Radares Mirando al Sur

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Ponerse «jémin»

Cuando estábamos en los finales de la Primaria, allá por los años 60, teníamos un grupito-pandilla que conformaban mi primo Polito, Félix Mario, sus hermanos Caique y Fidelito, y unos cuantos más. Hablábamos y hacíamos historias de cosas que creíamos conocer muy bien. Uno de los temas recurrentes era ponernos fuertes, cuando eso la única guía era el folleto de Charles Atlas (el hombre más perfectamente desarrollado del mundo, decía la propaganda) con su «Método de Tensión Dinámica», que a alguno le habían prestado una vez. Cuando eso nadie hablaba de inyectarse «asteroides» ni de hacerse «lipochupones». A eso de ponernos fuertes nosotros le decíamos ponernos «jémin» y hacíamos ejercicios a la antigua, levantando pedazos de hierro que nos encontrábamos por ahí, nada de dietas con suplementos, ni gimnasios sofisticados con espejos pa tirarse fotos y subirlas a Instagram, ni guantecitos, ni licras apretadas, ni ninguna pendejada de las de hoy día. Yo que era un poco más leído les explicaba a mis ígnaros compinches que eso de «jémin» provenía del nombre del escritor Jémingüey y ellos lo daban por hecho, pero seguían diciendo «jémin».

Pasarían muchos años hasta que aquello se aclarara en mi mente, de dónde provenía lo del «jémin». Resulta, que en la generación de mis padres, a los hombres fuertes se les solía llamar «jevigüey» por heavy weight, es decir peso pesado, como los del boxeo. En Cuba la referencia era los linieros de telefonía y electricidad, que tenían que subir por los postes de madera muy dura «a espuelas» y sostenerse allá arriba mientras hacían el trabajo, algo que realmente exigía mucha fuerza física y mucha resistencia, por tanto, para esas plazas pedían «hombrones» que fueran heavy weight.

Parte de la «pandilla»

Es lógico que mis lectores no me reconozcan en la foto de arriba de la pandilla, yo soy el güitilío de la extrema derecha, y digo que es lógico, porque mis lectores saben que ahora yo estoy fuerte y colorao como un vaso de leche (como dice mi amigo Rafael Larrúa) y hoy en día soy un verdadero «jémin».

Bueno, OK, no lo soy, pero lo intenté…Natura como que no me ayudó mucho; pero aun si me esfuerzo un poco más…

Orlandito también viene con ese ímpetu. Le dijo a la tía Orlý (sin más acá ni más allá, al parecer vio un documental y lo fijó) –cuando yo sea grande voy a ser como Mijaín. Orlý le replicó –pero Mijaín es muy grande. Orlandito le dijo –yo voy a comer mucho para crecer como él (como pueden ver en la foto esa parte está garantizada). Orlý siguió en plan de desanimación –pero Mijaín es muy fuerte. Orlandito –pero yo voy a hacer muchos ejercicios para ponerme fuerte como él (la misma determinación del abuelo). Orlý ya en plan de hacer trizas sus sueños –pero Mijaín es prieto, tú eres blanquito. Orlandito imperturbable e incombustible –pero yo voy a ser el Mijaín Blanco. Fin del asunto, sus sueños no están en discusión (ni los míos).

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