
El éxodo de los judíos de Egipto a Canaán no existió, afirma el autor Israel Finkelstein en su libro de 2006 —no está respaldado por pruebas arqueológicas—asevera el autor. Ah, como siempre, divago, no es de temas bíblicos, históricos, o arqueológicos que deseo hablar. Tampoco voy a hablar de la canción homónima de Evanescence, ni de la de Bob Marley, ni del grupo de trash metal del mismo nombre, a fin de cuentas mis amables lectores saben que lo mío son los radares meteorológicos. Me motivó que hace poco leí sobre un software líder de procesamiento de información de radar, que anuncia como novedad algunas características que nuestro VESTA|Proceso ostenta…desde 1996, pero en realidad lo que quiero es hablar del éxodo.

Perdí la cuenta de mis discípulos cercanos allá por el número 28 o 29 (creo que en total 32), me cuesta trabajo rememorar ahora a todos, y ya a mi avanzada edad comienzo a preocuparme por no tener a quien legar todo el conocimiento que con tanto trabajo he adquirido. Es todo un desperdicio.

Estoy pensando seriamente en escribir un libro explicando todas aquellas cosas que tanto tiempo y esfuerzo me costó entender, quizás sea la única forma de dejar el conocimiento, encerrarlo en una botella y lanzarla al mar como aquél célebre «manuscrito hallado en una botella» para ver quien se lo encuentra y se lo lee.

Me preocupa que repetitivamente veo en la TV figuras importantes nuestras que explican que la causa del éxodo de nuestros profesionales radica solamente en el robo de cerebros. Bien, no soy tan tonto de pensar que no existe el robo de cerebros. Seguro estoy que las transnacionales se deben haber robado a más de uno de nuestros científicos cubanos descollantes, y que deben haberlo intentado con muchos otros. Yo mismo soy un «blanco bien cotizado». También algunos de mis “monstruos” han recibido ofertas jugosas de alguna fábrica de radares o de instituciones con radares…y la han rechazado; pero creo que para detener el éxodo de prometedores científicos e ingenieros, lo primero que debemos hacer es analizar bien las causas, y lo segundo es hacerlas desaparecer. No se puede dar el mismo tratamiento salarial al talento excepcional que al que trabaja «a lo mínimo». Eso desestimula al trabajador de avanzada. Sin importar la edad y los años de experiencia, hay personas que tienen un rendimiento excepcional; pero tienen problemas existenciales urgentes que resolver. Algo anda mal cuando una persona con solo grado 12 puede ocupar una plaza de subdirector administrativo (para la que se requiere cero experiencia) ganando 6060 pesos y un especialista de radar con 30 años de experiencia y altamente cotizado por empresas extranjeras (con ofertas de hasta 15 mil Euros mensuales y que ha prestado servicios en varios países con notable beneficio para Cuba) gane 5310 pesos. Por más que intenten explicármelo, no lo entiendo, no estamos protegiendo el capital humano que hemos creado. A la vuelta de unos años, veremos las consecuencias. Los jóvenes ven eso y no sienten motivación para una plaza de especialista de radar.

Todos los talentos que alguna vez trabajaron para el tema de los radares meteorológicos, y que ya no están en Cuba, se han ido simplemente en busca de mejoras económicas. Nadie se los “robó”. Se fueron con destino incierto, a abrirse paso en cualquier cosa. Ninguno ha trabajado vinculado a los radares ni a la meteorología después de irse de Cuba. Todo el conocimiento que atesoraron para desarrollar las cosas novedosas que hicieron para nosotros en el campo de los radares, no les sirvió de nada más que de satisfacción personal por haber hecho algo muy bueno para nuestro país. He conversado con muchos, todos sin excepción coinciden en que nunca tuvieron otro trabajo tan motivante, tan atractivo, como el que hicieron para los radares meteorológicos en Cuba. Con gusto retornarían, y no requieren las mismas bondades que tienen por allá, basta que tengan lo suficiente para no tener que preocuparse por las cosas materiales y poder zambullirse de nuevo en la técnica.

No, no puedo vanagloriarme de haberles inyectado “las mieles del conocimiento” que les permitieran seguir carreras exitosas en el extranjero. Para nada, son personas muy talentosas que ya tenían un gran conocimiento en el campo de la electrónica y la computación, una parte recibido de su educación en Cuba o en la Unión Soviética, y una gran parte obtenido de su obsesión por el conocimiento. Es cierto que los países desarrollados que los recibieron se benefician de recibir un personal de alto nivel profesional que nada les costó; pero que no los andaban buscando. De todas partes del mundo el personal calificado, como ellos, emigra hacia esos países en busca de mejor paga y mejores condiciones de vida. Esos países tienen donde escoger.
Soy testigo de las angustias de la vida cotidiana de estos talentosos colegas cuando trabajaron bajo mi dirección, de la penuria de vivir agregados en casas de padres o suegros, de las incertidumbres posteriores en los alquileres, de las escaseces de un salario que no llegaba a cubrir necesidades mínimas de un joven matrimonio, de las incomprensiones de una familia que los ve “perdiendo el tiempo”, dedicados en cuerpo y alma a algo que “no da” y los exhorta a “hacer algo útil” por ellos mismos… y por el resto de la familia.

Sí, siempre ha sido una especie de complicidad entre ellos y yo…nosotros versus resto del mundo (familiares, amigos, compañeros, vecinos, jefes-de-poca-visión et alii)…y después…el éxodo. Entonces…¿los roban o se fugan? He ahí la cuestión, para mí…es éxodo. He visto en muchachos muy jóvenes esa idea fija de que deben irse, incluso aquellos que tienen una posición holgada y eso es lo más preocupante para mí, que muchos no perciben una motivación en quedarse, justo ahora que comienzan a abrirse oportunidades. Algo hay que hacer y urgente, porque mi generación…»se va del parque» y no habrá tiempo para formar el relevo largo.

Sí, me gustaría ver a nuestros talentos beisboleros que están dispersos por todo el planeta jugando con la camiseta de las 4 letras en un Clásico, y claro, también me gustaría compartir trabajo de nuevo con los talentos que algún día pasaron por aquí…soñar no cuesta nada. Ah, ¿qué cosas no harían ahora al cabo de unos años, con una tremenda experiencia y muchos adelantos de la computación? Sería algo así como un equipo de todos estrellas…patearíamos traseros y de paso podrían incorporarse a nuestro equipo de pelota los METs (nuestro equipo de pelota del Centro Meteorológico de Camagüey, del cual actualmente solo quedan tres).
Bueno, como canta Evanescence:
My black backpack’s stuffed with broken dreams
…

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