Radares Mirando al Sur

Fundamentos, Tecnologías, Aplicaciones, Historia y Memoria

Merienda

La palabra merienda despierta en mí remembranzas que llegan hasta tercer grado en la primaria Rafael Guerra Vives (la pecera) en el Reparto Beneficencia en Camagüey. Uno de los muchachos del aula recogía el dinero e iba a la hora de merienda a traerla. Generalmente un dulce (masarreal generalmente que costaba 5 centavos) y un refresquito Son (que costaba 5 centavos y se sacaba de un viejo refrigerador-dispensador de Coca Cola). Ya bastante viejo, yo probé un refresco Ironbeer y me di cuenta que era que Ironbeer nos había robado la fórmula del refresquito Son ¿o sería al revés? Luego estaban las empanadillas del Pre, y más tarde los Tatianoff de merienda en la Facultad Preparatoria «Hermanos País»…ahhh, qué rico.

Mi Escuela Primaria Rafael Guerra Vives en García Roco.

Bueno, como casi siempre, divago, no es de la merienda propiamente de lo que quiero hablar.

Es más bien sobre el horario de merienda en los centros de trabajo de lo que quiero comentar, Con este horario «choqué», ya bien tarajayú, cuando comencé a trabajar. Pues sí, cuando comencé mi vida laboral me enteré que cada trabajador tiene derecho a una pausa laboral de 15 minutos en la mañana y de 15 minutos en la tarde, en la cual se supone que el trabajador meriende, tome agua, vaya al baño, fume o lo que desee hacer para reponerse y continuar trabajando.

El Centro Meteorológico de Camagüey allá por 1986, vista desde la estación meteorológica, a la izquierda, el edificio de dos pisos albergaba en el primer piso «mi» taller de Electrónica, llegamos a tener 5 radares funcionando: 2 meteorológicos, 2 de sondeo aerológico y 1 laser. Siempre fuimos la plaza fuerte de la tecnología dentro del Instituto de Meteorología, por eso hoy tenemos aquí el Centro Nacional de Radares.

Hasta ahí eso está muy bien. El lío es que esas prerrogativas, en mi trabajo (el Centro Meteorológico de Camagüey) tenían una implementación muy singular. Para que mis fieles lectores entiendan debo hacer una explicación preliminar. El Centro Meteorológico de Camagüey es un pequeño rectángulo usurpado al área del Aeropuerto Internacional Ignacio Agramonte. Por el lado de la Carretera a Nuevitas, el Centro Meteorológico se encuentra entre las entradas de las terminales antigua (vuelos nacionales) y moderna (vuelos internacionales).

Centro Meteorológico de Camagüey, allá por el año 2009

En la época en que empecé a trabajar (año 1981), el Centro Meteorológico no disponía de transporte propio, la entrada de los trabajadores (los de horario de oficina, es decir de 8 am a 5 pm, de lunes a viernes y de 8 am a 12 m, los sábados) se efectuaba en la guagua (ómnibus) que daba servicio corporativo a los trabajadores del aeropuerto. Cuando eso la terminal de vuelos internacionales no existía aun, pero eso no cambia la esencia de este post.

El Centro Meteorológico en vista aérea, en la parte inferior se ve la pista del aeropuerto, en la superior, la Carretera de Nuevitas. En la foto, la Terminal vieja queda a la izquierda de la entrada del Centro.

Pues bien, los trabajadores del Centro Meteorológico, veníamos en la guagua del aeropuerto que llegaba frisando las 8 am, nos bajábamos allí (en la terminal vieja, la única que existía) y caminábamos unos 200 metros hasta la entrada del Centro Meteorológico. En la garita de entrada, firmábamos «el acto de entrar», escribiendo 8 am en el registro en papel (que se llamaba DP-1), aunque en realidad llegábamos un poquito más tarde por el tramo a caminar; pero eso estaba admitido.

Vista desde el techo del antiguo edificio de la estación de sondeo aerológico hacia el aeropuerto, puede verse el mástil de la estación meteorológica con su veleta.

Digamos que en el mejor de los casos llegábamos 8:05, los más rápidos (yo era de los primeros, siempre impaciente por ponerme a hacer cosas), hasta 8:10, los más lentos. Ya una vez dentro, pues ya estábamos «trabajando». Mi lugar de trabajo quedaba bastante lejos de la entrada, habría que caminar unos 250-300 metros más. Algunos íbamos rápido, otros iban conversando jovialmente y algunos hacían una parada para pedirle un cigarro a alguien en la estación meteorológica (no menciono nombres) y eso claro, implicaba un breve diálogo, por pudor. Resumen, que entre una cosa y la otra, algunos de mis compañeros no llegaban a su área hasta eso de 8:25-8:30. Eso me molestaba, porque yo venía con la disciplina de trabajo aprendida en las instituciones soviéticas; pero el asunto distaba de ser simplemente media hora perdida en llegar al puesto de trabajo.

