
Le dicen «El Síndrome del Lobo». Eso de que el Lobo te amenace una y otra vez que te va a comer y te enseñe los colmillos afilados … y ná. Llega el momento que uno dice -bueno, ven cuando quieras y ya veremos. Desde que tengo uso de razón Girón, la Crisis de Octubre, los ataques en embajadas, el ataque a Boca de Samá, los infiltrados, el sabotaje al Hotel, hostilidad perpetua … Uno no puede vivir permanentemente en estado de terror pánico (yo lo de pánico lo asocio más bien a cuando viene el pan de la cuota) ¿Que vienen los Americanos? Que vengan y que no jodan más, que uno tiene muchos problemas en el día a día como para estarse preocupando de uno hipotético (que a mí no me dan hipo) aunque pueda ser devastador, pero que no se sabe si será en esta rencarnación o en la próxima. Bueno, desvarío, aunque estoy cerca del tema, no es exactamente de los «americanos», que al final nosotros somos americanos también, de lo que quiero contar.
Conmigo trabajó hace muchos años un muchacho muy talentoso, muy buena persona y muy ocurrente. Se casó con una muchacha no menos ocurrente y talentosa y claro, también muy buena persona. Ambos muy trabajadores y emprendedores. Unos años después emigraron por el sorteo a los Estados Unidos. Este muchacho dejó una obra imperecedera en nuestro trabajo y ambos dejaron una estela de amistad y cariño entre todos los que los conocimos.
Yo he continuado toda mi vida la relación con ellos y cada vez que podemos tiramos largas conversadas. Cuando estuve en Estados Unidos hablábamos largas horas por teléfono, igual cuando estuve en Roma. Cuando me operé hace dos años ella me mandó un cargamento de medicinas y cosas de comida, por medio de una de esas empresas que hacen envíos a Cuba. El hombre que trajo el envío a la casa estaba asombrado por el volumen de cosas. Curioso como somos los cubanos el hombre me preguntó si eran parientes muy cercanos. No –le contesté. Fuimos compañeros de trabajo hace ya muchos años y siempre hemos mantenido la amistad y el cariño que nos une. El hombre aun más asombrado me dijo –¡qué clase de amistad tan buena! Así es –le dije– son excelentes personas.
Pero sigo desviado, si yo lo que quería era contarles una anécdota de ella. Sucede que ya llevaban unos años viviendo en Estados Unidos. Ella había entrado al baño y los niños jugaban en la casa. De repente ella siente un estruendo ENORME, como si hubiera caído una bomba y era que el mayor, jugando con un bate y una pelota se le fue no recuerdo si el bate o la pelota contra un ventanal de cristales que se rompió y se deshizo causando el estruendo
¿Qué creen que gritó la guajira?
¡Ay mi madre, llegaron los americanos!
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