“Vía Crucis es una expresión en latín que significa “camino de la Cruz”, es decir, el recorrido que siguió Jesús de Nazaret desde el Pretorio de Pilatos, su crucifixión y sepultura”

Cinco personas del Centro Meteorológico de Camagüey obtuvimos el grado científico de doctor trabajando en el Centro. Cada una de esas personas tuvo su propio viacrucis. Fue un camino escarpado y lleno de obstáculos que parecieron infranqueables; y que no obstante pudimos culminar exitosamente. Si lo desean, les cuento a mis lectores mi versión. Siga leyéndome.
En el origen de todos los doctorados y de toda la Ciencia del Centro Meteorológico y de la delegación de la Academia de Ciencias (luego delegación del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medioambiente) de Camagüey estuvo, en mi opinión personal, Roger Eduardo Rivero Vega. Desde que yo comencé a trabajar en 1981 ya Roger era reconocido como doctor. Sin embargo, tuvo la sensatez de nunca haber perdido tiempo en este ejercicio tan engorroso como inútil, igual que no perdió tiempo en los “procesos” de categorías. Desde un inicio, cuando se crearon las categorías de investigación, a Roger le asignaron (así, sin proceso de categorías, sin llenar engorrosos expedientes) la categoría de Investigador Auxiliar y con ella se jubiló. Roger viajó por numerosos países llevando a todas partes sus conocimientos y en todas partes lo reconocieron como doctor. Nunca necesitó el pergamino.
Pasemos a conocer cómo fue el viacrucis de cada uno de los que sí seguimos el espinoso camino: 1. Braulio Lapinel Pedroso, 2. Orlando L. Rodríguez González, 3. Juan Carlos Antuña Marrero, 4. René Estevan Arredondo y 5. Boris Barja González. Ninguno de los cinco trabajamos ya en el Centro Meteorológico de Camagüey. Braulio está realmente retirado, los demás estamos en activo en diferentes lugares. Lo que viene a continuación es mi percepción de cómo yo recuerdo las cosas, cada persona tiene su propio punto de vista sobre cada suceso, este es el mío.
Braulio Lapinel Pedroso fue el primero. Defendió su tesis en 1988. Cuando yo comencé a trabajar en el Centro Meteorológico de Camagüey Braulio era el director de la Oficina Meteorológica Territorial Camagüey Ciego de Ávila; pero en ese momento estaba siendo sustituido por Álvaro Lapinet Recodé. Braulio había hecho un año de preparatoria de ruso y en ese momento se encontraba en la Unión Soviética iniciando un doctorado. Después de un año (o tal vez dos) regresó sin haber concretado un tema con un prestigioso doctor soviético (Khachurin) en el campo de la modelación numérica del clima. Después de eso Braulio retornó a las actividades de dirección y tuvo un impasse hasta que logró encausar un tema de doctorado en Cuba, bajo la dirección de Luis Lecha Estela. Tuvo que volver a pasar un año de preparatoria (con liberación parcial) para dar el examen de mínimo de idioma ruso en Cuba. A mí me desanimó bastante el doctorado de Braulio. Yo recuerdo a muchas personas involucradas en el proceso (Roger, Bedoya, Sonia Echevarría y algunos auxiliares de meteorología en los cálculos, Bedoya en la edición). Obviamente, yo nunca dispondría de un soporte así. Finalmente, después de dos liberaciones más en que lo suplieron Pedro Martin y Juan Manuel Gallego, Braulio defendió su doctorado, había pasado una década. Fue un proceso largo y trabajoso. Poco tiempo después, a inicios de los 90, Braulio emigró para trabajar en la sede de la dirección general del Instituto de Meteorología en Casa Blanca. Así es como yo recuerdo ese doctorado. No creo que su doctorado tuviera un impacto directo en el trabajo del Centro Meteorológico de Camagüey, sin embargo, los trabajos de Sequía que acometió posteriormente sí que lo tuvieron. Braulio trabajó en este tema de la sequía hasta jubilarse y sus mayores éxitos se lograron en Casa Blanca. Braulio nunca fue un formador de doctores.
