
Los becarios cubanos recibíamos un estipendio de 90 rublos mensuales, excepto los que estudiaban en institutos militares que recibían más. De ahí había que pagarse todos los gastos. No era mucho, pero con eso se podía vivir bien, pagar el transporte, ir al cine de cuando en cuando, ir tal vez a un restaurancito no muy caro, o ir un día y pagarse un helado en un Café de moda en la calle Arbat y claro, comprarse ropa, zapatos y materiales escolares. Uno siempre quería más, porque aparte de vivir había que traer “cositas” de regalo para amigos y familiares en Cuba y cosas que hacían falta en nuestras casas. Los estudiantes soviéticos trabajaban en las vacaciones, pero los cubanos teníamos prohibido (nadie sabía por qué, a fin de cuentas, todos los estudiantes universitarios del mundo trabajan para mejorar su vida en lo que estudian). Aclaro que en la Unión Soviética no había nada “por la izquierda” (me refiero a trabajo informal, sin papeles). Para trabajar en cualquier parte, por muy efímero e insignificante que fuera el trabajo, necesitabas un permiso que debía darte el Instituto donde estudiabas, sin eso, ni modo. Hasta que un día …
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