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Oriente Medio: 29. Gaza y Cisjordania, el vientre del monstruo

Una historia del Oriente Medio y sus religiones condensada en 40 capítulos. Capítulo 29. Gaza y Cisjordania. Es solo un intento de explicarme a mí mismo los conflictos sobre los que he estado oyendo y leyendo desde pequeño.

El mundo lleva décadas mirando para Gaza y Cisjordania con una mezcla de horror y hastío. Es el conflicto que todo el mundo cree entender y del que casi nadie sabe explicar cómo empezó realmente. Porque aquí no hubo un día cero, sino muchos: la Declaración de Balfour, la Nakba, la guerra de 1967, los acuerdos de Oslo que prometieron un estado y entregaron un archipiélago de cantones cercados por muros y asentamientos. Y luego llegó Ariel Sharon, el halcón que desmanteló los asentamientos de Gaza en 2005 y el mundo aplaudió: ¡por fin un paso hacia la paz!; pero su asesor confesó que el plan era «formol», una inyección para congelar cualquier proceso político y asegurarse de que nadie hablara nunca más de fronteras, refugiados o Jerusalén. El vacío que dejó Sharon lo llenó Hamás, ese movimiento islamista que empezó como hámster en la rueda de la resistencia y terminó gobernando Gaza con puño de hierro, mientras la Autoridad Palestina de Arafat —el pistolero con kufiya que se volvió Premio Nobel— se pudría en la corrupción. Luego llegó el 7 de octubre de 2023, la masacre, y la respuesta de Netanyahoo: una campaña de bombardeos que ha matado a más de 45.000 gazatíes y que la Corte Internacional de Justicia ha calificado de genocidio. En este capítulo voy a intentar explicarme a mí mismo —y de paso a ustedes— cómo coño llegamos hasta aquí. Desde las raíces del mandato británico hasta el presente de 2026, pasando por intifadas, bloqueos y la jugada maestra de Sharon. Advierto: no hay final feliz. Solo hay un territorio arrasado, otro colonizado en silencio y una pregunta incómoda que nadie quiere responder: ¿y ahora qué?

El Nacimiento de un Problema sin Fin: Del Mandato Británico a la Partición de 1947

Para entender el presente, hay que remontarse a los orígenes artificiales de este conflicto. Tras la Primera Guerra Mundial, el territorio de Palestina quedó bajo el Mandato Británico, quien en 1917 ya había manifestado su apoyo a la creación de un «hogar nacional judío» en la zona a través de la Declaración de Balfour. Esta promesa, hecha sin el consentimiento de la población árabe que llevaba siglos viviendo allí, fue la primera semilla del desastre. Las décadas siguientes vieron una creciente inmigración judía impulsada por el sionismo europeo, que chocó violentamente con el nacionalismo árabe palestino. En 1947, la ONU, incapaz de resolver la disputa, propuso un plan de partición que dividía el territorio en un estado judío y otro árabe. Los líderes judíos lo aceptaron; los árabes lo rechazaron de pleno, negando la legitimidad de cualquier partición.

La Nakba y la Guerra de 1948: La Primera Gran Fractura

El 14 de mayo de 1948, los líderes judíos declararon la independencia del Estado de Israel. Al día siguiente, los ejércitos de los países árabes vecinos invadieron el antiguo mandato. La guerra no solo consolidó la existencia de Israel, sino que tuvo una consecuencia devastadora: el éxodo masivo de más de 700.000 palestinos de sus hogares. Los palestinos recuerdan este evento fundacional como la Nakba (que quiere decir Catástrofe), que incluye la profanación de aldeas y la imposibilidad de que los refugiados y sus descendientes ejerzan su derecho al retorno. Cuando los combates cesaron en 1949, la Franja de Gaza quedó bajo administración de Egipto, Cisjordania, en cambio, fue anexionada por Jordania.

La Guerra de los Seis Días y la Ocupación (1967): El Dominio Militar se Hace Total

El statu quo se rompió de nuevo en 1967. En una guerra relámpago de seis días, Israel asestó un golpe demoledor a sus vecinos. Como resultado, ocupó militarmente la Península del Sinaí (de Egipto), los Altos del Golán (de Siria) y, crucialmente, Cisjordania y la Franja de Gaza. De repente, más de un millón de palestinos quedaron bajo dominio militar israelí directo. Esta ocupación, que dura hasta hoy, supuso el inicio de la política de asentamientos judíos en territorio palestino, fragmentando el territorio y haciendo casi imposible la creación de un estado palestino viable.

Las Intifadas (1987-2005): Cuando los Territorios se Rebelaron

La ocupación, con los continuos embates de los asentamientos y las duras condiciones de vida, fue creando un caldo de cultivo para una rebelión popular. Esta estalló en 1987 con la Primera Intifada, un levantamiento masivo basado en protestas, boicots, y el lanzamiento de piedras por parte de la juventud, lo que le valió el nombre de la «guerra de las piedras». Las protestas continuaron hasta 1993 y forzaron el inicio de negociaciones de paz.

