Radares Mirando al Sur

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    Radares: comprarlos es fácil, lo difícil es mantenerlos vivos

    Un radar comprado en 1973, con válvulas y transistores de la Guerra Fría, sigue cazando huracanes en el Caribe. Otro, comprado en 2005 con tecnología de punta, se pudre en la selva sin haber dado una sola alerta. La diferencia no es la marca, ni el precio, ni el año. La diferencia es la voluntad de mantenerlo vivo. Y esa es la pregunta que nadie se hace al firmar el cheque: ¿qué demonios hago con esto después de comprarlo?

    Inversión y sostenibilidad

    Da lo mismo que hablemos de una Fábrica de Leche en Polvo, que de un Combinado Cárnico o de un Centro Productor de Energía a partir de Biomasa, o que hablemos de Radares Meteorológicos. Los factores que determinan el éxito/fracaso son los mismos:

    • Financiamiento para todo el ciclo de vida razonablemente esperado.
    • Edificación o abrigo para la inversión.
    • Condiciones ambientales y geográficas.
    • Logística: energía, viales, comunicaciones, climatización.
    • Insumos y repuestos.
    • Recursos humanos preparados para el servicio técnico y la explotación.
    • Adaptabilidad y flexibilidad ante los cambios.

    Yo diría que el éxito pasa por tener una Gestión de Riesgos exitosa antes de la Inversión y a lo largo de todo el Ciclo de Vida. Siempre he tenido como divisa la frase de el Apostol de la Independencia de Cuba, José Martí: «Los peligros no han de verse cuando se les tiene encima, sino cuando se les puede evitar». Solo conociendo los riesgos se puede desplegar una Planificación Eficaz a largo plazo, recuerden a Antoine de Saint-Exupéry: «Un objetivo sin un plan es solo un deseo».

    El radar en un contexto general

    Nadie discute que los radares son un elemento importante de la seguridad nacional de un país. Sin embargo, no pueden verse los radares como elementos aislados. A pesar de sus múltiples aplicaciones posibles, en cualquier caso, solo son una herramienta (cierto, la más importante para la detección y alerta de fenómenos meteorológicos de meso escala), un eslabón de una cadena; pero como toda cadena, esta que implica el uso del radar, es tan fuerte como lo sea su eslabón más débil. Así pues, comprarse radares es solo una parte de este importante cadena.

    Veamos un esquema general.

    El primer eslabón es el radar en sí mismo, me refiero al equipamiento (Antena, Transmisor, Receptor), entrega datos de radar y recibe órdenes sobre el modo de operación del radar. El segundo eslabón es el sistema de análisis de la información que obtuvo el radar, le pasa al próximo eslabón la información de radar con valor añadido, interpretada y le envía al primer eslabón órdenes sobre el modo de operación del radar. El tercer eslabón es un sistema de análisis y pronóstico (por ejemplo AWIPS) que recibe como entrada no solo la información analizada de radar, sino también imágenes satelitales, datos de las estaciones meteorológicas, salidas de los modelos de pronóstico numérico, el análisis de los radiosondeos verticales de la atmósfera, la información hidrológica y cuantos datos de sensores adicionales se puedan recibir. Entrega a su salida el pronóstico inmediato y los avisos y alertas. El cuarto eslabón es el sistema que elabora la comunicación de los pronosticos, las alertas y los avisos hacia los diferentes usuarios finales por medio de la radio, la televisión, la prensa plana, las redes sociales y los avisos directos a la telefonía celular. El quinto eslabón son los usuarios finales, receptores de estas informaciones (personas, instituciones, empresas, agricultores, medios de transporte, y otros muchos).

    Las señales eléctricas muy débiles que llegan a la antena retornadas de los objetos meteorológicos sufren sucesivamente del procesamiento en el receptor analógico, luego en el digital, en el procesador de señales, en el procesador de datos y en los sistemas de análisis de la información del radar hasta llegar convertidas en avisos o alertas a los usuarios finales.

    Una observación completa de la atmósfera ejecutada por el radar, carece de sentido si, por alguna causa, no llega al usuario final. Todo el gasto habrá sido baldío si en algún punto de la cadena se detiene el paso de la información de radar.

