Radares Mirando al Sur

Fundamentos, Tecnologías, Aplicaciones, Historia y Memoria

Incendio a bordo

El 23 de mayo de 1945, los representantes del Consejo de Control Aliado, en las personas del Gral de División Rooks, por los EE..UU., el Gral de Brigada Foord, por Gran Bretaña y el General de División Truskov, por la Unión Soviética, llamaron a bordo del crucero de lujo MV Patria, al Gran Almirante Karl Dönitz (nombrado por Hitler como Jefe de Estado de Alemania, el 30 de abril, antes de suicidarse con el título de Reichspräsident, Presidente de Alemania), al General Jodl y el Almirante Friedeburg (miembros del gobierno formado por Dönitz). Este gobierno fue el firmante de la capitulación el 7 de mayo en Reims (que no fue aceptada por la Unión Soviética) y de la verdadera capitulación y rendición incondicional el 8 de mayo (9 para los rusos) en Berlín, ante el Mariscal de la Unión Soviética Gueorgui Zhukov. El motivo de la reunión a bordo del Patria fue para informarles que por órdenes de Eisenhower, contando con el apoyo de Stalin al respecto, eran destituidos de sus cargos y en lo adelante serían prisioneros de guerra (después del juicio de Nuremberg Jodl fue ahorcado y Dönitz condenado a prisión). Mis impacientes lectores pensarán que me picó una mosca y me dio por desapolillar archivos históricos, o por creerme historiador, pero como bien saben, yo solo sé un poquito de radares y no soy experto en cosas de historia. El lío es que quiero contar algo sobre este barco. Sea paciente, sígame y les cuento el chisme del incendio.

El MV Patria era un transatlántico alemán moderno para su época, botado en 1938 en Hamburgo. Se destacaba por su propulsión diésel-eléctrica, siendo en su momento el barco de pasajeros más grande del mundo con este sistema. Al estallar la guerra, fue requisado por la Kriegsmarine (marina de guerra alemana) y utilizado como barco-cuartel y escuela de torpedos en Flensburg-Mürwik. Es aquí donde adquiere su relevancia histórica directa: entre el 3 y el 23 de mayo de 1945, sirvió como sede del efímero Gobierno de Flensburg, presidido por el Gran Almirante Karl Dönitz, sucesor de Hitler. Tras la guerra, fue asignado al Reino Unido y posteriormente transferido a la Unión Soviética como parte de las reparaciones de guerra el 7 de febrero de 1946. Reconstruido y renombrado como Rossia (o Rossiya, «Rusia» en ruso), pasó a operar bajo una compañía estatal soviética (Black Sea Shipping Company, Черноморское морское пароходство). El Rossia fue pintado de blanco y operó principalmente en el Mar Negro, realizando cruceros domésticos (de descanso para trabajadores) entre puertos como Odesa, Yalta y los del Cáucaso. También realizó algunos viajes transatlánticos a La Habana para transportar becarios cubanos a la Unión Soviética y, ocasionalmente, a Nueva York. Fue dado de baja en 1984. Para poder ser desguazado se le cambió el nombre a Aniva en 1985 ya que no podía enviarse a desguace un barco llamado «Rusia» y fue finalmente desmantelado en Japón en 1986.

Pues bien, hete aquí que en agosto de 1976 yo estaba entre los felices becarios que abordamos ese maravilloso crucero con destino a nuestros estudios en la Unión Soviética. No sé si los hay mejores (me refiero a cruceros), para nosotros, los cubanos que salíamos de Cuba por primera vez, era simplemente un sueño lujoso hecho realidad. En otro post he contado sobre mis viajes trasatlánticos, ahora me ceñiré solo a lo del incendio a bordo del trasatlántico Rossya.

El día anterior a los sucesos que narraré la tripulación nos había invitado al Puente de Mando del Rossya. Fue mi segundo contacto en la vida con los radares (antes había estado de niño en el viejo ARS-3) y me gustó mucho ver las pantallas de esos radares marinos que mostraban la presencia de otros barcos en los alrededores del majestuoso crucero. Ya nos encontrábamos en la zona del Triángulo de las Bermudas. Un señor mayor, Tercer Oficial abordo, nos hizo historias personales sobrenaturales y horripilantes sobre viajes suyos al Triángulo de las Bermudas, más bien parecían historias de Simbad el Marino.

Pues bien, llegamos al día del «asunto», o más bien, a la noche. Mi amigo Manuel Adolfo y yo estábamos viendo una película en la más alta cubierta (que era pequeñita, unas 15 sillas era todo el auditorio). Exhibían el filme «Un hombre de verdad». El proyector era un armatroste que yo no estoy seguro que yo pudiera cargar yo solo y conste que en el barco yo hacía 25 traciones en la barra, que ha sido mi récord absoluto que no logré mejorar ni en mis años de practicar Gimnasia (masculina, la de barras, caballos, paralelas, para que mi malicioso lector no la vaya a confundir con la de las cintas y las pelotas).

