Radares Mirando al Sur

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La lluvia y el milagro

Vuelve mi amigo Sasisko a pedirme un espacio en mi blog con esta historia romántica de ficción (eso creo yo). Sasisko se cree poeta romántico del Renacimiento, a saber de dónde saca esas cosas, en fin, no me meto, Ustedes júzguenlo y si no les gusta me lo dicen para sacarlo de mi blog. A mí lo que me jode de Sasisko es que él canta como un ángel, en lugar de dedicarse a cantar…se cree que escribe.

En lo más profundo de su corazón, ella siempre lo supo: él era El Elegido. Todo en él la cautivaba – su hablar culto y pausado, naturalmente seductor, su razonamiento impecablemente lógico que, aunque a veces la irritaba, no hacía más que atraerla. Pero sobre todo, era su bondad y su sentido de la justicia. No era algo que él exhibiera; simplemente se revelaba en sus ojos, en esa mirada que atravesaba los siete cerrojos de su alma, incluso cuando conversaban sobre las cosas más triviales.

El momento decisivo fue cuando le dio la mano por primera vez – un gesto letal en su simplicidad. Su tacto era como un manto protector que disipaba todos sus miedos, como si fuera mandado por su ancestro a protegerla. Consciente de esto, ella se mantenía esquiva, cerrando cualquier espacio en sus conversaciones, evadiendo hábilmente cada intento suyo por penetrar su coraza. Pero él, paciente, persistía en buscar una grieta.

Todo cambió aquella tarde en el ranchón cuando los sorprendió la tormenta. El lugar era espacioso, pero sin paredes, y la lluvia los azotaba horizontalmente. Corrieron, inevitablemente empapados, mientras él intentaba secarla torpemente con un pañuelo. En medio de esa futilidad, él susurró, parafraseando a Silvio: «Ojalá que la lluvia sea eternamente el milagro que baja por tu cuerpo». Ella comprendía lo inevitable, pero se alejó, eligiendo un infierno personal convencida de que era lo correcto. Cayó en las redes de la manipulación ajena, cada quien con sus propios intereses.

Pero el destino tenía otros planes. Cuando regresó, golpeada por la vida, el milagro se manifestó: ella volvía a su pueblo, él también, pero de más lejos, y sus caminos se cruzaron nuevamente. Las coincidencias se multiplicaron. Conversaban largamente; a él le encantaba su dulce voz que, llenaba mágicamente de hormigas el cable del teléfono, atrayendo a una lagartija que esperaba ansiosa y oportunistamente sus llamadas.

Él nunca la presionó, manteniendo siempre sus modales de caballero hispano. Un café hoy, un helado mañana. Viajaron juntos de trabajo, y aunque él mantenía una respetuosa distancia, cada vez que ella le permitía tomar su mano, ese calor íntimo, sensual y abrasador la invadía. Su mano caballerosa y protectora en la espalda le producía un corrientazo que le recorría el cuerpo y le enderezaba los siete chacras. A pesar de que él mantenía su distancia, el viaje se volvió una sucesión de efectos mágicos: la luna, la libélula, el sol, la loma, el son, los negros, las ramas.

Había un abismo entre ellos; pero estaban su mano y su mirada que le decían -salta … Él esperó pacientemente hasta que, finalmente, ella lo besó, sellando un amor que ella sabía sería para siempre, todos sus intentos por escapar de eso resultaron vanos. Y él fue desarticulando sus siete corazas y brotó con tremenda fuerza la maravilla de mujer y ser humano.

Ni él mismo captó desde el inicio de qué callada manera ella se adentraba en su alma sonriendo, como si fuera la primavera, y lo era. Caían y allí estaba el otro/otra para salir del bache, incluso de baches muuuuy profundos …Y crecieron y riñeron y volvieron a crecer, se habían prometido tan solo 7 eternidades ¿prorrogables? …


Al igual que en la anterior entrega, como Sasisko parafrasea a Silvio, les copio la letra de Ojalá que es una de las canciones que más me gusta y no porque guarde ninguna relación conmigo (y creo, hasta dónde sé, que tampoco con Sasisko):

Ojalá que las hojas no te toquen el cuerpo cuando caigan
Para que no las puedas convertir en cristal
Ojalá que la lluvia deje de ser milagro que baja por tu cuerpo
Ojalá que la luna pueda salir sin ti
Ojalá que la tierra no te bese los pasos

Ojalá se te acabe la mirada constante
La palabra precisa, la sonrisa perfecta
Ojalá pase algo que te borre de pronto
Una luz cegadora, un disparo de nieve
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte
Para no verte tanto, para no verte siempre
En todos los segundos
En todas las visiones
Ojalá que no pueda tocarte ni en canciones

Ojalá que la aurora no dé gritos que caigan en mi espalda
Ojalá que tu nombre se le olvide a esa voz
Ojalá las paredes no retengan tu ruido de camino cansado
Ojalá que el deseo se vaya atrás de ti
A tu viejo gobierno de difuntos y flores

Ojalá se te acabe la mirada constante
La palabra precisa, la sonrisa perfecta
Ojalá pase algo que te borre de pronto
Una luz cegadora, un disparo de nieve
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte
Para no verte tanto, para no verte siempre
En todos los segundos, en todas las visiones
Ojalá que no pueda tocarte ni en canciones
Ojalá pase algo que te borre de pronto
Una luz cegadora, un disparo de nieve
Ojalá por lo menos que me lleve la muerte
Para no verte tanto, para no verte siempre
En todos los segundos
En todas las visiones
Ojalá que no pueda tocarte ni en canciones

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