
En el 2001 se iba a celebrar la 30ma Conferencia Internacional de Meteorología de Radar, en la ciudad de Munich, Alemania. Munich significa «monjes» en español. Esta fue una de mis ciudades «olímpicas» (sí, colecciono ciudades olímpicas: Moscú, Montreal, Roma, París, Londres, y de contra Whistler, sede de los Olímpicos de Invierno del 2010). Habíamos logrado colocar TRES trabajos en esta Conferencia y yo tenía grandes esperanzas de asistir. El Director General de mi Instituto pidió ayuda financiera a la OMM (Organización Meteorológica Mundial) y me dieron 1000 USD, que no llegaba ni siquiera al costo del pasaje Habana-Munich.
Entonces el Director General pensó que sería bueno pedirle a Cubana de Aviación un pasaje de cortesía, cosa que hacía años no se hacía. Me pasé 15 días en La Habana y francamente, ya me daba pena llamar al hombre de Cubana (bueno, en realidad del Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba), quien me decía todos los dias –llámame mañana. Un buen día le dije –me da pena, mejor consígueme un pasaje para Camagüey, y me dijo: –Tengo que pedir el pasaje donde mismo pedí el otro, así que espera a que haya una respuesta del primer pedido, y si es NO, pues pedimos un pasaje para Camagüey. Cuando faltaban 2 días, lo llamé y me dijo: Aprobado, para dónde te pongo el pasaje ¿para Madrid o para París:? Yo pensé –ninguno de los dos, voy para Munich, pero de los dos, París me queda más cerca, así que le dije –París. Contra! que «Paris vaut bien une messe (París bien vale una misa)» –dijo Enrique IV. Cuando se lo dije a mi Director General me dijo –bueno, qué remedio, entonces yo pagaré París-Munich-París.
La Conferencia no comenzó un lunes como es habitual, sino un jueves, y Cubana volaba sólo los sábados, por tanto aterricé en París por el aeropuerto de Orlý, atravesé París con ganas de verlo todo, pero a 90 km/h que no es mucho lo que se ve (pero la torre Eiffel sí que la ví), y a toda prisa llegué asustado al Charles de Gaulle (asustado porque Cubana llegó con atraso y pensé que perdería mi vuelo París-Munich), pero nada, llegué más o menos en tiempo, es decir cerraron la puerta del avión tras de mi, y eso gracias a que el vuelo Paris-Munich de Air France también salió atrasado (ya les cuento, en todas partes cuecen habas).
Mi amigo Edwin Campos, de Costa Rica me había dicho que «lucharía» un hospedaje bien barato para los dos, pero cuando llegué al hotel de la Conferencia me dijo: –nada, me tuve que meter con unos franceses en una habitación atestada, pero vamos a salir a ver que encontramos para ti. Caminamos un poco por las calles de Munich, entrando en cuanto Hotel o Pocilga encontramos y nada. Tropezamos con un hotelucho, el tipo dijo que no tenía nada, pero que tenía un pariente que seguro sí tenía (parecía un sirio, o un egipcio, yo nunca he visto un sirio o un egipcio, pero si he visto películas), conversaron en un idioma sirioegíptico y me confirmó. Edwin me dijo –coge un taxi y dale pallá. Eso hice, los taxis en Munich son lujosos Mercedes Benz, le pregunté al tipo cuánto me costaría ir a la dirección que me habían dado y me preguntó –¿eres cubano verdad? los cubanos siempre preguntan lo mismo, y siempre les digo lo mismo: ¡lo que marque el taximetro! Bueno y el taxímetro marcó xx marcos, que se tradujeron en 20 dólares de mis 1000, para mi toda una pérdida de mi menguable pecunio.
Llegué y el sirio (bueno, yo creo que era sirio) me dijo –no tengo habitación. Debe ser que el otro era egipcio, porque no se entendieron. El caso es que me vi en otro extremo de una Munich atestada con 300 eventos mundiales deportivos y todos los hoteles llenos (lo de 300 ya sé que es un poco exagerado…pero es por la película). Hablé no solo en los hoteles, sino en cualquier casa de rentas, a través de los intercomunicadores esos de los que da igual que el tipo hable en alemán, en inglés o en español de Munich…no se entiende nada, excepto que NO, que no tenían habitación. Seguí vagando a ver en qué parque pasaría mejor la noche..y de pronto…un hotelucho me acogió por 90 modestos USD…a ese paso…no llegaba ni al martes.
