Radares Mirando al Sur

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La Navidad…los juguetes…

Yo creía que ya no tendría más contacto con el frío grande. Mi último invierno ruso, el séptimo, había sido en Moscú y Riga en 1989, hacía ya 18 años. La mente olvida rápido las cosas malas y deja solo las buenas. Se me había olvidado por completo lo que era el frío, y de pronto me vi sumergido en el frío muy frío del invierno de Montreal del año 2007, que es uno de esos lugares desarrollados que no escatiman energía para enfriar sus calles.

Pero bueno, no es del frío de lo que quiero hablar, sino de los juguetes. Recuerdo de mi infancia los juguetes en las tiendas, estaban ahí siempre, todo el año había juguetes muy vistosos. Me gustaba que mi abuelita me llevara al Globo y al Encanto, porque siempre salía con alguno. Allí mi abuelita Zeida me compró un traje de superman, un traje de jefe indio, con el plumaje para la cabeza, un arco que aun conservo, el carcaj y las flechas y la ropa de guerrero indio. También disfraz de cowboy con los pistolones, que todavía andan por ahí. Hace poco mi nietecito Orlandito vio una foto de cowboy y me preguntó que donde estaba ese traje para ponérselo él.

La primera vez que viajé a un país capitalista desarrollado fue en verano, y la segunda también. Enseguida averigüe y salí para las grandes tiendas con la imagen que tenía en mente de los juguetes en mi infancia…y nada. El mundo cambió, solo unos pequeños departamentos donde vendían juguetes chinos muy baratos, esos que están en cualquier país, los mismos que hay en Cuba. Alguien me explicó que los juguetes más vistosos los sacan para la Navidad.

Pues bien, ya estaba en Navidad, y aunque ya no tenía niños pequeños pude ver el proceso. Las firmas no sacan infinidad de juguetes para todos los gustos. No, la cosa es sacar UN juguete y desarrollar una propaganda tal que TODOS los niños quieran ese juguete.

Esa Navidad del 2007 EL JUGUETE deseado se llamaba Wii (se dice Güi). Nintendo que se había quedado atrás en la competencia con X-Box y Play Station, tomaba su revancha. Esa Navidad todos los niños quería su Güi. Me recordó la película «El regalo prometido», en la que Arnold encarna al padre desesperado que busca EL REGALO (Turbo Man en ese caso) en vísperas de Navidad.

Tengo un amigo en ese frío lugar adonde fui, que también deseaba regalar a su hijo un Güi (el chama lo había aclarado bien en su cartica, nada de Play Station ni X-Box: un Güi), pero la cosa no era tan simple como ir y comprarlo. Los Güis los «sacaban» de a poquito en las principales tiendas. Había que «fugarse» un ratico del trabajo y dar vueltecitas a ver si «sacaron» Güi hoy.

Hasta que por fin en una tienda pusieron en práctica lo que yo creía que era patrimonio nuestro: LOS PRETIQUES. El tipo dijo: a tal hora voy a repartir 10 pretiques pa cuando «vengan» los Güis. Así fue, a la hora convenida el tipo repartió…8 tiques. Algunos padres indignados le reclamaron, el dependiente dijo –lo siento, mi jefe se quedó con 2– (me sonó como si yo hubiera visto eso antes, pero debe ser que lo leí en alguna parte).

La otra parte de esa película era seguir dando vueltas a ver cuando «venían» los Güis. Hasta que por fin, mi amigo afortunadamente coincidió con la llegada de los Güis y pudo hacer el consabido desembolso, y su hijo tuvo el deseado regalo que todos los niños querían esa fría Navidad, mientras los X-Box y Play Station se llenaban de telarañas en las tiendas.

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