
Yo soy Ingeniero Eléctrico, graduado en la especialidad de Automática, Telemecánica y Comunicaciones para el Transporte Ferroviario, con el grado académico de Master of Science, en el prestigioso Instituto Moscovita de Ingenieros del Transporte (hoy Universidad Rusa de Transporte). Me gradué, muy orgulloso de ello, con NOTAS SOBRESALIENTES (solían llamarlo Diploma Rojo y para obtenerlo había que tener un promedio superior a 4.75). En mi caso fue mucho más que eso, obtuve 5 puntos de promedio (Summa Cum Laude le llaman en muchos países, круглый отличник, en ruso). Pues sí, muchas personas de mi generación nos graduamos en la antigua Unión Soviética. No fuimos por trámites particulares, nos mandó el Estado Cubano a capacitarnos en las más disímiles y a veces muy rebuscadas, especialidades. Este proceso comenzó a principios de los años 60, y se detuvo en 1992 con la desaparición de la Unión Soviética. Sobre esto quiero comentarles a mis amables lectores.
En particular yo tuve la suerte de caer en un instituto poderoso: el Instituto Moscovita de Ingenieros del Transporte (MIIT, el complejo universitario más grande de Moscú). Los conferencistas en mi especialidad eran Doctores en Ciencias (de segundo nivel). Las clases prácticas y los laboratorios eran impartidos por Candidatos a Doctor (de primer nivel). Algunos de los profesores eran Miembros Correspondientes de la Academia de Ciencias de la URSS. Todos poseían un altísimo nivel científico y ostentaban un listado de publicaciones y patentes envidiable. El nivel docente también era muy alto.

A mí los estudios me resultaron muy difíciles de vencer, cada asignatura fue para mi un reto superior. Nunca podré expresar en palabras mi eterna gratitud a esa institución y a sus profesores por el alto nivel que obtuve que me permitió, aun cambiando de especialidad, enfrentarme exitosamente a mi vida laboral.

En la actualidad, después de 41 años de graduado, habiendo alcanzado el grado científico de Doctor en Ciencias Técnicas (primer nivel, equivalente a los Candidatos a Doctor de la Unión Soviética), y siendo Profesor Titular de dos universidades en Cuba (de ingeniería eléctrica en la Universidad de Camagüey y de meteorología en el InSTEC) y en tres universidades en el extranjero, estoy en condiciones de comparar el proceso docente de mi instituto (el de Moscú) y el de otras universidades que he conocido. He visitado algunas instituciones docentes y científicas de América y Europa. He intercambiado con personas graduadas de MIT, Stanford, Harvard, Oxford y otras prestigiosas instituciones del mundo y pude constatar su nivel y su preparación. No quiero ser inmodesto, pero sinceramente nunca me sentí por debajo.

Sin ninguna duda, en el MIIT (había institutos mucho más fuertes que el mío) recibí una instrucción esmerada, no inferior a la de ningún otro centro. Solo de analizar el claustro (ver imagen anterior) ya uno se da cuenta del altísimo nivel de la institución donde me formé. Otro elemento de cardinal importancia es la base material para el proceso docente. Los laboratorios, lugar donde se fusionan los conocimientos teóricos con la práctica, eran muy buenos en número y en calidad de las prácticas que uno podía ejecutar allí, en algún momento llegaba a ser agobiante poder cumplir con los trabajos de laboratorio que exigían preparación teórica previa y defensa posterior. Las prácticas laborales las ejecutábamos en instalaciones industriales donde teníamos que trabajar, nada de ir a observar o merodear, trabajar duramente en actividades de producción relacionadas con la especialidad. Trabajar como un trabajador más y aprender lo necesario para no desentonar en la línea de producción y cumplir con una estricta disciplina laboral. El nivel que adquirimos fue muy alto. Tanto los que nos graduamos con notas sobresalientes como los que no, todos tuvimos que brincar por encima de una varilla muy alta. La diferencia entre un 3 y un 4 era, muchas veces, alguna pregunta extra rebuscada, lo básico había que sabérselo muy bien.

