
Estimados lectores, yo tuve la inmensa dicha de compartir mis cinco años de estudio en el Instituto de Ingenieros del Transporte de Moscú con Dalia Guardo Fernández, una persona maravillosa, callada, introvertida, nunca se quejaba de nada, siempre presta a ayudar a todo el mundo en lo que hiciera falta y estuviera en sus manos, siempre presta a escuchar las cuitas de otros, trabajadora, estudiosa y esforzada hasta no dar más. En fin, un dulce de persona. Hoy les traigo una anécdota que me contó Dalia, ya saben que yo soy cuentero de segunda y hasta de tercera mano.
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