Radares Mirando al Sur

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Crónica de una muerte … ¿anunciada o clarividencia?

Crónica de una muerte anunciada (o de cómo la clarividencia llega 24 horas antes que el periódico). Entre retrasos de Correos, carteros reconvertidos en vendedores de refrescos y montañas de papel vírgenes en hoteles de Estados Unidos, llevaba días preguntándome si los periódicos impresos tenían futuro. Hoy, con la noticia de la reducción de tiradas en Cuba, el destino me dio la respuesta. Aquí van unas reflexiones a medio camino entre la nostalgia, la ironía y el asombro de haberlo visto venir.

Llevo días preparando este post y hoy, como si el destino quisiera darme la razón, me entero de la reducción de tiradas (Granma dice «modificar la edición impresa y circulación«). ¿Premonición? ¿Clarividencia? Saque usted sus propias conclusiones. El caso es que mi motivación venía de lejos.

Por un lado, los periódicos a los que creo estar suscrito hace meses que no llegan a mi casa. Antes de eso ya los retrasos eran de tal calibre que cuando por fin aparecían, la noticia ya tenía nietos. Supongo que es falta de personal en Correos. A fin de cuentas, ¿quién quiere sudar bajo el sol repartiendo papel cuando puedes revender refrescos en la puerta de tu casa?

Por otro lado, no podía sacarme de la cabeza una imagen de mi viaje a Estados Unidos en el año 2000: en los hoteles, cada mañana, montañas de periódicos vírgenes esperando a un lector que nunca llegaba. Alguien, a veces, hojeaba uno con prisa, como quien espanta una mosca. La humanidad anda muy aprisa.

Imprimir o no imprimir, he ahí la cuestión, diría Hamlet

Quisco de venta, en el mostrador un periódico yace y a su lado un teléfono muestra las noticias.

Ya desde mis viajes al extranjero a partir de 1999 venía haciéndome la pregunta, sin embargo, han pasado más de 26 años y los periódicos impresos no han desaparecido y eso me ha hecho pensar en el asunto desde un punto de vista filosófico. Le expongo a mis lectores los pros y los contras.

Los argumentos para su desaparición (Las fuerzas en contra)

  1. La revolución digital y el costo cero: El principal enemigo del papel es internet. La inmediatez, la comodidad de leer en cualquier dispositivo y, sobre todo, el acceso gratuito a la información (financiado por publicidad o suscripciones digitales) han devaluado el producto de pago. ¿Para qué comprar el periódico de mañana si ya sé lo que pasó hace horas?
  2. Sostenibilidad y conciencia ecológica: Las nuevas generaciones son mucho más sensibles al impacto ambiental. Producir papel implica tala de árboles, consumo masivo de agua y energía, y generación de residuos. Leer en digital se percibe (aunque no siempre sea 100% preciso) como una opción más ecológica.
  3. Costes de producción y logística: Imprimir, distribuir y gestionar las devoluciones de los periódicos no vendidos es una operación logística enorme y carísima. Los ingresos por publicidad y ventas en papel ya no pueden sostener este modelo como antes, lo que lleva a recortes de personal, cierre de ediciones locales y, en algunos casos, el cierre definitivo.
  4. La falta de relevancia para los jóvenes: Un joven de 20 años probablemente nunca ha comprado un periódico en su vida. Su consumo de información es digital, fragmentado, en redes sociales y a través de alertas en el móvil. El formato «periódico» simplemente no forma parte de su ecosistema informativo.