Aquí surge el interludio de los Acuerdos de Oslo (1993). Fue un momento de esperanza, con el histórico apretón de manos entre Isaac Rabin y Yasser Arafat en la Casa Blanca. Los acuerdos significaron el reconocimiento mutuo entre Israel y la OLP. Se creó la Autoridad Nacional Palestina (ANP) para administrar Gaza y parte de Cisjordania, a cambio de que la OLP renunciara a la violencia.

Pero la esperanza duró poco. El proceso se estancó y la situación sobre el terreno empeoraba. En julio de 2000, la Cumbre de Camp David fracasó al no lograr un acuerdo sobre Jerusalén y el retorno de los refugiados.

¿Quién manda aquí?: el pulso por la representación palestina (OLP vs. Hamás)

Mientras Arafat estrechaba manos en Oslo y recibía el Premio Nobel de la Paz en 1994 (sí, el pistolero con kufiya se volvió estadista), en las calles de Gaza y Cisjordania algo estaba cambiando. No todo el mundo tragó con la idea de reconocer a Israel y renunciar a la lucha armada.

Hamás nació en plena Primera Intifada, en 1987, como una escisión del movimiento de los Hermanos Musulmanes. Su carta fundacional no admite medias tintas: rechaza la existencia de Israel y defiende la yihad armada como única vía de liberación de toda Palestina. A diferencia de la OLP, que se había vuelto laica y negociadora, Hamás combinaba la lucha armada con una extensa red de asistencia social (colegios, mezquitas, comedores populares) que le granjeó el apoyo de los más pobres y descontentos.

La paradoja diabólica

Durante años, Israel prefirió fortalecer a Hamás para debilitar a la OLP. El propio Netanyahoo declaró en 2019 que «quien se opone a un Estado palestino debe apoyar a Hamás». Es decir, el enemigo al que hoy dicen querer exterminar fue, durante años, un útil aliado táctico para dividir a los palestinos y evitar negociaciones serias. La maniobra le salió cara.

Arafat, por su parte, nunca logró materializar el Estado. Rechazó la oferta de Camp David (un Estado fragmentado, sin Jerusalén Este y sin derecho al retorno) y murió en 2004 en circunstancias que huelen a envenenamiento con polonio. La OLP, que un día movilizó al mundo árabe, acabó reducida a una autoridad fantasma, vista por muchos palestinos como corrupta y vendida a los intereses israelíes.

El relevo estaba servido. En 2006, Hamás ganó limpiamente las elecciones legislativas palestinas. La comunidad internacional, que tanto predica la democracia, no se lo perdonó. Se impuso un boicot, se cortó la ayuda y se armó un golpe de Estado fallido. La respuesta de Hamás fue tomar Gaza por la fuerza en 2007, expulsando a la Autoridad Palestina. Desde entonces, Palestina tiene dos gobiernos: uno moderado en Cisjordania (la ANP, que apenas controla nada) y otro islamista en Gaza (Hamás, que controla una prisión a cielo abierto).

La frustración por el fracaso de Oslo y la corrupción de la ANP estalló en septiembre de 2000 con la Segunda Intifada, mucho más violenta que la primera. La chispa fue una visita del entonces líder de la oposición, Ariel Sharon, a la Explanada de las Mezquitas en Jerusalén, un lugar sagrado para ambas religiones. La represalia israelí fue brutal y se desató una espiral de atentados suicidas y operaciones militares que se cobró miles de vidas. Fue en medio de esta Segunda Intifada que un Ariel Sharon, ya convertido en Primer Ministro, orquestó la retirada de Gaza como una medida para tomar el control de la situación, todo ello en una jugada maestra.

La Jugada Maestra de Sharon (2005): La Retirada Unilateral como «Formol» Político

En el verano de 2005, Israel desmanteló todos los asentamientos de Gaza y se retiró. La primera reacción mundial fue pensar en un avance hacia la paz. Sin embargo, las declaraciones de los propios arquitectos del plan desvelaron el engaño. El asesor de Sharon, Dov Weisglass, afirmó que el objetivo real del plan era «congelar el proceso de paz». Era una forma de detener las discusiones sobre asuntos centrales como las fronteras y Jerusalén, para mantener el statu quo sin responsabilizarse de la población de Gaza.

Lejos de una distensión, la retirada fue un unilateral abandono, sin coordinar la transición con la Autoridad Palestina. «Dejaron las llaves puestas», como suele decirse, y el vacío de poder fue rápido. Un par de años después, en 2007, el movimiento islamista Hamás tomó por la fuerza el control de Gaza, expulsando a la Autoridad Palestina, más moderada.

El Bloqueo y la Conversión en Cárcel a Cielo Abierto (2007-2023): El Ahogo Sistemático

La respuesta de Israel a la toma de Hamás no se hizo esperar e impuso un implacable bloqueo por tierra, mar y aire sobre la Franja de Gaza, un territorio que alberga a más de dos millones de personas. Esta política ha sido calificada por Amnistía Internacional como un «castigo colectivo», una estrategia de ahogo sistemático. El objetivo declarado era asfixiar a Hamás, pero la realidad es que fueron los civiles los que pagaron el precio más alto.

