Radares Mirando al Sur

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El déjà vu de Sasisko

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El galicismo «déjà vu«, verdaderamente, yo vine a conocerlo solo hace algunos pocos años, significa literalmente «ya visto», El déjà vu es una experiencia psicológica en la que una persona siente que ya ha vivido previamente una situación que en realidad es nueva o desconocida. Es una paradoja mental donde el cerebro interpreta erróneamente el presente como un recuerdo del pasado, puede tener una connotación paranormal o mística. Pero bueno, como siempre, estimados lectores, me desvío. Se trata de mi amigo Sasisko (en otros posts he explicado de dónde viene el «nombrete» y por qué un amigo lo quiere adoptar como seudónimo). Sin embargo, en este caso no se trata de un escrito de los suyos con pretensiones literarias que desea que yo publique en mi blog. Sasisko está tan impactado que no atina a escribir coherentemente y me lo narra de forma enrevesada; pero me insiste en que lo cuente. Por lo que entendí las cosas pasaron más o menos así.

Hace ya muchos años, después de graduados nosotros en la Unión Soviética, Sasisko hubo de retornar a la Sayuza, a un curso largo, más bien como una pasantía para recibir entrenamiento en una tecnología de su especialidad (cuando ya la URSS casi se desintegraba).

Allí conoció a una bella rusita de 23 años (cuando eso, ya Sasisko andaba por los 33 –le aclaro a mis lectores). Se enamoraron y tuvieron un tórrido (así dicen en las novelas) y apasionado romance.

La muchacha era aún estudiante –no me explica Sasisko por qué aun estudiaba– a esa edad las rusas están graduadas de nivel superior –le hice ver yo, pero no me aclaró.

El romance duró unos meses –me contó él, que hizo caso omiso a mi pregunta – mientras estuve en el curso. Cuando regresé a Cuba, las cosas se fueron enfriando hasta que perdimos la comunicación.

Hasta ahí, no le vi nada de extraordinario al relato, de esos conozco muchos, aunque Sasisko me asevera que para él eso fue algo muy especial y traumático y que se quedó el resto de su vida con la sensación de tener una deuda con la vida.

Le pregunto –bueno ¿qué le vas a hacer a eso? Olvídalo, pasa la página y sigue, si ya han pasado muchos años de eso –le digo yo y lo desanimo más, tratando de sacarlo del barretín–si tú sabes que las rusas se ponen gordas y feas después de los 35.

Aquí es donde viene el problema –me dice él. El lío es que no hace mucho en la pincha apareció una muchacha de 23 años idéntica a Larisa –y me aclara que Larisa se llamaba aquella rusita.

El primer día que nos vimos me quedé que no podía hablar, «memo» –como en aquel episodio de Elpidio Valdés que tú y yo nos sabemos de memoria.

Yo muy suspicaz le pregunto –¿rusa también?

No –me dice Sasisko, una cubanita.

Joder Sasisko –le riposto yo– ahora me vas a decir que una cubanita es «igualitica» a una rusita, tú sabes bien que el biotipo de «las perlas» (así le decían los cubanos a las cubanas en la Unión Soviética) y el de «las bolas» (este no tengo que aclararlo, todo el mundo sabe que las bolas son las rusas) no tienen puntos de coincidencias.

O aquella no tenía biotipo de rusa o esta no tiene biotipo de cubana –sentencio yo.

Pues lo segundo –me dice él. Esta no tiene tipo de cubana: piel suave y blanca, más bien rubia aunque tiene el pelo teñido y esta no tiene los ojos verdes como aquella.

Humm –exclamo yo–ya ves, no son tan igualitas nada.

Socio –me dice Sasisko, te digo que sí, la misma mirada tierna y dulce, los mismos labios jugosos, los mismos gestos, la misma piel al tacto…

Ah, porque ya la toqueteaste –lo interrumpo yo.

Que noooo –me dice él apurado– no, no la he tocado, toqué su mano cuando nos presentaron y luego, por una cuestión de trabajo tuvimos que ir a un lugar y bueno, tú conoces que yo soy un caballero conduciendo a una mujer por la calle, tomándola del brazo para bajar y subir las aceras…

Sasisko—le interrumpo yo – seamos serios, yo soy caballeroso, pero tú más bien tratas de amasar a las mujeres como panadero, que nos conocemos desde hace muchos años.