La mayoría de las instituciones de educación superior de la Unión Soviética emitían el título de Master of Science. No, no porque se destinara a los cubanos. Lo hacían porque se comparaban contra las mejores universidades de Norteamérica y Europa en cuanto a programas docentes, años de estudio y nivel científico. Como resultado llegaron a la conclusión que los graduados de los centros soviéticos salían con un nivel equivalente al de los programas de Master of Science de la universidades europeas y norteamericanas, y por tanto, a los extranjeros, nos extendían un diploma con ese título.

Y hete aquí que nuestro Ministerio de Educación Superior, el que nos mandó a estudiar a la URSS (bueno, el programa se inició cuando aun era un solo ministerio, el Ministerio de Educación), el que estableció los convenios con el Ministerio de Educación Superior de la Unión Soviética, el que aceptó los planes de estudio y las condiciones de los centros donde habríamos de graduarnos … no convalida nuestros títulos de Master of Science emitidos por estos centros soviéticos y los rebaja a títulos de ingenieros. No los convalidan por un subterfugio legal que el propio Ministerio estableció por medio de Resolución: el Título de Master SOLAMENTE puede obtenerse en ESTUDIOS DE POSGRADO, y esa resolución simplemente, nos deja fuera. A cualquier reclamación de graduados de la URSS responden: NO SE PUEDE, la Resolución lo prohíbe. pero esa resolución la hicieron ellos mismos, así que CASO CERRADO.

Nosotros, los graduados de la URSS, los que cumplimos una vida laboral completa en Cuba trabajando para el Estado Cubano que nos mandó a estudiar a la Unión Soviética, y los que aun se encuentran trabajando, hemos hecho una obra notable en favor de la economía de nuestro país. Asimilamos los conocimientos que aprendimos en la Unión Soviética y los aplicamos creativamente en muchos campos, en las condiciones de nuestra economía de país en vías de desarrollo. Hemos dejado una huella en la cultura laboral y la economía de nuestro país que no puede negarse. Resulta doloroso (y para algunos que conozco, decepcionante) que no se reconozcan nuestros títulos de Master of Science. Lo más duro para los que nos quedamos en Cuba es que a los graduados de la URSS que han emigrado para otros países de Norteamérica y Europa, a ellos, en esos países, sí les aceptan esos títulos obtenidos en la Unión Soviética. Es duro que no se convaliden los nuestros en Cuba. En Nicaragua, en 2021 comenzaron a reconocer los títulos soviéticos de los años 80.

La práctica es el mejor criterio de la verdad. En la práctica, muchos de los graduados de la Unión Soviética hemos «defendido» nuestros títulos de Master of Science muy dignamente en el diario quehacer durante muchos años en Cuba. No es justo que no nos lo reconozcan. Creo que el Ministerio de Educación Superior y el Estado Cubano debían rectificar esto. Muchos graduados de la Unión Soviética ocupan hoy posiciones prominentes en la economía de nuestro país. Otros más anónimos, también han brindado un gran aporte. No me canso de repetir que todos los logros en el campo de los radares meteorológicos en los cuales participé, se los debo a la formación que recibí en el Instituto de Transporte de Moscú y a mi título de Master y no a mi título de Doctor en Ciencias Técnicas.

¿Cuántos nos graduamos en la Unión Soviética? ¿Cuántos quedamos en Cuba? ¿Cuántos estamos trabajando todavía? No tengo una respuesta, pero sé que desde el punto de vista salarial no sería significativo pagar los títulos de Master de la Unión Soviética. En cambio, desde el punto de vista moral sería un espaldarazo a nuestro aporte a la economía durante tantos años y una satisfacción personal para muchos que nunca buscamos ventaja material. No hablo por mí, yo obtuve el título de doctor y recibo la remuneración por ello. Hablo por los que por su trabajo no necesitan obtener un título de doctor, ni perder el tiempo en estudiar un programa de maestría que no le aportará ningún conocimiento extra, solo para tener un título de Master…que ya obtuvieron, y nos estamos poniendo viejos. Dentro de 10 años ya todos aquellos becarios en la Unión Soviética estarán jubilados y muchos ya no estarán. Urge reparar esto que yo considero un error. «Sumar no restar», dijo nuestro Presidente. Eso creo que debemos hacer.

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