
En un principio fueron los asesores soviéticos entrenándome a mí. También los ingenieros «de La Habana» (Núñez, Aguiar, Diego, Maroto y Olano) y mis compañeros Dimitri, René, Arencibia, Gallegos y Pulido contribuyeron grandemente en mi formación. Luego fui yo, entrenando a la nueva hornada de monstruos: Leonardo, Arturo, Roberto, Wilfredito, Albio y Rafael. Y muy rápidamente, fuimos todos saliendo por el ancho mundo a entrenar a otros…
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