El segundo en defender fui yo, en 1999; pero ya habían transcurrido 11 años, todo un ciclo solar. Lo mío fue contracorriente pues en el Instituto de Meteorología se defienden doctores en Meteorología y yo defendí en Radioelectrónica. Un buen día, a finales de 1993 yo decidí escribir una tesis de doctorado, basado en los resultados prácticos y el conocimiento que ya tenía en el procesamiento de señales de los radares meteorológicos. Le envié el manuscrito a un doctor de la Universidad Central de Las Villas. Me hizo numerosas recomendaciones, pero me dijo que él era especialista en señales biomédicas, no de radares, por tanto, que no podría ayudarme en lo adelante. Luego de un tiempo sin saber qué hacer, alguien me hizo la sugerencia y me dirigí al ICIMAF. Allí me asignaron dos oponentes ya como para pre-defensa. Ellos me hicieron numerosas críticas y me obligaron a cambiar muchas cosas en la tesis antes de poder presentarme a pre-defenda. Cuando logré hacer los cambios y me dirigí a ellos de nuevo, los dos especialistas estaban fuera del país y me dijeron que no podían ocuparse de mi tesis. Hice mutis y desistí de la tesis hasta 1997 en que alguien me puso en contacto con el Dr. Amado García Simón, jefe del departamento de Telecomunicaciones de la CUJAE, ellos me encausaron definitivamente y en menos de un año hice pre-defensa y estuve finalmente listo para la defensa en 1998. Dificultades logísticas me demoraron hasta 1999. Habían transcurrido seis años y siete versiones de la tesis. Nunca estuve liberado; pero mis compañeros me apoyaron en los momentos que estuve más concentrado en la tesis. De todos modos, yo no tenía computadora en la casa, no me servía lo de irme para la casa liberado. Tampoco tuve internet para hacer la tesis. Mi resultado de tesis no influyó para nada en el trabajo del departamento, más bien al revés, yo defendía resultados que se habían logrado en la práctica de nuestro trabajo. Mis conocimientos teóricos de la especialidad no aumentaron, fue más pérdida de tiempo en trámites que otra cosa. Ni siquiera tuve tutor para defenderme. El único saldo positivo fue el pergamino que me permitió dirigir (sin discusión con nadie) la actividad de radares en todo el país. También fue positivo en la apertura de los servicios que brindamos en 10 países, siempre da más confianza cuando se trata con un doctor. Ninguno de mis compañeros quiso seguir el camino del doctorado, aunque tenían oportunidades, resultados y conocimientos sólidos. En la tesis obtuve un resultado teórico tan importante que con posterioridad fue implementado en los radares de EE.UU. y me reconocieron la primacía teórica. Continué trabajando como Jefe del Centro Nacional de Radares hasta septiembre del 2022 en que fui deshonrosamente demovido del cargo “por no tener control sobre el personal a mi cargo” (Dios mío, ni que un subordinado mío hubiera vendido visados y pasaportes). Me jubilé nueve meses después, forzado por las circunstancias de que expulsaron a mis tres ingenieros principales, mis discípulos y colaboradores por más de 30 años, y que las apelaciones fueran inescrupulosa, amañada e injustamente denegadas. Actualmente trabajo como presidente de la cooperativa no agropecuaria LADETEC, brindando servicios a las industrias del territorio (Camagüey) en asuntos de automática industrial y brindando servicios de radar en el extranjero.
El tercero fue Juan Carlos Antuña Marrero. Juan Carlos tuvo su propio viacrucis, diferente del mío y del de Braulio. Antuña fue invitado por el Doctor Alan Robock, profesor de la Universidad de Maryland y logró vencer todo el papeleo y la burocracia que esto implica, sobre todo para hacer estudios en los EE.UU. Para ser admitido en Estados Unidos Juan Carlos tenía una ventaja: él es ciudadano español, hijo de padre y madre españoles. Eso no quiere decir que fuera un paseo el proceso de visado. Juan Carlos comenzó su doctorado en febrero de 1996, sin embargo, cuando habían transcurrido dos años y unos meses, su tutor, el Dr. Alan Robock, cambió para la Universidad de Rutgers en New Jersey. Le ofreció a Juan Carlos: o terminas doctorado en Maryland con otro tutor, o defiendes lo que has hecho hasta el momento como maestría en Meryland e inicias doctorado conmigo en Rutgers. Antuña escogió la segunda variante. Fue una verdadera batalla con la dirección del CITMA que quería que regresara a Cuba como master y punto final. No obstante, lo logró: inició doctorado en Rutgers y no lo botaron del CITMA. Terminó felizmente en el año 2002. Fue un proceso largo (seis años) por el cambio de universidad y muy difícil por la separación de la familia por un periodo tan largo. Algunos maledicentes auguraban que se quedaría en Estados Unidos; pero regresó y continuó trabajando con nuevos bríos en su colectivo. En mi opinión, los resultados de su tesis sí tuvieron una influencia directa y positiva en todo el trabajo que desplegó con posterioridad en su grupo en el Centro Meteorológico de Camagüey y hasta nuestros días. En el 2019 Juan Carlos fue forzado abandonar el Centro Meteorológico de Camagüey. A partir del 2020 trabajó como investigador en la Universidad de Valladolid y a partir de inicios del 2023 trabaja como investigador en la Universidad de Vigo. Tiene el mérito de haber formado tres doctores y haberlo intentado con otros tres.
