
El genial Francisco de Goya (que no, que no es el de la sazón Goya) tenía razón: cuando la razón se adormece aparecen las visiones fantasmagóricas, las alucinaciones con seres monstruosos salidos de la oscuridad…O tal vez Goya sutilmente nos deslizaba un propósito moralizante. Mi pesadilla “favorita”, es decir la que se me repite con cierta frecuencia, es una en la que felinos grandes se pasean cerca de mí, se mueven por toda la casa o por el local que sea (siempre es en un ambiente cerrado), no me hacen nada, pero es un angustioso temor de que en cualquier momento me pueden agredir. Sí, las pesadillas son algo terrible, uno no descansa durante el sueño. Ahora estando ingresado por el segundo infarto (eso fue el 29 de agosto del 2023, como ven sobreviví para beneplácito de los que me quieren bien y desilusión de los que me quieren bien …muerto), ya en terapia intermedia, pero bajo fuerte medicación, tuve una pesadilla verdaderamente sofocante y angustiosa. Me apresuro a compartirla con mis fieles lectores por aquello de que si uno lo cuenta no se da. Deben haber sido los medicamentos o la impronta de haber estado nuevamente a punto de lucharme un pasaje con Caronte.
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