Radares Mirando al Sur

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De cómo Amigo #1 y Amigo #2 lograron tomarse 3 cajas de cerveza en un 2×3

Yo como cualquier varón heterosexual cubano tengo un par de amigotes (bueno, en realidad, algunos más), de esos que te enredan en tomaderas y bebederas y otros asuntos afines. A Amigo#1 lo conocí en la secundaria básica Mártires de Camagüey, cuando él entró en séptimo yo estaba en octavo. Milagrosamente la brecha de edad entre nosotros se amplía y ahora es como cinco años más joven que yo. A Amigo#2 lo conocí cuando comencé a trabajar en el Centro Meteorológico de Camagüey, ambos nacidos en 1955, él en agosto, yo en diciembre. Él empezó a trabajar en agosto, yo en noviembre de 1981. Amigo #1 empezó en enero de 1982 a trabajar en el Centro. Actualmente andamos dispersos por el mundo, ellos un poco lejos uno, un poco más lejos el otro. Para variar yo estoy donde mismo, es decir en el Camagüey Legendario. Los tres jubilados. pero puliéndola para seguir vivos. Nosotros nos habíamos juramentado que íbamos a ser unos locos; pero solo hasta los 30, luego lo hemos ido prorrogando…Amigo#2 me juró al cumplir 70, en agosto pasado que a los 80 ya sí vamos a parar de ser locos. Amigo#1 se va quedando cada vez más atrás y dice que solo hasta los 70; pero bueno, desvarío, vayamos al grano, como diría mi amigo Opiniones que es dermatólogo.

A principios de los 80, mis Amigos y yo ocupábamos diversos cargos del partido, del estado, de la ujc y de la upc, como suelen soltarles a los que entran nuevos como carne fresca. Una vez al mes íbamos a los consejos de dirección en «la oficina«, es decir en el centro del pueblo. Al terminar el consejo, salíamos a comer algo; pero Amigo#2 enseguida enrumbaba para la casa de Amigo#1. El motivo es que Amigo#1 solía trabajar en los quioscos de los carnavales (donde se vendían cervezas de botella que se ponían en hielo en tinas enormes, y otras cosas de comer). Entre esas cosas «de comer», estaban unas apetecibles latas de tamales (sí, así como lo lee mi amable lector laticas de tamal y muy ricas) y Amigo#2 sabía que Amigo#1 coleccionaba latas de tamales bajo su cama.

En realidad el pretexto no era ese, sino el «vinagre». Amigo#1 hacía unos garrafones de vino que Amigo#2 gustaba de degustar (es decir, bajar una buena cantidad). Claro, antes de llegar a casa de Amigo#1, Amigo#2 le preguntaba melosamente -¿no tendrás algún vinito de esos ricos en tu casa? Amigo#1 era débil a esos halagos y nos decía –vamos que hice un delicioso vino de ciruela (o lo que fuera). Después de la primera botella Amigo#2 ya le decía más en confianza –trae otra botella de «vinagre». Y claro, Amigo#2 SABÍA lo de las latas de tamales, siempre lo sabía y le decía –dale, saca la reserva de tamal en lata que si no no hay quien baje el vinagre. Amigo#1 se resistía, protestaba, pero siempre terminaba sacando las latas de tamal.

Esos no eran los únicos eventos etílicos, también estaban las botellas de vino en el Aeroclub y la cerveza de termo; pero no voy a demorar más a mis respetados lectores, debemos hablar del asunto en cuestión.

Pues bien, pasaron los años, Amigo#1 y Amigo#2 se convirtieron en personalidades muy notables en sus respectivas especialidades. Atrás había quedado el pasado etílico. Dejo constancia ante mis nunca bien ponderados lectores que yo solamente me veía envuelto en esos avatares por culpa de mis dos Amigos, yo, por mí mismo, nunca he sido tomador, el Día del Juicio Final yo me encargaré de dejarle eso claro a San Pedro, que eran esos dos antisociales los que me enredaban.

Rodando las piedras se encuentran, reza el refrán. Hete aquí que inesperadamente, Amigo #1 y Amigo #2 se encuentran en España, ya cincuentones, peinando canas, pasados de peso, achacosos y necesitados ya de ir a un ortopédico (para alargarse los brazos y poder leer los letreritos de los productos) y deciden festejarlo, van al supermercado y compran una caja de 24 botellas de cerveza.

Van para el hotel y le entran con ganas, entre anécdotas, cuentos y remembranzas se las disparan en un suspiro, como en los viejos tiempos, que ambos eran bebedores de alto calibre y lo que bien se aprende, nunca su tronco endereza ¿o cómo era el refrán?

Van y compran otra caja, más anécdotas (siempre en las que cada uno de ellos es un héroe) y nada, otro suspiro y bajan las segundas 24 cervezas. Increíblemente, sin el más mínimo mareo. Más cuentos de antaño y se va la segunda caja. Coño, vamos por otra, se me está calentando el pico –dijo uno y el otro lo secundó.

Caminaito hasta el supermercado pa estirar las piernas y bajar «la carga» y suben con la tercera caja. Oye, no es por nada, pero estamos en forma, como en los viejos tiempos –dijo el otro cuando bajaron la tercera.

Cuando llegan al supermercado a por la cuarta, uno de ellos se pone los galenos, diz que para saber cómo se llamaban esas cervezas, para poder hacerme el cuento triunfalmente después…Amigo #1 le dice a Amigo#2 –c0j0ni macho, hemos estado tomando cerveza SIN ALCOHOL, mejor no contamos este bochorno.

Nada, eso para mear y limpiar los riñones no tiene precio. Mis fieles lectores saben que eso le pasa a cualquiera.

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