
Los trabajadores del Instituto de Meteorología, especialmente los que trabajan en las instalaciones en la Loma de Casa Blanca, suelen referirse a este lugar como «la sede» del Instituto de Meteorología. A mi entender con esto se comete un error gramatical que a fuerza de repetirse se ha enraizado y todos lo repiten.
Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española «sede» es «domicilio, lugar, dirección». Así pues el Instituto de Meteorología no tiene UNA sede, tiene NUMEROSAS sedes a lo largo y ancho de nuestro archipiélago. En el Instituto de Meteorología trabajan más de 1300 personas distribuidas en numerosas instalaciones, entre ellas, 8 estaciones de radar meteorológico (tenía que mencionarlos de primero ¿no?, licencia «poética» del escribidor), uno radica en la Loma de Casa Blanca y otra en el Centro Meteorológico Provincial de Camagüey, los otros 6 tienen sedes independientes, 68 estaciones meteorológicas, igual que los radares, una de ellas radica en la Loma de Casa Blanca y otra en el Centro Meteorológico Provincial de Camagüey, las otras 66 tienen sedes distribuidas, 13 instalaciones donde radican centros meteorológicos provinciales (contando al del municipio especial de la Isla de la Juventud) y claro, las instalaciones en la Loma de Casa Blanca (que incluyen al Centro Meteorológico Provincial que atiende las provincias de Habana, Artemisa y Mayabeque) y que no tiene nada que ver con la dirección nacional del Instituto de Meteorología.
Pienso que eso de decir que la sede del Instituto de Meteorología está en Casa Blanca es un absurdo lingüístico. En las instalaciones de la Loma de Casa Blanca, ciertamente, está la sede de la DIRECCIÓN NACIONAL del Instituto de Meteorología (el director general y los cinco directores subalternos: De servicios, Científico, Económico, De recursos humanos y Administrativo). En este lugar radica la sede de la dirección de 8 de los 9 centros nacionales especializados: Pronósticos, Clima, Meteorología Agrícola, Meteorología Marina, Contaminación y Química Atmosférica, Física de la Atmósfera, Instrumentos y Métodos e Informática y Comunicaciones (algunos de ellos radican completamente en la sede, otros tienen personal distribuido por el país). Sin embargo, la sede de la dirección del Centro Nacional de Radares está en el Centro Meteorológico Provincial de Camagüey; pero el Centro de Radares, al igual que algunos de los 8 que radican en Casa Blanca, emplea más de 100 personas en 8 locaciones de Cuba (La Bajada en Pinar del Río, Punta del Este en la Isla de la Juventud, Pico San Juan en Cienfuegos, Pilón en la Loma del Mamey en Granma, Holguín el la Loma El Paraíso, cerca de la ciudad, Gran Piedra en Santiago de Cuba y los ya mencionados, ubicados en Casa Blanca y en Camagüey). Así pues, en Casa Blanca ni están todos los que son, ni son todos los que están. Definitivamente no, lo que radica en la Loma de Casa Blanca, en el idioma de Cervantes no es la sede del Instituto de Meteorología.
Lo anterior es solo un problema lingüístico. Más desacertado, me parece a mí, el hecho de que el Instituto de Meteorología está catalogado, y esto no es solo por el decir popular, sino por resolución ministerial (Resolución No. 222, del 24 de marzo del 2016, de la Ministra de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente. “Aprobando la inscripción del INSMET como CENTRO DE INVESTIGACIÓN en el Registro Nacional de Entidades de Ciencia, Tecnología e Innovación”) como UN CENTRO y además DE INVESTIGACIÓN porque el Instituto de Meteorología, en mi opinión, NO ES UN CENTRO, sino una entidad nacional formada por numerosas estaciones y centros, y por mucho, la actividad principal que ejecuta NO ES LA INVESTIGACIÓN, sino el servicio científico tecnológico estatal de Vigilancia Meteorológica. El que tenga dudas, compare el presupuesto que se asigna para el servicio y el que se asigna para la investigación, compare las personas que se dedican a una cosa y a la otra. Me parece una decisión irracional, digo yo que no sé nada, saque usted sus propias conclusiones como solía decir el periodista Eduardo Dimas.
Nada, es solo un par de opiniones con las que me permito disentir…ninguna de las dos cosas cambia la esencia, como diría Shakespeare…
“Julieta: … ¿Qué hay en un nombre? ¡Lo que llamamos rosa exhalaría el mismo grato perfume con cualquiera otra denominación! De igual modo Romeo, aunque Romeo no se llamara, conservaría sin este título las raras perfecciones que atesora…”
Romeo y Julieta. Acto II, Escena 2. William Shakespeare
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