Crónica de una muerte anunciada (o de cómo la clarividencia llega 24 horas antes que el periódico). Entre retrasos de Correos, carteros reconvertidos en vendedores de refrescos y montañas de papel vírgenes en hoteles de Estados Unidos, llevaba días preguntándome si los periódicos impresos tenían futuro. Hoy, con la noticia de la reducción de tiradas en Cuba, el destino me dio la respuesta. Aquí van unas reflexiones a medio camino entre la nostalgia, la ironía y el asombro de haberlo visto venir.
Llevo días preparando este post y hoy, como si el destino quisiera darme la razón, me entero de la reducción de tiradas (Granma dice «modificar la edición impresa y circulación«). ¿Premonición? ¿Clarividencia? Saque usted sus propias conclusiones. El caso es que mi motivación venía de lejos.
Por un lado, los periódicos a los que creo estar suscrito hace meses que no llegan a mi casa. Antes de eso ya los retrasos eran de tal calibre que cuando por fin aparecían, la noticia ya tenía nietos. Supongo que es falta de personal en Correos. A fin de cuentas, ¿quién quiere sudar bajo el sol repartiendo papel cuando puedes revender refrescos en la puerta de tu casa?
Por otro lado, no podía sacarme de la cabeza una imagen de mi viaje a Estados Unidos en el año 2000: en los hoteles, cada mañana, montañas de periódicos vírgenes esperando a un lector que nunca llegaba. Alguien, a veces, hojeaba uno con prisa, como quien espanta una mosca. La humanidad anda muy aprisa.
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