
La palabra merienda despierta en mí remembranzas que llegan hasta tercer grado en la primaria Rafael Guerra Vives (la pecera) en el Reparto Beneficencia en Camagüey. Uno de los muchachos del aula recogía el dinero e iba a la hora de merienda a traerla. Generalmente un dulce (masarreal generalmente que costaba 5 centavos) y un refresquito Son (que costaba 5 centavos y se sacaba de un viejo refrigerador-dispensador de Coca Cola). Ya bastante viejo, yo probé un refresco Ironbeer y me di cuenta que era que Ironbeer nos había robado la fórmula del refresquito Son ¿o sería al revés? Luego estaban las empanadillas del Pre, y más tarde los Tatianoff de merienda en la Facultad Preparatoria «Hermanos País»…ahhh, qué rico.

Bueno, como casi siempre, divago, no es de la merienda propiamente de lo que quiero hablar.
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