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Oriente Medio: 6. La herida de Karbala: cómo una disputa de hace 1.400 años los sigue dividiendo

Mapa de la distribución de sunitas y chiitas por el mundo, con énfassis en el Oriente Medio

Una historia del Oriente Medio y sus religiones condensada en 40 capítulos. Capítulo 6. La división entre chiítas y sunitas Es solo un intento de explicarme a mí mismo los conflictos sobre los que he estado oyendo y leyendo desde pequeño.

Tras los sumerios, los fenicios, los persas y la expansión árabe, la siguiente gran grieta histórica de Oriente Medio nace ya dentro del propio islam. Es una división surgida hace casi 1.400 años, pero que sigue marcando la política y los conflictos de la región hasta hoy: la separación entre sunitas y chiitas.

Todo comenzó en el año 632, cuando murió Mahoma. El problema era que había creado una nueva religión y unificado gran parte de Arabia, pero no dejó claro quién debía sucederlo. Una mayoría pensó que el nuevo líder debía ser elegido entre los compañeros más respetados del profeta. Así fue nombrado Abu Bakr, iniciando la línea que luego sería conocida como sunita (sunni en inglés), que se basan en el Corán y la sunna (prácticas y enseñanzas del profeta Mahoma). Se consideran la corriente ortodoxa, centrada en el consenso comunitario (ijmāʿ) y en la elección de líderes por mérito, a diferencia de la sucesión hereditaria chiita.

Pero otro grupo sostenía que el liderazgo debía permanecer en la familia del profeta, concretamente en su primo y yerno Ali ibn Abi Talib. Los partidarios de Alí fueron llamados «shiat Ali», es decir, «el partido de Alí»; de ahí viene la palabra «chiita» en español («shia» en inglés).

Al principio no era una diferencia religiosa profunda, sino una disputa política: quién debía gobernar la nueva comunidad musulmana. Sin embargo, con el paso de las décadas la rivalidad se volvió mucho más intensa. Alí terminó gobernando brevemente, pero fue asesinado, y después el poder quedó en manos de la dinastía omeya, con capital en Damasco.

El momento decisivo llegó en el año 680. El hijo de Alí, Husayn ibn Ali, se rebeló contra el califa omeya y fue derrotado y muerto junto a sus seguidores en la Batalla de Karbala, en la actual Irak. Para los chiitas, Karbala se convirtió en una tragedia fundacional, comparable a un martirio. Husayn pasó a representar la lucha del justo contra el poder injusto.

La Batalla de Karbala

Para los chiitas, esta tragedia no fue solo un martirio político, sino el origen de una teología propia. Creen que Alí y sus descendientes (los imanes) son líderes infalibles designados por Dios. El tercero de esos imanes fue Husayn. La mayoría de los chiitas actuales (los duodecimanos) creen que el duodécimo imán desapareció en el siglo IX y que regresará al final de los tiempos como el Mahdi. Esta creencia en un líder espiritual oculto ha dado al chiismo un carácter de espera y resistencia ante el poder injusto, muy distinto al énfasis sunita en el consenso comunitario.

Desde entonces, ambas corrientes comenzaron a desarrollar diferencias religiosas además de políticas. Los sunitas —que hoy son aproximadamente el 85% de los musulmanes— creen que la autoridad religiosa proviene de la comunidad y de la tradición del profeta, y que el líder político no necesita tener un carisma divino especial. Los chiitas, minoría cercana al 15%, creen que los descendientes de Alí poseen una autoridad espiritual especial y que los imanes son infalibles.

La división terminó superponiéndose a la geografía de Oriente Medio. Con el tiempo, Persia —el actual Irán— adoptó el chiismo como religión oficial bajo la dinastía safávida, mientras que sus grandes rivales, los otomanos, eran sunitas. Esa rivalidad entre una Persia chiita y un mundo árabe mayoritariamente sunita es una de las raíces profundas de muchas tensiones actuales.

Por eso hoy vemos que países como Irán, Irak y Baréin tienen mayoría chiita, mientras que la mayoría del resto del mundo árabe —desde Arabia Saudita hasta Egipto— es sunita. Conflictos modernos como los de Irak, Siria, Líbano o Yemen no pueden entenderse del todo sin esa antigua fractura nacida hace catorce siglos. Mientras tanto otros se aprovechan: divide y vencerás —diría Julio César.

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