
Una historia del Oriente Medio y sus religiones condensada en 40 capítulos. Capítulo 15. De Persia a Irán. Es solo un intento de explicarme a mí mismo los conflictos sobre los que he estado oyendo y leyendo desde pequeño.
Pocos cambios de nombre en la historia contemporánea han generado tanta confusión como el de Persia a Irán. Para muchos occidentales, «Persia» evoca imágenes de alfombras (también voladoras), poesía, imperios milenarios y las historias de Las mil y una noches. «Irán», en cambio, suena a política internacional, revolución islámica y titulares de prensa. Pero la realidad es más simple: Persia nunca dejó de existir, solo recuperó su nombre original. Este capítulo explica cuándo, cómo y por qué ocurrió este cambio, sin enredos ni excesos académicos.
1. Dos nombres para un mismo país
1.1. El nombre que los griegos impusieron
«Persia» es, en realidad, un nombre que Occidente le puso a este país. Todo empezó con los antiguos griegos, que al encontrarse con el poderoso Imperio Aqueménida (siglo VI a.C.) lo bautizaron como Persis. ¿Por qué? Porque la dinastía gobernante provenía de una región del suroeste llamada Parsa (o Fars, en persa moderno).
Los griegos asociaron el nombre de esa provincia con todo el imperio, y de ahí pasó al latín (Persia) y luego a las lenguas europeas. Durante siglos, Occidente llamó Persia a un territorio que sus propios habitantes conocían con otro nombre. Es lo que los lingüistas llaman un exónimo: un nombre impuesto desde fuera.
1.2. El nombre que siempre usaron sus habitantes
Mientras los griegos, romanos y después los europeos hablaban de «Persia», los habitantes de aquella tierra se llamaban a sí mismos Iranios y a su país Irán (o Ērān, en persa medio). La palabra «Irán» significa «Tierra de los Arios» (del protoiranio Aryānām, que designaba a los pueblos que se autodenominaban nobles o libres).
El uso de «Irán» como nombre interno tiene una antigüedad milenaria. Ya aparece en textos sagrados del zoroastrismo (el Avesta) hacia el año 1000 a.C., y fue empleado oficialmente por la dinastía sasánida (siglos III-VII d.C.), que se refería a su imperio como Ērānshahr («el Reino de Irán»). A lo largo de los siglos, en su poesía, su literatura y su administración, los iranios siguieron llamando Irán a su país, aunque los mapas europeos insistieran en «Persia».
En resumen: «Irán» era el nombre de uso interno (endónimo), y «Persia» el que los extranjeros habían impuesto (exónimo). El cambio de 1935 fue simplemente una reclamación de lo que siempre había sido suyo.
2. El contexto previo: la Persia de los Qayar
Para entender por qué el cambio se produjo en 1935, hay que conocer la situación del país en las décadas anteriores.
A finales del siglo XIX y principios del XX, Persia estaba gobernada por la dinastía Qayar (1794-1925). Era un país empobrecido, tecnológicamente atrasado y sometido a una fuerte injerencia extranjera. Rusos y británicos se disputaban su control en lo que se conoció como el Gran Juego: los rusos dominaban el norte, los británicos el sur.

En 1908 se descubrió petróleo en Persia, y los británicos fundaron la Anglo-Persian Oil Company (actual BP), que se quedó con el control total de la industria petrolera persa (vaya, ¡qué coincidencia!). Persia era técnicamente independiente, pero en la práctica vivía sometida a las potencias europeas, que la trataban como un país decadente y corrupto.
La imagen de «Persia» en Occidente a principios del siglo XX era negativa: se asociaba a un gobierno débil, deudas impagadas y una corte Qayar vista como derrochadora e ineficaz. Ese era el legado que Reza Shah quería enterrar.
3. El protagonista: Reza Shah Pahlavi
3.1. De soldado a rey
En 1921, un militar de origen humilde, Reza Khan, dio un golpe de Estado. Había empezado su carrera en la Brigada Cosaca persa, una unidad entrenada por Rusia, y fue escalando posiciones hasta convertirse en la figura más poderosa del país. En 1925, depuso al último sha de la dinastía Qayar y se proclamó rey, fundando la dinastía Pahlavi.