Los argumentos para su supervivencia (Las fuerzas a favor)

  1. El lector fiel y senior: Existe un núcleo duro de lectores, generalmente mayores de 50-60 años, para quienes la lectura del periódico en papel es un ritual intocable. Es un hábito profundamente arraigado que tiene que ver con la experiencia táctil, el olor a tinta y la confianza en la marca. Este grupo, aunque menguante, sigue siendo significativo.
  2. El valor de la desconexión: En un mundo hiperconectado, lleno de notificaciones y ruido digital, el periódico de papel ofrece una experiencia de lectura pausada, lineal y profunda. Es un momento de «desconexión digital». Leer un reportaje largo en papel no es lo mismo que leerlo en una pantalla llena de distracciones.
  3. El prestigio y la confianza: Irónicamente, el soporte físico otorga un aura de veracidad y prestigio que el digital aún lucha por conseguir. Existe una percepción (no siempre cierta) de que si algo está impreso, ha pasado por un filtro editorial más riguroso. Es un «objeto de verdad».
  4. El nicho de lujo y la especialización: Aquí está la clave del futuro. El periódico impreso puede (y debe) reconvertirse en un producto de gama alta, casi de coleccionista. Igual que el vinilo ha resurgido para los audiófilos, el periódico en papel puede hacerlo para los lectores que buscan una experiencia superior. Ediciones con papel de alta calidad, diseño exquisito, fotografía impecable, reportajes en profundidad y análisis exclusivos. Un producto por el que se pague un precio alto no por la información (que ya conoces por digital), sino por la experiencia y el placer de poseerlo.

Cuba y la tradición: los amantes a la antigua como diría Roberto Carlos

Anciano aferrándose a periodico impreso como Quijote peleando contra molinos de viento cuandola 5G de la nube te invade.

Cuando yo estaba en secundaria, en las vacaciones mis padres me llevaban a casa de Margot, la tía de mi mamá que vivía en el corazón de Centro Habana. Ellos recibían el periódico Granma, la Tercera Edición (que era la destinada a La Habana), que llegaba temprano y con noticias más frescas. Yo la esperaba ansiosamente para ver la cartelera de los cines y escudriñar qué estaban «echando» (como decían los habaneros) para irme a ver películas después de almuerzo y antes de que oscureciera.

Recuerdo también las peñas alrededor de los quioscos, los jubilados esperando ansiosamente que llegara el periódico para ponerse allí mismo a discutir cualquier noticia. Ciertamente, el mundo cambió, ya las noticias te asaltan en el teléfono en cuanto abres los ojos (sí escéptico lector, usted también se lanza de la cama directo al teléfono).

Me viene a la mente el chiste del padre que le pide a la hija que le pase el periódico y la hija le dice que está atrasado y le pasa el celular y el hombre mata a la mosca con el iPhone y por supuesto rompe el teléfono. Es exagerado, pero lo cierto es que nada como el placer de leer el periódico impreso en papel. Mi papá gustaba de llegar del trabajo bañarse y sentarse a leer el periódico, sobre todo los temas de política internacional.

Yo soy periodiquero, sí, de esos «amantes a la antigua». Cuando estaba en el preuniversitario, mi amigo Miguel Acosta y yo competíamos en ver quién, después de leer el periódico memorizaba mejor las noticias con sus detalles, con un árbitro imparcial que revisaba los detalles en el periódico. Mi hijo se asombra que a cada rato saco a colación noticias de aquella época.

Situación actual en Cuba

Orlando, mostrando la primera edición del periódico Adelante a Color
Sí, y llegó el momento del Adelante a color, espero que sobreviva a esta debacle..

Ahora las medidas anunciadas no tienen nada que ver con este debate teórico sobre la importancia de la prensa plana. Se trata de una consecuencia más de las medidas de asfixia impuestas por el gobierno de los Estado Unidos; pero las dificultades en la distribución estaban desde antes, y seamos honestos, también en parte son consecuencias del bloqueo genocida.

Espero muy sinceramente que la situación mejore y los periódicos vuelvan a imprimirse por varios motivos. La inmediatez, el periódico impreso no la puede alcanzar, menos si es semanal como mi favorito Adelante de Camagüey.

Sin embargo, los artículos largos de opinión (no esos de los diletantes-repite-consignas-triunfalistas, aunque le den el premio máximo por eso), los reportajes en las empresas con un alto espíritu crítico (¡Ay Yuri, se te extraña!) y una agudeza periodística que no deja espacio a la mentira, al invento y a la justificación, son insustituibles y en mi opinión no son cosas que uno lea al paso en el teléfono. Seré «dinosaurio», pero hay cosas que yo prefiero leer en momentos de calma. Sí, también en «ese» lugar que la gente no menciona; total, si Hemingway tenía una biblioteca allí, en «ese» lugar inconfesable.