    O sea, que a la hora de hacer la inversión en radares es necesario tener en cuenta que un radar aislado, aunque esté funcionando perfectamente, es solo un gasto innecesario si no se puede garantizar que el resto de la cadena funcione con igual eficacia.

    La raíz de la sostenibilidad a largo plazo

    Antes de darles mi opinión, les daré elementos de los que yo creo que no depende la longevidad por medio de contraejemplos.

    ¿Hay fabricantes «buenos» y fabricantes «malos»?

    Pues no lo creo, en Cuba mantenemos en funcionamiento radares de tres fabricantes diferentes: Mitsubishi Electric (los RC-32B), Electromash (los MRL-5) y Gematronik-SELEX-Leonardo (el METEOR-1500S).

    En contraposición tenemos los radares de SIATA Medellín (un radar de 2011) y Guatemala (un radar de 2012). Ambos fabricados por EEC, el primero aun en funcionamiento, el segundo fuera de servicio desde hace más de cinco años.

    ¿El año de fabricación?

    Tampoco es relevante —me parece a mí. Nosotros tenemos en Cuba los Mitsubishi RC-32B funcionando desde 1973. Los modernos radares METEOR-1500S de Venezuela, comprados en el 2005, ya no están en funcionamiento. El mismo METEOR-1500S que está en Holguín, comprado en el mismo año 2005, está en capacidad de funcionar.

    ¿Donativo o compra?

    En mi opinión es irrelevante si el radar entró al país por compra o por donativo. Todo está en la atención que se le dé cuando entre en funcionamiento.

    Puedo poner un ejemplo de Cuba. Dos radares MRL-5 soviéticos fueron comprados por Cuba en 1982 (Pilón instalado en 1987 y Pico San Juan, instalado en 1989) y coexisten en funcionamiento con otros dos radares iguales, donados por la Unión Soviética a principios de los años 80 (Camagüey en 1981 y Casa Blanca en 1986).

    Entonces ¿de qué depende?

    Yo creo que depende del sostenimiento de la voluntad política.

    Está el ejemplo de Cuba, que ha mantenido al Instituto de Meteorología y a sus radares con la prioridad de seguridad nacional. Ha sido una voluntad estatal y gubernamental inspirada en el pensamiento visionario de su líder Fidel a partir de 1965 que se entró el primer radar hasta llegar a los ocho actuales.

    Tenemos otro ejemplo. Colombia ha cambiado de derecha a izquierda y de nuevo a la derecha como país. Sin embargo, el proyecto SIATA (Sistema de Alerta Temprana de Medellín y el Valle de Aburrá), que pertenece principalmente al Área Metropolitana del Valle de Aburrá (AMVA) y a la Alcaldía de Medellín ha mantenido su vitalidad apoyándose en alianzas con la Universidad EAFIT, y también cuenta con aportes económicos y respaldo técnico de empresas como EPM (Empresas Públicas de Medellín) e Isagén. Y ahí tenemos a su radar funcionando desde el año 2011.

    Lo esencial es la voluntad política, no necesariamente del país, puede ser de una institución o de un gobierno local. Lo importante es la permanencia en el tiempo de esta voluntad.

    Geografía versus Logística

    Cuando uno va a comprar uno o varios radares, primero estudia la geografía de los fenómenos peligrosos que afectan a cada región y entusiastamente prevé la ubicación de los radares de modo que den su mejor cobertura a las zonas de afectacción. Sin embargo, hay una enemigo solapado: la logística en los lugares escogidos. Los viales, el servicio eléctrico, las comunicaciones, los niveles isoceráunicos, las condiciones ambientales a las que estará sometido el radar en esa ubicación.

    No es trivial. Miren el ejemplo de tres radares en Venezuela, que nunca funcionaron: Karún, Guri y Santa Elena de Guairén. Tres muy buenos radares, excelentemente bien ubicados para monitorear las precipitaciones en la cuenca del río Caroní y dar servicio de monitoreo a la gran represa del Guri, donde radica una de las más grandes hirdroeléctricas del mundo, que garantiza más del 70% de electricidad a Venezuela.

