
Me cuenta mi amigo Sasisko (ya les dije, el nombrete era real; pero mi amigo, que quiere que le publique cosas, adoptó ese nombrete, que era de otro del año nuestro que le decían así porque era gordito y se apretaba el cinto y parecía un par de salchichas, sasiski en ruso, mi amigo, el que escribe esto, lo usa como un alias) que tuvo una larga relación de cuatro años con una muchacha. La relación era muy satisfactoria –cuanta Sasisko– y vivían casi como marido y mujer; pero por problemas ajenos a ellos nunca lo formalizaron. El caso es que la muchacha rompió con él y se buscó un marido que la «representara» y se casaron. Dice Sasisko que él y ella se volvieron a ver unos años después.
Sasisko le preguntó cómo le iba en su matrimonio. Ella le dijo; pues …no me va, se acabó. Caramba –se lamentó Sasisko (hummm, sospecho que tal vez por dentro Sasisko no se lamentara) –¿qué les pasó? Parecía que se llevaban bien. Ella le dijo –bueno, eso parecía; pero los problemas en la casa se acumulaban y él resolvía uno sí, muchos no, muy holgazán, muy de pasarse el día sumergido en el celular o en la computadora jugando a noseque con un amigo, de contra fumador, y ya sabes que eso te come por un pie, las cosas recaían sobre mi abuelo que tenía que asumirlo todo y sobre mí, que también tenía que ponerme a arreglar cosas, recuerdo que te pedí herramientas algunas veces. Bueno –terció Sasisko (pienso yo que con el ego desbordado) –al menos conmigo eso no te pasaba, yo te resolvía todos los problemas en la casa. Ella le dijo –mira, yo me había resignado a resolver como podía los rollos de la casa, pidiendo favores a compañeros de trabajo y vecinos para no recargar a mi pobre abuelito; pero el colmo, lo que ya no pude soportar fue el «chou» de la araña. ¿Qué fue eso? –preguntó Sasisko intrigado. Nada –dijo ella– tú recuerdas que yo le tengo un miedo enfermizo a las arañas. Sí, recuerdo –musitó Sasisko– algunas veces tuve que ir a «salvarte» de alguna que otra. Pues me cayó una araña en el cuarto –dijo ella tristemente –tuvo que venir mi abuelo porque mi marido gritaba más aterrorizado que yo. Uff, los tiempos modernos –solo atinó a decir Sasisko antes de despedirse.
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A mí este cuento de Sasisko me recuerda aquel duelo (a machete) de Arturito con las ranas en la Matilde, que creo que lo conté en un post; pero olvidé cual…Ah, ya recordé, fue en el post sobre las impresoras:
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