El delegado de la Academia de Ciencias, Danilo Corchado, trabajadores del Centro y colaboradores soviéticos en 1980, en el acto de entrega de la estación de sondeo aerológico Meteorit-2, justo en la explanada delante de este edificio y de la estación meteorológica.

Sobre las 8:30 llegaban los colaboradores soviéticos, en una guagüita de servicio especial del CECE (Comité Estatal de Colaboración Económica), siempre preocupadísimos por poner manos a la obra, y yo, con ellos para aprender. A mis subordinados se le encargaban numerosos trabajos, supuestamente a las 8:30 ya debían estar en funciones; pero…estaba el tema de la merienda.

Bajo el árbol, la garita actual, a la entrada del Centro Meteorológico de Camagüey que dá a la Carretera de Nuevitas.

Pues bien, la merienda, o más bien el horario de merienda, como ya dije, en nuestro Centro tenía características especiales. El único lugar al que uno podía ir a comer algo era la cafetería de la terminal de vuelos nacionales, que siempre estaba abierta a cualquier público (después de la época de los secuestros de aviones, quedó cerrada solo para los viajeros que ya hubieran chequeado). Como resultaba bastante distante, 15 minutos no bastaban para ir y virar, por tanto se admitía, una vez al día, usar los 15 minutos de la mañana, más los 15 minutos de la tarde.

Donde está la puerta de cristal con cortinas, que antes era más ancha y de madera, radicaba el pequeño taller de Electrónica donde comencé a trabajar en 1981. Allí laboraba yo, con tres mecánicos electrónicos B, obreros calificados.

Algunos de mis trabajadores (que sigo sin decir nombres), para mi desesperación, usaban esas prerrogativas cada día. Es decir, llegaban al taller sobre 8:30. A esa hora, sin mucho apuro (al caminar dentro del Centro), retornaban al aeropuerto. Al cruzar por la puerta entonces sí que tenían que apurarse, porque comenzaban a contar los 30 minutos reglamentarios, antes de los cuales tenían que estar de vuelta (y en la puerta Cancerbero sí que les llevaba el tiempo). Regresaban apurados; pero una vez dentro del Centro volvía el procedimiento de ir a pedir un cigarro a la estación (no digo nombres), conversar un poquito (por pudor) y regresar a paso de jicotea al taller. Llegaban como es lógico sobre las 9:30 a su puesto de trabajo.

Donde está la bandera es el edificio de la antigua estación de sondeo Meteorit-2, un poco más a la derecha en la foto, la estación meteorológica de Camagüey.

Pero ahí no termina todo. Uno de mis personajes, padecía del estómago, y no bien entraba al taller ya venía quejándose de que las empanadillas (o el atracón) le había hecho daño (eso día por día). Entonces iniciaba el proceso de ir al baño, pero el único disponible estaba allá , en la estación. Iba pues el hombre para allá (caminata de 250-300 metros), pedía papel paráculo (sic), hacía sus necesidades, a continuación repetía procedimiento de pedir cigarro (y tirar una conversadita por pudor) y luego regresaba feliz al taller a comenzar su jornada laboral.

Al fondo puede verse la torre de control del aeropuerto, la foto está tomada desde la entrada del antiguo Taller de Electrónica.

Yo me quejaba sin razón en aquel entonces, lo hacía porque era joven e inexperto aun. Hoy en día veo trabajadores que se pasan el día fumando y hablando de futbol debajo de un árbol y yo añoro aquellos viejos tiempos de las empanadillas en el aeropuerto, al menos llegaban y se ponían a trabajar intensamente el resto del día (de eso me encargaba yo). Lo mismo sucede en muchísimos centros de trabajo, incluyendo los que prestan servicios a la población. Sí, nunca hemos tenido una cultura de aprovechamiento del tiempo, mis estándares soviéticos nunca funcionaron aquí (sé que hay lugares y personas de excelencia). Creo que es bastante generalizado lo de no aprovechar bien la jornada. Si con aquella disciplina laboral (debo decir más bien indisciplina) no se podía avanzar mucho … ¿Qué puedo decir ahora? Nada, que soy un objeto museable, ahora les llamas la atención; pero son de cristal y hay que tratarlos con mucho cuidado.

Tempus fugit, carpe diem

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