3.2. El reformador autoritario
Reza Shah era un hombre con una idea clara: Persia necesitaba modernizarse a toda costa para no ser devorada por las potencias occidentales. Impuso un programa de reformas aceleradas:
- Construyó el ferrocarril transiraníaco, que conectó el mar Caspio con el golfo Pérsico.
- Creó un ejército nacional fuerte y centralizado.
- Unificó el país imponiendo el persa como idioma oficial y prohibiendo otras lenguas en la educación y la prensa.
- Impuso el código de vestimenta occidental: obligó a los hombres a usar traje y sombrero, y prohibió el velo a las mujeres (una medida extremadamente polémica en una sociedad tradicional).
- Creó un sistema educativo laico, quitando poder a los clérigos.
Sus métodos eran dictatoriales y brutales, pero logró transformar un país feudal en un estado moderno en apenas quince años.

4. El cambio de nombre: 21 de marzo de 1935
4.1. El decreto oficial
El 21 de marzo de 1935, coincidiendo con el Nowruz (el Año Nuevo persa, la festividad más importante de Irán), Reza Shah pidió formalmente a los delegados extranjeros que dejaran de usar «Persia» y adoptaran «Irán» en toda la correspondencia oficial. La orden se envió a todas las embajadas en Teherán, y la cortesía diplomática obligó a los gobiernos extranjeros a aceptarla.
La fecha fue simbólica: el Nowruz representaba el renacimiento, el inicio de un ciclo nuevo. Reza Shah quería que el cambio de nombre fuera también un nuevo comienzo para el país.
4.2. Las razones oficiales
Las motivaciones del sha fueron múltiples:
- Recuperar la identidad nacional: «Persia» era un nombre extranjero que solo designaba una provincia (Fars), mientras que «Irán» abarcaba todo el territorio y a todos sus pueblos. Era una forma de unificar a los diversos grupos étnicos (persas, azeríes, kurdos, etc.) bajo una sola identidad ancestral.
- Romper con el pasado Qayar: «Persia» estaba asociada en Occidente a la decadencia y la corrupción de la dinastía anterior. Reza Shah quería un nombre limpio para un país nuevo.
- Enfatizar el carácter ario: «Irán» es cognado de «Ario». En la década de 1930, con el auge del nazismo en Alemania, ser considerado un pueblo ario otorgaba prestigio. De hecho, la sugerencia del cambio parece haber llegado del embajador iraní en Berlín, influenciado por sus amigos alemanes, que le hicieron ver que Irán merecía ser llamado por su verdadero nombre.
- Modernización y soberanía: Cambiar el nombre era una declaración de independencia cultural: ya no aceptaban que otros les dijeran cómo llamarse. Era una reclamación de soberanía, comparable a lo que hoy sería que un país colonizado recuperara su toponimia original.
5. La reacción internacional: confusión y resistencia
El cambio no fue bien recibido por todos. Muchos occidentales no entendían qué era «Irán». Algunos pensaron que era un país nuevo surgido de las ruinas del Imperio Otomano, o lo confundieron con Irak. Los británicos, en particular, pidieron seguir usando «Persia», argumentando que «Irán» se parecía demasiado a «Iraq» y podría causar confusiones en plena Segunda Guerra Mundial.
A pesar de las reticencias, el nombre «Irán» fue abriéndose paso. La invasión anglosoviética de 1941, la nacionalización del petróleo por Mosaddeq en 1951 y la revolución islámica de 1979 pusieron a Irán en los titulares, y el nombre acabó imponiéndose en el uso cotidiano.
6. Epílogo: Persia e Irán, dos caras de una misma moneda
En 1959, el hijo de Reza Shah, Mohammad Reza Pahlavi (el último sha), anunció que tanto «Persia» como «Irán» podían usarse indistintamente en la correspondencia formal. Era una concesión a la tradición: «Persia» seguía teniendo un enorme peso cultural y romántico en Occidente.
Hoy, la distinción es sencilla:
- Irán es el nombre oficial del país desde 1935 y el que usan sus ciudadanos. Su nombre completo actual es Jomhuri-ye Eslāmi-ye Irān (República Islámica de Irán).
- Persia sigue usándose en contextos históricos y culturales: hablamos del Imperio Persa, la literatura persa, las alfombras persas. Es el nombre de una civilización milenaria.
La confusión persiste, pero ahora ya sabes la verdad: Irán es el nombre que siempre se dieron a sí mismos. Persia fue solo un malentendido griego que duró 2.500 años.
El 21 de marzo de 1935, Persia dejó de llamarse Persia en los despachos oficiales y pasó a llamarse Irán. No fue un capricho de un dictador, sino la culminación de un anhelo milenario de un pueblo que siempre supo cómo llamar a su tierra. Reza Shah Pahlavi, con su mezcla de nacionalismo, autoritarismo y afán modernizador, logró que Occidente reconociera lo que los iranios nunca habían olvidado: que su país es, ha sido y será Irán. Si mi erudito lector tiene más explicaciones no dude en ponérmela en los comentarios.
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