
«… la organización por los obreros de los sábados comunistas tiene un alcance verdaderamente gigantesco…» Lenin. La Gran Iniciativa
Ya desde Cuba yo había oído hablar de «La Gran Iniciativa» de Lenin y los «Subottniki» (Sábados de trabajo comunista) que hacían el Komsomol y el PCUS en la Unión Soviética. Fue en los Talleres Ferroviarios «Moscú-Sorteadora» donde ocurrió aquel primer trabajo voluntario, cuando 15 comunistas y simpatizantes, decidieron aquel 12 de abril de 1919, quedarse toda la madrugada reparando 3 locomotoras que debían salir hacia el frente de guerra. A partir de esta iniciativa se crearon los «subotniki». Esta ocasión fue recogida por el pintor Vladimir Krijatski en la imagen que aparece arriba, cuando Lenin participó de la limpieza de un edificio derruido en el Kremlin. Mis condiscípulos, irreverentes como toda su generación de soviéticos, cada vez que avisaban de un subottnik recordaban el «chiste» que rezaba que cuando a Lenin le avisaban de un subottnik decía– está bien, prepárenme mi tronco hueco (para el que no entendió el chiste: que Lenin «filmaba» con el tronco hueco, es decir embarajaba la pincha y se hacía como que trabajaba). Pero no es de Lenin, que todos sabemos que era un trabajador infatigable, de quien quería hablar, como siempre, desvarío.

Quiero hablar de los trabajos voluntarios, de los nuestros, los trabajos voluntarios en Cuba. El primer trabajo voluntario en la Cuba Revolucionaria fue realizado el 22 de noviembre de 1959 en un lugar conocido como Caney de Las Mercedes, municipio Bartolomé Masó en la provincia Granma. El Che fue un activo participante. Muchos testigos recuerdan como el Che, donde quiera que participaba en algún trabajo voluntario retaba a los que le acompañaban a imitarlo e incluso superarlo en las tareas a realizar. Desde ese momento prendió el pensamiento del Che, cuando expresó:
“El trabajo voluntario fundamentalmente es el factor que desarrolla la conciencia de los trabajadores, más que ningún otro, y más todavía cuando esos trabajadores ejercen su trabajo en lugares que no les son habituales”.
El problema, a mi entender, es que esa definición y ese ejemplo se nos fueron alejando en el tiempo y se nos fueron poniendo borrosos en la mente de muchos.

Y no, definitivamente no creo en eso de que los jóvenes de hoy día sean «menos» que nosotros (los antiguos), y no sean capaces de entregarse a fondo para una causa justa. Lo comprobé muchas veces en la práctica. En la foto de arriba abríamos una zanja para pasar la fibra óptica de un edificio a otro. Nos habíamos cansado de esperar que viniera COPEXTEL con una máquina que no aparecía a abrir la zanja.

Los monstruos Albio y Leonardo decidieron que no se podía esperar más. Salimos nosotros tres a abrir la zanja, no convocamos a nadie, no pusimos cartelitos, no mandamos correos electrónicos, ninguna arenga en los matutinos, Simplemente salimos y comenzamos a dar pico y pala. La gente fue pasando, miraban y volvían con ropa de trabajo, jóvenes y viejos. Nada como dar el ejemplo.

No, yo creo que fuimos nosotros, los comunistas, los dirigentes, los que estropeamos el sentido del trabajo voluntario. Allá por mediados de los 80 se le ocurrió a alguien (no dudo que con las mejores intenciones) aquello de «hacer» las 270 horas «en saludo a…». El objetivo era apoyar la construcción de obras social y económicamente muy importantes. Yo mismo participé con ahínco en Camagüey en obras como la Formadora de Maestros Primarios, el Policlínico de Especiales Pediátricas (a donde posteriormente tuve que acudir muchas veces con mis hijos, luego con mis nietos), el Cable Coaxial, la rotonda «del papa», la recogida de papa, la recogida de viandas, el corte de caña… y un sinfín que ahora no recuerdo con claridad.

La idea de aquellas campañas de «hacer una cantidad de horas de trabajo voluntario» era buena, pero de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno. Comenzamos a caricaturizar las cosas, y llegamos a los absurdos: se anunciaba «Mañana Trabajo Voluntario en la mañana (en horario de trabajo), a los que vayan se les ANOTAN 4 horas de trabajo voluntario y 4 horas de trabajo productivo».

Entonces jugábamos a ser Dios: trabajábamos 3 horas (casi siempre en el lleva-y-trae-de-cositas o limpiadera) y nos anotaban 8 horas. Limpio: fabricábamos horas. Se prostituyó la idea del Che. Se dejaba de hacer el trabajo por el que te pagaban y la gente se ponía a hacer cualquier paripé, barrer, recoger hojas…en fin, «el tronco hueco», cualquier cosa con tal de cumplir la absurda meta de llegar a una cantidad de horas.

Hoy día los jóvenes no se dejan llevar a cosas de perdedera de tiempo, porque no le ven sentido (que no lo tiene), sin embargo, cuando los convocamos y salimos a dar el ejemplo, entonces trabajan como leones.

Saque Usted, amable lector, sus propias conclusiones. En LADETEC siempre ha imperado el espíritu espartano.

Yo me quedo con los que daban el ejemplo de verdad, no me inspiran los que vestidos con ropita de marca «filman» con un «tronco hueco».

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