Cuando llegué al hotel de la Conferencia me sucedió una cosa grave: ya se había acabado el Banquete, la única comida gratis que da la Conferencia, y eso es bien grave para un tipo como yo, que esperaba banquetearse en ese banquete para ahorrarme dos comidas (sí, era comer bastante para no tener hambre al otro día). Para compensar Edwin me dijo –hablé con los catalanes, uno de ellos está solo en una habitación doble. Esa noche igual dormí en el hotelucho del otro extremo de la ciudad porque para asegurar ya había pagado, para resarcirme un poco, en el desayuno que estaba incluido comí como supongo que comían los caballeros teutones para poder manejar aquellas espadas, además recuerden que me había perdido el banquete la noche anterior. A todas estas viajé de gratis en el Metro de Munich porque no encontré cómo rayos pagar, y por suerte nadie me quiso poner multas por eso, y a pesar de los cartelitos en alemán..di con la parada del metro del hotel (modestia aparte soy todo un monstruo navegando por el metro de una ciudad desconocida).
El jefe de los catalanes me dijo –hablemos con la carpeta para que te pongan en la habitación de nuestro compañero, si lo hacen por la buenas bien, si no, lo hacemos «a lo español», es decir igual te metes en la habitación y no pagas (aquí me di cuenta de que realmente descendemos de españoles, pues juro que «a lo cubano» es eso mismo). No hizo falta, la mujer de la carpeta aceptó, y el colega fue tan gentil que me dijo –paga solo la diferencia (de sencilla a doble, que era mucho menos de la mitad), y así pude estar felizmente hasta el fin de la conferencia que terminaba un miércoles.
El grave problema era que yo tenía que permanecer en Munich hasta el domingo, obligado porque el vuelo de Cubana París-Habana era el domingo. La fábrica de radares Gematronik había planificado una visita a sus predios en Dusseldorff. Se salía el miércoles al mediodía, y la visita terminaba al otro día por la tarde y después «calabaza, calabaza…cada uno para su casa». Los de Gematronik me habían invitado, pero como estuve 15 días en que si iba que si no iba…pues ya ni sé en qué habíamos quedado. En mi primer día de Conferencia una alemana de Gematronik vio mi membrete y me preguntó muy amable y contenta de haberme «descubierto»–¿vas a ir con nosotros a la fábrica?. Yo, no menos amable le dije –sí, cómo no, pero tengo un problema, mi pasaje de vuelta es Munich-Paris-Habana. Gematronik se hizo cargo del asunto y me dijeron –dame tu pasaje, conocemos gente en Air France y lo cambiaremos, y yo me despreocupé.
Se terminó aquella Conferencia que recuerdo con mucho agrado no solo por los asuntos técnicos sino por haber paseado un poco por la ciudad de los monjes con los amigos españoles. Gematronik me dijo –aún no he logrado cambiar el pasaje, pero vamos con nosotros, ya veremos como resolver eso, y partimos hacia Dusseldorff. Recuerdo con agrado también la visita a la fábrica en Neuss (al lado de Dusseldorff), y las 20 mil preguntas que hice y que los anfitriones amablemente me contestaron, y el poder disfrutar de ver sus excelentes radares en diferentes estadíos de construcción.
Finalmente, los de Gematronik no pudieron cambiar mi pasaje y terminaron sacando un pasaje nuevo Dusseldorff-París-Dusseldorff (por supuesto que de París yo no iba a virar para Dusseldorff, pero me dijeron que así salía más barato). Rompiendo todos los récords de amabilidad, los de Gematronik no solo me pagaron el pasaje, sino me dejaron hasta el domingo en un hotel de primera en Dusseldorff con la habitación paga.
El día que me iba, en lugar de pagarme un taxi decidí irme en el Metro para ahorrar dinero. Una muchacha portuguesa que trabajaba en la carpeta me explicó qué línea del Metro coger y dónde cambiar, pero ya les dije que yo soy un monstruo ¿no?, bueno, no lei bien los cartelitos, me metí en la línea equivocada, cambié para otra más equivocada, pregunté y volví a equivocarme y llegué tarde al avión, pero Dios había retenido el vuelo Dusseldorff-París y pude cogerlo (ya les digo amablers lectores a todas las aerolíneas se les atrasan los vuelos). Una vez sentado me entró la otra preocupación: no iba a llegar a tiempo al vuelo París-Habana…llegué al Charles de Gaulle, volando (sí a 90 km/h sin poder ver mucho) de nuevo hacia Orlý, corazón en la boca…y un vuelo de Cubana afortunadamente atrasado por el que tuve que esperar aún.
¡Que vivan los atrasos en los vuelos! y les digo…los Caballeros Teutones son realmente muy caballerosos.
Gracias a los del Instituto de Aeronáutica Civil de Cuba que me facilitaron un pasaje de cortesía Habana-París-Habana. Gracias a los de Gematronik por tanta amabilidad, gracias a los Caballeros Españoles, especialmente a los catalanes. De esta forma casi increíble los 1000 USD se «estiraron» hasta más allá de lo que hacía falta, y regresé vivo de este alocado viaje.
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