
Hay una excelente serie argentina titulada Los Simuladores. Tan exitosa que tuvo un remake español con el mismo título; pero bueno, yo no soy mucho de ver televisión, yo más bien quiero hablar sobre los jefes, los jefes simuladores. En Cuba hay muchos jefes que han adoptado como estilo la simulación. La culpa no es de ellos, sino de los superiores que no ahondan en los detalles y se quedan en la pantalla de la simulación que los jefes subordinados les muestran. Viene una inspección de primer nivel a una provincia y los jefes en la provincia los llevan a los mejores lugares, donde hay buenos ejemplos de productores exitosos que son…las excepciones. Uno se lee las rendiciones de cuentas a la asamblea nacional de los ministerios y «tó tá bien» y a uno le parece que es de otro país. Han aprendido a hacer unos informes donde ponen indicadores que los favorecen y no falta la consabida frase de «esfuerzos titánicos» ¿estarán relacionados con el Titanic?
Porque realmente los números globales nuestros se hunden y yo no soy de guiarme por ellos, yo tengo mis dos indicadores favoritos: mi despensa y mi mesa, y ambos indican mal trabajo; pero los ministros siguen en sus puestos y rematan sus informes con la frase «hay que continuar esforzándose…» ¿continuar? ¿no será hora de hacer las cosas de otro modo? No, los centrales cuando muelen «esfuerzos», no producen azúcar, necesitan moler caña para producir azúcar. Los ministros que llevan muchos años con indicadores desfavorables (pero disfrutando de las prebendas del cargo), deben ser cambiados. Ya nos lo dijo Fidel: Cambiar todo lo que deba ser cambiado, eso incluye a los jefes ineptos. Basta de medir por los «esfuerzos» y comencemos a medir por los resultados. Saque usted sus propias conclusiones. Parece que «autocrítica» consiguió un parol y se fue.
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