    La Logística le ganó la partida a la Geografía. No funcionaron. Hasta donde sé, Karún y Santa Elena de Guairén fueron montados. El de Karún me consta que estaba en capacidad de funcionar, porque Leonardo, nuestro ingeniero principal estuvo allí (allí se llega por un río lleno de pirañas, atravesando un hermoso pasto lleno de víboras, la cúpula del radar llena de abejas-okupas, en fin… El de Guri creo que no llegó a salir de las cajas. No sé exactamente qué faltaba en la posición para el montaje. El caso es que se subestimó la Logística, se priorizó la ubicación correcta desde el punto de vista meteorológico.

    Lamentablemente, no siempre se pueden ubicar los radares donde mejor cobertura de los fenómenos peligrosos puedan dar. La logística es un factor decisivo que puede echar por tierra toda una inversión.

    Idilio, matrimonio y divorcio … con intermediario

    Cuando se abre el proceso de licitación los fabricantes-vendedores son un amor. «Flores, chocolates y poesías» como hacen los pretendientes de una muchacha hermosa. Incluso antes, desde que se rumorea la posible compra, los fabricantes comienzan a «echarle maíz a la gallina» —como suelen decir en Cuba. En el montaje y la entrega comienza el comprador a darse cuenta que no leyó «las letras chiquitas». Por ejemplo, el software es capaz de hacer TODO lo que dice el catálogo, pero la versión que viene con el radar es limitada, si quieres más, paga licencias aparte. No es poco lo que los fabricantes invierten en ese proceso. «Se la juegan», apostando por llevarse el contrato.

    Los fabricantes honran sus condiciones de garantía, son firmas serias. El problema es que no es igual ir a resolver una falla en un radar de un país europeo cercano a la fábrica en Neuss o en Vantaa, que ir a Karún o al Cerro Munchique. No espere mi crédulo lector que los fabricantes vayan a sentir una gran pasión por visitar un lugar remoto, de dificil y riesgoso acceso. Es como un matrimonio donde ya el amor se esfumó, hay compromiso y hay que cumplirlo, pero no de buena gana.

    A todas estas, hay una complicación adicional. Los gobiernos de los países latinoamericanos (tal vez de otras regiones también) exigen que el fabricante-vendedor esté representado en el país por una empresa local que pone la cara ante el gobierno y las instituciones del país. Cada fabricante se presenta a la licitación con un partner local. En mi opinión esto facilita algunas cosas y complica otras, especialmente durante la garantía. El socio local, por regla general, no es un empresa experta en radares, es simplemente una empresa en el sector de las tecnologías. Puede llegar a ser muy complicado hablar con el fabricante a través de un intermediario. Es lo que yo pienso, mis lectores me pueden dejar sus comentarios.

    Al finalizar el período de garantía viene la decisión más dificil de cómo organizar el servicio técnico para sostener el servicio de vigilancia por radar: o se lo encargas a un tercero (que puede ser incluso el propio fabricante) o has preparado tu propio equipo y a partir de ahí sigues solo. En el primer caso prepara el bolsillo, en el segundo caso prepara a las personas (que no es una inversión pequeña).

    El servicio de vigilancia por radar como un sistema productivo

    Desde el año 1983 comencé a utilizar un concepto que traía de mi experiencia ferroviaria. Inicialmente lo apliqué solo al servicio técnico, luego lo extendí a toda la cadena en la medida en que iba asimilando nuevos y nuevos eslabones de la cadena.

    Antes de enzarzarnos en la sempiterna discusión semántica de si el radar no produce nada, por tanto, no es un sistema productivo, les propongo a los que me lean que abran la mente y acepten de que sí es un sistema productivo y para matar la discusión les propongo ver el siguiente esquema del primer eslabón de la cadena y les dejo a mis lectores extenderlo a los siguientes eslabones.

    El radar como tal, es decir el equipamiento de antena, transmisor, receptor, controlador y procesador de señales, viéndolo como un sistema productivo, recibe como entradas: energía eléctrica, piezas de repuesto, materiales gastables, recursos humanos y servicios de terceros. Entrega como salida «flujo de datos ininterrumpido con la calidad requerida». Note mi lector que no pongo simplemente datos, porque datos es un concepto muy amplio y nosotros no necesitamos cualquier dato, sino que necesitamos el dato que permita maximizar la información meteorológica que obtiene el radar ante cada situación atmosférica (no siempre se resuelve con un modo de operación rígido). Necesitamos que el radar esté bien calibrado, de modo que los datos sean fidedignos y que la operación del radar haya sido tal, que permita extraer toda la información meteorológica relevante a la situación que se desarrolla en la atmósfera.

