del Niágara, pasé por los Bosques de Sherwood (sí, lo de Robin Hood), estuve en la Casa de Sherlock Holmes, estuve en la barriada de Notting Hill (el que no vio la película no sabe lo que es la vida), en Portobello Road, en la casa de la puerta azul, estuve en el Palacio de Buckingham y en el Canal de la Mancha (como los 4 Mosqueteros), estuve en el Big Ben, le pasé cerca de Ojo de Londres, caminé por la rivera del Támesis, pasé muy cerca de la Torre Eiffel (sin tiempo para deleitarme), subí a los cerros más altos que rodean Bogotá y trepé como Spiderman al Tanque del Acueducto de Suba Choque, vi la momia de Lenin en el Kremlin y la Plaza Roja, atravesé a nado el laguito de la Torre de TV de Ostankino (y por poco quedo morado y muerto del frío), estuve la Universidad Lomonosov, en Leningrado, en el Ermitage, estuve en el Coliseo Romano, en el Vaticano, en la basílica de San Pedro y en muchísimas de las 300 iglesias de Roma y a la verdad, caminé cada rincón de Roma, incluyendo el Transtévere, oré en el oratorio de San José, estuve en Notre Dame (no la de París, la de Montreal) y pateé bastante por el Plateau Mont Royal, de Montreal. De Moscú, qué decir…Sí, estuve en un sinfín de lugares que ya ni recuerdo, no soy bueno para viajar, no presto mucha atención a los lugares y conocerlos en vivo no me da placer, me da lo mismo verlos en postales.

Conozco en persona a muchas de las grandes personalidades de mi especialidad y he estado como científico visitante en los mejores laboratorios y centros de investigación de este mundo de los radares meteorológicos y he visitado los radares de tecnología más avanzada. En realidad, es mucho más de lo que esperaba y deseaba porque de escoger, yo hubiese preferido quedarme sedentariamente en casa (sí, Dios le da barba al que no tiene quijada). Sí, para rematar, estuve con los dos pies secos en las arenas de Miami.

Mea culpa.
Empeños fallidos
Mis planes siempre fueron mucho más grandes que mis posibilidades reales.

No pude ser piloto de combate como deseaba, porque me sacaron de los «Camilitos» por problemas físicos (pies planos, escoliosis, miopía, poco desarrollo físico, en fin…una calamidad). No fui el gran científico que me inspiraron los libros de Julio Verne, solo he sido un ingeniero empecinado. No fui un gran nadador como soñaba ser cuando me deslumbraban los récords de Johnny Weissmüller, y no lo seré porque me dan calambres en los músculos, que si nooo… (conste a mi favor en esta confesión, que ayudé a Mayito González a ganar el oro en el Panamericano de la Habana, que muy duro braceé desde mi casa, bueno, no vamos a discutir, Fidel también braceó desde la tribuna, los dos ayudamos, no discutamos eso).

No aprendí a tocar guitarra, no fue cuestión que no lo intentara, en realidad es que tengo el oído «cuadrado». Practiqué gimnasia; pero lo que logré fue imponer récord de caídas de los aparatos y en el All Around de Caídas, en fin, el sueño de ser como Burt Lancaster en Trapecio, no lo logré. En cambio, ayudé a que mi hijo manejara el látigo del Zorro con la misma maestría que yo…él seguro se acuerda de mis enseñanzas (y del latigazo que me metí en el pecho).

Nunca pude dedicar suficiente tiempo para haber obtenido un alto grado de artes marciales (Bruce, lo siento, debí haber aprovechado cuando llevaba a mis hijos a practicar). En cuanto a mis planes de políglota, pues solo pude aprender español, ruso, inglés e italiano. El francés, siempre se ha ido quedando como una vieja promesa (7 veces renovada) a mi querida Montreal. No fui un gran ingeniero como lo eran mis mentores soviéticos; pero contribuí a que mis discípulos sí lo fueran. Traduje un libro y soy Informático y Cartomántico, digo esto porque he escrito tantas cartas e informes que podrían compilar varios tomos. Yo soy un excelente bailarín; pero mis pies nunca llegaron a entender eso y a la verdad, ya no sé cómo explicárselos, no quiero seguir dedicándole tiempo a esa testarudez de ellos. En fin, uno no puede abarcar todo, eso es pecado de avaricia, algunas cosas se me van quedando sin hacer, algo hay que dejar para los demás, que para eso me he rodeado de excelentes personas.

