
El mostro Albio vive dos cuadras más abajo que yo, yendo hacia el Reparto Boves (que se llama América Latina; pero que todo el mundo le dice Boves). El número del teléfono fijo de mi casa termina en 0616 y el de la casa de Albio termina en 6616. En innumerables ocasiones Albio llamaba a mi casa confundido pensando que llamaba a la suya. A veces le salía y yo y él me decía –eh, ¿estás en mi casa? y yo –no, que estás llamando a la mía.
Eso era un clásico y yo me reía de él por la permanente confusión. Ah, pero no hubo boca que habló que Dios no castigó. Cierta vez yo viajaba a otro país (era la época en que no teníamos teléfonos celulares). Después de haber chequeado, ya en el salón de espera, listo para abordar me dispuse a llamar a mi casa, era de madrugada. Eran teléfonos de monedas (sí, de medios y pesetas de MONEDA NACIONAL, ¡qué tiempos aquellos!). A mí me quedaba UNA pesetica, un José Martí, de veinte centavos; pero con eso uno hablaba lo suficiente para despedirse. Eché mi pesetica y marqué: 6616, me salió Albio medio dormido…grrr, qué equivocación y en qué momento, era mi última bala. Le dije, –bueno, hoy me tocó a mí, llama a mi casa y diles que ya voy a abordar, no tengo más menudo.
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