Bueno, me desvío, como casi siempre, el caso es que nosotros no percibimos nada, pero el proyeccionista, un ruso grande y bien jamao, huelga decirlo, sí oyó. De repente recogió el proyector y lo metió en una caja con la misma facilidad conque uno se guarda el celular en un bolsillo. Agarró la caja de madera enorme y pesada con una mano como si fuera una plumita, plegó la pantalla, engorrosa y bastante grande, con la otra mano y literalmente voló por una escalerilla de esas en las que uno se va aguantando del pasamanos y con mucho cuidado porque te parece que te vas a destimbalar si equivocas el paso.

Habrían pasado un par de minutos y por el audio nos dijeron que había un incendio a bordo, que bajáramos a nuestros camarotes. Allá abajo ya el humo era desagradablemente perceptible. No pasamos mucho rato abajo, casi enseguida ordenaron ponerse los chalecos salvavidas y subir a la cubierta principal. Todo a oscuras, solo unas minúsculas lucecitas de emergencia para guiarse

Como en los aviones, en el barco también se había hecho un simulacro y habían explicado todo lo de los chalecos salvavidas y a quién le tocaba qué chalupa. Un maldito Titanic, pensábamos todos. Aun no se había hecho la película, pero el que más y el que menos había leído sobre el Titanic, y el que no se actualizaba en lo que nos poníamos los chalecos y subíamos, que nunca falta el que hace chiste macabros en medio de esa situación.

Tal vez no fue mucho tiempo en cubierta, pero las luces apagadas, los chalecos puestos, el fuerte olor a humo, la oscuridad de la noche y la certeza de encontrarnos bien lejos de cualquier costa, en medio del Triángulo de las Bermudas, hacían bien tenso el ambiente. Yo releí mi diario de abordo, escribí que no sentía miedo, tal vez en mi fuero interno solo pensaba –esto no me puede estar pasando seriamente a mí, ahora seguro se arregla todo.

Y bueno, se arregló. encendieron las luces, dijeron –todos a la normalidad, pusieron música en los altavoces, pero el humo aun estaba en los camarotes y nada, seguimos nuestro alegre paseo, la vida estaba apenas comenzando. Dicen que fue falta de mantenimiento de algo en la sala de máquinas, saltó una chispa y algo cogió candela; pero lograron sofocar el conato de incendio. Yo tenía 20 años, la mayoría estábamos entre 19 y 21 y al otro día ese recuerdo tan macabro se había disipado y seguíamos jugando ping-pong, ajedrez, volibol (con la pelota cautiva por una cuerda), bañandonos en la piscina (cuando el oleaje no era muy fuerte y el barco navegaba estable), leyendo y disfrutando de nuestro paseo. Creo que fueron 21 días antes de llegar a Odessa.

Como detalle curioso les cuento que este crucero transportó en 1978 a la delegación soviética y de otros países socialistas al XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en La Habana. A bordo de este hermoso navío se filmaron escenas de varias películas soviéticas, algunas de las cuales se exhibieron con éxito en Cuba, tenía anotado el nombre, pero no lo encuentro.

Orlando El Escriba, contando el episodio de un conato de incendio a bordo del trasatlántico Rossia en el que viajaba para iniciar estudios en la Unión Soviética hace 50 años

Y nada, heme aquí a mis 70 años contando la historia que hace 50 años pudo haber acabado antes que yo llegara a los 21 años.

Comentarios

2 respuestas a «Incendio a bordo»

  1. Avatar de Francisco Cutié
    Francisco Cutié

    Excelente historia y muy bien hilvanada, por cierto ¿ incursionó en la gimnasia con cinta? Nada una jarana criolla. Asumo que usted es uno de los miembros del grupo de especialistas que modernizaron los radares. Aprovecho para felicitarlo, es un placer y un honor poder leer y escribirle. Con personas como usted, es que nuestro nación podrá intentar salir del atraso tecnológico, pues creo que, es el único camino que nos han legado.

    1. Avatar de Orlando El Escriba

      Pues sí, fundamos LADETEC 1990, por orientaciones de Rosa Elena Simeón. Acometimos la modernización y automatización de los siete radares «viejos» y luego, por orientaciones expresas del Comandante en Jefe, desarrollamos el prototipo de radar Doppler, cubano 100%, además lo implementamos en dos radares más. Después de eso…nos botaron, a los cuatro únicos que quedábamos. Muy injustamente, no con nosotros, con los radares, dejaron al INSMET/CITMA sin los únicos 4 expertos, reconocidos entre los 10 mejores del mundo, modestia aparte. https://meteoradares.wordpress.com/2025/03/04/una-historia-mal-contada/ https://meteoradares.wordpress.com/2025/02/03/ironias-del-destino-los-expendables/ No obstante, no nos fuimos del país, convertimos LADETEC en una CNA, brindamos servicios altamente calificados a numerosas empresas estatales cubanas (en este blog están contadas muchas de esas historias, de antes de la hecatombe y de después. La vida, el tiempo pondrán las cosas en su lugar y saldrán a flote los mezquinos intereses. Muy agradecido por sus elogios. Nosotros, a pesar de los pesares, seguimos trabajando para la Patria.

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