¿El futuro?

Muestra una escultura táctil y compleja en una galería minimalista. En un lado, se aprecian capas texturizadas de papel real, incluyendo fragmentos legibles de periódicos cubanos (Granma, Juventud Rebelde, y títulos provinciales como 'Venceremos' e 'Invasor'), fusionados con paneles digitales que emiten luz.Las pantallas digitales muestran un flujo abstracto de datos, iconos de redes sociales y texto que dice: 'ACCESO INSTANTÁNEO Y GLOBAL', 'NOTICIAS EN TIEMPO REAL', 'DATOS MASIVOS'.El lado impreso, al tacto de la persona, muestra el texto: 'CONEXIÓN TÁCTIL Y PAUSADA', 'MEMORIA HISTÓRICA', 'PROFUNDIDAD DE ANÁLISIS'. Una pila de periódicos semanales y provinciales impresos y suspendidos completa la escena, con etiquetas que indican la suspensión. El fondo es un horizonte urbano al atardecer, fusionando lo tradicional con lo digital.

Los periódicos impresos yo creo que no desaparecerán, al menos no de golpe, pero sí cambiarán de forma radical su modelo. El futuro que veo es el siguiente.

El papel como objeto de lujo y prestigio: La edición impresa dejará de ser el producto principal para convertirse en un producto premium, un símbolo de estatus para un lector que valora la experiencia y la calidad por encima de la inmediatez.

Desaparición de la prensa diaria generalista en papel: Es insostenible competir en inmediatez con lo digital. Los diarios impresos morirán o se convertirán en semanarios de análisis y contexto.

Consolidación de grandes marcas: Solo los grandes grupos editoriales con marcas muy potentes podrán permitirse mantener una edición impresa como parte de su negocio, financiada por las suscripciones digitales y eventos.

Uso del IoT y la IA, así que hay que tener cuidado extremo con lo que uno lee. Bueno, seamos francos, ahora también hay que tener mucho cuidado aunque sean humanos, o más bien inhumanos los que escriben para agradar al que paga, pensándolo bien ¿hubo algún tiempo en que uno pudiera leer y creer sin cuestionar? Mientras tanto, los chinos asaltan el futuro.


Al final, todo esto no es más que una crónica de una muerte anunciada que llevamos décadas viendo venir, pero que cuando toca a la puerta de casa (literalmente, la puerta donde ya no tiran el periódico) igual sorprende. La diferencia entre la clarividencia y la premonición es que una se basa en datos y la otra en corazonadas. Yo, modestamente, tenía ambas. Pero más allá de si los periódicos vuelven o no a imprimirse (y ojalá que sí, aunque sea para que los jubilados tengan algo que discutir en el quiosco), lo que realmente está en juego es si seremos capaces de conservar la pausa, el rito, el olor a tinta y, sobre todo, la capacidad de leer con calma en un mundo que solo sabe notificar. Porque al final, como decía mi papá después de bañarse, con el periódico abierto en la página de política internacional: «Orlandito, las noticias pasan, pero el papel se queda».

Tal vez celebramos demasiado pronto cada vez que enterramos al papel. Nos gusta llamar “modernización” a lo que a veces no es más que reducción, y “transformación” a lo que simplemente es silencio. Antes un periódico dejaba manchas de tinta en los dedos; ahora las noticias dejan huellas que nadie ve, porque desaparecen en el flujo infinito de la pantalla. La imprenta tenía costo; el algoritmo tiene dueño. Y eso cambia la conversación. Si esta fue una crónica de una muerte anunciada, convendría revisar el certificado: quizá el difunto no sea el periódico, sino la costumbre de detenernos a leer algo que no fue diseñado para distraernos. El papel se acaba… pero la pregunta sigue en pie: ¿estamos más informados o simplemente más conectados?

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