Ya les conté a mis fieles lectores que el año 2010 fue especialmente duro para mí. Más de ocho meses de Ciatalgia muy intensa fue un reto enorme. Sin embargo, no me rendí, no retrocedí en las cosas que me tocaba hacer y tampoco renuncié a mis planes siempre muy ambiciosos en todos los ámbitos. Una de las cosas muy importante fue viajar a Montreal con Leonardo-Ichi a probar unos equipos fabricados según nuestro diseño para el prototipo de Radar Meteorológico Cubano (Doppler). Gentilmente Marco nos brindó hospedaje en su casa para ahorrarnos el pago de un hotel, demasiado costoso para el presupuesto asignado. El primer domingo que tuvimos libre (obviamente, que los montrealeses tampoco trabajan los domingos) Ichi y yo deseábamos ir a un pulguero que en francés es Marché Aux Puces. Pero …
Yo desde pequeño siempre tuve problemas de pie plano y escoliosis, sin embargo, no recuerdo sacrolumbalgias hasta que estuve en la preparatoria y para eso, bastante ligera. En la Unión Soviética el paletó y unas estúpidas botas de invierno que cerraban con zipper y el zipper se «auto-abría» al caminar me molestaban bastante y me daban frecuentes dolores de espalda y de los pies. Realmente la sacrolumbalgia comenzó a molestarme muy en serio en 1989 con el carro que recién me habían otorgado. Unos amigos me dijeron –tranquilo, eso es el pie en cloche, a todos nos pasa. Bueno, me acostumbré a que uno de los «costos» de tener carro era tener sacrolumbalgias frecuentes y traté de poner el pedal de cloche lo más suave posible. Teniendo en cuenta lo que vino después, ciertamente la sacrolumbalgia era un mal menor que sucedía con cierta frecuencia. Felix Gamboa, un compañero de trabajo, me veía y me decía –andas como barco escorado, porque yo me iba jorobando de modo de evitar el dolor que me molestaba. Nada, dormir en el piso, acomodarme de un lado, no hacer nada de fuerza que reforzara el dolor … boberías. Lo verdaderamente malo vino cuando apareció la ciatalgia. Todo empezó porque mi hijo me invitó a que lo acompañara al gimnasio. Sí, bueno, mi hijo ya sabía de que yo desde adolescente trataba de ponerme «jémin». Ahora es mi nieto Orlandito el que me azuza, porque él quiere que tengamos el abdomen con cuadritos como Can Yamán. Él me dice que la parte alta del abdomen la tengo bien, pero que tengo que trabajar la parte inferior. Orlandito no tiene mucho problema porque su hermana Liz Amanda le pinta los cuadritos con un plumón, pero a mí me exige que haga abdominales como bestia. En fin, como siempre, desvarío.
Habían pasado muchos años de que terminara la colaboración de Cuba con la Unión Soviética en 1991, año en que también desaparecía la propia Unión Soviética y que las instituciones con las cuales manteníamos relaciones científicas también pasaban por un período de reorientación. Mi comprensión de los temas de radar iba pasando de las cuestiones meramente ingenieriles a la comprensión de cómo explotar mejor la información de radar. La Vigésimo Novena Conferencia Internacional de Meteorología de Radar, celebrada en julio de 1999 en la ciudad de Montreal fue mi gran oportunidad de hacer muchas preguntas. Mi «víctima» primaria fue mi gran amigo y tutor, el Profesor Isztar Zawadzki, con quien ya sostenía comunicación por cartas de papel/sobre/sellos desde hacía unos años. A mi larga y fructífera relación con Zawadzki debo dedicar todo un post; pero hoy voy a limitarme a comentarles sobre su visión, muy adelantada para la época sobre el tema este de cómo rellenar los huecos en la cobertura de una red de radares, asunto que me preocupaba en aquel momento. Esta búsqueda de soluciones, que comenzó con preguntas en los pasillos del Queen Elizabeth en Montreal, pasó por el visionario proyecto CASA y hoy se materializa en redes comerciales como Climavision,que nos muestra el camino claro para modernizar la observación meteorológica en Cuba. En este post, exploraremos esta evolución y propondremos una solución concreta.
Mi primer encontronazo con el término de sobrevendido ocurrió cuando volé de Denver a Dallas, en los Estados Unidos; pero eso ya lo conté en el post: «Simbad el Inclaudicable«. La anécdota que narraré a continuación ocurrió en la primavera del año 2005, cuando viajé a Toronto para asunto del Radar Meteorológico Cubano (Doppler) encargado por el Comandante en Jefe. Las siete veces que he estado en Canadá, he pasado por Montreal, esta no fue la excepción. Para materializar este escape a Montreal. mi amigo Marco me pagó el pasaje, y sacó un enigmático boleto de esos de «no usar antes de una semana» (que dice Marco que eso es más barato).
Entrevista realizada por Lluís Amiguet para el Foro del Tiempo de Meteored el 29 de septiembre de 2005, al Dr. Isztar Zawadzki, mi gran amigo, lamentablemente fallecido en febrero de 2023. Me robo la entrevista sin su permiso y la reproduzco aquí en mi blog, dándole todos los créditos, por el gran aprecio que siento por el Dr. Zawadzki y la importancia que concedo a los temas aquí tratados. Sin más, dejo a mis lectores con esta excelente entrevista.
Mi primera noche con Montreal fue verdaderamente una delicia. Marco y yo conseguimos el financiamiento por vías diferentes para asistir a la 29 Conferencia de la Sociedad Meteorológica Americana. De cómo llegamos al aeropuerto de Mirabel de Montreal a las 11 PM, contaré en otro post. Marco y yo habíamos colimado un hotelito superbarato, unos 65 dólares canadienses por una noche la habitación doble, al menos en Internet no se veía nada mejor, y además quedaba cerca del Queen Elizabeth, donde se iba a celebrar la Conferencia.
Montreal es una ciudad deslumbrante, es más, que puedo asegurar que de las ciudades modernas que he visitado, Montreal se lleva el primer lugar. Tanto me gustó aquella primera vez que decidí ir más a menudo…y lo he ido logrando, ya he estado 6 veces allí, pero ahora quiero hablar de la primera vez, y de la dieta. Montréal, mon amour d’été, bueno, he estado en las cuatro estaciones, pero ya eso será tema de otros posts, pues de Montreal tengo muchas anécdotas…ahora voy a concentrame en lo de la dieta que un amigo está ansioso porque lo cuente.
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