    Precisemos entonces las entradas. La energía electrica debe ser de la calidad establecida, sin interferencias, sin picos de alto o bajo voltajes. Las piezas de repuesto, son las que lleva el radar para seguir funcionando cuando algo se rompe. Tenerlas en stock o comprarlas al momento, es toda una estrategia que he tratado en posts aparte. En los materiales gastables entran, grasas, lubricantes, herramientas gastables, pinturas, preservantes, líquidos refrigerantes, etc. Los recursos humanos son de dos tipos: el personal para la explotación del equipo que decide el régimen de explotación (generalmente viene del módulo siguiente, pero puede estar en el propio radar), y el personal técnico para garantizar el funcionamiento ininterrumpiso y en parámetros nominales del radar. Por último, el servicio de terceros se refiere al suministro eléctrico, las comunicaciones, las protecciones electricas de las líneas y el sistema de aterramiento y pararrayos y el servicio técnico a los equipos de enfriamiento y climatización.

    La ventaja de este método es que se pueden establecer y dar seguimiento a indicadores numéricos tanto para los insumos como para las salidas. Nosotros en Cuba establecimos indicadores muy claros de eficacia y de eficiencia que nos permitieron aumentar en 18 veces las observaciones, disminuir la potencia consumida a un 10% del anterior, y aumentar ininterrumpidamente la disponibilidad de radares diseñados a principios de los 70. Cada país, cada institución, necesita establecer sus propios índices. En LADETEC ofrecemos el servicio de asesoría.

    El radar es como una unidad de producción que recibe recursos y entrega información fidedigna para la detección y seguimiento de fenómenos meteorológicos peligrosos y la toma de decisiones sobre la emisión, en eslabones posteriores, de avisos y alertas. A este sistema se le establecen índices muy claros para su evaluación.

    La Vida después de la Garantía

    Si bien en el periodo de garantía los fabricantes con prestigio cumplen (sí, conocí de casos que nunca se pusieron en funcionamiento y pudren lastimosamente), una vez que se vence la garantía «si te he visto no me acuerdo». El fabricante va a ofrecer un contrato de mantenimiento jugoso (como si el precio hubiera sido una minucia). Para más detalle lea el post: «Tener, mantener o sostener los radares«.

    El contrato no es mucho lo que te da, más bien atención telefónica y mandarte a un técnico a evaluar cualquier avería (y tú le pagas, y no es poco), para que diga qué pieza es (no importa que tú sepas, hasta que no lo dictamine su técnico es como si no se supiera). Y luego te vende la pieza (que tienen que venir de nuevo el técnico a ponerla y no es poco).

    OK, puedes optar por no pagarlo y cuando se rompa ya veremos. Pero el fabricante no es bobo, si no tienes contrato, cuando se te rompa «te atenderé … cuando pueda«. Los que pagan contrato tienen prioridad para la venta de piezas.

    Cualquier radar está fabricado con numerosas partes y piezas de fabricantes OEM. Teóricamente, debería salirte más barato comprársela al fabricante OEM que a la fábrica de radares; pero … no obtienes esa información muy facilmente, no es cosa que el fabricante te deje ver claramente quién fabricó cada parte. Se requiere gran experticia para eso, créanme, que los cubanos hemos tenido que lidiar con eso toda una vida, lo que nos permite ahora que LADETEC ofrezca servicios de radar.

    Pagues el contrato de mantenimiento o no, prepara el bolsillo. Ya en Colombia tuvieron la experiencia de estar parados un año por falta de financiamiento.

    Algunos países/instituciones optan por tercerizar el servicio de radar. Es decir, se lo pagan a una empresa local o directo al fabricante. Más barato es formar un servicio técnico propio (Lean este post para que vean cómo lo hicimos en Cuba). Cierto, se te pueden ir; pero recuerda lo que dijo Ford (bueno, tal vez sea una frase apócrifa y se la achacan a él) —«Sólo hay algo peor que formar a tus empleados y que se vayan: no formarlos y que se queden».