Pero el cuerpo es igual –continua él imperturbable–, muslos redondos y firmes, busto bien dotado, caderas anchas, te juro que igualita a Larisa.

A ver Sasisko –le dije yo– ¿a dónde quieres ir a parar con eso del déjà vu ruso-cubano? ¿Te enamoraste de esta muchacha?

¿Crees que los dioses te la mandaron como Helena a Paris en compensación de aquella? –sigo yo burlándome– Acuérdate que por Paris creerse eso se armó todo aquello de la Guerra de Troya y a ti alguien te va a «destimbalar» por estar con esa comedera de mi3rd@ que seguro que la chiquita tiene novio.

Venenosamente, le recuerdo que esta muchacha podrá tener 23 o 24 años como aquella Larisa; pero ya él no tiene 33…hace rato.

Pues no sé, pero a mí me parece que yo le gusto y que hay algo como una rencarnación –me dice Sasisko, que cuando le da por ponerse místico tira como para com3mi3rd@.

A ver «mejeto» –le digo yo– tú eres un hombre experimentado que, inexplicablemente para mí, has tenido éxito con las mujeres. Actúa como tú sabes –le recomiendo yo– y ya, sales de dudas ¿o es que ahora le vas a tener miedo a fracasar con una muchacha?

Pues…aunque no creas, sí –me dice Sasisko– ella es muy importante para mí. NOTA DE ORLANDO: como las otras tres mil que ya ese cuento lo he oído muchas veces.

Me quedo pasmado de que Sasisko esté «filmando» de tímido, para mí Sasisko siempre ha sido un descarado, desinhibido y marrullero con las mujeres y para mi asombro, ha tenido un alto % de aprobación.

Bueno, pues no sé qué aconsejarte –le digo yo– si es que me escribiste para pedirme consejo, cosa que me extrañaría muchísimo porque bien sabes de mi raquítica experiencia con féminas.

Pues no –me vuelve a asombrar Sasisko– como es lógico, a ti no te pediría consejos con las mujeres, lo que quiero es que publiques esta experiencia paranormal.

¿Paranormal? –exclamo yo– Ah porque crees que nos van a dar un Pulitzer por este bodrio que estoy escribiendo. Más bien te puedes ganar el premio de Anormal del Año.

No, por raro que te parezca quiero que ella lo lea, pero sin yo recomendárselo, como una serendipia –me dice un Sasisko que cada vez reconozco menos.

¿Serendipia? A ver «mejeto» –le digo– tú y yo somos de especialidades diferentes, vivimos en ciudades diferentes, tenemos algunos amigos comunes de los años en la Unión Soviética (que la mayoría son dinosaurios que no usan redes sociales), pero la probabilidad de que ella se lea esto es más baja que la probabilidad de que se acaben los apagones mañana o que vuelvan a dar carne por la libreta.

Dudo mucho –le aclaré para rematarlo– que te compren ese guión para una novela turca, allí los protagonistas son machos alfa y no están en esa p3ndejá del déjà vu.

Tú piensa lo que quieras, yo solo te pido que publiques todo esto que hemos hablado –me rogó encarecidamente Sasisko.

Pues listo, no sé si algún lector haya llegado hasta aquí, pero yo cumplí con Sasisko (siempre arreglando todos los disparates que comete uno escribiendo rápido en «guasap»).

Si la jevita se lee esto y Sasisko la engancha con el cuento este del déjà vu, la paramnesia, la serendipia, la rencarnación o Masha y el Oso … no hay casualidad, es porque Sasisko le gusta y todo lo otro es puro teatro.

No obstante, le recomendé a Sasisko que vaya a un psiquiatra, he leído que eso de los déjà vu pueden indicar epilepsia u otros trastornos mentales.

Lea si lo desea las otras tonterías de Sasisko. Tengo que reconocer que ha pescado 5 o 6 lectores con cada historieta de las que se le ocurre, aunque Sasisko jura y perjura que son historias reales.

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