Este bloqueo, que Egipto también aplicó en su frontera, ha dejado a la población de Gaza sumida en una profunda crisis humanitaria que el mundo observaba con pasividad. El 80% de la población depende de la ayuda internacional, y el desempleo y la pobreza son endémicos. Las sucesivas guerras entre Israel y Hamás (2008-09, 2012, 2014, 2021) escalaban el conflicto cada pocos años, con devastadores bombardeos israelíes y el lanzamiento de cohetes desde Gaza. Pero nada se compara con la explosión de violencia que estaba por venir.

El 7 de Octubre y la Guerra de 2023-2026: Del ataque sin precedentes al genocidio

El 7 de octubre de 2023, Hamás lanzó un ataque sin precedentes contra el sur de Israel, irrumpiendo en kibutz, bases militares y un festival de música, matando a unas 1.200 personas y tomando a más de 240 rehenes. El impacto fue devastador para la moral y seguridad israelí. La respuesta del gobierno de Benjamin Netanyahu fue inmediata y desproporcionada: declaró una guerra total para «eliminar a Hamás».

  • La ofensiva israelí y la catástrofe humanitaria: La campaña militar israelí fue una de las más brutales del siglo XXI. Israel bombardeó sistemáticamente hospitales, campos de refugiados, escuelas e infraestructuras civiles. Las cifras oficiales de salud palestinas detallan la masacre: en diciembre de 2023 ya se superaban los 20.000 muertos, y para cuando se alcanzó una frágil tregua en octubre de 2025, la cifra de víctimas mortales en Gaza se acercaba a los 45.000, la mayoría mujeres, niños y ancianos. Los bombardeos convirtieron el territorio en un paisaje lunar, con una crisis de hambruna y enfermedades nunca antes vista. El mundo finalmente empezó a usar una palabra tabú: genocidio.
  • El caso de genocidio ante la Corte Internacional de Justicia: A finales de 2023, Sudáfrica, en un movimiento histórico, denunció a Israel ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ) por violar la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio. En enero de 2024, la CIJ emitió un fallo sin precedentes: determinó que existen «motivos plausibles» para considerar que Israel está cometiendo actos genocidas en Gaza y ordenó medidas cautelares inmediatas para proteger a la población palestina. A pesar del fallo, la matanza continuó durante meses. En septiembre de 2025, una investigación de la ONU confirmó el genocidio de Israel sobre Gaza. Hoy, en 2026, la situación es de un alto al fuego extremadamente frágil, mediado por Egipto y Catar, pero sin visos de una solución política real. Los esfuerzos por reconstruir la Franja, que yace en ruinas, se topan con la falta de fondos y la cerrazón israelí. Mientras tanto, la sombra de una guerra total con Irán ha eclipsado la atención mediática sobre el genocidio.

Conclusión: Un Presente sin Horizonte y la Sombra de Cisjordania

Yo, mientras tanto, me planté frente al Muro. No en Berlín, sino en Belén. El de cemento gris de ocho metros que Israel llama "valla antiterrorista" y los palestinos, el Muro de la Vergüenza. Detrás de mí, un grafiti de Banksy y la cola para cruzar a Jerusalén. Delante, el cartel que avisa: "Zona de peligro, fuego real". Sonreí para la foto, pero el nudo en la garganta era más alto que el muro. Este capítulo no lo cierra ni Dios.
Yo, mientras tanto, me planté frente al Muro. No en Berlín, sino en Belén. El de cemento gris de ocho metros que Israel llama «valla antiterrorista» y los palestinos, el Muro de la Vergüenza. Detrás de mí, un grafiti de Banksy y la cola para cruzar a Jerusalén. Delante, el cartel que avisa: «Zona de peligro, fuego real». Sonreí para la foto, pero el nudo en la garganta era más alto que el muro. Este capítulo no lo cierra ni Dios.

La historia de Gaza es una tragedia moderna: un territorio maldito desde su nacimiento, asfixiado durante casi dos décadas y víctima de un genocidio que el mundo ha presenciado en directo a través de las pantallas. El 7 de octubre de 2023 servirá a Israel de excusa perpetua, al igual que la toma de Hamás justificó el bloqueo de 2007.

Pero no podemos perder de vista otro territorio: Cisjordania. Mientras el mundo ha mirado hacia Gaza, Cisjordania ha vivido su propia pesadilla silenciosa: la violencia de los colonos, las demoliciones de viviendas y una ocupación cada vez más agresiva que está devorando el territorio. El final del capítulo palestino no se ha escrito; solo ha cambiado de escenario.

Con la agresión de Israel a Irán, las cosas se han complicado, vivir para ver en qué para todo esto. Mi inquieto lector puede dejarme sus opiniones en los comentarios. Este es un tema candente, en plena evolución.

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