    Lo que trato de transmitirles es que tener radares es caro, no solo en la adquisición, también en su sostenimiento. Cualquier estrategia te va a conducir a un gasto anual del 10-15% del costo de la inversión. Al pasar de los 10 años el costo es cada vez mayor.

    Entonces, suena desesperanzador ¿cortarse las venas?

    No he visto ningún país del tercer mundo que pueda mantener los radares con servicios de terceros. Enrolarse a comprar radares es una aventura de por vida.¿La solución? Pero si ya la vieron en el post «Radares Meteorológicos al Sur del Río Bravo» La solución es la Soberanía Tecnológica.

    No me refiero a fabricar radares desde cero en un galpón latinoamericano (eso es otra escala y ahí tenemos los ejemplos de Argentina, Brasil y Perú para demostrar que sí se puede).

    La soberanía tecnológica aplicada a la meteorología significa la capacidad real de un país o institución de mantener, operar, modificar y reparar sus propios radares sin tener que arrodillarse ante el fabricante cada vez que se funde un fusible.

    Ustedes lo han leído en este texto: el fabricante es un amor durante la compra, pero después de la garantía se convierte en un oligopolio que te vende el soporte a precio de oro y te esconde las fuentes de los códigos y los esquemas eléctricos verdaderos. La soberanía empieza en la ingeniería inversa (legal, ética y profesional), en la capacidad de leer los manuales, de abrir las cajas, de rastrear los componentes OEM en el mercado global (no solo en la casa matriz) y, sobre todo, en la formación de técnicos de alto nivel que hablen el idioma del radar y no solo el del manual.

    Cuba, con sus radares de los años 70, no es un milagro; es el resultado de décadas de soberanía forzada. Al no poder comprar cosas por la persecución del bloqueo, ni disponer de créditos para el financiamiento de los contratos millonarios, no tuvimos más remedio que aprender. Y ese «no tener remedio» se convirtió en nuestra mayor fortaleza. Hoy LADETEC no vende humo; vende el conocimiento de quien ha tenido que resucitar equipos en medio de lugares inhóspitos y alejados, con un multímetro y una memoria prodigiosa.

    ¿Qué implica, en la práctica, ejercer la soberanía tecnológica al comprar un radar?

    1. Exigir la transferencia de conocimiento en el contrato. No vale con un cursillo de una semana. El fabricante debe entregar la lógica del software, los esquemas eléctricos completos y los planos mecánicos. Si no los dan, que ofrezcan un descuento para compensar el secuestro tecnológico.
    2. Crear una cantera de talento local. Enrollar a las universidades (como EAFIT en Medellín) desde el día cero. Que los estudiantes de ingeniería y física aprendan en el radar, que lo toquen, que lo sufran. Esa es la verdadera inversión a largo plazo.
    3. Aceptar la obsolescencia programada como un reto, no como una sentencia de muerte. Cuando el fabricante diga «esa pieza ya no se fabrica», la soberanía te permite decir «pues la adaptamos, la rediseñamos o la reemplazamos por otra equivalente».

    Al final, comprar un radar es como comprar un tractor o un hospital: no sirve de nada si no tienes mecánicos ni cirujanos. Si en tu plan de inversión no hay una partida presupuestaria específica y eterna para la formación de especialistas y la compra de repuestos alternativos, estás comprando un hermoso pisapapeles esférico de fibra de vidrio.

    La geografía te dice dónde ponerlo. La logística te dice cómo encenderlo. Pero solo la soberanía tecnológica te dice cómo hacer que nunca se apague.

    Así que, querido lector, si estás pensando en comprar un radar, no preguntes solo por el precio o la cobertura. Pregúntate: «¿Estoy dispuesto a adoptar esta máquina como un hijo, a aprender todos sus secretos y a cuidarla cuando el fabricante se haya ido con otro?». Si la respuesta es sí, y tienes la voluntad política de sostenerlo, adelante. Si no, mejor guarda ese dinero y fortalece tu red de estaciones automáticas o estaciones de sondeo aerológico.

    Porque, como bien saben los que hemos sobrevivido a tormentas y a fallos eléctricos, un radar no es un lujo tecnológico; es un compromiso de soberanía. Eche un vistazo al post en el que muestro tres ejemplos diferentes de sostenibilidad.