Mea culpa.
Absolución
Bueno, como no voy casi nunca a la iglesia, tendré que administrarme yo mismo la absolución de mis pecados:

Pues sí mi estimado ex-alumno (y resto de mis fieles lectores), aquí tiene Usted mi larga y fracasada vida expuesta en breves párrafos. Le deseo a Usted (y a todos los emprendedores) que se le den todos sus anhelos, que los míos, aunque no se han cumplido totalmente, me han hecho muy feliz en el empeño de conseguirlo… y aun tengo planes muy ambiciosos, entre ellos, que pretendo ser eterno o morir en el intento. Más bien necesitaré 7 eternidades para culminar con la Dopplerización de los radares y luego convertirlos a Polarimétricos y lo de hacer un par de radares móviles y de terminar los tres libros que tengo en mente, lo del pronóstico inmediato con Radar + Modelos + Inteligencia Artificial, lo de perfeccionar la comunicación de la información de radar y los avisos de tornados…si me dejan
Estimados lectores, justo hoy, comienzo a vivir el primer día del resto de mi vida y bueno, los dejo porque tengo muchas cosas por hacer, el tiempo vuela…y se me va el tren hacia mi futuro.

Finalmente si no se me da lo de ser eterno, pues qué caramba, este fracaso de vida que he llevado en mi querido Camagüey y en mi querido Centro Meteorológico, donde radica el Centro de Radares, tampoco me ha parecido tan malo, todo depende de las expectativas de uno.

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Réquiem
Cuando escribí este post el 26 de julio del 2022 ya sabía lo que venía. Algunos amigos se asombraron y le dije como le decía el Lobo a la Liebre –Espera que ya verás. Ya los jefes habían empezado a tejer su historia muy mal contada. Expulsaron del CITMA a mis tres fenomenales ingenieros, entrenamos en más de 35 años. A mí me botaron deshonrosamente de jefe, como si yo hubiera vendido pasaportes o hubiera traicionado a la Patria. Tranquilamente, el INSMET se quedó sin los únicos cuatro expertos de nivel internacional, acreditados por varios fabricantes extranjeros. Como es lógico, se paralizaron los trabajos de modernización de los radares, no se han dado más mantenimientos y …a nadie le importa. Es solo cuestión de tiempo que todos los radares colapsen. Sé que nadie le preguntará a la ex-ministra Elba Rosa (ahora embajadora en Bolivia), ni a la Presidenta de la AMA, Maritza, ni al director del INSMET, Celso. Automáticamente, la culpa irá al saco del Bloqueo. A mis amables lectores les digo lo de siempre, no me crean a mí, lean, documéntense, analicen, razonen y saquen sus propias conclusiones. Ya yo me concedí mi absolución. Si alguien traicionó el pensamiento de Fidel no fuimos nosotros.
Desde julio del 2023, los cuatro indeseables para el CITMA formamos una empresa privada con el nombre del LADETEC, el mismo nombre extraoficial que ha tenido nuestro grupo desde que la Dra. Rosa Elena Simeón Negrín lo formó en 1990. Hemos seguido brindando servicios de radar fuera de Cuba, y en Cuba nos dedicamos a brindar servicios de electricidad, automática, electrónica y computación a las empresas estatales cubanas siempre con la Innovación y la Sostenibilidad en mente. Continuamos siendo un grupo exitoso y nos hace felices seguir sirviendo a la Patria. Los dejo con algunos otros posts en los que pueden ver las líneas actuales de LADETEC:
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