El cuarto doctor fue René Estevan Arredondo. René comenzó trabajando en el centro como custodio al terminar su servicio como paracaidista en las FAR. Rápidamente se hizo observador meteorológico y fue jefe de la estación Camagüey hasta que pasó en 1989 como trabajador en la Estación Lidar de Camagüey bajo las órdenes de Antuña. Su inclinación era tecnológica y se graduó de Ingeniero Eléctrico en la Universidad de Camagüey. Cuando parecía que se decidiría por una maestría en ingeniería eléctrica, Antuña lo pasó a funciones de investigador y a iniciar un doctorado en la línea de investigación del grupo dirigido por él, en el tema de los aerosoles estratosfericos. En el 2010, no sin dificultades para dar el mínimo de doctorado en la especialidad de Meteorología, que no era lo que había estudiado, logró defender sin grandes contratiempos ante el Tribunal Nacional de Meteorología del MES. Nunca estuvo liberado para la tesis. Desde el año 2015 fue al Instituto Geofísico de Perú, a colaborar en un proyecto, siguiendo la línea de aerosoles estratosféricos, al igual que los estudios de radiación solar, coincidiendo con lo que trabajó en Cuba. En el 2017 abandonó el Instituto de Meteorología, forzadamente, porque no le admitieron continuar con el proyecto. Todos estos años se ha mantenido vinculado al grupo de investigación en el que trabajó hasta el 2015. Actualmente es el Director del Instituto Geofísico de Huancayo, en el Perú.
El quinto y último en graduarse en el Centro Meteorológico como doctor fue Boris Barja González, graduado de Licenciado en Física en la Universidad de Oriente (1997), quien desde antes de graduarse se había unido al grupo de investigación que dirige el Dr. Juan Carlos Antuña Marrero. Se graduó de Máster en la CUJAE en el año 2004. En el año 2011 defendió su tesis de doctorado en el Tribunal Nacional de Meteorología del MES. Nunca estuvo totalmente liberado porque continuó con las tareas de investigación del departamento. Del 2013 al 2016 hizo una pasantía posdoctoral en la Universidad de Sao Paulo, creo yo, no muy relacionada con su tema de tesis, después de la cual abandonó el Instituto de Meteorología y pasó a trabajar como investigador en la Universidad de Magallanes, en Punta Arenas, Chile, hasta la actualidad, en temas no relacionados con los que trabajó en Cuba.
Hoy no queda ningún doctor en el Centro Meteorológico de Camagüey. Ojalá alguno se decida y lo logre.
Dos personas más, vinculadas a nuestros grupos de investigación y que fueran trabajadores del Centro Meteorológico de Camagüey, defendieron tesis de doctorado, ya fuera del centro.
El primero fue Vladímir Rodríguez Diez, mi hijo. Se graduó de Ingeniero Eléctrico en la Universidad de Camagüey en el año 2008 y defendió maestría de Ingeniería Eléctrica en el año 2009 (con un tema de radar). Trabajó con nosotros en el Centro Meteorológico en el procesamiento secundario de la información de radar hasta el año 2014. Es autor del software VESTA|WebView2. Presentó una tesis de doctorado a la CUJAE sobre este tema. Fue aprobado por el Consejo Científico de la CUJAE como lista para presentar a los oponentes de pre-defensa en el 2012. Nunca lo llamaron para continuar el proceso. En el año 2014 recibió una beca en el INAOE de México y finalmente defendió la tesis en la BUAP, México, en plena pandemia, en el año 2020. Actualmente es Profesor de la Universidad de Camagüey y secretario de la CNA LADETEC, donde trabaja de ingeniero principal en temas de software (incluyendo temas de radar).
El segundo fue Juan Carlos Antuña Sánchez, hijo de Juan Carlos Antuña Marrero. Se graduó de Ingeniero Informático en la Universidad de Camagüey en el año 2012. Pasó a trabajar a tiempo completo en el GOAC, del Centro Meteorológico de Camagüey. Desarrolló y fabricó una Cámara de Nubes, tema que le valió para defender la maestría en Informática Aplicada en la Universidad de Camagüey en el año 2016. En el año 2017, la Universidad de Valladolid le ofreció una beca de doctorado para continuar perfeccionando el tema de la Cámara de Nubes. Por negligencia en los trámites en el INSMET, se vio forzado a pedir la baja del centro e irse por su cuenta al doctorado (recalco que el tema era de gran interés científico para el Centro Meteorológico de Camagüey). Defendió su tesis en 2022 en la Universidad de Valladolid. Ha continuado en estrecha colaboración con su grupo de investigación en el Centro Meteorológico de Camagüey y ha continuado atendiendo y perfeccionando la Cámara de Nubes del Centro Meteorológico de Camagüey. Actualmente trabaja para la empresa Grasp Global y a la vez funge como investigador asociado a la Universidad de Valladolid.
De todas las personas mencionadas, solo mi hijo y yo continuamos viviendo y trabajando en Cuba.
¿Somos un país de hombres (y mujeres) de Ciencia? ¿Vamos en plan de vivir de nuestras producciones científicas? No sé, tal vez es que nosotros no tuvimos mucha suerte o nunca estuvimos en una actividad realmente priorizada y que todo fue un exceso de entusiasmo y un desmedido sentido de pertenencia por parte nuestra.
Saque mi lector sus propias conclusiones.
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